El jardín inglés no imita a la naturaleza: la edita. Todo lo que parece espontáneo en él (la pradera que se pierde entre árboles, el lago con forma de río, el macizo de flores que parece haber crecido solo) está decidido de antemano, replanteado sobre el terreno y sostenido después con años de poda y siega. Entender eso es lo primero, porque quien copia el aspecto sin copiar el trabajo acaba con un jardín descuidado, no con un jardín inglés.
Bajo la etiqueta caben además dos cosas distintas que conviene separar desde el principio: el jardín paisajista del siglo XVIII, hecho de tierra, agua y árboles a escala de finca, y el jardín de flores anglosajón de finales del XIX y del XX, el de los grandes macizos herbáceos y los setos recortados. Lo que se vende hoy como "estilo inglés" pertenece casi siempre al segundo.
De dónde sale este estilo
Durante el siglo XVII el modelo dominante en Europa era el jardín formal francés: ejes de simetría, parterres de bordura recortada, agua encajonada en geometrías. A partir de 1720 la aristocracia inglesa empieza a hacer justo lo contrario. Pesan la pintura de paisaje que traían del Grand Tour (Claudio de Lorena, Poussin), una lectura política que asociaba la línea recta al absolutismo continental, y noticias fragmentarias sobre los jardines chinos y su rechazo a la simetría.
William Kent (1685-1748) fue el primero en llevarlo al terreno en Rousham y en los Campos Elíseos de Stowe. Lancelot Brown (1716-1783), apodado Capability porque decía de cada finca que tenía "capacidades", llevó la idea al extremo: eliminó los parterres alrededor de las casas, movió tierras, represó arroyos para formar lagos de contorno serpenteante (el de Blenheim, sobre el río Glyme, es el ejemplo canónico) y plantó bosquetes que enmarcaban vistas concretas. Humphry Repton (1752-1818) sistematizó el oficio con sus Red Books, cuadernos con acuarelas de solapa que mostraban al cliente el antes y el después.
El segundo tiempo llega con William Robinson, cuyo libro The Wild Garden (1870) defendía naturalizar vivaces y bulbos en vez de plantar anuales de temporada en dibujos geométricos, y sobre todo con Gertrude Jekyll (1843-1932), pintora de formación, que organizó los macizos herbáceos por gradaciones de color y trabajó durante décadas con el arquitecto Edwin Lutyens. De ahí salen Hidcote, Sissinghurst y Great Dixter, que son en realidad jardines del siglo XX.
Los rasgos que definen el estilo
Ausencia de simetría y de eje central. Los recorridos son curvos, y las curvas son amplias y de radio irregular. Un camino que ondula con curvas iguales y pequeñas delata el pastiche.
Vistas construidas. El paisajismo inglés trabaja por escenas: se abre un claro para ver el lago desde el porche, se planta un grupo de árboles para tapar una nave industrial, se deja un hueco para que aparezca la torre de la iglesia del pueblo. Esa apropiación visual del paisaje ajeno es el borrowed landscape.
La pradera como suelo continuo. El césped llega hasta el pie de la casa y hasta la orilla del agua, sin bordillo. Para que el ganado no entrara sin necesidad de vallas visibles se inventó el ha-ha: una zanja con muro de contención en el lado interior, invisible desde la casa.
Arbolado en grupos, no en filas. Ejemplares aislados de gran porte y bosquetes de tres, cinco o siete pies, siempre en número impar y a distancias desiguales. Las especies clásicas son Quercus robur, Fagus sylvatica, Tilia spp., Aesculus hippocastanum, Cedrus libani y, en los jardines victorianos, coníferas exóticas como Sequoiadendron giganteum.
Agua de contorno natural. Lagos con forma de meandro, cascadas discretas, puentes de piedra. Nunca surtidores verticales ni estanques rectangulares.
El macizo herbáceo mixto. La aportación del siglo XX: bandas profundas (dos metros y medio o tres) de vivaces, bulbos, arbustos y rosales combinados por altura y por color, respaldadas por un seto o un muro de ladrillo que hace de telón. Se plantan en grupos de varios ejemplares de la misma especie, no de uno en uno.
Geometría solo cerca de la casa. Setos recortados, jardines cerrados o garden rooms, bancos y pérgolas se concentran en el entorno inmediato del edificio, y a partir de ahí el jardín se relaja hasta fundirse con el campo.
Qué plantas lo sostienen
El repertorio clásico de macizo es Delphinium, Lupinus, Digitalis purpurea, Alcea rosea, Phlox paniculata, Achillea, Geranium spp., Hemerocallis, Iris germanica, peonías, campanulas y, en otoño, Symphyotrichum (los antiguos Aster) y Rudbeckia. Los rosales arbustivos de flor doble y muy perfumada (los de David Austin son los más reconocibles) y los trepadores sobre pérgola son parte del cliché por derecho propio.
Para los setos y las estructuras recortadas se usan Taxus baccata, Buxus sempervirens, Carpinus betulus y Fagus sylvatica en seto marcescente, que conserva la hoja seca en invierno.
Conviene saber que varias de estas plantas son tóxicas. El tejo (Taxus baccata) contiene taxinas en hojas, corteza y semilla, y es causa habitual de intoxicación mortal en caballos y ganado; solo el arilo rojo carnoso está libre de ellas, no la semilla que encierra. La digital aporta glucósidos cardiotónicos y el acónito (Aconitum napellus), presente en muchos macizos ingleses, es la planta más peligrosa que se cultiva de forma habitual en Europa: basta el contacto prolongado con la savia. Ninguna de ellas está prohibida ni hay que renunciar a plantarlas, pero no van en un jardín por el que anden niños pequeños o animales que ramoneen, y se podan con guantes.
El problema del clima: qué se puede trasladar a España
Aquí está el error de fondo que arruina la mayor parte de los intentos. El sur de Inglaterra reparte entre 600 y 800 mm de lluvia a lo largo de todo el año, sin sequía estival, con medias máximas de julio en torno a 22-23 °C y noches frescas. El interior peninsular ronda los 400-500 mm concentrados fuera del verano, con dos o tres meses de sequía absoluta y máximas medias de julio por encima de 32 °C. No es una diferencia de matiz: es otro clima.
Las consecuencias prácticas son tres. Primera, la pradera continua es el elemento más caro de copiar. Una pradera de gramíneas de estación fría en Madrid o Zaragoza consume del orden de 5 a 7 litros por metro cuadrado y día en julio; en superficies grandes eso es insostenible y a menudo ni siquiera legal cuando hay restricciones municipales. Si se quiere césped, mejor Festuca arundinacea de raíz profunda que mezclas de Lolium y Agrostis, y mejor una superficie pequeña y bien definida que una alfombra que se quema en agosto.
Segunda, el macizo herbáceo hay que resembrarlo con especies mediterráneas y el resultado sigue siendo reconocible. Salvia nemorosa, Nepeta x faassenii, Perovskia (hoy Salvia yangii), Achillea, Euphorbia characias, Phlomis, Stachys byzantina, Verbena bonariensis, Gaura y Erigeron karvinskianus dan la misma sensación de masa florida y desordenada con una fracción del riego. Los delphiniums y los phlox, en cambio, solo funcionan en el norte húmedo o en zonas de montaña.
Tercera, el boj está condenado en buena parte del país. Desde la detección de Cydalima perspectalis, la oruga del boj, en 2014 en el noreste peninsular, mantener setos de Buxus exige tratamientos repetidos con Bacillus thuringiensis var. kurstaki en cada generación de la oruga, y a eso se suma el hongo del decaimiento del boj. Para setos bajos rinden mucho mejor Teucrium x lucidrys, Teucrium fruticans, Ilex crenata, Lonicera nitida o Euonymus japonicus 'Microphyllus'. El tejo, en cambio, aguanta bien en clima continental si el suelo drena.
La carga simbólica
El jardín paisajista se leía como un discurso. Los templos, obeliscos, grutas y ruinas fingidas (follies) que aparecen en el recorrido no son decoración: en Stowe, los Campos Elíseos oponen el Templo de las Virtudes Antiguas, íntegro, al Templo de la Virtud Moderna, deliberadamente construido en ruinas, como sátira política del gobierno de la época. En Stourhead, el paseo alrededor del lago reproduce el viaje de Eneas, con un panteón y una gruta escalonando el recorrido.
El fondo ideológico es el mismo en todos: la naturaleza libre frente a la naturaleza sometida a escuadra, la Arcadia clásica traída a la campiña, y una idea de propiedad rural que también servía para borrar del paisaje lo que no interesaba ver, incluidas aldeas enteras que fueron desplazadas para despejar vistas. Es un estilo bellísimo con una historia social que no siempre se cuenta.
Dónde verlos
En Inglaterra, los imprescindibles se reparten entre los dos momentos del estilo: Stourhead (Wiltshire) y Stowe (Buckinghamshire) para el paisajismo del XVIII; Blenheim (Oxfordshire) para la obra de Capability Brown a gran escala; Sissinghurst (Kent), con su jardín blanco creado por Vita Sackville-West hacia 1950, Hidcote (Gloucestershire) y Great Dixter (Sussex), el jardín de Christopher Lloyd, para los macizos del XX. Los Royal Botanic Gardens de Kew, Patrimonio Mundial desde 2003, son otra cosa (un jardín botánico de colección) pero conservan un paisaje de arbolado difícil de igualar y la Palm House de hierro y vidrio de mediados del XIX.
En España hay ejemplos que ahorran el viaje. El Parque de El Capricho, en la Alameda de Osuna de Madrid, es el jardín paisajista más completo del país, con lago, embarcadero, templete y laberinto. El Jardín del Príncipe, en Aranjuez, combina trazados formales con zonas de aire paisajista junto al Tajo. Y en Galicia, donde el clima sí se parece al inglés, los pazos con parque decimonónico (Lourizán, Santa Cruz de Rivadulla, Oca) mantienen camelias, hortensias y arbolado exótico con una salud que en la meseta sería impensable.
Errores frecuentes al recrearlo
Plantar de uno en uno. Un ejemplar de cada especie produce una colección, no un macizo. La regla práctica es agrupar de tres a siete plantas de la misma variedad y repetir el grupo a lo largo de la banda para dar ritmo.
Macizos estrechos. Con menos de metro y medio de fondo no hay escalonado posible y el resultado parece un arriate de rotonda.
Olvidar el fondo. El macizo inglés funciona porque tiene detrás un seto oscuro o un muro. Sin ese telón, el color se dispersa.
Confundir naturalidad con abandono. Un macizo de vivaces pide despunte de verano, corte a ras a finales de invierno, división cada tres o cuatro años y reposición de las plantas que se agotan. La escena "natural" es una escena mantenida.
Plantar en primavera avanzada. En clima peninsular, lo que se planta en abril o mayo llega al verano sin raíz hecha. Los setos, árboles y rosales a raíz desnuda van de noviembre a febrero, y las vivaces en octubre-noviembre en zonas suaves o a finales de febrero donde hiele fuerte.
En resumen
El jardín inglés es un paisaje compuesto: curvas amplias, arbolado en grupos impares, agua de contorno irregular, pradera continua y, ya en su versión moderna, macizos herbáceos profundos respaldados por setos recortados. Nació en el siglo XVIII como reacción al jardín formal francés y se convirtió en jardín de flores un siglo y medio después con Robinson y Jekyll.
Trasladarlo a España exige sustituciones, no atajos: menos césped y de festuca alta, vivaces mediterráneas en lugar de las de clima oceánico, y setos de teucrio o acebo japonés en vez de boj mientras la oruga siga extendiéndose. Y hay que contar con el mantenimiento desde el primer día, porque lo que sostiene el aire despreocupado de estos jardines es, invariablemente, una cantidad de trabajo que no se ve.