Un hongo no fabrica su alimento con luz ni sale a buscarlo: lo digiere fuera de su cuerpo y después lo absorbe. Esa sola diferencia, la nutrición por absorción, explica buena parte de cómo se comportan en el jardín, por qué aparecen cuando aparecen y por qué unos tratamientos funcionan y otros no sirven de nada.

Durante mucho tiempo se clasificaron como plantas raras que habían perdido la clorofila. Desde 1969 tienen reino propio, el reino Fungi, y hoy sabemos que en el árbol de la vida están más cerca de los animales que de las plantas.

Hongos creciendo sobre materia orgánica en descomposición

Los rasgos que los definen

Hay cuatro características que, juntas, no comparte ningún otro grupo de seres vivos:

Pared celular de quitina. No de celulosa, como las plantas. La quitina es el mismo polisacárido con el que están hechos el exoesqueleto de un insecto o el caparazón de una gamba. Es un detalle de laboratorio con consecuencias prácticas: los productos que atacan la síntesis de quitina no afectan a las plantas.

Heterótrofos por absorción. Segregan enzimas al medio, rompen la materia orgánica en moléculas pequeñas y las absorben a través de la pared. No tienen boca ni digestión interna, así que necesitan estar en contacto físico con su alimento. De ahí que crezcan dentro del sustrato: la madera, la hojarasca, el compost o los tejidos de una hoja.

Cuerpo filamentoso. Están formados por hifas, filamentos microscópicos que se ramifican y crecen siempre por el extremo. El conjunto se llama micelio y es la verdadera estructura del hongo. Las levaduras son la excepción: unicelulares, se multiplican por gemación.

Reserva en glucógeno. Las plantas almacenan energía en almidón; los hongos, en glucógeno, igual que nosotros.

La seta es solo la parte que asoma

Un error muy repetido es identificar el hongo con la seta. La seta es el cuerpo fructífero: una estructura temporal cuya única función es producir y soltar esporas. Dura días. El organismo lleva meses o años viviendo bajo tierra o dentro de un tronco en forma de micelio, y sigue ahí después de que la seta se pudra.

Eso tiene una traducción directa en jardinería. Cuando aparecen setas en el césped o corros de brujas, arrancarlas no elimina nada: el micelio permanece intacto en el suelo. Y en el caso de la Armillaria mellea, que mata árboles, las setas de otoño al pie del tronco son el aviso de que el problema lleva años instalado en las raíces.

Esporas: por qué reaparecen cada temporada

Los hongos se reproducen por esporas, y lo hacen con una eficacia difícil de exagerar. Un solo cuerpo fructífero puede liberar miles de millones. Viajan con el viento, con las salpicaduras del riego, en las herramientas de poda sin desinfectar, en la ropa y en las semillas.

Muchas especies alternan reproducción asexual (conidios, rápidos y masivos, que provocan las reinfecciones dentro de una misma temporada) y sexual (estructuras de resistencia que aguantan el invierno). Y algunos géneros forman órganos de supervivencia que permanecen viables en el suelo durante años: los esclerocios de Sclerotinia sclerotiorum o las clamidosporas de Fusarium oxysporum resisten sin hospedador entre cinco y diez años según las condiciones.

Ahí está el fundamento real de la rotación de cultivos. No se rota solo por el desgaste de nutrientes: se rota para dejar sin comer a los patógenos que se quedaron durmiendo en la parcela. Repetir tomate o judía en el mismo bancal año tras año es la forma más segura de acumular fusariosis.

Qué condiciones los disparan

La regla general es agua y temperatura suave. El grueso de los hongos patógenos de nuestros jardines germina entre 15 y 25 °C con humedad relativa alta, y muchos exigen agua líquida sobre la hoja durante varias horas seguidas para que la espora germine y penetre. Por eso las primaveras lluviosas de la cornisa cantábrica o los otoños húmedos del Levante concentran los brotes.

El oídio es la excepción que conviene conocer. No necesita agua libre; de hecho el agua le perjudica. Se desarrolla con humedad ambiental alta y hoja seca, entre 20 y 27 °C, que es exactamente el tiempo de mayo y junio en el interior peninsular. Quien moja las hojas para "quitar el polvillo blanco" muchas veces solo consigue extenderlo y, de paso, crear las condiciones para otra cosa peor.

Añade dos factores que dependen del jardinero: el exceso de nitrógeno, que produce tejidos tiernos y suculentos que se infectan con facilidad, y la falta de aireación por marcos de plantación demasiado juntos o por setos sin aclarar.

Mildiu y roya no son lo mismo, y mildiu ni siquiera es un hongo

Esta es la confusión que más dinero hace perder en un huerto. El mildiu de la vid (Plasmopara viticola), el de la patata y el tomate (Phytophthora infestans) o el de la lechuga (Bremia lactucae) están causados por oomicetos, un grupo que no pertenece al reino Fungi. Tienen pared de celulosa, no de quitina, y producen zoosporas con flagelos que nadan en la película de agua.

La consecuencia práctica: el azufre no controla el mildiu, y las materias activas específicas de oomicetos no hacen nada contra el oídio. Confundirlos significa tratar y ver cómo la enfermedad sigue avanzando. La distinción visual es sencilla si se mira el envés: el mildiu forma manchas aceitosas en el haz y un fieltro blanco-grisáceo en el envés, mientras que el oídio deja un polvo blanco harinoso en el haz que se puede retirar con el dedo.

Los hongos que trabajan a favor del jardín

La mala fama viene solo de un puñado de especies. En un suelo sano el papel dominante de los hongos es constructivo:

Descomponedores. Son los únicos organismos capaces de degradar la lignina a gran escala. Sin ellos no habría humus, ni compost, ni reciclado de la madera muerta. La fase templada del compostaje, cuando aparece ese micelio blanquecino entre las hojas, es exactamente eso.

Micorrizas. Alrededor del 80 % de las plantas terrestres viven asociadas a hongos en sus raíces. Las micorrizas arbusculares penetran en las células de la raíz de casi todas las hortícolas, frutales y ornamentales; las ectomicorrizas envuelven las raíces de encinas, robles, hayas, castaños y pinos. El hongo aporta agua y fósforo desde un volumen de suelo que la raíz no alcanza, y recibe azúcares. La trufa negra (Tuber melanosporum) que se cultiva en Teruel o Soria es precisamente eso: una ectomicorriza de encina y coscoja.

Biocontrol. Hay hongos autorizados como productos fitosanitarios contra otros hongos y contra insectos: Trichoderma spp. frente a patógenos de suelo, Beauveria bassiana contra mosca blanca y trips.

Los que causan problemas y cómo se reconocen

Síntomas de hongos sobre las hojas de una planta

Oídio (Erysiphe necator en vid, Podosphaera xanthii en calabacín y pepino, Podosphaera pannosa en rosal): polvo blanco en el haz, hojas que se deforman y amarillean.

Royas (Puccinia spp., Phragmidium mucronatum en rosal): pústulas pulverulentas anaranjadas o marrones en el envés. Muchas necesitan dos hospedadores distintos para completar su ciclo.

Botritis (Botrytis cinerea): moho gris aterciopelado sobre flores marchitas, fresas y frutos heridos. Entra por tejido dañado o senescente, así que retirar flores pasadas es media batalla.

Traqueomicosis (Fusarium oxysporum, Verticillium dahliae): la planta se marchita por la mitad, a menudo por un solo lado, y al cortar el tallo se ven los vasos oscurecidos. No hay tratamiento curativo; se maneja con rotación, variedades resistentes y, en tomate, plantas injertadas.

Monilia (Monilinia laxa y M. fructigena): flores y ramillos secos en almendro, cerezo y melocotonero durante floraciones lluviosas, y frutos momificados que quedan colgados. Esas momias son el inóculo del año siguiente: hay que retirarlas del árbol en invierno.

Podredumbres de raíz y cuello (Phytophthora spp., Armillaria mellea): decaimiento general, hojas pequeñas y cloróticas, muerte súbita en verano. Casi siempre hay detrás un problema de drenaje o un riego excesivo mantenido.

Riesgo para personas y animales

Conviene decirlo sin rodeos: ninguna seta silvestre debe consumirse sin identificación por alguien competente. En España, la Amanita phalloides causa la mayoría de las intoxicaciones mortales por setas. Sus amatoxinas no se destruyen con la cocción, el secado ni la congelación, y los primeros síntomas tardan entre 6 y 24 horas en aparecer, seguidos de una fase de aparente mejoría mientras el daño hepático avanza. Ante la sospecha, urgencias, y llevar restos de lo consumido para su identificación.

Las pruebas caseras que circulan son falsas todas ellas: la cuchara de plata que se ennegrece, el diente de ajo, que los animales las coman sin problema o que las especies peligrosas huelan mal. No existe ninguna regla general que separe comestibles de tóxicas.

Hay dos riesgos menores pero reales en el jardín. Uno, las micotoxinas: la fruta o el grano con moho no se recupera cortando la parte visible, porque el micelio y sus toxinas se han extendido más allá de lo que se ve; a los animales domésticos tampoco. Y dos, las esporas en suspensión: mover compost o mantillo muy seco levanta una nube densa, y géneros como Aspergillus pueden causar problemas respiratorios serios en personas inmunodeprimidas o con asma. Humedecer el montón antes de voltearlo y usar mascarilla FFP2 resuelve el asunto.

Manejo realista en un jardín

Contra los hongos se gana con cultura de cultivo, no con el pulverizador. Por orden de eficacia:

Elegir variedades resistentes y, en frutales, patrones adaptados al suelo. Es la medida más barata y la que más rendimiento da.

Regar al pie y por la mañana. El goteo evita mojar el follaje; si se riega por aspersión, hacerlo temprano para que la hoja se seque antes de la noche. Regar de tarde en verano es una invitación abierta.

Airear. Marcos de plantación amplios, poda de aclareo en frutales y rosales, y no amontonar macetas.

Higiene. Retirar hojas y frutos afectados, no dejar restos enfermos en el suelo y desinfectar las tijeras con alcohol al pasar de una planta a otra, sobre todo con fuego bacteriano o chancros.

Solo cuando eso no basta entran los tratamientos. En España, cualquier producto que se aplique debe estar inscrito en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, y quien no sea profesional debe usar los autorizados para jardinería exterior doméstica, respetando dosis y plazo de seguridad de la etiqueta. El azufre, clásico contra el oídio, es fitotóxico por encima de unos 30 °C y no debe aplicarse cerca de tratamientos con aceites. El cobre, preventivo contra mildiu y monilia, está limitado en la UE a una media de 4 kg de cobre metal por hectárea y año, porque se acumula en el suelo y perjudica a la fauna edáfica. Y en cualquier caso, alternar materias activas de distinto modo de acción: los hongos generan resistencias con una rapidez notable cuando se repite siempre el mismo producto.

En resumen

Los hongos son un reino aparte definido por su pared de quitina, su nutrición por absorción y su cuerpo de hifas; la seta visible es solo un órgano reproductor pasajero frente a un micelio que puede llevar años instalado. Se propagan por esporas y sobreviven en el suelo mediante estructuras de resistencia, lo que hace de la rotación y la higiene las herramientas de fondo. Necesitan humedad y temperaturas templadas, con el oídio como excepción de hoja seca. Buena parte de lo que llamamos mildiu no es un hongo sino un oomiceto, y confundirlos lleva a tratar con el producto equivocado. Los hongos del jardín son sobre todo aliados —descomponen la lignina y forman micorrizas—, y los pocos problemáticos se controlan mejor con variedades resistentes, riego al pie y aireación que con tratamientos. Y en el terreno de las setas silvestres, la única norma segura es no comer nada que no haya identificado alguien que sepa.


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