El sulfato de hierro es probablemente el producto más vendido y peor utilizado de la jardinería española. Se compra para las hojas amarillas, se echa a puñados sobre la tierra y, cuando no funciona, se echa más. En la mayoría de los casos el problema no era la falta de hierro en el suelo, y el sulfato no era la solución adecuada.

Merece la pena entender qué es exactamente, en qué condiciones sirve y en cuáles hace poco o nada, porque bien usado es barato y muy eficaz, y mal usado mancha el pavimento, quema el césped y no resuelve la clorosis.

Qué es el sulfato de hierro

Es una sal de hierro y ácido sulfúrico. Al disolverse en agua libera hierro y sulfato, y acidifica ligeramente el medio. En jardinería se venden dos formas, que no son intercambiables aunque en las tiendas se traten como si lo fueran.

Sulfato ferroso o sulfato de hierro (II), FeSO₄·7H₂O, también llamado caparrosa verde. Cristales de un verde azulado característico. Es la forma más habitual y la más útil, porque el hierro está en estado ferroso (Fe²⁺), que es la forma que la planta puede absorber directamente. Su inconveniente es que se oxida con facilidad: en contacto con el aire y con suelo básico pasa a férrico y precipita, quedando inutilizable para la planta.

Sulfato férrico o sulfato de hierro (III), Fe₂(SO₄)₃. De color pardo amarillento. El hierro ya está oxidado (Fe³⁺) y la planta no lo aprovecha bien; además acidifica más agresivamente. Se emplea sobre todo en tratamiento de aguas y como potente acidificante, no como aporte nutricional.

En resumen: para nutrir plantas, sulfato ferroso, el de los cristales verdes. Cómpralo entero y bien cerrado; si el saco tiene grumos apelmazados de color óxido, está oxidado y ha perdido buena parte de su eficacia.

Cristales verdes de sulfato de hierro

Para qué sirve el hierro en la planta

El hierro no forma parte de la molécula de clorofila, al contrario de lo que se repite a menudo, pero es imprescindible para sintetizarla: interviene como cofactor en varias enzimas de la ruta de biosíntesis. Sin hierro, la hoja no puede fabricar clorofila nueva y se vuelve amarilla.

Participa además en la cadena de transporte de electrones de la fotosíntesis y la respiración, en la fijación de nitrógeno en las leguminosas y en la actividad de las catalasas y peroxidasas, que protegen a la célula del estrés oxidativo.

Lo característico es que el hierro es poco móvil dentro de la planta. No se redistribuye desde las hojas viejas hacia las nuevas. Por eso la carencia de hierro se manifiesta siempre en las hojas jóvenes, las de las puntas de los brotes, que amarillean dejando la nervadura verde, mientras las hojas viejas siguen normales. Si el amarilleo empieza por las hojas viejas, no es hierro: probablemente sea nitrógeno o magnesio, y el sulfato de hierro no te va a servir de nada.

Hoja con clorosis férrica, nervios verdes sobre limbo amarillo

La clorosis férrica casi nunca es falta de hierro

Este es el punto que cambia la forma de usar el producto. Los suelos españoles, en su mayoría calizos, contienen hierro de sobra: es uno de los elementos más abundantes de la corteza terrestre. Lo que ocurre es que a pH por encima de 7,5 el hierro precipita como hidróxido férrico insoluble y la raíz no puede tomarlo.

Es una carencia inducida, no una carencia real. Y tiene una consecuencia práctica importante: si echas sulfato ferroso al suelo calizo, en cuestión de días ese hierro se oxida y precipita igual que el que ya había. Por eso tanta gente aplica sulfato de hierro al pie de un árbol clorótico durante años sin ningún resultado.

Factores que agravan la clorosis: el encharcamiento, porque la falta de oxígeno en la raíz impide el mecanismo de reducción del hierro; el riego con agua muy dura y bicarbonatada, típica de gran parte de la Península; la compactación del suelo; y las temperaturas bajas de primavera, que ralentizan la absorción. Muchas veces, arreglar el drenaje resuelve más clorosis que cualquier producto.

Cuándo y cómo se aplica

Época. El mejor momento es el final del invierno y la primavera, coincidiendo con el arranque de la brotación, entre febrero y mayo según zona. Un segundo aporte en septiembre funciona bien. Evita el pleno verano: con calor y sol directo, el producto quema el follaje y se oxida antes de que la planta lo aproveche. Aplica siempre en días nublados o a última hora de la tarde.

Disuelto en agua de riego. Es la forma más práctica. Disuelve entre 20 y 30 gramos por cada 10 litros de agua, unas dos cucharadas soperas, y riega generosamente la zona de raíces. Repite cada 15 o 20 días hasta que las hojas nuevas salgan verdes, con un máximo de tres o cuatro aplicaciones por temporada. Riega la tierra antes con agua sola: sobre sustrato seco es fácil quemar raicillas.

En el jardín, en seco. Se puede espolvorear en la proyección de la copa, nunca pegado al tronco, y enterrarlo ligeramente con un rastrillo antes de regar a fondo. Como orientación, 20-40 g/m². En árboles grandes y cloróticos crónicos es más eficaz hacer agujeros de unos 30 cm de profundidad con una barra alrededor del árbol, a la altura del borde de la copa, y depositar el producto ahí: llega a la zona de raíces activas y tarda más en oxidarse en superficie.

En macetas. Siempre disuelto y a dosis más baja, en torno a 10-15 g por cada 10 litros. El volumen de sustrato es pequeño y las sales se acumulan rápido. Si riegas con agua muy dura, corregir el agua o pasar a agua de lluvia da mejor resultado que insistir con el sulfato.

En césped. El sulfato de hierro se usa además para reverdecer e intensificar el color y como control de musgo, porque el musgo es especialmente sensible al hierro. Dosis de 15-25 g/m² disueltos y aplicados con pulverizador o regadera. Riega inmediatamente después con agua limpia para lavar el producto del follaje. Aplicado en exceso o sin regar después, quema la hierba y deja manchas oscuras.

Vía foliar: la aplicación que sí resuelve rápido

Sí se puede aplicar por vía foliar, y en suelos calizos es la forma más eficaz de corregir una clorosis a corto plazo, porque el hierro entra directamente por la hoja y se salta el problema del pH del suelo.

Se prepara una disolución diluida, del orden de 5 gramos por litro (0,5%), y se pulveriza sobre el envés de las hojas hasta empapar, a última hora de la tarde y nunca con sol directo ni con más de 28-30 °C. Añadir unas gotas de jabón potásico como mojante mejora la adherencia. Verás mejoría en una o dos semanas.

Tres avisos. Primero, mancha: deja marcas oxidadas persistentes en pavimento, piedra, madera y ropa, así que protege lo que haya alrededor. Segundo, como el hierro no se mueve dentro de la planta, solo reverdecerán las hojas mojadas; el efecto no llega a la brotación futura, y hay que repetir. Tercero, es un parche: si el suelo sigue a pH 8,3 y encharcado, la clorosis volverá.

Cuándo usar quelatos en vez de sulfato

Para un caso serio de clorosis en suelo calizo, la solución de verdad es el quelato de hierro, no el sulfato. El quelato es hierro protegido por una molécula orgánica que impide que precipite. El más eficaz en suelos básicos es el Fe-EDDHA, que mantiene el hierro disponible hasta pH 9. El Fe-EDTA, mucho más barato, deja de funcionar por encima de pH 6,5, así que en la mayoría de los jardines españoles es dinero perdido.

Dicho esto, el sulfato ferroso sigue teniendo su terreno: es muchísimo más económico, va bien en suelos neutros o ácidos, sirve como aporte de azufre, acidifica ligeramente y es la opción práctica para céspedes y para aplicación foliar puntual. En suelo muy calizo y para un árbol valioso, gasta en EDDHA.

Hortensia de flores azules en suelo ácido

Precauciones

Usa guantes: el sulfato ferroso irrita la piel y es corrosivo para los ojos. Es tóxico por ingestión, sobre todo para niños y perros, así que guárdalo cerrado y fuera de alcance. No lo mezcles en el mismo caldo con productos alcalinos ni con fosfatos, porque precipita y pierde eficacia. No lo apliques sobre acidófilas ya bien verdes solo por costumbre: un exceso de hierro bloquea la absorción de manganeso y produce una carencia inducida.

Y no lo uses como acidificante general del suelo esperando bajar el pH del jardín. Bajarlo de verdad exige azufre elemental en cantidad y varios meses; el sulfato de hierro solo consigue un descenso local y pasajero alrededor del punto de aplicación.

En resumen

Compra sulfato ferroso, el de cristales verdes, y guárdalo bien cerrado. Aplícalo entre febrero y mayo o en septiembre, nunca con calor fuerte ni sol directo, a 20-30 g por 10 litros en riego, 20-40 g/m² en jardín y 5 g por litro en pulverización foliar, siempre sobre tierra ya húmeda. Antes de tratar, comprueba que el amarilleo aparece en las hojas nuevas con los nervios verdes: si empieza por las hojas viejas, el problema es otro. Y ten claro que en suelo calizo el sulfato es un parche que se oxida en días; ahí la solución real es corregir el drenaje y el agua de riego y usar quelato Fe-EDDHA.


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