Decir "begonia" es casi tan impreciso como decir "cactus". El género Begonia, de la familia Begoniáceas, reúne más de 2.000 especies descritas, distribuidas por todos los trópicos salvo Australia, y varios miles de híbridos de jardinería. Entre una begonia de flor de balcón, una begonia rex de hoja metálica y una begonia de caña de metro y medio hay más diferencias de cultivo que entre un geranio y un ficus.
De ahí que la mayoría de los fracasos con begonias no vengan de un descuido, sino de aplicar los cuidados de un grupo a una planta de otro grupo. Este artículo empieza, por eso, por clasificar; y solo después entra en riego, luz y problemas.
Los grupos que de verdad importan
Los botánicos manejan decenas de secciones. Para cultivar, basta con distinguir cinco tipos por el órgano subterráneo o la forma de crecer, porque eso es lo que determina el riego y el invierno.
Begonias de flor o semperflorens. Son las de macizo y jardinera, Begonia × semperflorens-cultorum, derivadas de Begonia cucullata. Hojas pequeñas, redondeadas, carnosas, verdes o bronceadas, y flores continuas blancas, rosas o rojas. Raíz fibrosa, sin tubérculo. Son las más rústicas del género y las únicas que toleran sol directo, siempre que no sea el sol de julio en el interior peninsular.
Begonias tuberosas. Begonia × tuberhybrida y sus parientes. Forman un tubérculo aplanado y producen las flores más espectaculares del género, dobles, de hasta 12-15 cm, en amarillos, naranjas y rojos imposibles en otras plantas de sombra. Tienen reposo invernal obligatorio: en otoño amarillean y pierden la parte aérea, y eso no es que se estén muriendo. Dentro de este grupo están las colgantes tipo pendula y Begonia boliviensis, ideales para cestas.
Begonias rizomatosas y begonias rex. Crecen a partir de un rizoma grueso que repta sobre la superficie del sustrato. Aquí está Begonia rex y toda la descendencia de hoja pintada, con espirales plateadas, púrpuras y verdes metálicos. Se cultivan por la hoja: la flor es insignificante y muchos jardineros la cortan. Son las más exigentes en humedad ambiental y las más sensibles al exceso de riego.
Begonias de caña o cane-like. Tallos erectos, articulados como el bambú, con hojas asimétricas en forma de ala de ángel. La más conocida es Begonia maculata, de hoja verde con lunares plateados y envés rojo vino, junto a Begonia coccinea y los híbridos "alas de ángel". Llegan a 1-2 m, florecen en racimos colgantes y son, de largo, las más fáciles de todo el género como planta de interior.
Begonias elatior. Begonia × hiemalis, cruce entre tuberosas y Begonia socotrana. Son las que se venden en floristería en otoño e invierno, compactas, cuajadas de flor doble. Están forzadas en invernadero con fotoperiodo controlado y, seamos honestos, rara vez repiten esa floración en casa: se comportan de facto como planta de temporada.
Una particularidad que conviene conocer
Todas las begonias son monoicas: cada planta lleva flores masculinas y femeninas separadas. Se distinguen a simple vista. La flor femenina tiene detrás un ovario alado, una estructura con tres alas de aspecto triangular; la masculina no tiene nada detrás y suele ser más vistosa.
Esto tiene una consecuencia práctica en las tuberosas: las flores dobles grandes son las masculinas, y a cada lado suelen salir dos femeninas pequeñas y simples. Si quieres flores grandes, pellizca las femeninas en cuanto se distingan. La planta deja de gastar energía en semilla y la dedica a la flor principal. Es la diferencia entre una tuberosa de catálogo y una tuberosa mediocre.
Sustrato y maceta
Todas las begonias comparten un mismo perfil radicular: raíces finas, superficiales y muy sensibles a la falta de oxígeno. El sustrato manda más que el riego.
Una mezcla que funciona para todos los grupos: dos partes de turba rubia o fibra de coco, una parte de perlita y una parte de compost o mantillo fino. El objetivo es un medio que retenga humedad pero que suelte el agua sobrante en segundos. El pH ideal está entre 5,5 y 6,5, ligeramente ácido; en zonas de agua muy caliza, esto se degrada con el tiempo y aparecen clorosis en las hojas nuevas.
La maceta debe ser ancha y poco profunda, sobre todo en rizomatosas y rex, cuyo rizoma se extiende en horizontal. Y debe quedarse justa: una begonia en maceta demasiado grande tiene un volumen de sustrato que nunca se seca, y eso acaba en podredumbre. Trasplanta solo cuando las raíces asomen por el drenaje, en primavera.
Aprovecho para desmontar una costumbre extendida: la capa de bolas de arcilla en el fondo de la maceta no mejora el drenaje. Al contrario, crea una interfaz entre dos materiales de porosidad distinta que retiene agua justo por encima de ella. Lo que drena es el sustrato en sí y el agujero de la maceta.
Luz
La regla general es luz abundante pero filtrada. En la naturaleza casi todas las begonias viven en el sotobosque tropical, bajo una cubierta que tamiza el sol.
Traducido a una casa española: junto a una ventana orientada al este o al norte, o a un metro de una ventana al sur, nunca pegada al cristal en verano. La hoja de begonia se quema con rapidez y las quemaduras aparecen como manchas blanquecinas o pardas secas, irreversibles.
Matices por grupo. Las semperflorens aceptan sol directo de mañana, y las variedades de hoja bronceada más que las verdes; en la cornisa cantábrica se pueden poner casi a pleno sol, en Sevilla o Zaragoza solo en sombra. Las rex son las que menos luz directa toleran, pero también las que peor llevan la penumbra: con poca luz pierden el contraste de color y se quedan verdes uniformes. Las de caña aguantan un rango amplio y son las que mejor se adaptan a una habitación normal.
Temperatura
El rango cómodo va de 18 a 24 °C. Por debajo de 13 °C detienen el crecimiento, y por debajo de 5-8 °C las hojas se dañan. Ninguna begonia resiste heladas.
Los dos problemas reales en España son opuestos. En invierno, las corrientes de aire frío junto a ventanas mal aisladas provocan caída de hojas de un día para otro. En verano, cuando se superan los 30-32 °C con aire seco, las begonias cierran estomas, dejan de crecer, abortan flores y las de caña pierden hojas bajas. En el interior peninsular, julio y agosto son un periodo de supervivencia, no de cultivo: la begonia se mantiene, no se hace grande.
Las tuberosas necesitan además frío para el reposo. Cuando en octubre empiecen a amarillear, reduce el riego, deja secar la parte aérea y corta el tallo a 2-3 cm. Saca los tubérculos, límpialos de tierra, déjalos orear una semana y guárdalos en una caja con turba seca, serrín o vermiculita a 7-12 °C, en oscuridad y sin humedad. En marzo, plántalos con la parte cóncava hacia arriba a 15-18 °C y volverán a brotar.
Riego y humedad
Aquí se pierden más begonias que por cualquier otra causa, y casi siempre por exceso.
Riega cuando los primeros 2-3 cm de sustrato estén secos al tacto, no antes. En verano eso puede ser cada tres o cuatro días; en invierno, cada diez o quince. Riega en profundidad hasta que salga agua por el drenaje y vacía el plato a los diez minutos. Una begonia con el plato lleno de agua permanente está condenada a medio plazo.
Riega por el borde de la maceta o por debajo, y evita mojar hojas y corona. Las hojas de begonia, especialmente las rex y las tuberosas, se manchan y se pudren con facilidad, y el agua estancada en el rizoma es la puerta de entrada de la botritis.
Y ahora el consejo que hay que corregir: pulverizar las hojas de begonia es mala idea. Se repite constantemente porque son plantas tropicales que agradecen humedad ambiental alta, y es cierto que la agradecen (entre el 50 % y el 70 % es lo ideal), pero la manera de conseguirla no es mojando la hoja. El tomento de muchas begonias retiene las gotas durante horas y eso es exactamente lo que necesita el oídio para instalarse. Formas correctas de subir la humedad: una bandeja ancha con grava y agua bajo la maceta, sin que el fondo toque el agua; agrupar plantas; o un humidificador en la habitación.
Sobre el agua: si la de tu grifo es muy dura, alterna con agua de lluvia o filtrada. La cal va subiendo el pH del sustrato y bloquea el hierro y el manganeso.
Abonado
De marzo a septiembre, un abono líquido cada dos semanas a media dosis de la indicada en el envase. Las begonias son plantas de crecimiento rápido pero de raíz delicada, y se queman con concentraciones altas de sales.
Para las de hoja (rex y rizomatosas) sirve un equilibrado tipo 20-20-20. Para las de flor (semperflorens, tuberosas, colgantes) es mejor un abono con más potasio, tipo 15-10-30, a partir de que asomen los primeros botones. En invierno, suspende el abonado por completo: la planta no está creciendo y las sales se acumulan.
Multiplicación
Es una de las plantas más agradecidas de reproducir, y cada grupo tiene su método.
Esqueje de hoja (rex y rizomatosas). Corta una hoja sana con 2-3 cm de peciolo. Puedes clavarla entera en sustrato húmedo, o bien tumbarla del revés, hacer cortes transversales sobre los nervios principales con una cuchilla limpia y sujetarla contra el sustrato con grapas o piedrecitas. De cada corte brota una plantita. También funciona trocear la hoja en cuñas triangulares con un nervio central cada una y clavarlas por el vértice. Tapa con plástico o campana, mantén a 20-24 °C y luz indirecta. En 4-8 semanas aparecen los brotes.
Esqueje de tallo (de caña y semperflorens). Trozos de 8-10 cm con dos o tres nudos, cortados justo por debajo de un nudo, sin las hojas inferiores. Enraízan en sustrato o incluso en agua en dos o tres semanas en primavera.
División (rizomatosas y tuberosas). Corta el rizoma en secciones con al menos una yema y algunas raíces, o divide el tubérculo antes de plantarlo asegurando una yema por trozo y dejando cicatrizar el corte 24 horas.
Semilla. Es viable pero exige paciencia: la semilla de begonia es prácticamente polvo, se siembra en superficie sin cubrir, necesita luz para germinar y 22-25 °C, y las plántulas tardan meses en manejarse. Se hace sobre todo con semperflorens y tuberosas, sembrando en enero-febrero bajo cubierta para plantar en mayo.
Plagas y enfermedades
Oídio. El problema número uno de las begonias, causado por hongos del grupo Golovinomyces / Erysiphe. Se ve como un polvillo blanco harinoso en el haz de las hojas y en tallos. Aparece con humedad alta, temperaturas templadas y, sobre todo, aire estancado. La medida más eficaz no es un fungicida, sino ventilar y separar las plantas. Si ya está instalado, retira las hojas afectadas y trata con azufre mojable (evitando temperaturas por encima de 28 °C, porque quema) o bicarbonato potásico.
Botritis (Botrytis cinerea). Moho gris sobre flores marchitas y tejidos blandos, típico de invernaderos húmedos y de otoños lluviosos. Se previene retirando flores y hojas muertas y no mojando la planta.
Mildiu (Plasmopara). Manchas amarillentas en el haz con un fieltro grisáceo en el envés. Menos frecuente que el oídio pero más destructivo.
Bacteriosis (Xanthomonas campestris pv. begoniae). Manchas acuosas translúcidas a contraluz, que se vuelven pardas y confluyen, con amarilleo general y marchitez. No tiene tratamiento. Es muy contagiosa por salpicaduras y por herramientas. La única respuesta es eliminar la planta, desinfectar tijeras y macetas y no reutilizar el sustrato.
Ácaro blanco o del bronceado (Polyphagotarsonemus latus). Invisible a simple vista. Provoca hojas nuevas deformadas, rizadas hacia abajo, endurecidas y con aspecto acharolado o bronceado, y botones florales que abortan. Se confunde constantemente con un problema de riego o de virus. Si el daño está solo en el crecimiento nuevo, sospecha de él. Se controla con acaricidas específicos o con azufre, retirando primero toda la parte afectada.
Pulgón, mosca blanca y trips. Habituales en semperflorens de exterior en primavera. El jabón potásico repetido cada 5-7 días resuelve la mayoría de casos leves. Los trips además transmiten virus, así que conviene no dejarlos crecer.
Cochinilla algodonosa. En begonias de caña de interior, en las axilas de las hojas. Alcohol de 96° con un bastoncillo sobre cada colonia, repitiendo semanalmente.
Caracoles y babosas. Devastadores en macizos de semperflorens y en tuberosas recién brotadas.
Diagnóstico rápido de síntomas
Hojas amarillas empezando por las de abajo, sustrato húmedo: exceso de riego. Deja secar y revisa el drenaje.
Hojas mustias con sustrato seco y ligero: falta de agua. Riega por inmersión hasta que el cepellón recupere peso.
Bordes secos y quebradizos: aire seco o sales acumuladas. Lava el sustrato con un riego abundante y sube la humedad ambiental.
Manchas pardas secas en el centro de la hoja tras un día soleado: quemadura por sol directo.
Tallos largos, entrenudos separados y hojas pequeñas y pálidas: falta de luz.
Caída súbita de hojas en invierno: corriente de aire frío o cambio brusco de ubicación.
Begonias en el jardín español
Un par de apuntes de zona. Las semperflorens son la begonia de exterior por defecto en toda España: se plantan en mayo, florecen hasta las primeras heladas y se tratan como anuales, aunque en el litoral mediterráneo y en Canarias pueden pasar el invierno.
Las tuberosas dan resultados espectaculares en Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, donde el verano fresco y húmedo reproduce sus condiciones ideales. En Madrid, Castilla o el valle del Ebro se cultivan bien pero exigen sombra fresca y riegos regulares, y aun así pierden fuerza en la ola de calor de agosto.
Las rex y de caña son, en la práctica, plantas de interior en todo el país, con la excepción de los patios sombreados y húmedos del norte y de Canarias, donde pueden vivir fuera todo el año.
En resumen
Antes de cuidar una begonia hay que saber de qué tipo es: fibrosa de flor, tuberosa, rizomatosa o rex, de caña o elatior. Ese dato decide si la planta debe perder la parte aérea en invierno, cuánta luz aguanta y con qué frecuencia se riega.
El marco común es sencillo: sustrato ligero y ligeramente ácido en maceta ancha y justa, luz abundante pero filtrada, entre 18 y 24 °C sin heladas ni golpes de calor seco, riego solo cuando los primeros centímetros están secos y plato siempre vacío, abono quincenal a media dosis de marzo a septiembre.
Dos errores que conviene desterrar: pulverizar las hojas para subir la humedad, que es la forma más rápida de conseguir oídio y botritis, y el drenaje de arcilla en el fondo de la maceta, que no drena nada. Y una ganancia fácil: en las tuberosas, quita las flores femeninas laterales, las que llevan el ovario alado detrás, y las masculinas centrales te lo devolverán con creces.