La espinaca (Spinacia oleracea) es una de las hortalizas más agradecidas del huerto de otoño e invierno y una de las más frustrantes si se intenta cultivar fuera de su estación. Casi todos los fracasos con ella tienen la misma causa: se siembra en primavera avanzada, con los días alargando, y en cuatro semanas la planta sube a flor sin haber dado apenas hoja aprovechable. Entender por qué ocurre eso resuelve el noventa por ciento del cultivo.
Una planta de días cortos y clima fresco
La espinaca es una quenopodiácea originaria de Asia central, adaptada a temperaturas frescas. Vegeta bien entre 10 y 20 °C, resiste heladas de hasta -6 o -8 °C en variedades rústicas y, en cambio, se detiene por encima de 25 °C. Además es una planta de día largo: cuando el fotoperiodo supera aproximadamente las 13 o 14 horas de luz, la planta interpreta que debe reproducirse, emite un tallo floral, las hojas se vuelven pequeñas, alargadas y amargas, y el cultivo se acaba.
En la península eso significa que la ventana natural va de finales de agosto a octubre para la siembra de otoño-invierno, y de finales de enero a marzo para una siembra temprana de primavera que se recolecta antes de mayo. En el litoral mediterráneo y en Andalucía se puede sembrar durante todo el invierno; en el interior y el norte conviene proteger con túnel o manta térmica en enero y febrero. Sembrar en mayo o junio es tirar la semilla, por muchas veces que se riegue.
Siembra directa, nunca trasplante
La espinaca desarrolla una raíz pivotante que sufre mucho con el trasplante. Se puede hacer en cepellón si se es muy cuidadoso, pero el resultado es siempre peor: plantas que se atrasan y que suben a flor antes. Siembra directamente en el sitio definitivo.
La semilla germina bien entre 10 y 20 °C, y por encima de 25-27 °C entra en dormancia térmica y no nace. Si siembras a finales de verano con calor residual, un truco eficaz es guardar el sobre de semillas en la nevera una semana antes de sembrar y regar el surco con agua fresca al atardecer. Entierra a 1,5-2 cm de profundidad, con líneas separadas 25-30 cm, y aclara después a 8-10 cm entre plantas. La nascencia tarda entre 7 y 14 días según temperatura.
Las plantas que retires al aclarar no se tiran: son hojas tiernas perfectamente comestibles, la llamada espinaca baby.
Suelo, abonado y el asunto de los nitratos
Pide suelos sueltos, profundos y ricos en materia orgánica, con un pH entre 6,5 y 7,5. Es sensible a la acidez: por debajo de 6 se desarrolla mal y aparecen carencias. Si tu tierra es ácida, un encalado ligero en otoño con caliza molida corrige el problema.
Es una hortaliza exigente en nitrógeno, lo lógico en un cultivo del que se come la hoja. Incorpora 3-4 kg de compost o estiércol maduro por metro cuadrado antes de sembrar, nunca estiércol fresco. Aquí conviene una advertencia poco conocida: la espinaca es una de las hortalizas que más nitratos acumula en la hoja, y ese contenido se dispara con el exceso de abonado nitrogenado y con la falta de luz. Por eso no tiene sentido cebarla a base de purines o abonos nitrogenados de acción rápida, y por eso es preferible cosechar a media mañana de un día soleado, cuando la planta ya ha metabolizado parte del nitrato acumulado durante la noche, en lugar de hacerlo tras varios días nublados.
En cuanto a rotación, no la plantes después de acelga o remolacha, que son de la misma familia y comparten enfermedades. Va bien detrás de leguminosas y antes de solanáceas.
Riego
El riego debe ser regular y sin oscilaciones bruscas. Un estrés hídrico, aunque sea corto, es uno de los desencadenantes de la subida a flor prematura, igual que el fotoperiodo. Riega para mantener el suelo fresco pero no encharcado; en otoño e invierno peninsulares, con las lluvias, muchas veces basta con un apoyo puntual.
Riega a pie de planta y por la mañana, evitando mojar el follaje. La hoja de espinaca permanece húmeda mucho tiempo y es la puerta de entrada del mildiu. El goteo o la cinta exudante son la mejor opción; la aspersión, la peor.
Plagas y enfermedades habituales
El mildiu (Peronospora farinosa f. sp. spinaciae) es el problema principal. Se manifiesta como manchas amarillentas difusas en el haz y un fieltro grisáceo o violáceo en el envés, y avanza rápido en tiempo húmedo y templado. La defensa efectiva es preventiva: densidad de plantación holgada, riego localizado y variedades con resistencia declarada, que las casas de semillas indican con siglas del tipo Pfs seguidas de números de raza.
El minador de la hoja (Liriomyza spp. y Pegomya hyoscyami) excava galerías blanquecinas o ampollas translúcidas dentro de la hoja. Como el insecto está entre las dos epidermis, los insecticidas de contacto no lo alcanzan: lo práctico es retirar y destruir las hojas afectadas en cuanto aparecen y cubrir el cultivo con malla antiinsectos.
Los pulgones colonizan el envés y son además vectores de virus. El jabón potásico aplicado al atardecer los controla bien si se actúa pronto. Y en las primeras semanas, los caracoles y babosas pueden arrasar las plántulas: revisa al anochecer tras las lluvias de otoño.
Cosecha
Desde la siembra hasta la primera recolección pasan entre 40 y 60 días según la época y la variedad. Hay dos maneras de cosechar. La primera es corte selectivo: ir tomando las hojas exteriores más desarrolladas, dejando siempre el cogollo central y al menos cinco o seis hojas jóvenes. Así la misma planta produce durante dos o tres meses. La segunda es cortar toda la mata a un par de centímetros del suelo; en variedades adecuadas rebrota y da un segundo corte.
En cuanto veas que el centro de la planta se alarga y las hojas nuevas salen estrechas y con forma de flecha, recoge todo lo aprovechable: esa planta ya no vuelve atrás.
Variedades y sustitutos de verano
Para siembra de otoño e invierno funcionan bien las variedades de hoja gruesa y rizada tipo 'Gigante de invierno' o 'Viroflay', más rústicas frente al frío. Para siembras de finales de invierno interesan las de hoja lisa y resistencia a subida a flor, como 'Matador'.
Y si lo que quieres es hoja verde en pleno verano, la solución no es forzar la espinaca sino cambiar de planta: la espinaca de Nueva Zelanda (Tetragonia tetragonioides) y la espinaca de Malabar (Basella alba) prosperan con calor y se usan en cocina de forma muy parecida, igual que la acelga de penca fina.
Una nota sobre su fama nutricional
La espinaca aporta folatos, vitamina K, provitamina A y magnesio, y eso es real. Su fama como fuente de hierro está, en cambio, muy exagerada: contiene cantidades apreciables, pero también ácido oxálico, que forma complejos insolubles con el hierro y el calcio y reduce mucho su absorción. Un escaldado breve rebaja parte de los oxalatos, y acompañarla de un alimento rico en vitamina C mejora la asimilación del hierro.
En resumen
Siembra directa a finales de verano y en otoño, o a final de invierno; suelo rico en materia orgánica y pH cercano a neutro; riego constante, localizado y por la mañana; aclareo a 8-10 cm y cosecha por hojas exteriores. Olvídate de sembrarla en mayo y de abonarla en exceso. Es un cultivo rápido, rústico y de los pocos que llenan el huerto justo cuando lo demás está parado.