Cuidado con esa larva alargada, gris azulada y con manchas naranjas, que camina por el envés de las hojas del rosal: no es una plaga ni una oruga, y aplastarla sale caro. Es una mariquita en su fase más voraz, y en las tres semanas que dura devora bastantes más pulgones que el adulto rojo de siete puntos al que todo el mundo quiere proteger. Aprender a reconocerla es el primer paso, y probablemente el más rentable, para tener mariquitas en el jardín.
El segundo paso es entender una idea que choca con el instinto: las mariquitas no vienen a un jardín limpio. Vienen a un jardín que tiene algo que comer. Si no hay pulgón, no hay mariquita, por muchas flores que se planten. Todo lo que viene a continuación gira alrededor de esa condición.
Qué son exactamente las mariquitas
Bajo el nombre de mariquita se agrupan los escarabajos de la familia Coccinellidae, con varios cientos de especies solo en Europa. En un jardín de la Península es fácil encontrar tres o cuatro:
- Coccinella septempunctata: la clásica, roja con siete puntos negros. Generalista, muy abundante en herbáceas y huertos.
- Adalia bipunctata: roja con dos puntos, más pequeña y muy ligada a árboles y arbustos. Es la que más se comercializa como control biológico.
- Hippodamia variegata: alargada, con número de puntos variable. Frecuente en zonas secas y en cultivos herbáceos.
- Harmonia axyridis, la mariquita arlequín o asiática: muy variable en color, de naranja pálido a casi negra, con el pronoto blanco marcado con una M o W negra. Es una especie exótica invasora que desplaza a las nativas y llega a depredarlas. Conviene saber distinguirla y, desde luego, no comprarla.
No todas comen pulgón. Cryptolaemus montrouzieri, negra con la cabeza anaranjada y de aspecto peludo en su fase larvaria, se especializa en cochinillas algodonosas. Rodolia cardinalis se introdujo en su día contra la cochinilla acanalada de los cítricos, Icerya purchasi, y sigue haciendo ese trabajo en muchos naranjos. Y las Stethorus, diminutas y completamente negras, se alimentan de araña roja. Hay incluso mariquitas fitófagas, como Subcoccinella vigintiquattuorpunctata, que come hojas, pero es una excepción marginal.
El ciclo vital, que es lo que de verdad importa
El adulto pasa el invierno en diapausa, normalmente agrupado con otros bajo cortezas, en grietas de muros de piedra, entre hojarasca o en el interior de tallos secos. Con las primeras semanas templadas de marzo sale, busca las primeras colonias de pulgón y se alimenta antes de reproducirse.
La hembra deposita entonces puestas de huevos amarillo-anaranjados, alargados y colocados de pie, en grupos de una a varias decenas, casi siempre en el envés de una hoja y a pocos centímetros de una colonia de pulgón. Es un detalle práctico: si encuentras esas puestas, no las confundas con huevos de plaga y no las frotes.
De ahí sale la larva, que tiene cuatro estadios y crece rápido. Es el estado depredador por excelencia: a lo largo de su desarrollo puede consumir del orden de varios cientos de pulgones. Después se fija a una hoja o a un tallo y forma una pupa naranja y negra, inmóvil, que muchos toman por un insecto muerto o por una cochinilla. Del huevo al adulto pasan aproximadamente de cuatro a seis semanas, y menos si hace calor, porque todo el ciclo depende de la temperatura.
Un adulto activo puede comer en el entorno de varias decenas de pulgones al día. En un verano peninsular hay tiempo para dos generaciones, a veces tres en el sur. En el interior seco, cuando el calor de julio hunde las poblaciones de pulgón, muchos adultos abandonan la zona y se concentran en cotas más altas y frescas hasta que las condiciones mejoran.
Deja de matarlas sin querer
Antes de atraer, hay que dejar de expulsar. Los insecticidas de amplio espectro acaban con las mariquitas antes que con el pulgón, sencillamente porque el depredador tiene poblaciones mucho más pequeñas y se recupera mucho más despacio. El resultado clásico es un rebrote de plaga peor que el original tres semanas después.
Y aquí conviene romper otro mito: "ecológico" no significa "inofensivo para la fauna útil". Las piretrinas naturales son un insecticida de contacto de amplio espectro y matan mariquitas, sírfidos y abejas igual que a los pulgones. El aceite de neem afecta al desarrollo de las larvas. Incluso el jabón potásico, que es de los productos más benignos que existen, mata por contacto cualquier insecto de cuerpo blando que moje, y eso incluye a las larvas de mariquita.
Si tienes que tratar, hazlo bien:
- Trata solo el foco, no la planta entera ni el jardín entero. Los brotes tiernos con pulgón, y nada más.
- Jabón potásico al atardecer, cuando los polinizadores ya no vuelan, y revisando antes que no haya larvas ni pupas en esa zona.
- Un chorro de agua a presión resuelve muchas colonias de pulgón en rosales y frutales sin matar nada.
- Olvida los sistémicos. Contaminan polen y néctar y no tienen sitio en un jardín donde quieres depredadores.
Controla las hormigas, o no habrá nada que hacer
Este punto se pasa por alto casi siempre y es determinante. Las hormigas ganaderean a los pulgones: los protegen a cambio de la melaza que segregan, y expulsan activamente a las mariquitas y a sus larvas de las colonias. Un rosal o un frutal con un reguero de hormigas subiendo por el tronco es un rosal donde las mariquitas no van a poder trabajar.
La solución en árboles y arbustos con tronco definido es mecánica: una banda de cola atrapainsectos alrededor del tronco, colocada sobre una tira de plástico o de cartón para no dañar la corteza, y revisada cada pocas semanas porque el polvo la inutiliza. Comprueba además que ninguna rama toque un muro, una valla o una planta vecina, porque las hormigas usarán ese puente.
Ofrece polen y néctar todo el año
Las larvas comen presas, pero los adultos necesitan además polen y néctar, sobre todo para madurar los huevos y para acumular reservas antes del invierno. Sin esa fuente de alimento complementaria, las mariquitas pasan de largo aunque haya pulgón.
Las flores que mejor funcionan comparten una característica: son pequeñas, abiertas y agrupadas en inflorescencias planas, porque una mariquita no tiene aparato bucal para meterse en una corola tubular profunda. Dos familias destacan por encima del resto.
Umbelíferas (Apiaceae). Son el imán clásico. Hinojo (Foeniculum vulgare), eneldo (Anethum graveolens), cilantro (Coriandrum sativum), perejil (Petroselinum crispum) y zanahoria dejados subir a flor, y el ammi (Ammi majus). Un truco barato: en lugar de arrancar el cilantro cuando se espiga en mayo, déjalo florecer. Estarás alimentando mariquitas, sírfidos y avispas parasitoides durante semanas.
Compuestas (Asteraceae). Caléndula (Calendula officinalis), milenrama (Achillea millefolium), tanaceto (Tanacetum vulgare), cosmos (Cosmos bipinnatus) y margaritas en general. La caléndula tiene además la ventaja de florecer prácticamente todo el año en el litoral mediterráneo y de resembrarse sola.
Añade a la lista el aliso marítimo (Lobularia maritima), que florece casi sin parar y es de lo más eficaz que se puede sembrar por metro cuadrado; el trigo sarraceno (Fagopyrum esculentum), de floración rapidísima y buen abono verde; la facelia (Phacelia tanacetifolia); y las labiadas mediterráneas como tomillo, orégano, lavanda y romero, que sostienen el conjunto de fauna auxiliar aunque las mariquitas no sean sus visitantes principales.
La clave no es la lista, sino el calendario: organiza las siembras para que haya algo en flor de marzo a octubre sin huecos. Un jardín que florece todo en mayo y nada en agosto pierde a sus mariquitas en agosto.
Deja crecer un rincón sin tocar
Un margen de dos metros cuadrados con vegetación espontánea vale más que cualquier accesorio comprado. Ahí es donde aparecen las primeras colonias de pulgón de la temporada, y esas colonias son la guardería que permite que las mariquitas se reproduzcan antes de que el pulgón llegue a tus rosales o a tus habas.
La ortiga (Urtica dioica) cumple ese papel mejor que ninguna otra: alberga muy pronto un pulgón propio que no ataca a otras plantas y que sostiene a las primeras generaciones de depredadores. Las habas de siembra otoñal hacen algo parecido con el pulgón negro, y por eso conviene no tratarlas al primer síntoma. También sirven cardos, jaramagos, amapolas y gramíneas espontáneas.
Ese mismo rincón resuelve el invierno. Las mariquitas hibernan como adultos, y necesitan refugios secos y estables: hojarasca acumulada, tallos secos huecos, corteza suelta, un montón de piedras, un muro de piedra seca. Vaciar el jardín en noviembre, cortar todo a ras y retirar hasta la última hoja es una de las mejores maneras de quedarse sin mariquitas en marzo. Deja los tallos secos de pie hasta finales de invierno y limpia en febrero o marzo, no en octubre.
Sobre las casitas para mariquitas de venta en centros de jardinería: la evidencia de que funcionen es escasa. Suelen quedar vacías, o las ocupan avispas y arañas, y en algunos casos concentran humedad y hongos. Si te apetece ponerla, adelante, pero no sustituye a un montón de hojas secas en un rincón resguardado, que es gratis y funciona mejor.
Agua, sí, pero con cabeza
Las mariquitas obtienen buena parte del agua de sus presas y del rocío, pero en los veranos secos del interior peninsular un punto de agua marca la diferencia para toda la fauna auxiliar. La regla es sencilla: que no puedan ahogarse. Un plato de maceta con un par de centímetros de agua y relleno de gravilla o de canicas, de modo que siempre haya superficie seca donde posarse, sirve perfectamente.
Repártelos por el jardín en vez de poner uno grande, cámbialos cada dos o tres días en verano y colócalos a media sombra para que el agua no se evapore en una mañana. Ese recambio frecuente evita además que se conviertan en criadero de mosquitos.
Y si aun así no aparecen
Antes de comprar nada, revisa por este orden:
- ¿Hay presa? Un jardín sin pulgón no retiene mariquitas. Es contradictorio pero es así: hay que tolerar un nivel bajo de plaga permanente.
- ¿Hay hormigas? Repasa los troncos. Es la causa más frecuente de "vienen pero no se quedan".
- ¿Has tratado hace poco? Muchos productos dejan residuo activo semanas. Da tiempo.
- ¿Estás mirando bien? Busca en el envés de las hojas, no en la cara superior. Larvas, huevos naranjas y pupas cuentan tanto como los adultos.
- ¿Hay conexión con el entorno? Un balcón en un quinto piso rodeado de asfalto lo tiene mucho más difícil que un jardín periurbano.
Ten paciencia con los plazos. Las mariquitas llegan después de que la plaga esté instalada, nunca antes, y ese desfase de una o dos semanas es normal. Casi todo el mundo pierde la paciencia justo en ese intervalo y trata, arruinando el proceso el día antes de que funcione.
Comprar mariquitas: cuándo tiene sentido y cuándo no
Se venden mariquitas para control biológico, y funcionan, pero con condiciones que casi nunca se explican.
Compra larvas, no adultos. Los adultos vuelan. Su respuesta natural al ser liberados en un sitio desconocido es dispersarse, y una proporción muy alta desaparece en las primeras cuarenta y ocho horas. Las larvas no vuelan: se quedan donde las pongas y comen hasta pupar, que es justo lo que quieres.
Suelta sobre el foco. No repartas por el jardín. Deposita las larvas directamente en los brotes con pulgón, al atardecer, con la planta previamente humedecida con un pulverizador de agua limpia. Si no hay presa suficiente en ese punto, se irán o morirán.
Elige bien la especie. Adalia bipunctata para pulgón en ornamentales, arbustos y frutales. Cryptolaemus montrouzieri para cochinilla algodonosa, y solo con temperaturas por encima de unos 20 °C, porque por debajo es muy poco activo. Rechaza cualquier oferta de Harmonia axyridis. Compra a empresas de control biológico serias, que te dirán la especie exacta, la dosis por metro cuadrado y la temperatura mínima de suelta.
Y no compres si el jardín no está preparado. Soltar mariquitas en un jardín con hormigas, sin flores y con tratamientos recientes es tirar el dinero. Arregla primero el hábitat; muchas veces, cuando lo arreglas, ya no hace falta comprar nada.
En resumen
Atraer mariquitas no consiste en poner un accesorio, sino en montar un jardín donde puedan completar su ciclo. Aprende a reconocer larvas, huevos y pupas para no destruirlos por error. Renuncia a los insecticidas de amplio espectro, incluidos los "ecológicos", y trata solo focos con jabón potásico al atardecer si no hay más remedio. Corta el acceso de las hormigas a los troncos con bandas de cola. Mantén flores abiertas y agrupadas de marzo a octubre, con umbelíferas y compuestas como columna vertebral: cilantro y eneldo espigados, caléndula, milenrama, aliso marítimo. Reserva un margen sin tocar con ortigas y hierbas espontáneas que críe el pulgón inicial, y no limpies el jardín a fondo hasta finales de invierno para no destruir los refugios de hibernación. Añade bebederos poco profundos con gravilla y cámbialos a menudo. Y acepta la parte incómoda del trato: un jardín con mariquitas es un jardín con algunos pulgones siempre. Esa es exactamente la condición para que el sistema se sostenga solo.