Una mata de verdolaga (Portulaca oleracea) que se deje llegar a septiembre puede soltar decenas de miles de semillas en el suelo, y buena parte de ellas seguirán vivas dentro de cinco años. Ese número explica por qué el momento en que se arrancan las hierbas importa más que la herramienta que se use. Quitarlas en marzo o quitarlas en junio no es la misma tarea: en el primer caso se trabaja sobre plántulas de dos hojas, en el segundo sobre plantas que ya han llenado el terreno de simiente para las temporadas siguientes.
Este artículo va del cuándo: en qué mes conviene pasar por cada zona del jardín, en qué estado de la hierba hay que actuar, con qué humedad de suelo y a qué hora del día. Y también de cuándo no hay que tocar, porque hay hierbas que se multiplican precisamente cuando se las ataca mal.
La regla que ordena todo lo demás: antes de que semillen
Hay un dicho inglés entre horticultores que resume el asunto mejor que cualquier calendario: one year's seeding, seven years' weeding, un año de semillar son siete de escardar. La cifra es orientativa, pero la idea es literal. El suelo de un jardín descuidado guarda un banco de semillas de decenas de miles de unidades por metro cuadrado, y esas semillas germinan escalonadamente durante años. Cada planta que llega a florecer y granar recarga ese depósito.
De ahí sale el criterio principal: el mejor momento para quitar una hierba es cuando aún no ha florecido, y a ser posible cuando todavía es una plántula de dos a cuatro hojas. En ese estado se arranca sola, no ha extendido raíz que compita con nada y no hace falta ni agacharse mucho. Esperar a que esté grande "para agarrarla mejor" es un error habitual: en ese punto ya ha robado agua y nitrógeno a las plantas de al lado, ya tiene raíz profunda y, en muchas especies, ya lleva flores hechas.
Y hay un matiz que se pasa por alto: arrancar una planta en flor no detiene la semilla. La cerraja (Sonchus oleraceus), el diente de león (Taraxacum officinale) o el zurrón de pastor (Capsella bursa-pastoris) terminan de madurar la semilla con las reservas del propio tallo aunque ya estén fuera del suelo. Si la hierba tiene flor abierta o capullo hinchado, no la dejes tirada sobre el bancal ni la eches al compost doméstico: sácala del jardín o llévala a la bolsa de restos vegetales.
El calendario de germinación en la Península
Las hierbas no salen todas a la vez. Se agrupan en dos grandes tandas, y conocerlas permite pasar tres o cuatro veces al año en lugar de estar todo el rato detrás de ellas.
Anuales de invierno (germinan con las lluvias de octubre y noviembre). Pamplina (Stellaria media), Poa annua, ortiga muerta (Lamium amplexicaule), zurrón de pastor, hierba cana (Senecio vulgaris), cerraja y las crucíferas espontáneas. Nacen con el fresco y la humedad, pasan el invierno pequeñas y florecen entre febrero y abril. El momento clave es de finales de noviembre a mediados de diciembre, cuando son plántulas, y un repaso en febrero antes de que abran flor. Quien las deja para marzo se encuentra el bancal ya sembrado.
Anuales de verano (germinan cuando el suelo pasa de unos 15-18 °C). Verdolaga, bledo o amaranto (Amaranthus retroflexus), cenizo (Chenopodium album), pata de gallina (Digitaria sanguinalis), Setaria y Portulaca. En el litoral mediterráneo arrancan en abril; en el interior y en el norte, en mayo. Aquí el momento crítico es de finales de abril a principios de junio, y conviene volver a pasar cada dos o tres semanas mientras haya riego, porque cada riego levanta una nueva tanda.
Vivaces. No siguen tanda: están siempre. Grama (Cynodon dactylon), juncia o chufa borde (Cyperus rotundus), correhuela (Convolvulus arvensis), vinagreras (Oxalis pes-caprae), romaza (Rumex crispus) y cañota (Sorghum halepense). Estas piden otra estrategia, y la explico más abajo.
En la práctica, un jardín mediterráneo medio se controla bien con cuatro pasadas al año: una a finales de otoño, otra a finales de invierno, otra fuerte a mediados de primavera y otra a principios de verano. En Galicia, la cornisa cantábrica o zonas con lluvia de verano hacen falta más, porque no hay parón estival.
Humedad del suelo: la variable que decide si arrancas o siegas la raíz
Con el suelo seco y compactado, tirar de una hierba de raíz pivotante rompe el cuello y deja el resto abajo. Con el suelo a tempero —húmedo pero no encharcado, uno o dos días después de una lluvia o de un riego generoso—, la misma planta sale entera con un tirón suave. Esa es la ventana buena para el arranque manual, sobre todo con diente de león, romaza, malva (Malva sylvestris) o cardos.
Para la escarda con azadilla o binadera, en cambio, interesa lo contrario: suelo en superficie más bien seco y un día soleado y con algo de viento por delante. Se corta la plántula a un par de centímetros bajo tierra y se deja sobre la superficie, donde se deshidrata en unas horas. Si se bina justo antes de una tanda de lluvia, la mitad de lo cortado vuelve a enraizar, y la verdolaga lo hace prácticamente entera: cada trozo de tallo con un nudo es una planta nueva.
De ahí la regla de bolsillo: arrancar en húmedo, escardar en seco. Y hacerlo por la mañana, no a las tres de la tarde de julio: no por la planta, sino porque la escarda a fondo es un trabajo largo y a esas horas se acaba haciendo mal.
Lo del día del mes y la luna
Circula mucho la idea de que hay que escardar en luna menguante para que las hierbas no rebroten. No existe evidencia agronómica que lo sostenga: lo que gobierna el rebrote es la reserva de la raíz, la profundidad del corte y la humedad, no la fase lunar. Lo que sí ocurre es que los calendarios lunares reparten las tareas en tandas regulares cada dos o tres semanas, y ese ritmo constante sí funciona, con luna o sin ella. Si el calendario te sirve de recordatorio, adelante; pero no retrases una escarda urgente de abril esperando a que la luna cambie, porque en dos semanas de abril una hierba pasa de plántula a planta con flor.
Vivaces: el momento es distinto y la herramienta también
Con las hierbas de rizoma, estolón o tubérculo, la azada no solo no resuelve: multiplica. Cada fragmento de rizoma de grama con un nudo rebrota. Cada bulbillo de Oxalis pes-caprae que se desprende al remover la tierra —y una sola mata tiene decenas— fabrica una planta nueva. La juncia (Cyperus rotundus) forma cadenas de tubérculos a 15-20 cm de profundidad; pasar el motocultor por una zona con juncia es la manera más eficaz de repartirla por todo el huerto.
Para estas especies el criterio de tiempo cambia:
Correhuela y grama: agotamiento por corte repetido. Se siega o corta la parte aérea cada vez que rebrota unos 10-15 cm, de mayo a septiembre, sin dejar que reponga reservas. Un año de constancia debilita la mata mucho más que tres cavados.
Oxalis (vinagreras): se arranca en invierno, antes de febrero, cuando la mata está verde y aún no ha engordado los bulbillos nuevos; hay que levantar con paleta toda la porción de tierra, no tirar del tallo, porque el tallo se parte justo por encima del bulbo. En verano desaparece sola de la vista y no hay nada que hacer.
Romaza y diente de león: extracción con azadón estrecho o sacadiente, con suelo húmedo, procurando sacar los primeros 15 cm de raíz. Si queda un trozo, rebrota, pero cada extracción lo debilita.
Juncia: lo único razonable en jardín doméstico es acolchado opaco mantenido durante toda una temporada y arrancado manual de los brotes que asomen, cada 10-15 días entre mayo y septiembre.
Adelantarse: falsa siembra, acolchado y solarización
Quitar hierbas ya nacidas es la parte más costosa. Tres técnicas mueven el trabajo a un momento más cómodo.
La falsa siembra consiste en preparar el bancal dos o tres semanas antes de sembrar o plantar, regarlo como si ya estuviera cultivado y dejar que germine la primera tanda de hierbas. Cuando están en cotiledones, se eliminan con un pase muy superficial de azadilla o un rastrillo, sin remover en profundidad —removerlo hondo sube semillas nuevas a la zona de germinación—. El cultivo se instala después con el terreno mucho más limpio. Es especialmente útil antes de sembrar zanahoria o cebolla, que nacen despacio y no compiten.
El acolchado (paja, corteza de pino, restos de siega secos, hojas) puesto en capa de 5-8 cm impide la germinación de casi todas las anuales, que necesitan luz. El momento de instalarlo es con el suelo ya limpio y húmedo: en marzo-abril en zonas frescas, y a finales de abril o mayo en clima mediterráneo, justo antes del calor, para que además conserve humedad. Ponerlo sobre un suelo lleno de hierbas vivas no sirve de nada.
La solarización es la carta de julio y agosto: se riega a fondo, se cubre el bancal con plástico transparente fino bien sellado por los bordes y se deja de seis a ocho semanas con el sol de pleno verano. Reduce mucho el banco de semillas superficial y también nematodos y hongos del suelo. Funciona en el centro y sur peninsular y en el levante; en el norte, con veranos nublados, rinde poco.
Errores de calendario que salen caros
Dejarlo para "cuando tenga un día entero". Media hora cada dos semanas en primavera resuelve más que una jornada completa en junio. La escarda es una tarea de frecuencia, no de intensidad.
Segar el césped muy bajo para "quitar las hierbas". El efecto es el contrario: el corte rasante debilita la gramínea del césped y deja hueco y luz para que entren llantén, trébol y Poa annua. Un césped segado a 5-6 cm en verano tapa la superficie y compite él solo.
Usar sal para los caminos. Se lee a menudo como remedio casero. La sal no se degrada: se lava con la lluvia hacia los bancales y raíces vecinas y deja el suelo salinizado durante años. Para juntas de pavimento y gravilla, agua hirviendo o quemador térmico repetido cada tres o cuatro semanas en primavera y verano hacen el trabajo sin ese efecto.
Contar con el vinagre como si fuera un herbicida sistémico. El ácido acético doméstico quema la parte aérea de plántulas tiernas y poco más; sobre vivaces, la mata rebrota en una semana desde la raíz intacta.
Compostar hierbas granadas. Un compostador doméstico rara vez pasa de 45-50 °C de forma sostenida, y muchas semillas aguantan. Si el montón no se calienta, esas hierbas vuelven al jardín con el compost.
Cuándo conviene no quitarlas
No toda hierba espontánea estorba. En zonas de jardín no cultivado, una cubierta de vegetación espontánea en invierno protege el suelo de la erosión por lluvia, alimenta la fauna del suelo y da flor temprana a abejas y sírfidos en febrero y marzo, cuando casi no hay nada más abierto. En un olivar o en un frutal, esa cubierta se siega en abril y se deja como acolchado en superficie.
La condición es siempre la misma: segarla o retirarla antes de que grane. Tolerar hierba no es lo mismo que dejarla semillar. Y en el alcorque inmediato de un árbol joven o de una planta recién puesta, tolerancia cero durante los dos o tres primeros años: ahí la competencia por agua se nota en el crecimiento.
En resumen
El buen momento no lo marca el calendario del mes, sino el estado de la planta: plántula de dos a cuatro hojas y, en todo caso, siempre antes de la floración. En la Península eso significa pasar a finales de noviembre y en febrero por la tanda de invierno, y de finales de abril a junio por la de verano, repitiendo cada dos o tres semanas mientras haya riego. Arranca con el suelo a tempero y escarda con la superficie seca y sol por delante. Con las vivaces de rizoma o bulbillo, olvida la azada y trabaja por agotamiento, extracción cuidadosa o acolchado opaco sostenido. Y adelanta trabajo con falsa siembra, acolchado y, en el sur, solarización de verano. La luna no cambia nada; la constancia cada quince días, sí.