Dos ventanas al año concentran la práctica totalidad de los injertos que prenden: el final del invierno, con la savia todavía parada y las yemas sin abrir, y el final del verano, cuando la corteza se despega sola del leño al pasar la navaja. Fuera de esas dos franjas se puede injertar, pero el porcentaje de prendimiento cae y no por culpa de la técnica.

Entender por qué esas fechas y no otras vale más que memorizar un calendario. Un injerto no es un pegado mecánico: es una herida que tiene que cicatrizar uniendo dos tejidos vivos. Todo lo demás se deriva de ahí.

Qué ocurre dentro del injerto

Entre la corteza y la madera hay una capa de células de un espesor casi microscópico llamada cámbium vascular. Es el único tejido de un tallo leñoso capaz de dividirse y generar madera nueva hacia dentro y liber (floema) hacia fuera. Cuando se coloca una púa sobre un patrón, lo que hay que hacer coincidir no son las cortezas ni los diámetros: es esa línea de cámbium de los dos.

Si los dos cámbiums quedan en contacto, ambos empiezan a producir un tejido desorganizado y blanco, el callo, que rellena el hueco y termina diferenciándose en vasos conductores continuos. Ese puente es el injerto. Sin él, la púa vive unos días de sus reservas, se seca y se cae.

La formación de callo depende sobre todo de la temperatura. Por debajo de 10 °C apenas hay actividad; el rango cómodo está entre 18 y 27 °C, y por encima de 32-35 °C el callo se produce blando y se deshidrata. Ahí está la razón de que se injerte al final del invierno (el árbol arranca justo cuando llega el calor suficiente) o al final del verano (calor abundante pero ya sin los golpes de 40 °C de julio).

Rama injertada con la unión ya soldada

Qué plantas se pueden injertar

La regla práctica es que la compatibilidad decrece a medida que se separa el parentesco botánico. Dentro de la misma especie el injerto prende siempre; dentro del mismo género, casi siempre; entre géneros distintos de la misma familia, a veces; y entre familias distintas, nunca. No existe el injerto de tomate sobre rosal ni el de naranjo sobre olivo, por mucho que circulen fotos de árboles con cinco frutas distintas: esos ejemplares llevan variedades del mismo género (todas Prunus, o todas Citrus).

Los grupos que se injertan de forma habitual en España:

  • Frutales de pepita. Manzano (Malus domestica) sobre patrones francos o clonales tipo MM-106 y M-9; peral (Pyrus communis) sobre franco o sobre membrillero (Cydonia oblonga) para enanizar.
  • Frutales de hueso. Melocotonero, ciruelo, albaricoquero, almendro y cerezo, todos del género Prunus, sobre patrones francos, híbridos melocotonero × almendro (GF-677) para suelos calizos y secos, o Mirobolán para suelos pesados.
  • Cítricos. Sobre citrange Carrizo, Poncirus trifoliata o Citrus macrophylla, según suelo y tolerancia a la caliza y al virus de la tristeza.
  • Vid. Obligatoriamente sobre patrón americano resistente a la filoxera; desde finales del siglo XIX no hay viñedo comercial de Vitis vinifera sobre su propia raíz en suelos infestados.
  • Ornamentales. Rosales sobre Rosa canina o Rosa laxa, camelias, arces japoneses, glicinias de variedad, coníferas de porte llorón o enano.
  • Hortícolas. Sandía y melón sobre calabaza híbrida (Cucurbita maxima × C. moschata), tomate y berenjena sobre portainjertos de Solanum, para esquivar hongos de suelo y nematodos.
  • Cactus. Sobre Hylocereus undatus, Myrtillocactus geometrizans o Trichocereus, tanto por rapidez de cultivo como para sostener variedades sin clorofila.

Hay una excepción incómoda a la regla del parentesco: la incompatibilidad tardía. Algunas combinaciones prenden bien y años después revientan por la unión o muestran un anillo estrangulado, como ocurre con varias variedades de peral sobre membrillero. Se resuelve intercalando un tramo de una variedad puente compatible con las dos.

Para qué sirve injertar

La razón de fondo es que la semilla no reproduce fielmente la variedad. Una pepita de una manzana Reineta da un manzano, sí, pero no da una Reineta: da un individuo nuevo, casi siempre de fruto mediocre y con años de espera por delante. El injerto es una copia exacta de la planta madre.

A partir de ahí, los usos concretos:

  • Elegir la raíz por separado. El patrón decide el vigor, la resistencia a la caliza, a la asfixia radicular, a la sequía o a plagas del suelo, mientras la variedad decide el fruto. Es la razón de que un almendro prospere en un suelo donde el mismo almendro de semilla se clorosaría.
  • Controlar el tamaño. Los patrones enanizantes permiten árboles de tres metros que se podan y recolectan desde el suelo.
  • Adelantar la producción. Un frutal injertado entra en producción en dos o tres años; el mismo de semilla puede tardar siete u ocho.
  • Cambiar de variedad un árbol adulto. Lo que se llama reinjerto o sobreinjerto: se aprovecha un sistema radicular ya hecho y en una o dos campañas hay cosecha de la variedad nueva.
  • Poner polinizadores. Injertar una rama de otra variedad en un árbol autoestéril resuelve la polinización sin plantar un segundo árbol.
  • Sostener plantas inviables. Los cactus rojos, amarillos o naranjas de vivero carecen de clorofila; solo viven injertados sobre un patrón verde que los alimenta.

El calendario del injerto

Cada técnica tiene su momento, y ese momento lo marca el estado de la savia, no una fecha de agenda.

Final de invierno y comienzo de primavera (febrero a abril). Es el turno de los injertos de púa: hendidura, hendidura lateral, inglés simple o de lengüeta, corona. Se hacen cuando el patrón empieza a mover savia (yemas hinchadas, corteza que ya cede) pero la púa sigue completamente dormida. Ese desfase es la clave: el patrón aporta agua y actividad mientras la púa espera sin gastar reservas. En el interior peninsular ese momento cae a finales de febrero y marzo; en el litoral mediterráneo y el valle del Guadalquivir se adelanta a finales de enero o febrero.

Primavera avanzada (abril a junio). Ventana del injerto de yema a ojo despierto, en el que la yema brota ese mismo año, y del injerto de corona o de coronilla sobre troncos gruesos, que exige que la corteza se separe con facilidad. También es la época del injerto de aproximación, con las dos plantas enraizadas y unidas hasta que suelda. Los cítricos admiten bien el escudete de marzo a mayo.

Verano y final de verano (julio a septiembre). Es la temporada grande del injerto de yema a ojo velando o de escudete: se coloca la yema, prende en dos o tres semanas y permanece dormida hasta la primavera siguiente, cuando se corta el patrón por encima para forzar su brotación. Es el sistema estándar en vivero para frutales de hueso, cítricos y rosales, y es el que conviene a los Prunus, mucho más propensos a las gomosis con los cortes grandes de la púa. En la Península la horquilla real va de finales de julio a mediados de septiembre, evitando las olas de calor y los días de viento seco. Los cactus también se injertan aquí, con la planta en pleno crecimiento y temperaturas estables por encima de 20 °C.

Invierno bajo control (diciembre a febrero). Es el injerto de mesa o de taller, típico de la vid y de algunos frutales: se hace a cubierto, sobre planta arrancada, y las plantas injertadas pasan a una cámara de estratificación a unos 26-28 °C y humedad alta durante dos o tres semanas para que suelden antes de plantarse.

Cactus injertado sobre un patrón columnar

Las señales que dicen que ha llegado el momento

Más fiable que el calendario es leer la planta:

  • Para injertar de yema, la corteza tiene que "correr". Se hace un corte en T en el patrón y se levanta una esquina con la espátula de la navaja: si la corteza se desprende limpia y se ve el cámbium húmedo y brillante, es el día. Si hay que arrancarla y se lleva fibras de madera, no lo es.
  • Para injertar de púa, el patrón debe tener las yemas hinchadas o empezando a apuntar verde, y la púa debe estar totalmente dormida, sin ningún signo de movimiento.
  • Nada de suelo helado ni de heladas previstas en la semana siguiente al injerto de púa, ni de temperaturas por encima de 35 °C en el escudete de verano.

Guardar las púas: la mitad del trabajo

Las varetas para injerto de púa se recogen en pleno reposo, entre diciembre y enero, nunca el mismo día del injerto de marzo, porque para entonces ya han empezado a moverse. Se eligen brotes del año anterior, bien agostados, del grosor de un lápiz y con yemas de la parte media de la rama.

Se conservan etiquetadas, envueltas en papel ligeramente húmedo dentro de una bolsa perforada, en la parte baja de la nevera a 2-4 °C, o enterradas en arena húmeda en un lugar fresco y sombrío. Ni empapadas, porque se enmohecen, ni al aire, porque se deshidratan y una vareta deshidratada no prende aunque el corte sea perfecto.

Las yemas de verano son lo contrario: se cortan el mismo día, se les quita de inmediato el limbo de las hojas dejando un trocito de pecíolo como asa, y se mantienen envueltas en un paño húmedo mientras se trabaja.

Cómo se ejecuta, en lo esencial

La técnica varía, pero cuatro puntos no cambian nunca:

  • Filo de afeitar. La navaja de injertar tiene que cortar de una pasada y dejar una superficie lisa. Un corte serrado deja bolsas de aire donde el callo no llega. Se desinfecta entre árbol y árbol con alcohol.
  • Rapidez. Entre el corte y el atado deben pasar segundos, no minutos: las superficies expuestas se oxidan y se secan enseguida.
  • Atado firme. Con rafia, cinta elástica de injertar o film de parafina, apretando lo justo para que las dos partes no se muevan. Y con una fecha en la cabeza: hay que aflojar o retirar la atadura antes de que estrangule, normalmente a las seis u ocho semanas en los injertos de yema.
  • Sellado. Los cortes grandes de hendidura y corona se cubren con mastic de injertar para que no entre agua ni se deshidrate la púa. En el escudete no hace falta si la cinta cubre bien y se deja la yema al aire.

Errores frecuentes y una creencia que conviene desmontar

El fallo más repetido es centrar la púa en un patrón más grueso, haciendo coincidir los ejes en vez de los cámbiums. Cuando los diámetros son distintos hay que arrimar la púa a uno de los lados hasta que la línea de cámbium de la púa cruce con la del patrón, aunque quede visualmente descentrada.

Le sigue el injerto de púa hecho demasiado tarde, con la vareta ya brotando: la yema abre, gasta lo poco que tiene y se muere antes de que haya soldadura que la alimente. Y el tercero, no eliminar los chupones del patrón. Un patrón vigoroso llena de brotes la zona inferior y, si se le deja, la púa recién prendida se queda sin savia. Hay que ir quitándolos toda la primera temporada.

Añádanse dos más: atar tan fuerte o dejar tanto tiempo la ligadura que el injerto queda estrangulado y se rompe con el primer viento, y forzar la brotación de un escudete de agosto cortando el patrón ese mismo otoño, cuando lo correcto es esperar a la primavera siguiente.

Sobre la creencia: la fase lunar no influye en el prendimiento. Ningún ensayo controlado ha mostrado diferencias atribuibles a la luna, y sí las hay, y muy grandes, según la temperatura, el estado de reposo de la púa y la limpieza del corte. Injertar en menguante y equivocarse de fecha fisiológica sale mal; injertar en creciente con el patrón en el punto justo sale bien.

Conviene recordar también que muchas variedades modernas están protegidas por títulos de obtención vegetal y su multiplicación, incluso por injerto, está restringida. Para el árbol del huerto propio no suele haber problema; para multiplicar y vender, sí.

En resumen

Se injerta de púa a finales del invierno, con el patrón despertando y la vareta dormida, guardada desde diciembre en frío. Se injerta de yema a finales del verano, entre finales de julio y mediados de septiembre, cuando la corteza se levanta sola y la yema puede esperar dormida a la primavera. En medio, la primavera avanzada sirve para el ojo despierto, la corona y la aproximación, y el invierno bajo cubierto para el injerto de mesa con cámara de estratificación.

Solo se injerta entre plantas emparentadas, cuanto más cerca mejor. El éxito depende de que los cámbiums se toquen, de que el corte sea limpio y rápido, de que la unión quede firme sin llegar a estrangular y de que el patrón no ahogue la púa con sus propios brotes. Acertar con la fecha es la mitad del trabajo; la otra mitad está en la navaja.


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