La sabina es probablemente el árbol más duro que puedes plantar en España. Vive donde no vive casi nada: en páramos calizos y yesíferos de Soria y Guadalajara que bajan de -20 °C en enero y superan los 38 °C en agosto, con menos de 400 mm de lluvia al año y sobre suelos de treinta centímetros. Y no solo vive: llega a los 500 o 1.000 años.

Para un jardín con poca agua, suelo malo y ganas de no regar, eso la convierte en una candidata de primer orden. Ahora bien, "sabina" es un nombre popular que agrupa varias especies del género Juniperus con comportamientos distintos, y una de ellas es seriamente tóxica. Conviene empezar por ahí.

Ejemplar adulto de árbol sabina

Qué sabina tienes delante

Todas pertenecen al género Juniperus, familia Cupresáceas. Estas son las cuatro que importan en España:

Sabina albar (Juniperus thurifera). La sabina por antonomasia, el árbol del que habla la mayoría de la gente. Alcanza 10-15 m, con tronco grueso, corteza pardo grisácea que se desprende en tiras y copa densa y cónica que se vuelve irregular y retorcida con la edad. Es un endemismo prácticamente ibérico, con poblaciones menores en los Alpes franceses, Córcega y el Atlas. Forma bosques abiertos (los sabinares) en Soria, Guadalajara, Cuenca, Teruel, Burgos y Segovia, y el de Calatañazor es el más conocido. Su epíteto thurifera significa "portadora de incienso", por la resina aromática de su madera.

Sabina negral o mora (Juniperus phoenicea). Más pequeña, de 3 a 8 m, a menudo arbustiva, con hojas escuamiformes muy finas y gálbulos rojizos. Vive en el litoral mediterráneo, en Baleares, Canarias y también en el interior. La subespecie turbinata es la sabina de las dunas de Doñana, de Menorca y de Formentera, capaz de crecer sobre arena móvil y bajo salpicadura marina.

Sabina rastrera (Juniperus sabina). Arbusto postrado, de 30-80 cm de alto y varios metros de diámetro, propio de la alta montaña calcárea (Pirineos, Sistema Ibérico, Cazorla). Es la que da nombre al grupo y la que aparece en jardinería en cultivares tapizantes como 'Tamariscifolia' o 'Blue Danube'. Es tóxica, y volveremos sobre ello.

Enebro (Juniperus communis, J. oxycedrus). No es una sabina, aunque se confunda. Se distingue de un vistazo: los enebros tienen hojas aciculares, punzantes, dispuestas en verticilos de tres, mientras que las sabinas adultas tienen hojas escamosas diminutas y suaves, pegadas al ramillo como las de un ciprés. Si te pincha, es enebro; si no, es sabina.

Características que condicionan su cultivo

Follaje escamoso perenne. Las hojas adultas son escamas de 1-2 mm imbricadas sobre el ramillo, de color verde glauco o azulado. Los ejemplares jóvenes y los rebrotes pueden tener hojas aciculares juveniles, lo que despista.

Dioica. Juniperus thurifera tiene pies macho y pies hembra separados. Solo las hembras dan fruto, y solo si hay un macho cerca. Es un dato útil si te molesta el polen (los machos lo sueltan en cantidad a finales de invierno) o si quieres el fruto ornamental.

Fruto en gálbulo. No son bayas verdaderas sino conos carnosos, de 7-12 mm, azulados o pardo rojizos, cubiertos de una pruina cerosa. Tardan uno o dos años en madurar y los dispersan zorros, conejos y aves.

Crecimiento muy lento. Es el rasgo que hay que asumir antes de plantarla. Un ejemplar joven crece entre 10 y 25 cm al año en buenas condiciones, y bastante menos en las malas. No es un árbol para quien quiere sombra en cinco años; es un árbol para quien planta pensando en treinta.

Longevidad y arquitectura. A cambio, los ejemplares viejos desarrollan troncos torsionados, ramas desnudas plateadas y siluetas escultóricas que ningún árbol de crecimiento rápido consigue.

Raíz profunda y extensa. Explora un volumen enorme de suelo, lo que explica su resistencia a la sequía. También explica que no se trasplante bien de adulta.

Los sabinares de Juniperus thurifera están catalogados en la Directiva Hábitats europea como hábitat de interés comunitario prioritario (código 9560*). Varias especies del género están además protegidas en catálogos autonómicos.

Traducción práctica: no se arrancan sabinas del monte. Ni plántulas, ni ejemplares para bonsái, ni "estaba en una finca abandonada". Además de ser ilegal en muchos casos, el trasplante de una sabina silvestre adulta fracasa casi siempre, porque su sistema radicular es profundo e imposible de extraer entero. Compra planta de vivero, con certificado de procedencia si es posible.

Dónde plantarla

Exposición. Pleno sol. Es una especie heliófila que en sombra se ahíla, se deshace por dentro y pierde densidad. Tolera perfectamente el viento fuerte y frío, la nieve y la insolación intensa.

Clima. Extraordinariamente rústica. J. thurifera resiste sin daño por debajo de -20 °C y por encima de 38-40 °C, y soporta la enorme oscilación térmica del clima continental español, que es precisamente donde vive. J. phoenicea es algo más termófila y es la indicada para clima litoral, donde además aguanta la salinidad. La sabina de dunas tolera la brisa marina directa.

Suelo. Es indiferente al tipo mientras drene. Prospera en suelos calizos, margosos, yesíferos, pedregosos, esqueléticos y pobres, con pH básico de 7,5 a 8,5, que es lo más común en España. Tolera también suelos ácidos. Lo que no tolera, bajo ningún concepto, es el encharcamiento: el suelo permanentemente húmedo abre la puerta a Phytophthora y a podredumbres radiculares que matan al árbol sin remedio.

Si tu terreno es arcilloso y pesado, plántala en un montículo o en un talud, elevando el cepellón unos 15-20 cm por encima del nivel general.

Espacio. Calcula el porte final. Una sabina albar puede pasar de 10 m de altura y 6-8 m de copa. Sepárala al menos 5 m de edificaciones y de otros árboles. Y ojo con el punto siguiente.

La incompatibilidad con los perales

Este es el dato que casi nunca aparece en las guías y que puede arruinarle la cosecha a un vecino.

La roya del peral (Gymnosporangium sabinae) es un hongo con ciclo de vida heteroico: necesita dos hospedadores distintos para completarlo. Pasa el invierno en las ramas de las sabinas, donde forma abultamientos gelatinosos anaranjados en primavera, y desde ahí las esporas infectan las hojas de peral, en las que producen manchas naranja intenso muy características, defoliación y pérdida de cosecha.

La consecuencia práctica es simple: no plantes sabinas cerca de perales, membrilleros o serbales. Las esporas pueden viajar cientos de metros, así que si vives en zona de fruticultura de pepita, evita el género Juniperus por completo, y muy especialmente J. sabina y J. chinensis, que son los hospedadores más frecuentes. En la sabina el hongo hace poco daño; en el peral, mucho.

Plantación

Época. Otoño, de octubre a diciembre, es el mejor momento en casi toda España. Plantar en otoño da a la raíz cinco o seis meses de suelo húmedo y temperaturas suaves para instalarse antes del primer verano, que es la prueba de fuego. En zonas de invierno muy severo, febrero-marzo es la alternativa.

Hoyo. Al menos el doble del ancho del cepellón y algo más profundo, con las paredes escarificadas si el terreno es compacto. Si el suelo es duro, rompe el fondo para que la raíz pivotante pueda bajar.

No enriquezcas el hoyo. Un error frecuente. Rellenar con sustrato rico y esponjoso crea un "efecto maceta": la raíz se queda dando vueltas en la tierra buena y no coloniza el suelo circundante, y el hoyo se convierte además en una bañera donde se acumula el agua. Rellena con la propia tierra de excavación, quizá con un puñado de compost bien hecho, y poco más.

Cuello a nivel. El punto donde el tronco se ensancha para dar paso a las raíces debe quedar a ras de suelo o un par de centímetros por encima. Enterrarlo es una causa habitual de muerte lenta en coníferas.

Alcorque y riego de asiento. Forma un alcorque y da un riego abundante, de 20-30 litros, para asentar la tierra y eliminar bolsas de aire.

Acolchado. Grava, gravilla o piedra son ideales para esta especie: retienen humedad, no aportan materia orgánica en exceso y no favorecen la humedad permanente en el cuello. Deja unos centímetros libres alrededor del tronco.

Tutor. Solo si el ejemplar es alto y el viento es fuerte, con ataduras flexibles, y retíralo a los dos años.

Sabina joven plantada en un jardín

Riego

La regla es corta: mucho al principio, nada después.

Primer verano. Un riego profundo cada 10-15 días, de unos 20-30 litros, de junio a septiembre. Profundo y espaciado, nunca superficial y frecuente: lo que buscas es que la raíz baje.

Segundo y tercer verano. Un riego al mes en los meses secos, o dos si el verano es extremo.

A partir del cuarto año. Nada. En clima peninsular, una sabina establecida se sostiene con la lluvia, incluso en zonas de 350-400 mm anuales. Seguir regándola no la hace crecer más rápido; la hace más vulnerable a podredumbres y le impide desarrollar el sistema radicular profundo que la salva en las sequías.

En maceta la cosa cambia: allí sí necesita riego regular, dejando secar bien los primeros centímetros del sustrato entre riegos, y drenaje impecable.

Abonado

Prácticamente nulo. Es una especie adaptada a suelos oligotróficos y el exceso de nitrógeno le produce brotaciones blandas, largas y desgarbadas, más sensibles al frío y a los hongos.

Si el suelo es muy pobre o la planta está en maceta, un abono de liberación lenta para coníferas a comienzos de primavera, a dosis baja, es más que suficiente.

Poda: la regla que no se puede romper

Este es el apartado donde se estropean más sabinas y más cipreses.

Los Juniperus no rebrotan de madera vieja. Si cortas una rama por una zona donde ya no hay follaje verde, dejando solo madera parda desnuda, ese punto no volverá a brotar nunca. El hueco se queda para siempre. Al contrario que un laurel, un boj o un aligustre, que rebrotan desde el tronco, las coníferas de este grupo solo emiten brotes nuevos desde tejido con hojas.

De ahí se derivan todas las demás reglas:

Poda ligera y frecuente, no drástica y ocasional. Recorta siempre dentro de la zona verde, pinzando las puntas del año, y hazlo cada temporada. Un seto de sabina o de enebro mantenido así dura décadas; uno que se deja crecer diez años y luego se rebaja a la mitad queda pelado de forma permanente.

Época. Finales de invierno o principios de primavera (febrero-marzo), antes de la brotación, o a final de verano. Evita podar en pleno verano seco y en heladas.

Poda de formación. Limitada a retirar ramas cruzadas, dobles guías y ramas muertas. La sabina forma sola una copa correcta.

Sanitaria. Retira madera seca o afectada en cualquier momento, cortando en tejido sano y desinfectando la herramienta con alcohol entre cortes.

Protección. La savia y el serrín de Juniperus irritan la piel de bastante gente. Usa guantes y manga larga.

Plagas y enfermedades

Es una especie muy sana. Los problemas más frecuentes son estos:

Podredumbre radicular por Phytophthora. El asesino número uno. Síntomas: decaimiento generalizado, follaje que pasa de verde a gris mate y luego a pardo, sin recuperación pese al riego. Se debe siempre a exceso de agua o a suelo mal drenado. No tiene solución práctica en jardín: se previene.

Chancros y muerte de ramillas (Phomopsis juniperovora, Kabatina, Seiridium). Brotes terminales que amarillean, se vuelven pardos y mueren, a veces con una lesión hundida en la base. Aparecen tras primaveras húmedas o en plantas estresadas. Se controlan podando por debajo de la lesión, en madera sana, desinfectando la tijera y mejorando la ventilación.

Roya (Gymnosporangium). Ya comentada. En la sabina produce agallas y masas gelatinosas anaranjadas en primavera. Retíralas si aparecen y, sobre todo, no plantes junto a perales.

Cochinilla. Diversas especies sobre ramillos y en el tronco. Se tratan con aceite de parafina en el reposo invernal.

Araña roja. En veranos muy secos y calurosos, sobre todo en ejemplares en maceta y en cultivares tapizantes. Provoca un decoloramiento bronceado del follaje. Se combate mejorando la humedad ambiental y con acaricidas si el ataque es fuerte.

Minador de ramillas y orugas defoliadoras. Ocasionales y de escasa importancia en ejemplares sanos.

Multiplicación

Por semilla. Difícil y lento. Los gálbulos tienen latencia doble, embrionaria y de cubierta, y en la naturaleza tardan uno o dos inviernos en germinar. Requiere despulpado, escarificación suave y estratificación fría prolongada, con porcentajes de germinación bajos e irregulares. Es un ejercicio de paciencia más que un método práctico.

Por esqueje. Es la vía razonable. Esquejes semileñosos de 10-15 cm tomados a finales de verano o en otoño, preferiblemente arrancados con un pequeño talón de corteza de la rama madre. Retira las escamas del tercio inferior, aplica hormona de enraizamiento (los Juniperus responden bien a auxinas), planta en mezcla muy arenosa y mantén en ambiente fresco y con humedad moderada. Enraízan en varios meses, con frecuencia hasta la primavera siguiente.

Por injerto. Se usa en cultivares ornamentales, sobre patrón de Juniperus vigoroso.

Toxicidad de la sabina rastrera

Juniperus sabina merece un apartado propio. Su aceite esencial contiene sabinol y acetato de sabinilo, junto a otros compuestos, y ha sido usada históricamente como abortivo con resultados frecuentemente mortales para la madre. Es tóxica por ingestión para personas y para ganado, provoca irritación grave de piel y mucosas, y no tiene ningún uso interno seguro.

Esto no impide cultivarla, y de hecho sus cultivares tapizantes son excelentes cubresuelos para taludes. Pero conviene saberlo si hay niños pequeños o animales, y desde luego no debe confundirse con el enebro común (Juniperus communis), cuyos gálbulos sí son los que aromatizan la ginebra y algunos guisos, y que son de uso alimentario habitual. Ante la duda, no ingieras fruto de ninguna sabina.

Usos en jardinería

Ejemplar aislado. Su silueta y su textura la hacen un buen árbol de porte medio en jardines secos, sobre todo si se planta joven y se deja hacer.

Xerojardinería. Combina con romero, lavanda, jara, retama, santolina, gramíneas y esparto. Es de las pocas coníferas que encajan sin sonar a jardín centroeuropeo.

Cortavientos y setos informales. Su densidad y su resistencia al viento frío y seco la hacen útil en linderos, siempre podando en verde con regularidad.

Fijación de taludes. Los cultivares postrados de J. sabina y de J. horizontalis cubren pendientes secas donde no prospera casi nada, controlan la erosión y no necesitan riego.

Restauración y repoblación. En terrenos degradados calizos y yesíferos, con suelo escaso, es una de las pocas especies arbóreas viables.

Bonsái. El género Juniperus es uno de los pilares del bonsái, precisamente por su tolerancia al trabajo de madera muerta (jin y shari) y por su follaje pequeño. Siempre a partir de material de vivero o de vivero especializado, nunca extraído del monte.

En resumen

La sabina es un árbol de crecimiento muy lento, longevísimo y de una rusticidad excepcional: pleno sol, suelo pobre, calizo, pedregoso y bien drenado, temperaturas de -20 a 40 °C y sequía prolongada. Todo lo que necesita es riego profundo y espaciado durante los dos o tres primeros veranos y ninguno a partir de ahí, abonado mínimo o nulo y un suelo que no se encharque jamás.

La regla de oro es la poda: los Juniperus no rebrotan de madera vieja, así que recorta siempre poco y siempre dentro de la zona con follaje verde. Un corte por debajo del verde deja un hueco definitivo.

Antes de plantar, dos comprobaciones. Que no haya perales, membrilleros ni serbales cerca, porque la sabina es hospedador invernante de la roya del peral. Y que sabes qué especie estás plantando: Juniperus sabina es tóxica por ingestión y no debe confundirse con el enebro común. Compra siempre planta de vivero: los sabinares son hábitat protegido y las sabinas silvestres no se trasplantan.


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