En el Anti-Atlas marroquí hay ejemplares que llevan más de dos siglos en pie con lluvias anuales de entre 100 y 300 milímetros, sin riego, sobre suelos pedregosos y con veranos de 45 °C. Ese árbol es Argania spinosa, el argán, y esa resistencia es exactamente la razón por la que interesa en la jardinería seca del sureste español.

No es una especie de moda pasajera ni un capricho: es una sapotácea leñosa, longeva, espinosa y de crecimiento lento que, bien colocada, resuelve un problema real en jardines donde el agua es cara y escasa.

Ejemplar adulto de Argania spinosa

Un árbol único en su género

Argania spinosa (L.) Skeels es la única especie del género Argania y prácticamente la única sapotácea que vive de forma natural en el ámbito mediterráneo; sus parientes son todos tropicales. Su área es un endemismo restringido: el suroeste de Marruecos —valle del Souss, Anti-Atlas, franja costera de Essaouira a Sidi Ifni— con núcleos menores en el norte del país y en la zona de Tinduf, en Argelia.

Ese bosque abierto, la arganeraie, fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1998. La especie está protegida por la legislación marroquí y su tala está restringida, aunque no figura en los apéndices de CITES. Frena el avance del desierto, sujeta suelos que de otro modo se irían con el viento y sostiene la economía de miles de familias. Cuando compres semillas o plantones, comprueba que vienen de proveedor legal.

Porte, hoja, flor y fruto

Forma un árbol de 6 a 10 metros —excepcionalmente algo más—, de tronco corto, a menudo múltiple y retorcido, con corteza rugosa que recuerda a la piel de una serpiente. La copa es amplia, densa y muy ramificada, con las ramillas terminadas en espinas rígidas: de ahí el epíteto spinosa, y de ahí también la primera decisión de diseño, porque no es un árbol para plantar junto a un paso estrecho o una zona de juego infantil.

La hoja es perenne, pequeña (2 a 4 cm), coriácea, de lanceolada a espatulada, agrupada en fascículos sobre braquiblastos. En sequía extrema puede desprender parte del follaje y rebrotar cuando llueve. Las flores son diminutas, verdoso amarillentas, con cinco pétalos, y aparecen sobre todo entre mayo y junio, con floraciones secundarias irregulares.

El fruto es una baya carnosa ovoide de 2 a 4 cm, verde primero y amarilla o parda al madurar, de pulpa amarga y olor peculiar. Tarda casi un año en madurar, así que se recoge en el verano siguiente a la floración. Dentro hay un hueso leñoso durísimo —el más duro con el que te vas a encontrar en jardinería mediterránea— que aloja de una a tres almendras oleaginosas. Los frutos caídos manchan y atraen insectos; tenlo en cuenta si piensas plantarlo sobre pavimento claro.

Por debajo hay lo más interesante y lo que nunca se ve: un sistema radicular profundamente pivotante, capaz de bajar muy por debajo del bulbo que humedece cualquier riego localizado, y de explotar humedad de capas que el resto de la vegetación no alcanza.

Hasta dónde aguanta el frío

Aquí está el límite real de cultivo en España, y conviene no idealizarlo. Un ejemplar adulto y bien asentado tolera heladas cortas del orden de −3 a −5 °C. Por debajo de eso aparecen daños en la madera joven, y una helada prolongada o repetida puede desmochar el árbol. Los plantones de uno o dos años son bastante más sensibles: con −2 °C ya pueden perder toda la parte aérea.

Eso lo sitúa cómodo en el litoral de Almería, Murcia, Alicante, Málaga y Granada, en Canarias y en zonas costeras de Baleares, y lo hace arriesgado en el interior peninsular, incluido el valle del Guadalquivir en sus inviernos más fríos. De hecho ya existen plantaciones experimentales y comerciales en Almería y Murcia, precisamente porque el clima de allí es el que mejor se parece al del Souss.

El calor extremo no le preocupa, el viento tampoco —funciona muy bien como cortavientos— y tolera la salinidad moderada del suelo y la brisa marina, lo que amplía su utilidad en primera línea de costa.

Suelo: lo importante es el drenaje

Se adapta a suelos pobres, pedregosos, arenosos y calizos, con pH neutro o básico, que son justamente los que fastidian a otras especies. Lo que no perdona es el suelo pesado y mal drenado. En arcillas compactadas, con agua estancada en invierno, la raíz se pudre y el árbol se pierde sin que la parte aérea avise hasta que ya es tarde.

Si tu terreno es arcilloso, planta en caballón o en talud, rompe la solera del hoyo y no rellenes con tierra mejorada muy esponjosa dentro de un hoyo estanco: eso crea una maceta bajo tierra que se llena de agua. Mejor mejorar un volumen amplio y poco, que un volumen pequeño y mucho.

El riego, que es donde se cometen los errores

Durante los dos o tres primeros años hay que regar, no queda otra: la raíz aún no ha bajado y el árbol depende de lo que le des. Riegos espaciados y abundantes —mejor 40 litros cada quince días que 5 litros diarios— porque lo que interesa es enseñar a la raíz a buscar hacia abajo. El goteo diario de bajo caudal produce justo lo contrario: una raíz superficial y un árbol dependiente para siempre.

A partir del cuarto o quinto año, un ejemplar en clima del sureste puede vivir sin riego alguno. Si buscas producción de fruto, un par de riegos de apoyo en el verano mejoran el cuajado, pero el exceso de agua tiene tres consecuencias claras: crecimiento vegetativo blando, mayor sensibilidad al frío y podredumbre radicular. El argán se mata regándolo mucho más a menudo que descuidándolo.

Abonado, prácticamente ninguno. Una aportación ligera de materia orgánica al final del invierno es más que suficiente. Con abonado nitrogenado generoso crece más deprisa y se vuelve más frágil.

Plantación y primeros años

El mejor momento para plantar en el sureste peninsular es de marzo a abril, con el frío ya pasado y toda la temporada por delante para enraizar. En zonas sin heladas, el otoño también sirve. Elige sol directo pleno: en semisombra crece torcido y no fructifica.

Marco de plantación: 6 metros como mínimo entre árboles, y 5 o 6 respecto a muros y linderos, teniendo en cuenta que la copa acaba siendo más ancha que alta. Protege el plantón con una malla o un protector durante los primeros años, porque conejos, liebres y cabras se comen la brotación tierna y un árbol lento como este no se recupera fácil de un ramoneo. Un acolchado de piedra o grava alrededor del pie conserva humedad y no genera los problemas de hongos que dan los acolchados orgánicos húmedos.

Cultivarlo en maceta es posible los dos primeros años, pero exige contenedor hondo por la raíz pivotante y no es una solución a largo plazo.

Poda

Poca y con guantes gruesos. Basta con retirar madera seca, ramas cruzadas y chupones de la base a finales del invierno. Si quieres un árbol de tronco único en lugar de la mata multicaule natural, selecciona el eje en los primeros tres o cuatro años; después es demasiado tarde y cortar ramas gruesas en una especie de crecimiento lento deja heridas que tardan años en cerrar.

Multiplicación

Por semilla es el método habitual, y exige paciencia. El hueso es tan duro que la germinación natural es lenta y desigual: se recomienda escarificar con cuidado o fracturar el endocarpio sin dañar la almendra, y remojar después 24-48 horas. Se siembra en primavera, en sustrato muy drenante y en macetas profundas, y las nascencias pueden escalonarse durante meses. Del semillero al primer fruto pasan entre cinco y ocho años, y la producción plena llega bastante más tarde.

El estaquillado semileñoso con hormonas de enraizamiento funciona, pero con porcentajes bajos. El injerto sobre pie de semilla es lo que usan las plantaciones profesionales para adelantar la entrada en producción y para asegurar el sexo funcional y la calidad del fruto.

Frutos maduros de Argania spinosa en la rama

Las cabras en las ramas y otras historias

La imagen de las cabras encaramadas a un argán es real: los animales trepan de verdad para comer hojas y frutos cuando el pasto escasea. Ahora bien, muchas de las estampas que se fotografían en la carretera de Marrakech a Essaouira están montadas para el turista, con animales colocados y atados en las ramas.

Y hay algo que suele contarse mal: el aceite de argán actual no se elabora con huesos recuperados de los excrementos del ganado. Esa práctica existió de forma marginal, da un producto de mal olor y peor calidad, y las cooperativas que producen el aceite alimentario y cosmético trabajan con fruto recogido del suelo o del árbol. De hecho el sobrepastoreo caprino es uno de los principales problemas de conservación de la arganeraie, porque impide que los brinzales lleguen a adultos.

Sobre el aceite en sí: se obtiene de las almendras del hueso, existe una versión alimentaria de almendras tostadas y otra cosmética de almendras crudas, y en Marruecos está amparado por una indicación geográfica. Es un producto de trabajo lento y muy intensivo en mano de obra, lo que explica su precio. Un árbol de jardín produce fruto suficiente para curiosear, no para autoabastecerse.

Problemas y plagas

Es una especie sana, con pocos enemigos serios en España. Puede recibir cochinillas en ejemplares en maceta o muy abonados, y algún ataque de pulgón en la brotación tierna, ambos tratables con jabón potásico o aceite de parafina fuera de las horas de sol. La podredumbre de raíz por exceso de agua es, con diferencia, la causa de muerte más frecuente en jardín, y no tiene tratamiento eficaz una vez avanzada: se previene con drenaje y con riego contenido.

El otro problema no es sanitario sino de expectativas: crece entre 15 y 30 centímetros al año. Quien busque sombra rápida se va a decepcionar. La contrapartida es un árbol que aguanta décadas sin cuidados.

En resumen

Argania spinosa es un árbol endémico del suroeste de Marruecos, perenne, espinoso, de 6 a 10 metros, raíz muy profunda y crecimiento lento, con una tolerancia a la sequía y al calor difícil de igualar. En España se cultiva bien en el litoral mediterráneo cálido, en Canarias y en Baleares, siempre que las heladas no bajen de −3 a −5 °C en ejemplares adultos, y bastante menos en los jóvenes. Pide sol pleno, suelo pobre y muy drenado, riegos espaciados y abundantes los tres primeros años y casi ninguno después; el encharcamiento lo mata. Se multiplica por semilla escarificada, tarda entre cinco y ocho años en fructificar, apenas necesita poda y sirve además como cortavientos y sujetador de suelos. Como árbol de jardín seco es una elección excelente; como productor doméstico de aceite, no.


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