Doce metros cuadrados de patio en Yorkshire y doce metros cuadrados de patio en Murcia no son el mismo problema, aunque el plano sea idéntico. Esa es la advertencia con la que conviene sentarse a ver Big Dreams, Small Spaces, el programa de la BBC en el que Monty Don visita a jardineros aficionados que quieren transformar su parcela y no saben muy bien por dónde empezar.

Como formato es de lo mejor que se ha hecho sobre jardinería doméstica: sin concursos, sin premios, sin transformaciones milagrosas en 48 horas. Como manual de instrucciones para España, hay que traducirlo. Este artículo va de las dos cosas: qué hace bien el programa y qué hay que cambiar de sus consejos antes de aplicarlos a este lado del Canal.

Monty Don en un jardín

El formato: tiempo real, presupuesto real

La mecánica del programa es sencilla. Monty Don, presentador principal de Gardeners' World y jardinero con obra propia en Longmeadow, en Herefordshire, se presenta en casa de personas corrientes que han decidido hacerse un jardín. Escucha lo que quieren, les da un empujón de criterio —a veces bastante seco— y se marcha. Los propietarios ejecutan la obra ellos mismos, con su dinero y su tiempo. Meses después, Monty vuelve a ver en qué ha quedado la cosa.

Ahí está la diferencia con el resto del género. En un programa de transformación al uso llega un equipo de veinte personas, un camión de plantas adultas y un presupuesto que nadie enseña. Aquí, el que cava es el dueño. Y como el rodaje se extiende a lo largo de una temporada entera, se ven cosas que la televisión de jardinería suele esconder: las plantas que no arraigan, el bancal que se hizo demasiado estrecho, el proyecto que se para tres meses porque llegó el invierno.

La aportación de Monty Don, más que técnica, es de jerarquía. Suele empujar a los participantes hacia las mismas tres ideas: decidir para qué sirve el jardín antes de comprar nada, resolver el suelo antes que la decoración, y renunciar a la mitad de las cosas que se querían meter. Ese consejo viaja perfectamente a cualquier clima.

Dónde verlo desde España

La emisión original es de la BBC y su hogar natural es BBC iPlayer, que está geobloqueado fuera del Reino Unido. Fuera de ahí, la serie ha circulado por catálogos de plataformas de suscripción y por canales temáticos de estilo de vida, con disponibilidad que cambia de un año a otro y de un país a otro. Lo sensato es buscar el título en el buscador de tu plataforma antes de dar nada por hecho: los derechos de este tipo de producción de la BBC se licencian por territorio y por periodos cortos.

Hay dos cuestiones prácticas para el espectador español. La primera es que no siempre hay doblaje ni subtitulado en castellano; con subtítulos en inglés se sigue sin problema, porque el vocabulario es concreto y repetitivo. La segunda es que buena parte del contenido de Monty Don que sí está fácilmente accesible corresponde a otras series suyas —los recorridos por jardines de Italia, Francia, Japón o el propio Gardeners' World—, así que conviene comprobar que estás viendo el título correcto y no otro del mismo autor.

El clima cambia el consejo entero

Aquí está el punto crítico, y es el que más disgustos da a quien copia literalmente.

El Reino Unido tiene clima oceánico: precipitación repartida durante todo el año, veranos frescos en los que superar 30 °C sigue siendo noticia, humedad relativa alta y suelos con frecuencia ácidos. La España peninsular, salvo la franja cantábrica y parte de Galicia, tiene clima mediterráneo con sequía estival: dos o tres meses en los que prácticamente no llueve, con máximas de 35-40 °C, radiación mucho más intensa y, en la mitad este y sur, suelos calizos con pH de 7,5 a 8,5 y agua de riego dura.

Las consecuencias son concretas:

El césped inglés no existe aquí. Las mezclas de raigrás y festuca fina que se ven en el programa necesitan agua todo el verano para no achicharrarse. Si quieres pradera en clima mediterráneo, hay que ir a gramíneas C4 de estación cálida —grama común (Cynodon dactylon) o Zoysia japonica—, que se ponen pajizas en invierno pero aguantan julio con una fracción del riego. Y en superficies pequeñas, casi siempre es mejor idea sustituirlo directamente por grava, pavimento permeable o tapizantes como Thymus serpyllum, Dymondia margaretae o Frankenia laevis.

El arriate perenne de estilo cottage se derrite. Delfinios, lupinos, hostas o astilbes son plantas de suelo fresco y verano suave. En Toledo en agosto no hay conversación posible. Los equivalentes que dan el mismo aspecto exuberante y aguantan son Salvia nemorosa y Salvia microphylla, Perovskia (hoy Salvia yangii), Verbena bonariensis, Gaura lindheimeri, Echinops, Eryngium, Achillea, Nepeta y Stipa tenuissima.

Las plantas acidófilas dan clorosis. Hortensias, camelias, rododendros, azaleas y arándanos son habituales del jardín británico y aquí amarillean en cuanto tocan una tierra caliza o se riegan con agua bicarbonatada. En el norte atlántico van bien; en el resto, solo en maceta con sustrato ácido y agua de lluvia, y con quelato de hierro como mantenimiento. Alternativas de aspecto similar sin ese problema: Viburnum tinus, Abelia x grandiflora, Nandina domestica, Pittosporum tobira.

El seto de boj es una mala apuesta. Este ya no es asunto de clima sino sanitario: Buxus sempervirens está siendo arrasado en toda Europa occidental por la oruga del boj (Cydalima perspectalis) y por el hongo del "box blight". Plantar boj hoy es comprarse un tratamiento anual de por vida. Para setos bajos recortados funcionan mucho mejor Teucrium x lucidrys, Lonicera nitida, Myrtus communis subsp. tarentina o Ilex crenata —este último solo si el suelo no es muy calizo—.

Los frutales piden otras variedades. Manzanos y perales necesitan horas de frío invernal que en el sur peninsular no se acumulan; hay que buscar variedades de bajo requerimiento o cambiar de especie. Higuera, granado, caqui, níspero, almendro y cítricos hacen en clima mediterráneo el papel que el manzano hace en Inglaterra, y sin pelearse con el sitio.

Lo que sí se copia tal cual

Descontado el catálogo de plantas, el criterio de diseño que se ve en el programa es aprovechable casi entero, y es la parte más valiosa.

Decidir el uso antes que el estilo. Un jardín pequeño no admite ser tres cosas a la vez. Comer fuera, cultivar hortalizas, tener zona de juego y colección de plantas no cabe en veinte metros. Elegir dos y hacerlas bien produce siempre mejor resultado que meter cuatro a medias.

Un punto focal y pocos materiales. El desorden visual es lo que hace que un espacio pequeño parezca aún más pequeño. Dos materiales duros como máximo, una paleta de color contenida y un único elemento que atraiga la mirada al fondo. Repetir la misma planta en grupos de tres o cinco en vez de poner un ejemplar de cada cosa es lo que da sensación de calma y amplitud.

Trabajar en vertical. Donde no hay suelo, hay muros. Celosías, alambres tensados y pérgolas multiplican la superficie plantable. Para clima mediterráneo, el jazmín estrella (Trachelospermum jasminoides) es probablemente la mejor trepadora de pared pequeña: perenne, perfumado, sin raíces agresivas y sin necesidad de podas complicadas. Cuidado en cambio con Wisteria y Campsis en patios estrechos: crecen mucho más de lo que parece y levantan estructuras.

El suelo primero. Compost, materia orgánica y acolchado. En clima mediterráneo el acolchado no es un lujo estético como en el jardín inglés, es lo que decide si sobrevives a agosto: cinco centímetros de corteza o grava sobre el sustrato reducen la evaporación y bajan la temperatura de las raíces varios grados.

Medidas mínimas que se olvidan. Un camino por el que se pasa con carretilla o con una silla necesita al menos 90 cm; 60 cm es lo mínimo para andar cómodo. Una mesa para cuatro con sillas pide unos 3 x 3 m para poder retirar la silla sin chocar. Recortar esas medidas para meter un bancal más es el error de principiante más caro de corregir.

Huerto en bancales con hortalizas

Si tu "small space" es una terraza o un balcón

Buena parte de los espacios del programa son parcelas de suelo, no balcones. Si tu caso es un piso, hay condicionantes propios que ningún programa británico te va a contar.

Peso. Una jardinera de un metro cuadrado y 40 cm de profundidad, con el sustrato empapado, se va con facilidad por encima de los 300 kg. En balcones volados y en cubiertas hay que ir con cuidado: sustratos aligerados con perlita o fibra de coco, macetas repartidas cerca de los muros de carga y, si la instalación es grande, consulta técnica. Añade además que la normativa de la comunidad de propietarios suele regular jardineras en barandilla y goteo al vecino de abajo.

Volumen de sustrato. Es la causa número uno de fracaso en balcón. Un tomate necesita como mínimo 20-25 litros de maceta; un pimiento, 15; una lechuga se apaña con 5. En bancal elevado, 30 cm de profundidad bastan para hoja, pero zanahoria, patata o tomate quieren 40-50.

Calor en la maceta. Un tiesto negro de plástico contra una pared orientada a poniente puede pasar de 45 °C en el cepellón una tarde de julio, y ahí la raíz se cuece aunque riegues. Macetas claras, de pared gruesa, barro o doble maceta, y sombreado del recipiente aunque la planta esté al sol.

Riego automático desde el principio. En verano peninsular, un contenedor al sol puede necesitar agua todos los días, y dos veces al día en olas de calor. Un programador de grifo con línea de goteo cuesta poco y es la diferencia entre tener terraza o tener un cementerio de macetas cada septiembre.

Un aviso extra: los muros verdes de bolsillos de fieltro que tan bien quedan en fotos fracasan de forma sistemática en clima mediterráneo. El volumen de sustrato es ínfimo, se secan en horas y necesitan riego varias veces al día más fertirrigación. Si te tienta la idea, resuélvela con estanterías de macetas normales.

Los errores clásicos al copiar un jardín de televisión

Confundir el resultado final con el estado de plantación. Lo que sale en pantalla al final de un capítulo lleva meses de crecimiento, y aun así está lejos de su aspecto maduro. Plantar apretado para que quede lleno el primer año condena el arriate al tercero, cuando todo compite y hay que arrancar la mitad.

Comprar antes de medir la luz. Cuenta las horas de sol directo que recibe cada rincón en verano y en invierno, que no son las mismas. Menos de tres horas es sombra real y descarta tomate, lavanda o romero por mucho que el vivero los tenga a la venta.

Subestimar el mantenimiento. El jardín se termina de construir una vez y se mantiene siempre. Si no vas a estar en agosto, diséñalo para que sobreviva sin ti: especies mediterráneas, acolchado grueso y goteo programado.

Empezar por lo bonito. Instalaciones, drenaje, tomas de agua y pavimentos van primero. Levantar un enlosado recién puesto para pasar un tubo de riego es la escena que más se repite en cualquier obra de jardín, dentro y fuera de la televisión.

En resumen

Big Dreams, Small Spaces vale mucho como escuela de método: enseña que un jardín pequeño se hace decidiendo para qué sirve, invirtiendo en el suelo, renunciando a la mitad de las ideas y aceptando que el proceso dura meses, no un fin de semana. Esa parte se aplica igual en Herefordshire que en Albacete.

Lo que no se puede copiar es la lista de plantas. El césped fino, las hortensias, los delfinios, las hostas y el seto de boj pertenecen a un clima oceánico con lluvia de verano y suelo ácido. Aquí toca traducir: gramíneas de estación cálida o nada de césped, vivaces mediterráneas en lugar de las de arriate inglés, especies indiferentes a la caliza, frutales adaptados a las horas de frío de tu zona y acolchado como norma, no como adorno.

Míralo por el criterio y por la manera de mirar un espacio pequeño. Para la elección de plantas, hazle caso al consejo del propio Monty Don, que es el más portátil de todos: planta lo que le va a tu sitio, no lo que te gustaría que le fuera.


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