Bajo los abetos gigantes de los bosques húmedos de Oregón y Washington crece un arce de hojas casi redondas cuyas ramas se arquean hasta tocar el suelo y enraízan donde apoyan, formando marañas por las que los primeros colonos no podían pasar a caballo. De ahí su nombre inglés, vine maple, arce de parra. Ese hábito flexible y ese follaje de círculo dentado son precisamente lo que lo convierte, trasplantado a un jardín, en uno de los arces ornamentales más interesantes y menos vistos de España.

Hojas palmeadas y redondeadas del Acer circinatum

Origen y carácter de la especie

Acer circinatum Pursh pertenece a la familia de las sapindáceas, donde hoy se clasifican todos los arces. Su área natural va desde el sur de la Columbia Británica hasta el norte de California, siempre en la franja costera del Pacífico, rara vez lejos del mar y casi nunca por encima de los 1.500 metros. Vive en el sotobosque de coníferas enormes, en riberas y en fondos de valle: sombra, aire húmedo, suelo forestal ácido y lluvia repartida buena parte del año.

El epíteto circinatum significa "redondeado" y describe la hoja: palmeada, de contorno prácticamente circular, de 5 a 12 cm, con 7 a 11 lóbulos (lo habitual son 7 o 9) de borde doblemente aserrado. Es lo que primero lo distingue de un arce japonés, cuya hoja tiene lóbulos más profundos y estrechos y suele quedarse en cinco o siete.

Su porte es de arbusto grande o arbolillo multitronco. En cultivo se queda normalmente entre 4 y 7 metros de alto por otros tantos de ancho; en su hábitat puede llegar a 10 o 12 si encuentra un claro. Los tallos jóvenes son verdes o rojizos y lisos, y con los años la corteza se vuelve gris pálida. Rara vez forma un tronco único y recto: quien busque un arbolito de eje central acabará peleándose con él.

Florece a principios de primavera, antes o a la vez que brotan las hojas, en pequeños corimbos colgantes de flores donde los sépalos son de un rojo púrpura intenso y los pétalos blancos. Son diminutas, pero en masa se ven, y no muchos arces ofrecen ese contraste. Después vienen las sámaras dobles, con las alas abiertas casi en línea recta, formando 180 grados, otro rasgo diagnóstico; en verano se tiñen de rojo y adornan tanto como una floración.

El color de otoño es la razón principal por la que se planta: naranja, escarlata y carmín cuando recibe algo de sol, amarillo dorado limpio cuando crece en sombra plena. La intensidad depende directamente de la luz y de la oscilación térmica de septiembre y octubre.

Dónde tiene sentido plantarlo en España

Conviene ser franco antes de comprarlo, porque es una planta que no perdona el sitio equivocado. Acer circinatum pide humedad ambiental alta, veranos suaves y suelo ácido. Eso lo sitúa cómodamente en Galicia, Asturias, Cantabria, el País Vasco, el norte de Navarra, el Pirineo, la Cataluña húmeda y las sierras del noroeste. En esas zonas se comporta como un arbusto agradecido y prácticamente sin cuidados.

En el interior de la Meseta se puede cultivar, pero condicionado: sombra buena, riego seguro en verano, acolchado grueso y protección del viento seco. En el litoral mediterráneo cálido, el valle del Guadalquivir, Levante y el sureste, plantarlo en tierra es condenarlo. El calor seco de julio le quema el borde de la hoja en cuestión de días y el agua de riego, cargada de bicarbonatos, le provoca clorosis crónica. Añádase que soporta mal la salinidad y ya está todo dicho.

De frío no hay problema en absoluto: resiste sin daño hasta unos -25 °C, más que Acer palmatum. El límite no es el invierno, es el verano.

Suelo y exposición

Quiere suelo ácido a ligeramente ácido, de pH 5 a 6,5, suelto, rico en materia orgánica, fresco y bien drenado a la vez. En terrenos calizos amarillea entre nervios de forma irreversible salvo tratamiento continuado, así que en zona caliza es mejor cultivarlo en maceta o en un macizo elevado con sustrato propio.

La exposición ideal es media sombra: sol de mañana y sombra desde el mediodía, o luz filtrada bajo la copa de un árbol mayor, que es exactamente su nicho natural. Tolera la sombra bastante más que un arce japonés, otra de sus ventajas: es de los pocos arces ornamentales que se comportan bien bajo pinos o en el lado norte de la casa. A pleno sol y en clima seco se achicharra; en sombra muy densa vegeta bien pero el otoño se queda en amarillo.

Protégelo del viento. El aire seco de verano y las heladas tardías acompañadas de viento son responsables de más hojas quemadas que cualquier plaga.

Plantación

El mejor momento es el otoño, de octubre a noviembre, para que la raíz se instale antes del calor. En zonas de invierno duro sirve también finales de invierno, con el suelo ya manejable y la planta todavía dormida.

Abre un hoyo amplio, el doble del cepellón, y mejora la tierra con mantillo o compost bien maduro; si el suelo es pesado, añade también un material que aligere. Planta con el cuello a ras y sin enterrarlo, riega abundantemente para asentar la tierra y coloca un acolchado de 5-10 cm de corteza de pino, que acidifica ligeramente y mantiene fresco el sistema radicular, que es superficial. Ese detalle del mulch marca la diferencia en su primer verano.

Riego y abonado

El agua es su punto crítico. Necesita el suelo constantemente fresco, nunca encharcado. Los primeros dos o tres años, riego regular durante toda la temporada cálida: en clima norteño puede bastar con acompañar en los meses secos; en el interior, cada dos o tres días en pleno verano si está en tierra, y a diario en maceta durante las olas de calor.

Si tu agua del grifo es dura, riega con agua de lluvia siempre que puedas. Es el error silencioso con este arce: lo cuidas bien, lo riegas puntualmente, y a los tres años está clorótico porque cada riego ha ido depositando cal en el sustrato. Recoger agua de lluvia en un bidón resuelve el problema mejor que cualquier corrector.

Abonar, poco. Un aporte de compost o de estiércol muy hecho en superficie cada otoño, y en marzo un fertilizante de liberación lenta formulado para plantas de tierra ácida. Nada de nitrógeno en cantidad: da brotes largos, blandos, propensos a quemarse y de color de otoño mediocre. A partir de agosto, ningún abono.

Poda

Cuanto menos, mejor. Su gracia está en la silueta abierta, ramificada en capas, con varios troncos; podarlo como un arbolito de bola es destruir lo que lo hace bonito. Limítate a retirar madera muerta, ramas cruzadas y chupones, y a aclarar el interior para que se vea la estructura.

El momento importa. Los arces sangran savia con abundancia si se podan a finales de invierno o en primavera, cuando el flujo ya ha arrancado. Ese "lloro" no suele matar al árbol pero lo debilita y ensucia los cortes. Los momentos seguros son de mediados a finales de verano, con la planta en plena hoja y ya frenada, o bien en pleno reposo tras la caída de la hoja, en noviembre y diciembre. Evita enero-marzo.

Cultivo en maceta

Se presta bien, sobre todo en zonas de suelo calizo, y además es un sujeto clásico para bonsái por su hoja pequeña y su ramificación fina. Un ejemplar joven va cómodo en un contenedor de 30-40 litros; con los años puede necesitar el doble.

El sustrato ha de drenar de verdad: mezcla para plantas acidófilas con un 30 % de perlita, arena gruesa o corteza fina, o bien mezclas minerales tipo akadama con kiryu si vas por la vía del bonsái. Maceta con agujeros generosos y sin plato con agua estancada.

Trasplante cada dos o tres años a finales de invierno, antes del desborre, recortando ligeramente el cepellón por los lados y el fondo. En verano, la maceta debe estar a la sombra aunque la copa reciba luz: el sol directo sobre el contenedor calienta el sustrato y cuece las raíces finas, causa habitual de decaimientos que se achacan a plagas. En invierno, en climas muy fríos, arrima las macetas a un muro o entierra el contenedor: la raíz en maceta pasa más frío que en tierra.

Ejemplar adulto de Acer circinatum en el jardín

Multiplicación

Por semilla. Recoge las sámaras en otoño, cuando pasan de rojas a pardas. Sepáralas, elimina el ala y descarta las vanas sumergiéndolas en agua: las que floten suelen estar vacías. Necesitan estratificación fría: entre 90 y 120 días a 3-5 °C en bolsa con vermiculita o turba apenas húmeda, en la parte baja del frigorífico. La alternativa cómoda es sembrarlas en otoño en bandeja al aire libre, a la intemperie, y dejar que el invierno haga el trabajo. Germinan en primavera de forma irregular, a menudo escalonada a lo largo de dos temporadas. Ten paciencia y no tires el semillero el primer año.

Por acodo. Es su método natural. Cualquier rama baja que se sujete al suelo, herida ligeramente por debajo y cubierta con tierra, enraíza en una o dos temporadas. Es la forma más fiable de sacar copias fieles sin instalación alguna.

Por injerto. Los cultivares se propagan injertados, normalmente sobre patrón de la propia especie. Es trabajo de vivero, no de aficionado casual.

Los esquejes de arce enraízan mal en general, y este no es excepción. Si un esqueje llega a enraizar a finales de verano, hay que mantenerlo en crecimiento el primer otoño para que sobreviva al invierno.

Cultivares que merece la pena buscar

La especie tipo es la más fácil de encontrar, pero hay selecciones interesantes si das con un vivero especializado:

  • 'Monroe': hoja profundamente hendida, casi laciniada, aspecto de encaje.
  • 'Pacific Fire': ramillas jóvenes de un rojo coral encendido que ilumina el jardín en invierno, cuando está sin hoja. Se acentúa podando algo de madera vieja para forzar brote nuevo.
  • 'Little Gem': enano, de crecimiento muy lento y hoja reducida; excelente para maceta y jardines pequeños.
  • 'Sunglow': brotación en tonos anaranjados y buen color otoñal.

Problemas más habituales

Borde de la hoja seco y quemado. El síntoma número uno. Causas: sol excesivo, viento seco, falta de agua puntual o exceso de sales por abono o por agua dura. Revisa en ese orden. No es una enfermedad y no se cura con fungicida.

Amarilleo entre nervios con nervios verdes. Clorosis férrica por suelo o agua calizos. Quelato de hierro como parche y corrección del sustrato y del agua de riego como solución de fondo.

Verticilosis (Verticillium dahliae). El problema serio de los arces. Se manifiesta como marchitez súbita de una rama o de un sector de la copa, con el resto aparentemente sano; al cortar una rama afectada se ven anillos o manchas oscuras en la madera. No tiene tratamiento curativo. Se corta y quema la madera afectada, se desinfectan las herramientas entre cortes, y no se replanta otro arce en el mismo hueco. El riesgo aumenta en suelos encharcados y en plantas estresadas.

Pulgón en la brotación de primavera, que deforma hojas y deja melaza y negrilla. Se controla con jabón potásico o aceite de neem, o dejando que las mariquitas hagan su trabajo si el jardín está equilibrado.

Araña roja en veranos secos y en macetas expuestas: punteado fino y decoloración en el haz, telillas en el envés. Es un síntoma de ambiente demasiado seco y caliente para esta planta; corregir la ubicación resuelve más que el acaricida.

Cochinilla en ramas de ejemplares poco ventilados, tratable con aceite de parafina en reposo invernal.

Cómo combinarlo en el jardín

Encaja de manera natural en un macizo de acidófilas: rododendros, azaleas, camelias, hortensias, helechos, Hakonechloa macra. Funciona muy bien como estrato intermedio bajo pinos o abedules, y su porte abierto lo hace ideal junto a un camino o al borde de un estanque, donde la humedad le viene bien y su reflejo en otoño se aprovecha. Al ser tolerante a la sombra, resuelve rincones al norte donde un arce japonés vegetaría sin color.

Un dato práctico: no lo plantes pegado a la fachada sur ni junto a pavimento que refleje calor. Su raíz es superficial y agradece el suelo cubierto, no el hormigón caliente.

En resumen

Acer circinatum es un arce arbustivo del noroeste americano, de hoja casi circular con 7 a 11 lóbulos, floración de sépalos púrpura y color de otoño anaranjado a escarlata. Aguanta hasta -25 °C y tolera la sombra mejor que Acer palmatum, pero exige suelo ácido, humedad constante y verano suave: es planta para el norte peninsular y la montaña, no para el litoral mediterráneo cálido. Plántalo en otoño a media sombra, acólchalo con corteza de pino, riégalo con agua de lluvia si la tuya es dura, abónalo poco y pódalo menos, y siempre en verano o en pleno reposo para evitar el sangrado. Se multiplica bien por acodo y por semilla estratificada en frío. Vigila la verticilosis y, si lo tienes en maceta, protege el contenedor del sol de julio.


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