Arrancar hierbas cuando ya están espigadas es llegar tarde. Para entonces cada planta ha soltado o está a punto de soltar miles de semillas que se quedan en el suelo esperando su momento, y el trabajo de esa tarde solo sirve para mejorar el aspecto del jardín durante dos semanas. El refrán de los hortelanos lo resume mejor que cualquier manual: un año de semillas, siete años de escardas.

De ahí que la pregunta de cuándo importe tanto como la de cómo. Una escarda de veinte minutos en el momento adecuado ahorra tres jornadas de azada en junio.

Qué es una mala hierba (y cuáles no molestan)

La etiqueta no describe a la planta, sino al sitio donde está. Las llamamos adventicias o arvenses: especies rústicas, de crecimiento rápido y semilla abundante, que colonizan cualquier suelo removido, regado y con luz. Es decir, exactamente lo que es un huerto o un parterre recién plantado.

Antes de arrancarlo todo, conviene separar. En el borde de un seto o bajo un árbol, una cubierta de Trifolium repens, Medicago o llantén no compite con nada, protege el suelo del sol y alimenta polinizadores. Las que hay que quitar sin dudar son las que compiten por agua, luz y nutrientes con lo que has plantado, las que hospedan plagas —la Sonchus y la ortiga son reservorio de pulgón— y las que se van a convertir en un problema estructural, como la corregüela o la grama.

Anuales o perennes: la distinción que lo decide todo

Todo lo demás depende de esto, y es donde fallan los intentos de control mal enfocados.

Las anuales viven de la semilla: Stellaria media (pamplina), Poa annua, Senecio vulgaris, Chenopodium album, Amaranthus retroflexus, Portulaca oleracea (verdolaga), Sonchus oleraceus (cerraja), Erigeron (conyza). Basta con cortarlas o arrancarlas antes de que florezcan. Si consigues eso dos o tres años seguidos, el banco de semillas del suelo se agota y el trabajo baja de forma muy notable.

Las perennes viven de órganos subterráneos y se ríen de la escarda superficial: Cynodon dactylon (grama), Convolvulus arvensis (corregüela), Cyperus rotundus (juncia, con tubérculos en cadena a 20 cm de profundidad), Oxalis pes-caprae (el vinagrillo amarillo del sur y el litoral, que produce bulbillos), Rumex, Taraxacum officinale, Equisetum arvense. Con estas, cortar la parte verde equivale a podarlas: rebrotan con más vigor. Hay que sacar el rizoma, el tubérculo o la raíz entera, o agotarlas cortando cada rebrote durante toda una temporada.

Por eso pasar el motocultor sobre una parcela invadida de grama, juncia u oxalis convierte una tarde de trabajo en varias temporadas de escarda. La máquina trocea los rizomas y bulbillos y los reparte por toda la superficie, y cada fragmento de dos centímetros da una planta nueva. En una semana el problema se ha multiplicado por cincuenta.

Motocultor labrando el suelo del huerto

Cuándo quitarlas

Hay tres momentos que mandan sobre el calendario.

Cuando son pequeñas. Entre el cotiledón y las 3-4 hojas verdaderas, con menos de 5 cm, una plántula sale con un roce de azadilla y muere en una tarde de sol. Con 20 cm hace falta arrancarla con la mano, remueve tierra al salir y deja un hueco por el que germinan otras. Este es el criterio principal: en la temporada activa, revisa cada dos o tres semanas y no dejes que ninguna pase de esa talla.

Antes de la floración, sin excepciones. Una sola planta de Amaranthus o de Chenopodium puede producir decenas de miles de semillas viables. Si vas a poder dedicar una sola tarde al jardín en todo el mes, dedícala a cortar lo que está a punto de espigar, aunque el resto se quede.

Con el suelo húmedo, si vas a arrancar de raíz. El día después de una lluvia o de un riego generoso, las perennes salen enteras. En suelo seco y arcilloso la raíz se parte y queda el trozo que rebrota. Ahora bien, para escardar con azada pasa lo contrario: interesa un día seco, soleado y algo ventoso, para que las plántulas cortadas se deshidraten en la superficie en lugar de reenraizar.

En cuanto a estaciones, el clima peninsular concentra la germinación en dos oleadas. La primera llega con las lluvias de octubre y noviembre, y produce las hierbas de invierno (pamplina, Poa, ortiga muerta, cerrajas), que crecen despacio y se controlan bien en diciembre y enero con poco esfuerzo. La segunda, la fuerte, va de febrero a mayo, y es la que decide cómo va a ser el verano: si el jardín llega a abril limpio, el año es fácil. En zonas de regadío aparece una tercera tanda estival de verdolaga, amarantos y juncia entre junio y agosto, alimentada por el riego, y solo prospera donde llega el agua.

Cómo quitarlas en el jardín y el huerto

Escarda con azada o azadilla. Es el método de referencia para anuales. La clave está en el gesto: hay que cortar deslizando el filo un par de centímetros por debajo de la superficie, no cavar. Cada vez que volteas tierra profunda subes semillas enterradas a la zona de germinación y siembras la siguiente tanda. Con una azada bien afilada, o una escardilla de tipo oscilante, se limpia un bancal entero en minutos.

Eliminando hierbas del suelo con una azada

Arranque manual con horquilla. Para perennes y para lo que crece pegado a plantas de cultivo. Se afloja alrededor con una horquilla de mano o una laya y se tira despacio y en vertical. Con Taraxacum y Rumex, cualquier trozo de raíz principal que quede rebrota, así que hay que llegar hasta abajo. Con Oxalis pes-caprae, el objetivo no es la hoja sino la sarta de bulbillos: si se arranca en febrero, cuando aún no los ha formado, se avanza; si se hace en abril, los bulbillos se quedan en el suelo y estarás repitiendo la faena cada invierno.

Acolchado. Es lo que de verdad reduce el trabajo a largo plazo. Una capa de 5-8 cm de corteza de pino, paja, restos de siega secos o astilla sobre suelo ya limpio impide germinar a casi todo, porque estas semillas suelen ser diminutas y necesitan luz y contacto con la superficie. Bajo el mulch, una capa de cartón sin tintas ni cintas adhesivas ayuda mucho el primer año. Deja siempre unos centímetros libres alrededor del cuello de las plantas para que no se pudra.

Falsa siembra. Truco de horticultor que funciona: prepara el bancal dos o tres semanas antes de sembrar, riégalo y deja que germine todo lo que tenga que germinar. Cuando el suelo se cubra de plántulas, pásales la azada en superficie o quémalas y siembra sin volver a remover. Reduces muchísimo la competencia justo en la fase en que el cultivo es más vulnerable.

Solarización. Para zonas muy invadidas y superficies que puedes dejar en barbecho. Se riega a fondo, se cubre el suelo con plástico transparente —no negro— bien sellado por los bordes y se deja de junio a agosto, seis u ocho semanas. En el interior y el sur peninsular el suelo supera con holgura los 45 °C en los primeros centímetros y mueren semillas, plántulas y buena parte de los patógenos. En la cornisa cantábrica es bastante menos eficaz.

Riego localizado. Sustituir el aspersor o la manguera por goteo en el huerto y los parterres deja seca la mitad de la superficie. El agua es el factor que más limita la germinación en verano, y regar solo donde hay cultivo elimina de golpe una parte grande del problema.

Desbrozadora térmica. Sirve para juntas de pavimento, gravas y caminos. El calor revienta las células de la parte aérea; no hace falta quemar la planta hasta calcinarla, basta un par de segundos. No mata perennes con rizoma, así que en esos casos hay que repetir hasta agotarlas.

En el césped

Un césped denso es el mejor herbicida que existe. Cuando aparece trébol, llantén, dientes de león o verónica de forma masiva, casi siempre hay una causa detrás: siega demasiado baja, suelo compactado, riegos cortos y frecuentes o falta de nitrógeno. Subir la altura de corte a 5-6 cm, escarificar y airear en primavera u otoño, regar más espaciado y en profundidad, y resembrar los claros, hace más que cualquier producto.

Para lo que quede, extractor de raíces largas —esa herramienta estrecha con horquilla en la punta— y resiembra inmediata del hueco, porque si no lo ocupas tú lo ocupará la siguiente semilla que llegue.

En macetas y jardineras

Ahí la solución es siempre manual: se arranca con la mano en cuanto asoman, con el sustrato húmedo, y se acabó. Ningún herbicida en un recipiente de riego frecuente, con las raíces del cultivo a pocos centímetros y sin volumen de suelo que diluya nada.

Dos observaciones útiles. Si en un tiesto salen hierbas continuamente, suele venir con el sustrato: los sustratos baratos poco compostados llegan con semillas viables. Y si lo que aparece es musgo o hepáticas (Marchantia, esa costra verde plana con forma de hígado), eso no es una mala hierba corriente sino un aviso: exceso de humedad permanente en superficie, sustrato compactado y poca luz. Se retira la capa superior, se afloja, se corrige el riego y se remata con un centímetro de grava volcánica o arlita encima, que seca rápido y no deja germinar nada.

Herbicidas y remedios caseros

En jardinería doméstica solo se pueden usar productos autorizados expresamente para uso no profesional en jardinería exterior, que vienen así indicado en la etiqueta y en dosis preparadas. Comprar formulaciones agrícolas concentradas para el jardín de casa no es legal ni sensato. En espacios de uso público hay además restricciones específicas. Y ningún herbicida resuelve una invasión: si no cambias las condiciones que la favorecen, todo vuelve.

Sobre los remedios que circulan, conviene ser claro. La sal no debe usarse jamás en suelo de jardín: destruye la estructura, permanece durante años, se mueve con el agua y puede matar el seto o el árbol de al lado. El vinagre de cocina quema la parte aérea de plántulas tiernas y nada más; sobre una corregüela establecida no hace absolutamente nada, y aplicado con constancia acidifica y castiga la vida del suelo. El agua hirviendo sí sirve, y es la opción razonable para juntas de baldosas y grava, siempre lejos de raíces de plantas que quieras conservar.

Qué hacer con lo arrancado

Las hierbas jóvenes sin flor son excelente material para el compost o para dejarlas secando sobre el propio bancal como acolchado. En cambio, lo que ya tiene semilla y los rizomas de grama, juncia u oxalis no deben ir a un compostador doméstico: rara vez alcanza temperaturas suficientes durante el tiempo necesario, y lo que harás será repartir el problema por todo el jardín con la enmienda del año siguiente. Esos restos, al contenedor de vegetales, o metidos en un cubo con agua durante unas semanas antes de compostar el líquido resultante.

En resumen

El control de las adventicias se gana con el calendario, no con la fuerza. Identifica primero si lo que tienes es anual o perenne: a las primeras se las corta en superficie cuando miden menos de cinco centímetros y siempre antes de que florezcan; a las segundas hay que sacarles el rizoma o el bulbillo con el suelo húmedo, y nunca pasarles un motocultor por encima. Aprovecha las dos oleadas de germinación, la de octubre y la de febrero a mayo, acolcha todo lo que puedas, riega por goteo y mantén el césped alto y denso. Deja los herbicidas para lo que no admite otra cosa, olvídate de la sal y el vinagre, y no eches al compost ni semillas ni rizomas.


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