Las vainas de la mostaza negra se pegan al tallo, apuntando hacia arriba, casi como si quisieran pasar desapercibidas. Ese detalle, que parece anecdótico, es el que permite identificar a Brassica nigra a varios metros de distancia y el que explica por qué dejó de cultivarse a gran escala: cuando maduran, esas silicuas se abren solas y sueltan la semilla al suelo antes de que llegue la cosechadora.

Es una crucífera anual, alta, de flor amarilla, que crece espontánea en buena parte de la Península y que sigue teniendo sentido en un huerto por tres motivos muy distintos entre sí: la semilla picante, las hojas tiernas como verdura y su papel como abono verde biofumigante. Vamos por partes.

Qué planta es exactamente

Brassica nigra (L.) W.D.J. Koch pertenece a las brasicáceas, la misma familia que la col, el nabo, el rábano y la colza. Es anual, de raíz pivotante y ciclo rápido: nace, florece y muere en una sola temporada.

El porte sorprende a quien la ve por primera vez. En terreno fértil pasa del metro con facilidad y no es raro que alcance los dos metros o algo más, con el tallo muy ramificado en la mitad superior. La base del tallo suele estar cubierta de pelos rígidos que apuntan hacia abajo; arriba, en cambio, la planta se vuelve lampiña y algo glauca.

Las hojas inferiores son grandes, lobuladas, con un lóbulo terminal mucho mayor que los laterales, y recuerdan a las de un nabo. Según se sube por el tallo se van simplificando hasta quedar lanceoladas y casi enteras, con peciolo corto. Esa transición es normal, no es un síntoma de nada.

Las flores son las típicas de la familia: cuatro pétalos amarillos en cruz, de unos 7 a 9 mm, agrupados en racimos que se van alargando conforme cuajan los frutos. El fruto es una silicua corta, de 1 a 2 cm, de sección casi cuadrangular, con un pico terminal muy corto y sin semillas dentro, y apretada contra el eje del racimo. Cada una guarda entre cuatro y una docena de semillas globosas de algo más de un milímetro, de color pardo rojizo muy oscuro, casi negro.

Planta de mostaza negra en flor

Cómo no confundirla con sus parientes

En los márgenes de camino españoles conviven varias crucíferas amarillas que la gente llama indistintamente «mostaza» o «jaramago». Distinguirlas es fácil si se mira el fruto:

Sinapis alba (mostaza blanca). Silicuas separadas del tallo, erizadas de pelos, rematadas por un pico plano largo y curvado, tan largo o más que el resto del fruto. Semillas grandes, de 2 a 3 mm, de color crema. Es la que venden como abono verde en casi cualquier tienda de semillas.

Sinapis arvensis (mostaza silvestre, jaramago). Fruto también con pico largo y cónico, algo separado del eje. Mala hierba clásica de los cereales.

Brassica juncea (mostaza parda u oriental). Silicuas más largas y claramente separadas del tallo, semillas pardo claro. Planta más glabra y de hoja más lampiña.

Y aquí conviene desmontar una idea muy repetida: la mostaza que se compra en el supermercado, incluida la de Dijon, ya casi nunca se hace con Brassica nigra. La industria pasó a Brassica juncea a lo largo del siglo XX precisamente porque sus vainas no se abren solas y aguantan la recolección mecanizada. La mostaza negra sobrevive en cultivos pequeños, en la cocina india (donde su semilla se usa entera) y, sobre todo, en estado silvestre.

Dónde crece y qué le gusta

Es una planta de sol pleno, sin matices. A media sombra se estira, se tumba y produce una fracción de la semilla.

En cuanto al suelo, tolera casi cualquiera, incluidos los calizos que dominan medio país, y se desenvuelve bien entre pH 6 y 7,5. Lo que de verdad le importa es que drene: en terreno encharcado la raíz pivotante se pudre pronto. Agradece materia orgánica bien hecha, aunque en suelos demasiado ricos en nitrógeno crece desmedida y termina volcando con el primer viento fuerte.

Hay un nutriente que suele pasarse por alto y que aquí sí cuenta: el azufre. Los compuestos responsables del picor de la semilla son glucosinolatos azufrados, y en suelos pobres en azufre la cosecha resulta notablemente más sosa. Si el terreno lleva años sin aportes, un poco de sulfato potásico o de estiércol maduro antes de la siembra marca diferencia.

Es bastante resistente al frío en estado juvenil (una roseta joven aguanta heladas ligeras de -4 o -5 ºC), pero una helada fuerte durante la floración arruina el cuaje. Germina a partir de unos 10 ºC y va cómoda entre 15 y 25 ºC. Por encima de 30 ºC sostenidos, con suelo seco, acelera la floración y da menos semilla.

Siembra y manejo del cultivo

Siembra directa, siempre. Tiene raíz pivotante y el trasplante desde semillero le sienta mal: se queda achaparrada o se sube a flor de forma prematura. No merece la pena.

Épocas. En la mitad norte peninsular, de marzo a mayo. En zonas de invierno suave (litoral mediterráneo, valle del Guadalquivir, Canarias), la siembra de otoño (octubre-noviembre) da plantas más robustas que florecen en primavera. Como planta de día largo, la floración se dispara al alargarse el día, así que una siembra muy tardía de primavera florece pequeña.

Profundidad y marco. De 1 a 1,5 cm, no más; la semilla es diminuta y una siembra profunda no emerge. Líneas separadas de 30 a 45 cm si se busca semilla, y aclarado final a unos 15-20 cm entre plantas. Para hoja, más densa y sin aclarar tanto.

Nascencia. De 5 a 10 días con suelo templado y húmedo. La emergencia es muy uniforme.

Riego. Es más rústica de lo que parece, pero eso no significa que produzca en secano. Los momentos críticos son la nascencia y el periodo que va de la floración al llenado de la semilla; una sequía en esa ventana reduce la cosecha de forma drástica. Riegos espaciados y profundos, dejando secar la superficie entre uno y otro. En pleno verano castellano, un riego semanal abundante suele bastar; el goteo va perfecto.

Abonado. Un aporte de compost bien maduro en la preparación del terreno y poco más. El exceso de nitrógeno de síntesis produce plantas enormes, tiernas, tumbadas y llenas de pulgón.

Ciclo total. De 90 a 120 días desde la siembra hasta la semilla madura, según clima y fecha.

Problemas que vas a encontrar

Comparte prácticamente toda la lista de plagas con las coles, así que no la pongas junto a un bancal de brásicas ni la metas en la misma rotación sin dejar un descanso de tres o cuatro años.

Pulguilla (Phyllotreta spp.). El enemigo número uno de las plántulas. Deja las hojas acribilladas de agujeritos redondos y puede acabar con una siembra recién nacida en pocos días. Sembrar algo más denso, mantener el suelo húmedo y cubrir con malla antiinsectos las tres primeras semanas resuelve el problema sin tratamientos.

Pulgón ceniciento de la col (Brevicoryne brassicae). Colonias grises y polvorientas en los brotes y en las inflorescencias. Perjudica sobre todo al cuaje. Jabón potásico bien aplicado por el envés y paciencia con los sírfidos y las mariquitas.

Orugas de Pieris. Devoran hoja. En huerto pequeño se quitan a mano; si la cosa se descontrola, Bacillus thuringiensis.

Alternariosis (Alternaria brassicae) y roya blanca (Albugo candida). Manchas concéntricas oscuras la primera, pústulas blancas y deformaciones la segunda. Ambas empeoran con humedad en la hoja y plantas apiñadas: airea, riega al pie y no mojes el follaje.

Hernia de la col (Plasmodiophora brassicae). Es la que de verdad hay que evitar, porque el suelo queda contaminado durante años. Rotación larga y no introducir tierra de procedencia dudosa.

Recolección de la semilla

Aquí está el punto delicado del cultivo, y conviene planificarlo antes de que llegue.

Las silicuas no maduran a la vez: las de abajo van muy por delante de las de arriba. Y en cuanto secan del todo, se abren y vacían la semilla en el suelo. Si esperas a que la planta entera esté seca, recogerás poco.

El momento correcto es cuando las vainas inferiores han virado a pardo y las del tercio superior siguen amarilleando, con la semilla ya oscura pero el tallo aún algo verde. Se cortan las ramas floridas enteras por la mañana temprano, con el rocío todavía puesto, porque así las vainas están menos quebradizas.

Después se atan en manojos pequeños y se cuelgan boca abajo dentro de una bolsa de papel o de tela, o se extienden sobre una sábana en un lugar aireado, seco y a la sombra. En una o dos semanas terminan de secar y la semilla cae sola. Un varapalo suave sobre la sábana termina el trabajo; luego se limpia soplando o con un cedazo, y se guarda en tarro hermético, seca y en oscuridad. Así conserva poder germinativo tres o cuatro años.

Semillas oscuras de mostaza negra

Las hojas, si es lo que buscas, se cortan jóvenes, antes de que la planta se suba a flor: pasado ese punto amargan y se vuelven correosas. Tienen un picante claro, entre la rúcula y el rábano, y funcionan salteadas o en pequeña cantidad en crudo.

Abono verde y biofumigación

Los glucosinolatos de las brásicas, al romperse el tejido vegetal, liberan isotiocianatos, compuestos volátiles con efecto supresor sobre nematodos y sobre varios hongos del suelo. En eso consiste la biofumigación: sembrar la mostaza densa, segarla en plena floración, triturarla e incorporarla de inmediato al suelo, regar y cubrir para retener los gases.

Funciona, pero con dos matices honestos. El primero es que el efecto es parcial, muy dependiente de la biomasa incorporada y de la rapidez con que se entierra; no sustituye a una rotación bien planteada. El segundo es que, precisamente por ser una brásica, puede perpetuar hernia de la col si ese hongo ya está en la parcela.

Y una advertencia práctica: si la dejas semillar, Brassica nigra se resiembra sola con mucha eficacia y aparece durante años en el huerto. Para abono verde puro, Sinapis alba es más manejable y más barata. Reserva la negra para cuando lo que quieres es la semilla.

Precauciones reales

La semilla entera y seca es inocua: no pica hasta que se muele y se humedece, porque el picor nace de una reacción enzimática que solo ocurre al romperse las células en presencia de agua fría.

Lo que sí exige cuidado es el aceite esencial de mostaza, muy rico en isotiocianato de alilo. Es un vesicante potente: sobre la piel produce enrojecimiento, ardor y, con exposición prolongada, quemaduras químicas de verdad, no simple irritación. Los emplastos de mostaza de la medicina casera tradicional han causado lesiones serias precisamente por dejarlos actuar demasiado tiempo. No es un remedio que convenga improvisar.

En el jardín, tritura la planta en fresco con guantes si tienes la piel sensible, y evita respirar el polvo de la semilla molida: irrita mucho las vías respiratorias y los ojos.

Un último apunte para quien tenga animales: las brásicas en general, y esta en particular cuando crece con mucho nitrógeno, pueden acumular nitratos y resultar problemáticas si el ganado come grandes cantidades de planta verde. En un huerto doméstico no es un riesgo práctico, pero conviene saberlo.

En resumen

Brassica nigra es una crucífera anual de dos metros, flor amarilla y silicuas cortas pegadas al tallo, fácil de distinguir de las mostazas blanca y silvestre por ese detalle y por sus semillas diminutas y casi negras. Quiere sol directo, suelo drenado y con azufre, siembra directa a 1 cm en primavera (u otoño en clima suave) y riego regular durante la floración.

Su punto crítico es la recolección: hay que cortar cuando las vainas de abajo están pardas y las de arriba aún no, y terminar el secado bajo bolsa o sobre una sábana, porque las silicuas se abren solas. Comparte plagas con las coles, así que conviene alejarla de ellas y rotar largo.

Y dos correcciones que ahorran disgustos: la mostaza comercial de hoy se hace sobre todo con Brassica juncea, no con esta; y el aceite esencial de sus semillas es un vesicante serio que no debe manejarse a la ligera.


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