Un esqueje se pierde por el mes en que se corta mucho antes que por cómo se corta. Un tallo de lavanda cortado a mediados de julio enraíza en tres semanas sin apenas cuidados; ese mismo tallo, del mismo arbusto y con el mismo corte, se pudre en febrero antes de emitir una sola raíz. Y al revés: una estaca de higuera clavada en tierra en enero prende sola, mientras que en agosto se deshidrata en dos días.
La fecha no es un detalle de manual. Es lo que decide si el trozo de tallo tiene reservas suficientes, si el tejido está en el punto de madurez que sabe formar raíces y si va a poder aguantar sin ellas el tiempo que tarde en fabricarlas.
Qué tipos de esquejes hay
La clasificación que importa es la del grado de lignificación del tallo, porque de ella se derivan la época, la longitud, el tratamiento y las probabilidades de éxito.
Esqueje herbáceo. Tallo tierno, sin madera, de plantas que nunca la forman: potos (Epipremnum aureum), tradescantias, coleos, plectranthus, geranios (Pelargonium). Enraízan rápido y con poca ceremonia, y en interior admiten casi cualquier fecha.
Esqueje de madera blanda (softwood). Brotes del año, todavía flexibles, que se quiebran limpiamente al doblarlos. Se toman en plena primavera de hortensia, fucsia, budleia, salvia, crisantemo o dalia. Enraízan deprisa porque el tejido es muy activo, pero se marchitan en cuestión de horas si no hay humedad ambiental alta.
Esqueje semileñoso (semimaduro). El más rentable de todos: el brote del año ya endurecido en la base y todavía verde en la punta, con hojas. Es la vía habitual del romero, la lavanda, el laurel, el mirto, el boj, el durillo, la adelfa, el olivo, la camelia, el rosal, la hortensia y buena parte de los arbustos de jardín mediterráneo.
Esqueje leñoso (estaca). Trozo de madera del año anterior, sin hojas, tomado con la planta en reposo. Es como se multiplican higuera, vid, granado, morera, membrillero, chopo, sauce, grosellero, kiwi o rosales de pie. No necesita instalaciones: se planta y espera.
Esqueje de hoja. Válido solo en unos pocos géneros que forman yemas adventicias en la hoja: Sansevieria, Begonia rex, Saintpaulia, Peperomia, Crassula, Echeveria, Kalanchoe. Se hacen en primavera y verano. Ojo con las Sansevieria variegadas: la hoja enraíza, pero la planta hija sale verde, sin el borde amarillo, porque el variegado es quimérico y solo se conserva dividiendo la mata.
Esqueje de raíz. Fragmentos de raíz gruesa plantados en invierno, cuando la planta está parada y las reservas están en el subsuelo. Funciona en Acanthus mollis, Papaver orientale, Rhus, membrillero, frambueso o Romneya.
Hay dos variantes de corte que conviene conocer: el esqueje con talón, que se arranca de la rama madre llevándose una lengüeta de corteza vieja y mejora mucho el prendimiento en coníferas y arbustos difíciles, y el esqueje de yema axilar, un fragmento mínimo con una hoja y su yema, útil cuando hay poco material de partida (vid, camelia, clemátide).
Cuándo plantar cada uno
Marzo a junio: esquejes de madera blanda y herbáceos. En cuanto los brotes tienen 8-10 cm y todavía se doblan sin astillarse. Es la época de hortensias, fucsias, aromáticas de hoja tierna y vivaces. Exige cubrir con plástico o campana porque el esqueje no tiene raíces y sí mucha superficie de hoja transpirando.
Junio a septiembre: esquejes semileñosos. La ventana más ancha y la de mejor resultado en el clima peninsular. El indicador no es el calendario sino el tacto: el brote del año debe doblarse en la base con cierta resistencia y no partirse. En el norte y en la meseta suele darse de junio a agosto; en Levante y Andalucía se estira cómodamente hasta octubre. Con calores de 38 °C conviene esperar a que aflojen, o trabajar a primera hora y mantener los esquejes a la sombra.
Noviembre a febrero: estacas leñosas y esquejes de raíz. Con la planta sin hoja y la madera del año bien agostada. En la costa mediterránea y el suroeste se pueden plantar directamente en su sitio desde noviembre. En zonas de heladas fuertes es mejor cortarlas en diciembre, mantenerlas atadas en manojos y enterradas en arena húmeda en un lugar fresco, y plantarlas en febrero: así se evita que el hielo levante el suelo y descalce la estaca durante los tres meses que va a estar sin raíces.
Primavera y verano: hoja y suculentas. Cuando hay luz y calor suficientes para que la hoja aguante viva las semanas que tarda en formar el callo y las raíces.
Aparte quedan los geranios, que tienen dos momentos claros: marzo-mayo, para tener planta hecha en verano, y septiembre, aprovechando los tallos que se retiran al recortar las macetas antes del invierno.
Cómo plantarlos paso a paso
Elegir el tallo. De planta sana, bien nutrida, sin flores ni botones; si los tiene, se quitan, porque florecer y enraizar compiten por las mismas reservas. Se prefieren brotes laterales de la parte media del arbusto a los chupones verticales muy vigorosos.
Cortar. Con cuchilla o tijera bien afilada y limpia. El corte inferior, justo por debajo de un nudo, que es donde se concentra el tejido capaz de emitir raíces. Longitud orientativa: 8-12 cm en semileñoso, 15-25 cm en estaca leñosa con tres o cuatro yemas. En las estacas es práctico hacer el corte de abajo recto y el de arriba en bisel: así no hay forma de plantarlas del revés, un fallo más habitual de lo que parece y que condena el esqueje, porque la polaridad del tallo no se invierte.
Reducir la hoja. Se deja el par o los dos pares superiores y se quita todo lo demás; si las hojas son grandes, se cortan por la mitad. Lo que se busca es bajar la transpiración sin dejar la planta sin fotosíntesis. Y hoja enterrada, ninguna: se pudre y arrastra al esqueje.
Hormona, con criterio. El ácido indolbutírico en polvo ayuda de verdad en semileñosos y leñosos difíciles (olivo, camelia, coníferas). No sirve de nada en sauce, higuera, potos o geranio, que enraízan solos. Se moja el corte, se sacude el exceso y se planta; el polvo apelmazado alrededor del tallo no acelera nada y favorece la podredumbre.
Sustrato. Aireado, pobre y limpio: perlita con turba o fibra de coco al 50 %, o arena silícea lavada. Nada de sustrato con abono ni de tierra de jardín, que retiene agua y trae hongos. Se hace un agujero previo con un lápiz para no arrastrar la hormona ni dañar el corte al empujar.
Ambiente. Humedad alta alrededor de la hoja y calor moderado en la base. Un propagador, un miniinvernadero o una bolsa transparente con un par de palillos que la separen del follaje sirven igual. Luz abundante pero nunca sol directo a través del plástico: dentro se alcanzan temperaturas letales en minutos. Si hay manta térmica, mantener el sustrato a 18-22 °C acorta los tiempos de forma notable, sobre todo en invierno.
Riego. Sustrato húmedo, jamás encharcado. Es más útil pulverizar el follaje que regar de más: un esqueje sin raíces absorbe poquísima agua, y el exceso solo sirve para desplazar el aire del sustrato y asfixiar la base.
Suculentas y cactus, caso aparte. El corte se deja secar al aire dos a siete días hasta que forme una película seca; después se apoya sobre sustrato mineral apenas humedecido y no se riega hasta ver raíces. Plantar una suculenta con el corte fresco y regarla es la vía directa a la podredumbre.
Cuánto tardan y cuándo trasplantar
Los plazos varían enormemente y conviene tenerlos en la cabeza para no dar por muerto lo que solo va despacio. Sauce, higuera, potos o tradescantia enraízan en dos o tres semanas. Lavanda, romero, salvia o hortensia, en tres a seis. Olivo, laurel, boj y adelfa se van a dos o tres meses. Camelia y coníferas pueden pasar de cuatro meses sin dar señales visibles.
La señal de que hay raíces no es la aparición de un brote nuevo (un esqueje puede brotar con las reservas del tallo y morir después), sino una resistencia suave al tirar del esqueje o la salida de raíces por el drenaje. En cuanto la haya, se pasa a maceta individual con sustrato ya normal, se protege del sol unos días y se riega con moderación. Los enraizados en verano no deben trasplantarse a suelo definitivo con el frío encima: mejor pasar el invierno en maceta protegida y plantar en primavera.
Errores frecuentes
El vaso de agua. Es cómodo y muy visual, pero las raíces formadas en agua tienen una estructura distinta, más frágil, y buena parte se pierde al pasar a tierra. Funciona en potos, tradescantia o menta; en un arbusto leñoso es perder tiempo. Enraizar directamente en sustrato ahorra el trasplante crítico.
Esquejes demasiado largos. Un tallo de 30 cm de lavanda tiene que sostener 30 cm de tejido sin raíces. Cuanto más corto, dentro de lo razonable, antes prende.
Sacarlos a mirar. Cada tirón rompe las raíces incipientes, que son quebradizas y del grosor de un pelo. Paciencia y, si acaso, una comprobación cada dos o tres semanas.
Ambiente cerrado sin ventilar. La bolsa o el propagador deben abrirse un rato cada pocos días. Sin renovación de aire aparecen botritis y mohos que se llevan la bandeja entera.
Abonar antes de tiempo. Un esqueje sin raíces no puede absorber nutrientes; lo único que hace el abono es aumentar la salinidad del sustrato y quemar la base del tallo.
Y una idea muy extendida que conviene revisar: lo de que "los esquejes se hacen en primavera". Vale para las plantas de tallo tierno, pero la mayor parte de los arbustos y árboles de jardín se multiplican mejor en verano, ya semileñosos, o en pleno invierno, como estaca sin hoja. Insistir con un esqueje de romero en marzo, cuando el brote es todavía blando, da resultados claramente peores que hacerlo en julio.
En resumen
La época se elige según el estado del tallo: madera blanda en primavera, semileñoso de junio a septiembre (la mejor opción para el grueso de los arbustos mediterráneos), estaca leñosa entre noviembre y febrero con la planta en reposo, y hoja o suculentas en primavera y verano. Los esquejes de raíz, en invierno.
El procedimiento se reduce a cinco decisiones: tallo sano y sin flor, corte limpio bajo un nudo, hoja reducida, sustrato aireado y pobre, y humedad ambiental alta con riego contenido. Si al esqueje se le da el mes que le corresponde, casi todo lo demás se resuelve solo; si se le da el mes equivocado, ninguna hormona compensa la diferencia.