Los insecticidas caseros funcionan, pero no contra todo ni de cualquier manera. Son muy eficaces frente a las plagas de cuerpo blando (pulgón, mosca blanca, araña roja, trips, cochinilla en su fase móvil) y prácticamente inútiles contra orugas, escarabajos, caracoles o larvas del suelo. Saber eso de antemano ahorra litros de preparados inservibles y bastante frustración.

Antes de preparar nada: identifica la plaga

Es el paso que casi todo el mundo se salta y el que determina si el tratamiento va a servir de algo. Da la vuelta a las hojas y mira el envés, que es donde vive casi todo, y observa los brotes tiernos y las axilas.

Pulgón: colonias densas de insectos verdes, negros o amarillentos en brotes nuevos y capullos, con brotes deformados, hojas rizadas hacia dentro y melaza pegajosa que después se ennegrece con la fumagina.
Mosca blanca: nubes de pequeños insectos blancos que echan a volar al mover la planta, con puntos blancos fijos en el envés.
Araña roja (Tetranychus urticae): punteado amarillento fino en el haz, aspecto plateado o bronceado del follaje y telarañas muy finas en los ápices. Aparece con calor y aire seco.
Cochinilla algodonosa: masas blancas algodonosas en axilas y nervios.
Cochinilla de escudo: bultitos marrones adheridos a tallos y hojas que se despegan con la uña. En su fase adulta el escudo la protege y los caseros apenas la afectan.
Trips: manchas plateadas con puntos negros de excrementos, sobre todo en flores.
Orugas: mordeduras irregulares y excrementos oscuros. Aquí ningún insecticida casero va a resolverte el problema.

Y una comprobación previa importante: busca fauna auxiliar antes de tratar. Si ves mariquitas, larvas de mariquita (parecen pequeños cocodrilos grises y naranjas), larvas de sírfido o momias de pulgón abultadas y doradas (parasitadas por Aphidius), la plaga ya está siendo controlada y un tratamiento indiscriminado te dejará sin depredadores y con un rebrote peor a las dos semanas.

El más eficaz de todos: jabón potásico

Si solo vas a preparar una cosa, que sea esta. El jabón potásico es la base de la lucha casera y el ingrediente que multiplica la eficacia de todos los demás preparados.

Dosis: de 10 a 20 ml de jabón potásico por litro de agua, es decir, del 1 al 2 %. Con agua muy dura conviene usar agua de lluvia o descalcificada, porque la cal reduce su efecto.

Cómo actúa: por contacto físico. Disuelve la capa cerosa de la cutícula del insecto y provoca su deshidratación, además de obstruir los espiráculos por los que respira. No es un veneno, así que no genera resistencias.

Cómo se aplica: mojando literalmente el insecto. Lo que no queda empapado no muere, y por eso el envés de las hojas es lo que hay que pulverizar, no el haz. Se aplica al atardecer o a primera hora de la mañana, nunca con sol directo ni por encima de 28 o 30 ºC.

Frecuencia: no tiene efecto residual, así que hay que repetir cada 5 a 7 días, tres veces, para alcanzar a los individuos que van naciendo de los huevos que sobrevivieron.

Y una advertencia que hay que subrayar: no uses lavavajillas, detergente de lavadora ni jabón de manos. Es la sustitución casera más habitual y es un error. Esos productos llevan tensioactivos sintéticos, perfumes, sales de sodio y desengrasantes que queman el tejido foliar, y el sodio se acumula en el sustrato y perjudica la raíz. El jabón potásico (sal potásica de ácidos grasos) está formulado para plantas y no cuesta caro.

Insecticida casero de ajo

El ajo (Allium sativum) contiene alicina y diversos compuestos azufrados con acción repelente e insecticida suave. Funciona mejor como disuasorio que como exterminador, lo cual no es poco: aplicado de forma preventiva reduce mucho la colonización por pulgón.

Materiales

Una cabeza de ajos (unos 5 o 6 dientes), 1 litro de agua, un cuchillo o mortero, un colador o tela fina, un recipiente no metálico con tapa, un pulverizador limpio y unas gotas de jabón potásico.

Paso a paso

1. Pela y machaca bien los dientes en un mortero. Cuanto más se rompa el tejido, más alicina se libera; triturar es mejor que cortar.

2. Elige uno de los dos métodos de extracción. En frío: cubre el ajo machacado con el litro de agua y deja macerar 24 horas en un sitio oscuro. En caliente: lleva el agua a ebullición, retira del fuego, añade el ajo y deja infusionar tapado hasta que enfríe. El método frío conserva mejor los compuestos volátiles.

3. Cuela con una tela fina, apretando bien. Filtrar a conciencia es imprescindible: cualquier partícula atasca la boquilla del pulverizador.

4. Diluye el extracto en agua, entre 1:5 y 1:10 según la sensibilidad de la planta. Sin diluir puede quemar el follaje tierno.

5. Añade unos 5 ml de jabón potásico por litro de mezcla final. Actúa como mojante y hace que el líquido se adhiera a la hoja en lugar de resbalar, y de paso aporta su propio efecto insecticida.

6. Prueba en una sola hoja y espera 48 horas antes de tratar toda la planta.

7. Pulveriza al atardecer, mojando bien haz y envés. Repite cada 4 o 5 días mientras dure la presión de la plaga.

Conservación: en la nevera y en recipiente cerrado aguanta unos 3 o 4 días. No lleva conservantes y fermenta rápido; si huele a podrido, tíralo. Prepara solo lo que vayas a usar.

Una variante útil consiste en añadir una o dos guindillas secas trituradas al macerado. La capsaicina refuerza el efecto repelente frente a pulgón y algunos mordedores. En ese caso, usa guantes al manipularlo y no lo pulverices con viento a favor.

Cabezas de ajo para preparar insecticida casero

Otros insecticidas caseros

Extracto de ortiga. Aquí hay que distinguir dos preparados que se confunden todo el tiempo. El extracto rápido (1 kg de ortiga fresca Urtica dioica en 10 litros de agua, macerando solo 12 a 24 horas, sin llegar a fermentar), colado y diluido al 20 %, tiene efecto repelente sobre el pulgón. El purín fermentado, en cambio, es el mismo preparado dejado de 10 a 15 días hasta que deja de hacer espuma, y diluido al 5 o 10 % funciona como fertilizante nitrogenado y bioestimulante, no como insecticida. Es un malentendido muy común: el purín de ortiga fermentado no mata pulgones. Prepáralos siempre con agua de lluvia, en recipiente no metálico, removiendo a diario y lejos de la casa, porque el olor es notable.

Ortiga verde para preparar extractos vegetales

Aceite de neem. Extraído de Azadirachta indica, contiene azadiractina, que actúa como inhibidor de la alimentación y regulador del crecimiento de los insectos. Se usa a razón de 3 a 5 ml por litro, siempre con jabón potásico como emulsionante, porque el aceite no se mezcla con agua. No mata al instante: el efecto se aprecia en 3 a 7 días. No lo apliques con sol directo ni sobre plantas en flor visitadas por abejas. Ten en cuenta que, en España, el uso de neem como fitosanitario está sujeto a registro, así que conviene comprobar la etiqueta del producto que compras.

Alcohol isopropílico contra cochinillas. Para focos pequeños, un bastoncillo empapado en alcohol de 70º aplicado directamente sobre cada cochinilla la disuelve al instante. Para infestaciones más extensas, una mezcla de 1 parte de alcohol, 3 de agua y unas gotas de jabón potásico, probada antes en una hoja porque algunas especies la acusan.

Aceite de parafina o aceite hortícola. Es el tratamiento clásico de invierno contra cochinillas y huevos invernantes en frutales y cítricos. Actúa por asfixia. Se aplica en parada vegetativa y nunca con heladas ni con calor fuerte.

Tierra de diatomeas. Polvo de sílice fósil que actúa mecánicamente, rayando el exoesqueleto de los insectos y deshidratándolos. Útil en seco contra hormigas, pulguilla y algunos coleópteros. Pierde toda su eficacia al mojarse, así que hay que reponerla tras la lluvia. Usa mascarilla al espolvorearla: el polvo es irritante para las vías respiratorias.

Trampas cromáticas. Las láminas adhesivas amarillas capturan mosca blanca, pulgón alado y minadores; las azules, trips. No eliminan una plaga establecida, pero sirven para detectarla pronto y para medir si el tratamiento está funcionando.

Bacillus thuringiensis var. kurstaki. No es casero, pero es la única solución realmente eficaz y selectiva contra orugas, incluida la de la col y la del tomate. Solo afecta a lepidópteros, respeta abejas y fauna auxiliar, y se aplica al atardecer porque la luz ultravioleta lo degrada. Merece la pena tenerlo en el armario.

Preparados que no son insecticidas, aunque se vendan como tales

Bicarbonato sódico o potásico. Es un fungicida preventivo contra el oídio (unos 5 g por litro más unas gotas de jabón), no un insecticida. No hace absolutamente nada contra el pulgón.

Cola de caballo (Equisetum arvense). Su alto contenido en sílice refuerza los tejidos y tiene efecto fungicida preventivo. Tampoco es insecticida.

Canela, café, cáscaras de huevo y remedios similares. Circulan mucho y su efecto sobre plagas está entre lo anecdótico y lo nulo. No pierdas tiempo con ellos si tienes una plaga establecida.

Infusión de tabaco. Es el ejemplo perfecto de que casero no significa inofensivo. La nicotina es un insecticida potente, pero también un neurotóxico peligroso para las personas, está prohibida como fitosanitario en la Unión Europea, y el preparado puede transmitir a las plantas el virus del mosaico del tabaco, que arruina tomateras, pimientos y berenjenas. No lo uses.

Reglas para que funcionen

Prueba siempre en una hoja y espera 48 horas. Las plantas de hoja fina, las suculentas y algunas ornamentales de interior son sensibles.

Aplica al atardecer o a primera hora, nunca con sol directo ni con más de 28 o 30 ºC. Las quemaduras por tratar a mediodía hacen más daño que la plaga.

Moja el envés. Un pulverizador con boquilla regulable que permita llegar por debajo cambia el resultado por completo.

Repite según el ciclo de la plaga. Ninguno de estos preparados mata huevos. Tres aplicaciones espaciadas 5 a 7 días es la pauta mínima.

No trates plantas en floración visitadas por polinizadores, o hazlo al anochecer, cuando las abejas ya no vuelan.

Empieza por lo mecánico. Un chorro de agua a presión sobre los brotes retira buena parte del pulgón y la araña roja. Podar y retirar el brote más infestado suele resolver un foco incipiente sin necesidad de tratar nada.

Cuida el entorno. Aromáticas en flor (hinojo, eneldo, cilantro, alisos, milenrama) atraen sírfidos, crisopas y avispas parasitoides, que son un control gratuito y permanente. Y revisa el abonado: el exceso de nitrógeno produce brotes tiernos y suculentos que son un imán para el pulgón. Muchas veces la plaga es una consecuencia del manejo, no una casualidad.

En resumen

El insecticida casero más eficaz es el jabón potásico al 1 o 2 %, aplicado al atardecer, mojando el envés y repitiendo tres veces cada 5 a 7 días. El de ajo se prepara machacando una cabeza en un litro de agua, macerando 24 horas, colando, diluyendo entre 1:5 y 1:10 y añadiendo jabón potásico como mojante; dura 3 o 4 días en la nevera y funciona sobre todo como repelente.

Completan el repertorio el neem, el alcohol para cochinillas, el aceite de parafina en invierno, la tierra de diatomeas en seco y las trampas cromáticas, mientras que contra orugas la solución real es Bacillus thuringiensis. El bicarbonato y la cola de caballo son fungicidas, no insecticidas, y la infusión de tabaco debe descartarse por peligrosa y por transmitir virus.

Y la idea de fondo: identifica la plaga antes de tratar, comprueba si ya hay fauna auxiliar trabajando por ti, y no sustituyas nunca el jabón potásico por lavavajillas. Un producto casero mal usado quema la planta igual que uno químico mal usado.


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