Un saco de 50 litros de arlita pesa alrededor de 17 kilos. El resto de ese volumen es aire encerrado dentro de miles de bolas de arcilla cocida, y en ese detalle está todo lo que la arlita puede hacer por tus plantas y también lo que no puede hacer, por mucho que se repita lo contrario.

Conviene aclarar antes de nada una confusión habitual con el nombre. Arlita es una marca registrada, igual que lo son Tupperware o Rímel, que acabó convertida en el nombre común del material. Lo que compras se llama técnicamente arcilla expandida, y también aparece en las tiendas como LECA (siglas inglesas de light expanded clay aggregate) o como bolas de arcilla. Es exactamente el mismo producto, con distintas etiquetas y precios muy distintos.

Bolas de arcilla expandida o arlita

Cómo se fabrica y por qué eso importa

La arcilla expandida se obtiene con arcillas que contienen materia orgánica y carbonatos. El material se granula y pasa por un horno rotatorio a temperaturas del orden de 1.100 a 1.200 °C. A esa temperatura la superficie de cada bolita empieza a vitrificar mientras el interior sigue desprendiendo gases, que quedan atrapados e hinchan la masa desde dentro. El resultado es una bola con una corteza cerámica dura y un interior alveolar lleno de celdillas.

De ahí salen todas sus propiedades prácticas:

Es ligera. Su densidad aparente ronda los 300-400 kg/m³ según la granulometría, frente a los 1.500-1.700 kg/m³ de una grava caliza. En una jardinera de obra grande, en una terraza con limitación de carga o en una cubierta vegetal, esa diferencia se nota en la estructura del edificio.

Es porosa pero no esponjosa. Absorbe agua en cantidad moderada, del orden del 10-20 % de su peso, y la suelta despacio. No se comporta como la perlita ni como la turba: retiene bastante menos.

Es prácticamente inerte. pH neutro o ligeramente alcalino, capacidad de intercambio catiónico muy baja, sin nutrientes de ninguna clase. Aquí es donde conviene desactivar el primer malentendido: la arlita no abona, no acidifica el sustrato ni corrige suelos calizos. Es un esqueleto físico, no una enmienda química.

No se descompone. A diferencia de la turba, la fibra de coco o la corteza, no se degrada con los años ni se compacta. Se puede lavar y reutilizar indefinidamente.

Granulometrías: elige antes de comprar

No toda la arlita sirve para lo mismo, y comprar el calibre equivocado es el error más frecuente.

El calibre fino, de 3 a 8 mm, es el que se mezcla dentro del sustrato y el que se usa como acolchado en macetas pequeñas de suculentas. El medio, de 8 a 16 mm, vale para hidroponía, para acolchado de macetas grandes y para capas drenantes en jardineras de obra. El grueso, de 10 a 20 mm o más, se destina a rellenos, drenajes enterrados y acolchados decorativos en parterre.

La arlita que se vende en almacenes de construcción para aligerar forjados y rellenos es el mismo material y sale bastante más barata por litro que la ensacada para jardinería. Suele venir con más polvo y con más finos, así que hay que lavarla bien antes de usarla; a veces también viene recubierta o mezclada con cemento en productos ya preparados, y esa no sirve. Lee la etiqueta.

El uso que sí funciona: mezclada en el sustrato

Aquí es donde la arlita da lo mejor de sí. Añadida al sustrato en una proporción del 10 al 30 % en volumen, aporta macroporos estables: huecos grandes que se vacían de agua por gravedad y se llenan de aire. Como las bolas no se aplastan ni se degradan, esos huecos siguen ahí tres años después, cuando la turba de la mezcla ya se ha mineralizado y ha reducido su volumen.

Esto es especialmente útil en:

Cactus y suculentas, donde un 30-40 % de material grueso (arlita, puzolana, pómice o arena silícea gruesa) marca la diferencia entre una planta que aguanta y una que se pudre por el cuello.

Orquídeas epífitas como Phalaenopsis o Cattleya, mezclada con corteza de pino. Aumenta la aireación y evita que el sustrato se apelmace hacia el segundo año.

Aromáticas mediterráneas en maceta: romero (Salvia rosmarinus), tomillo (Thymus vulgaris), lavanda (Lavandula angustifolia). Todas ellas mueren antes por exceso de agua en invierno que por sequía en verano.

Macetas de larga duración que no vas a trasplantar cada año: arbustos, cítricos en maceta, bonsáis de exterior.

Un apunte de riego: al aumentar la macroporosidad, el sustrato drena más rápido y se seca antes. Si añades un 30 % de arlita y sigues regando con la misma frecuencia de siempre, la planta pasará sed. Comprueba la humedad con el dedo o con el peso de la maceta durante las primeras semanas.

La capa del fondo de la maceta no drena lo que crees

Este es el consejo más repetido en jardinería y uno de los pocos que la física contradice de forma clara. La idea de poner cinco centímetros de arlita, grava o trozos de teja en el fondo de la maceta «para que drene mejor» no funciona como se supone.

Cuando dos materiales de porosidad muy distinta se tocan, el agua no pasa del fino al grueso hasta que la base del material fino se satura. Es un efecto de tensión capilar bien documentado en física de suelos y se conoce como capa freática colgada. El sustrato agarra el agua con más fuerza de la que la gravedad ejerce sobre ella, y sólo empieza a soltarla cuando esa franja inferior está completamente empapada. Poner arlita debajo no elimina esa franja saturada: simplemente la sube de altura, porque ahora empieza donde acaba la arlita.

El resultado es doble y va en tu contra: pierdes el volumen de tierra que ocupa la capa drenante y la zona encharcada queda más cerca de las raíces, no más lejos. En una maceta de 20 cm de altura, quitar cinco al sustrato para regalárselos a la arlita es un mal negocio.

Lo que de verdad drena una maceta es un sustrato poroso en todo su volumen y un agujero de salida que no esté obstruido. Si quieres arlita en la maceta, mézclala con la tierra en lugar de apilarla en el fondo. Un trozo de malla o un tiesto de barro roto sobre el orificio, para que no se escape el sustrato, sí tiene sentido; una capa de cinco centímetros, no.

Hay una excepción importante, y es la que probablemente originó la costumbre: en jardineras de obra, mesas de cultivo y cubiertas vegetales con un desagüe lateral o una lámina drenante en la base, la capa de arlita sí cumple su función. Ahí no está en el fondo de un recipiente cerrado, sino formando un estrato de evacuación conectado a una salida real, con un geotextil que separa el sustrato de la grava. El sistema es otro y el razonamiento también.

Como acolchado en la superficie

Este uso, mucho menos famoso que el anterior, es el que de verdad rinde. Una capa de uno o dos centímetros de arlita fina sobre la tierra de la maceta consigue varias cosas a la vez:

Reduce la evaporación desde la superficie, que en verano y en interior con calefacción se lleva una parte considerable del agua de riego. Espaciarás algo los riegos, aunque no esperes milagros: la planta sigue transpirando.

Corta el ciclo de la mosquita del sustrato (esciáridos, Bradysia spp.). Estos dípteros ponen los huevos en la tierra húmeda superficial y las larvas comen raicillas y materia orgánica. Una barrera mineral seca en superficie les quita el sitio de puesta. Funciona mejor que los remedios caseros que circulan por ahí, y combinada con dejar secar los dos centímetros superiores entre riegos resuelve el problema en pocas semanas.

Mantiene el cuello de la planta seco. En cactus, Lithops, Echeveria o cualquier suculenta, el punto donde el tallo toca el sustrato húmedo es la puerta de entrada de las podredumbres. Un collar de material inerte alrededor es una medida barata y eficaz.

Evita la costra superficial y las salpicaduras de tierra al regar, que son una vía de dispersión de esporas de hongos hacia las hojas bajas.

Dos advertencias prácticas. La arlita seca flota: si riegas de golpe por arriba, las bolas se mueven y se amontonan. Mójala antes de colocarla y riega despacio, o mejor por inmersión. Y si la superficie se mantiene siempre húmeda con luz, aparecerán algas verdes; no dañan a la planta, pero indican que estás regando de más.

Macetas con arlita como acolchado en la superficie

Bandeja de humedad para plantas de interior

Un plato ancho lleno de arlita, agua hasta media altura de las bolas y la maceta apoyada encima sin tocar el agua. El agua se evapora y crea un microclima algo más húmedo alrededor de la planta, cosa que agradecen calatheas, helechos y Alocasia en pisos con calefacción.

El efecto es local y modesto: no sustituye a un humidificador y desde luego no cambia la humedad de la habitación. Lo importante es lo otro: la base de la maceta nunca debe estar sumergida. Una maceta dentro de un plato con agua es la forma más rápida de asfixiar unas raíces, y es exactamente lo que mucha gente acaba haciendo cuando el nivel sube.

Hidroponía y semihidroponía

La arcilla expandida es el sustrato clásico de los cultivos hidropónicos, y con razón: es inerte, no aporta ni retira nada de la solución nutritiva, no se descompone y se puede esterilizar entre ciclos.

En la versión doméstica, la llamada semihidroponía, la planta va en una maceta con perforaciones laterales rellena de arlita, y esa maceta se mete en otra sin agujeros con unos centímetros de solución nutritiva en el fondo. La arlita sube el agua por capilaridad hasta las raíces mientras la parte superior queda aireada.

Tres cosas que hay que saber antes de intentarlo:

Sin abono no hay cultivo. La arlita no alimenta. Necesitas una solución nutritiva completa, con macro y micronutrientes, y controlar su conductividad y su pH (para la mayoría de ornamentales, entre 5,5 y 6,5).

Las sales se acumulan. Hay que renovar la solución cada una o dos semanas y enjuagar el conjunto con agua limpia de vez en cuando. Las costras blanquecinas sobre las bolas son el aviso.

El paso de tierra a arlita no es indoloro. Las raíces formadas en sustrato tienen otra anatomía que las formadas en agua y muchas se pierden en la transición. La planta se para durante semanas y a veces no lo supera. Con esquejes enraizados directamente en arlita el resultado es mucho mejor que trasplantando un ejemplar adulto.

En el jardín y en el parterre

Como acolchado decorativo sobre el suelo, la arlita frena la germinación de las semillas de malas hierbas por falta de luz, pero sólo si la capa tiene cinco o más centímetros. Con dos centímetros no hace nada. Y ojo con lo que se promete de más: no elimina las perennes de rizoma o raíz profunda como la grama (Cynodon dactylon) o la corregüela (Convolvulus arvensis), que atraviesan sin problema cualquier acolchado. Además, con el tiempo se acumula polvo y hojarasca entre las bolas y ahí acaban naciendo hierbas nuevas por encima.

Sobre la protección frente al frío, hay que ser honesto con el alcance real. Un acolchado mineral amortigua algo la oscilación térmica del suelo y reduce el riesgo de que se hiele el cepellón de una maceta expuesta, pero no protege la parte aérea de la planta y su capacidad aislante es discreta. Si vives donde hiela de verdad, lo que salva una maceta es envolver el recipiente con plástico de burbujas o arpillera, agruparlas contra una pared orientada al sur y, en el caso de las especies sensibles, meterlas bajo cubierto. La arlita ayuda un poco; no es una manta.

Cuánto cuesta y cómo aprovecharla

El formato habitual es el saco de 50 litros, que en un centro de jardinería suele moverse en el entorno de los 12 a 20 euros según marca y granulometría. Comprada en almacén de materiales de construcción, y en palé, el litro sale bastante más barato. Las bolsas pequeñas de dos o cinco litros que se venden junto a las plantas de interior son, con diferencia, la forma más cara de comprar el mismo producto.

Como no se degrada, el gasto es de una vez. Al trasplantar, separa la arlita con un cedazo, lávala bien y guárdala. Si venía de una planta con problemas sanitarios, desinféctala: quince minutos en agua hirviendo o un remojo en lejía diluida al 10 % seguido de un aclarado muy abundante. Antes del primer uso, en cualquier caso, conviene lavarla para eliminar el polvo de arcilla, que si no acaba colmatando los poros del sustrato justo donde no interesa.

En resumen

La arlita es arcilla cocida y expandida: ligera, porosa, químicamente inerte y prácticamente eterna. Su valor está en la estructura física que aporta, no en ningún efecto nutritivo o curativo.

Úsala mezclada en el sustrato entre un 10 y un 30 % para mantener la aireación año tras año, y en la superficie en capa fina para frenar la evaporación, cortar el ciclo de la mosquita del sustrato y mantener seco el cuello de las suculentas. Funciona también como sustrato hidropónico y como base de bandeja de humedad, siempre que la maceta no toque el agua.

Olvídate de la capa drenante en el fondo de una maceta cerrada: no mejora el drenaje, eleva la zona saturada y te roba volumen de tierra. Ese uso sólo tiene sentido en jardineras de obra con evacuación real. Y recuerda que no abona, no acidifica y no cura raíces podridas: lo que pudre las raíces es el exceso de agua, y eso se corrige con la regadera antes que con la arlita.


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