Aparece sola entre las lechugas, en los alcorques de la acera, en el borde de un camino o en el rastrojo de un cereal: una planta rastrera con flores naranja rojizas de menos de un centímetro, que se abren por la mañana y se cierran a media tarde. Es la pimpinela escarlata. Su nombre científico clásico es Anagallis arvensis L., aunque la clasificación actual la incluye en el género Lysimachia, como Lysimachia arvensis, dentro de la familia Primuláceas.
Es una planta silvestre, no una planta de vivero, y eso condiciona todo lo que se puede decir de ella: se cultiva poco a propósito, se elimina mucho por error y se confunde continuamente con otras dos especies con las que no tiene nada que ver. Este artículo explica qué es exactamente, cómo reconocerla, qué hacer si la quieres en el jardín y qué hacer si lo que quieres es quitarla de en medio.
Cómo es y cómo se reconoce
Es una planta anual, rara vez bienal, de porte postrado o ascendente, que rara vez supera los 30-40 cm de longitud y que casi nunca se levanta más de 10-15 cm del suelo. Crece formando una maraña laxa que se extiende en horizontal, ocupando huecos entre otras plantas.
Los rasgos que la identifican sin margen de error son estos:
Tallo de sección cuadrangular. Si lo giras entre los dedos notas las cuatro aristas. Es un detalle pequeño pero muy útil, porque casi ninguna de las plantas con las que se confunde lo tiene.
Hojas opuestas y sentadas. Nacen enfrentadas dos a dos, sin peciolo, abrazando directamente el tallo. Son ovadas, de 1 a 2,5 cm, enteras, de un verde algo brillante. En el envés se aprecian, a contraluz o con una lupa, unos puntos glandulares oscuros, casi negros, que son característicos del género.
Flores solitarias sobre pedúnculos largos. Cada flor sale sola de la axila de una hoja, sostenida por un pedicelo fino que suele ser más largo que la propia hoja. Tiene cinco pétalos soldados en la base, de color asalmonado, naranja o rojo ladrillo, con el centro más oscuro, casi púrpura. Vista de cerca, el borde de los pétalos está recorrido por diminutos pelos glandulares. Los estambres tienen filamentos cubiertos de pelos violáceos que llaman mucho la atención al microscopio y que son el reclamo real para los polinizadores, porque la planta no produce apenas néctar: ofrece polen.
Fruto en pixidio. Es el detalle más divertido de la especie. La cápsula madura no se abre por rajas verticales, sino que se parte por una línea horizontal y la mitad superior salta como una tapadera, dejando ver un montoncito de semillas diminutas. Si ves una plantita postrada con bolitas que parecen cajitas con tapa, es una Anagallis.
Existe además una variante de flor azul, tratada según el autor como Anagallis arvensis subsp. caerulea o como especie aparte, Anagallis foemina. En buena parte de la Península conviven las dos, y en algunas zonas del sur y del este la azul es incluso más frecuente que la roja. Se distinguen con lupa: en la de flor azul los pelos del borde del pétalo son más escasos y más cortos, y el pedicelo es más corto que la hoja.
Dónde vive y cuándo florece
Es una de las plantas más cosmopolitas que existen. Originaria de la región mediterránea y de Europa, hoy está naturalizada en los cinco continentes, y en España aparece en las cuatro esquinas de la Península, Baleares y Canarias, desde el nivel del mar hasta cerca de los 1.500 m.
Su hábitat es el suelo removido: bordes de cultivo, viñedos, olivares, cunetas, huertos, solares, jardines recién plantados, macetas de vivero. Es una especie arvense en el sentido estricto del término, es decir, acompañante de los cultivos, y de ahí el epíteto arvensis.
La floración se extiende de marzo a octubre en el interior peninsular, y prácticamente todo el año en el litoral mediterráneo y en el suroeste, donde los inviernos suaves permiten que germinen cohortes en otoño que florecen ya en enero o febrero.
Hay un comportamiento que le ha dado nombres populares en media Europa: las flores se abren y se cierran siguiendo la luz y la humedad. Suelen abrir a media mañana, cuando el sol está alto, y cierran a primera hora de la tarde. Si el cielo se cubre o sube la humedad ambiental, se cierran antes. Por eso en inglés se la llama poor man's weatherglass, el barómetro del pobre. No predice la lluvia: reacciona a las condiciones que ya están cambiando. La utilidad meteorológica es, por tanto, de muy corto plazo, pero el fenómeno es real y se puede observar cualquier tarde de primavera.
Las dos confusiones que hay que deshacer
Aquí está el punto más importante del artículo, porque circula mucha información equivocada.
No es la pimpinela de ensalada. La planta que se usa en cocina, la que se echa a las ensaladas y a las salsas por su sabor a pepino y que se vende en viveros de aromáticas, es Sanguisorba minor, la pimpinela menor o hierba de la sangre. Es una rosácea perenne, con hojas compuestas de foliolos dentados y flores agrupadas en cabezuelas verdes y rojizas. No se parece en nada a la Anagallis salvo en el nombre vulgar. Nunca sustituyas una por otra.
Tampoco es el anís verde ni la pimpinela blanca. Otro grupo de plantas llamadas popularmente pimpinela son las Pimpinella (umbelíferas), entre ellas Pimpinella anisum, el anís. De nuevo: mismo nombre vulgar, familias completamente distintas.
Esta coincidencia de nombres importa porque Anagallis arvensis es tóxica. Contiene saponinas y cucurbitacinas repartidas por toda la planta. La intoxicación grave en personas es rara, porque el sabor es desagradable y nadie come cantidades apreciables, pero en ganado hay casos documentados de trastornos digestivos y nerviosos cuando se consume en cantidad, y la savia produce dermatitis de contacto en personas sensibles. En la literatura de plantas medicinales antiguas aparece con múltiples atribuciones, pero no tiene ningún uso terapéutico que resista un criterio moderno de seguridad. Si tienes niños pequeños o animales que pastan, trátala simplemente como una planta a evitar.
Qué papel puede tener en un jardín
Con las cartas sobre la mesa, tiene sentido preguntarse para qué sirve. Y sí tiene usos, aunque modestos.
Cobertura viva temporal. En un huerto o en un jardín joven, una alfombra baja de Anagallis en los pasillos protege el suelo de la insolación directa y de la erosión por lluvia, y compite poco con hortalizas ya establecidas porque su sistema radicular es superficial y débil. En primavera es preferible a dejar el suelo desnudo.
Recurso para pequeños polinizadores. Su flor es minúscula y no interesa a las abejas grandes, pero sí a sírfidos, pequeños himenópteros y coleópteros florícolas. En un huerto que busque fauna auxiliar, es un ladrillo más del muro.
Indicadora de suelo. Su presencia masiva señala suelos removidos recientemente, con buena reserva de semillas y sin cubierta estable. No indica pH ni fertilidad concretos, al contrario de lo que a veces se lee: es demasiado tolerante para eso.
La alternativa ornamental de verdad. Si lo que buscas es el efecto de una Anagallis pero como planta de jardín cultivada, la especie que debes pedir en el vivero es Anagallis monelli, la pimpinela azul o murajes azules, nativa de la Península Ibérica y del norte de África. Es perenne de vida corta, forma matas de 20-30 cm y produce flores de un azul intenso o rojas según el cultivar, mucho mayores que las de arvensis, durante todo el verano. Se vende en jardineras de temporada y aguanta el calor seco del interior peninsular sin pestañear. Esa sí es una planta de jardín.
Cuidados si decides cultivarla
Cultivar Anagallis arvensis a propósito es sencillo hasta el aburrimiento, porque es una ruderal adaptada a sobrevivir sin ayuda.
Luz
Pleno sol, sin discusión. En sombra se ahíla, produce tallos largos y débiles y apenas florece, y además las flores permanecen cerradas casi todo el día porque necesitan luz directa para abrir. Media sombra ligera solo es aceptable en el sur en pleno verano.
Suelo
Se adapta a casi todo: arenoso, franco, arcilloso, calizo o ligeramente ácido, con pH entre 6 y 8,5. La única condición seria es que drene. En suelos encharcados se pudre el cuello en pocos días. No necesita abonado; de hecho, en suelo rico crece más frondosa pero florece peor y se tumba.
Riego
Muy poco. Con la lluvia de primavera le basta en casi toda la Península. En maceta o en verano seco, un riego semanal ligero mantiene la floración; si se seca del todo, la planta cumple su ciclo, suelta semilla y muere, que es exactamente lo que hace en el campo en julio.
Siembra
Siembra a voleo en superficie o cubriendo apenas con 2-3 mm de tierra, en otoño (octubre-noviembre) para floración temprana, o a finales de invierno (febrero-marzo) para floración de primavera. La semilla germina a 12-18 °C en dos o tres semanas. Una vez establecida se resiembra sola sin ninguna intervención, y ahí empieza el otro problema.
Plagas y enfermedades
Prácticamente ninguna de importancia. Puede recibir pulgón en los brotes tiernos de primavera, que se resuelve con un chorro de agua o simplemente ignorándolo, y en primaveras muy húmedas aparecen manchas foliares y podredumbre del cuello por hongos de suelo. Los caracoles y babosas la comen con gusto cuando es plántula. Como es anual y se resiembra, la respuesta razonable a casi cualquier problema es no hacer nada.
Cómo controlarla cuando sobra
Es el caso más frecuente. Una sola planta puede producir varios miles de semillas, y esas semillas conservan viabilidad en el suelo durante años, formando un banco que rebrota cada vez que se remueve la tierra.
Lo que funciona:
Escardar antes de que fructifique. Es la regla de oro. Entre la floración y la apertura del pixidio pasan pocas semanas. Si arrancas cuando ya ves cápsulas verdes redondeadas, llegas justo; si ves cápsulas abiertas, ya has sembrado el año que viene.
Arrancar con la mano o con azadilla superficial. La raíz es fibrosa y poco profunda, y sale entera con un tirón cuando el suelo está húmedo. No hace falta cavar.
Acolchar. Cinco centímetros de paja, corteza o restos de poda triturados impiden la germinación, que necesita luz y contacto con la superficie. Es la medida más eficaz a medio plazo.
No voltear el suelo cada temporada. Cada laboreo profundo sube a la superficie una nueva remesa de semillas enterradas. Reducir el laboreo reduce la Anagallis en dos o tres años.
Lo que no compensa es recurrir a herbicidas en un jardín doméstico: es una anual de raíz superficial que se controla a mano en unos minutos por metro cuadrado.
En resumen
Anagallis arvensis es una anual silvestre, postrada, de tallo cuadrangular, hojas opuestas sentadas con puntos negros en el envés y flores solitarias asalmonadas que abren con el sol y cierran a media tarde. Vive en toda España en suelos removidos y a pleno sol, florece de marzo a octubre y se multiplica por semilla con enorme facilidad gracias a su fruto en pixidio.
No confundirla con la pimpinela de ensalada (Sanguisorba minor) ni con el anís (Pimpinella anisum) es lo más importante que hay que retener: la Anagallis contiene saponinas, es tóxica y no debe consumirse. Como planta de jardín tiene un valor limitado, útil como cubierta temporal y como recurso para pequeños polinizadores; si buscas el efecto ornamental de verdad, la especie a cultivar es Anagallis monelli, ibérica, perenne y de flor azul intensa.
Y si lo que quieres es quitarla, la clave no es el producto que uses, sino el calendario: arráncala antes de que la cápsula se abra, acolcha el suelo y remueve lo menos posible.