La mariquita es el insecto auxiliar más popular del jardín y, seguramente por eso, el peor entendido. Se cree que los puntos indican su edad, se confunde su larva con una plaga y se la elimina sin querer, y se compran cajitas de adultos que se van volando al día siguiente. Este artículo explica qué es realmente una mariquita, cómo funciona su ciclo, qué come y —lo que de verdad importa en un jardín— cómo conseguir que se instale y se quede.
Qué es una mariquita y cómo es físicamente
Las mariquitas no son un insecto, sino una familia entera de escarabajos: los Coccinellidae, del orden Coleoptera. Hay unas 6.000 especies descritas en el mundo y cerca de un centenar en la Península Ibérica, de modo que hablar de «la mariquita» en singular es tan impreciso como hablar de «el pájaro».
Físicamente son escarabajos de cuerpo hemisférico, muy convexo por arriba y plano por abajo, con una talla que va desde el milímetro y medio de algunos Scymnus hasta los 8-10 mm de las especies mayores. Lo que vemos como «caparazón» son los élitros, las alas anteriores endurecidas que protegen las alas membranosas plegadas debajo; por eso una mariquita tarda un segundo en «abrirse» antes de despegar. La cabeza queda medio escondida bajo el pronoto, y tiene antenas cortas y mandíbulas masticadoras.
El rojo con lunares negros es solo una de las libreas posibles. En España son frecuentes:
- Coccinella septempunctata, la de siete puntos, la clásica roja de campo.
- Adalia bipunctata, la de dos puntos, muy variable, con formas negras de manchas rojas.
- Hippodamia variegata y Propylea quatuordecimpunctata, comunes en herbáceas y cultivos.
- Rodolia cardinalis, roja y negra irregular, introducida hace más de un siglo para controlar la cochinilla acanalada de los cítricos.
- Cryptolaemus montrouzieri, oscura con la cabeza anaranjada, la especialista en cochinilla algodonosa.
- Scymnus spp., diminutas y peludas, que muchos ni identifican como mariquitas.
Aquí toca desmontar el mito más extendido: el número de puntos no tiene nada que ver con la edad. Una mariquita adulta ya no crece ni cambia de dibujo; los puntos son un carácter de la especie (y, dentro de ella, de la forma o morfo). Una de siete puntos nació con siete y morirá con siete.
El color llamativo es aposemático: una advertencia. Cuando se sienten amenazadas practican la sangría refleja, expulsando por las articulaciones de las patas unas gotas de hemolinfa amarillenta, de olor desagradable y cargada de alcaloides amargos. Un pájaro que prueba una no repite.
Cuánto vive y cómo es su ciclo
Las mariquitas tienen metamorfosis completa y pasan por cuatro etapas muy distintas entre sí:
Huevo. Amarillo o anaranjado, alargado, puesto de pie en grupos de 10 a 50, casi siempre en el envés de una hoja y junto a una colonia de pulgón. La hembra no pone al azar: busca comida para sus crías. Eclosionan en 3-7 días según temperatura.
Larva. Y aquí está el segundo gran malentendido del jardín. La larva de mariquita no se parece en nada a la mariquita: es alargada, algo aplanada, de aspecto acorazado, gris azulada o negra con manchas naranjas o amarillas, y se mueve con rapidez por las hojas. Muchísima gente la toma por una plaga o por una larva de mosquito y la aplasta. Es un error caro, porque la larva es la fase más voraz de toda su vida: pasa por cuatro estadios en dos o tres semanas y puede devorar varios cientos de pulgones antes de transformarse.
Pupa. Se fija por el extremo posterior a una hoja o tallo, queda inmóvil, encogida y de color naranja o negruzco, y ahí permanece de 5 a 10 días. Otro estadio que se confunde a menudo con «un bicho raro» y se retira.
Adulto. Recién emergido es pálido y blando; el color definitivo tarda unas horas o un par de días en asentarse.
Del huevo al adulto pasan aproximadamente de tres a seis semanas, según la temperatura y la abundancia de presa. Un adulto vive normalmente entre unos pocos meses y un año, y en clima peninsular templado hay dos o incluso más generaciones al año. El invierno lo pasan como adultos en diapausa, agrupados a veces por decenas o cientos bajo cortezas, entre piedras, en hojarasca, en huecos de muros y, con frecuencia, en el marco de una ventana o dentro de una caseta.
De qué se alimentan
La mayoría de las mariquitas son depredadoras generalistas de insectos de cuerpo blando. El pulgón es su presa principal, pero también consumen cochinilla algodonosa, ninfas de mosca blanca, ácaros como la araña roja, trips, psilas, huevos de mariposa y pequeñas orugas. Un adulto puede comer del orden de varias decenas de pulgones al día.
Hay dos matices poco conocidos y muy útiles. El primero: los adultos necesitan también polen y néctar para madurar los huevos y para sobrevivir en los momentos en que escasea la presa. Un jardín sin flores no retiene mariquitas aunque tenga pulgón. El segundo: no todas comen insectos. Algunas especies del género Halyzia se alimentan del micelio del oídio —también son útiles, por tanto— y unas pocas son fitófagas de verdad, como Subcoccinella vigintiquatuorpunctata, que roe hojas de alfalfa y tréboles. Son la excepción, no la regla.
Quién se come a las mariquitas
Pese a su mal sabor, tienen enemigos. Algunas aves y arañas las capturan, y varios parasitoides las atacan; el más llamativo es la avispita Dinocampus coccinellae, que pone su huevo dentro del adulto y, al salir la larva, deja a la mariquita viva e inmovilizada montando guardia sobre el capullo. También las afectan hongos entomopatógenos.
Pero en un jardín corriente los dos factores que más las limitan son otros. Uno es las hormigas: muchas especies ordeñan la melaza del pulgón y defienden activamente sus colonias, atacando a las mariquitas y arrancando sus huevos. El otro es la mariquita arlequín, Harmonia axyridis, especie asiática introducida en Europa como control biológico que se ha vuelto invasora, está ya extendida por buena parte de España y depreda larvas y huevos de las mariquitas autóctonas. Se reconoce por su gran variabilidad de color, su tamaño relativamente grande y el dibujo en «M» negra sobre el pronoto blanco.
Cómo atraer mariquitas al jardín o al huerto
Atraerlas no consiste en comprarlas, sino en montar un sitio donde les convenga quedarse. En orden de importancia real:
1. Deja de matar a la fauna del jardín. Es el punto que más resultados da y el que menos se aplica. Los insecticidas de amplio espectro eliminan mariquitas junto con la plaga, y crean el círculo vicioso clásico: sin depredadores, el pulgón rebrota más fuerte a las dos semanas. Y ojo, que esto incluye productos considerados «naturales»: el jabón potásico y las piretrinas matan por contacto a las larvas de mariquita igual que a los pulgones. Si hay que tratar, se trata solo el foco, no la planta entera ni el jardín completo.
2. Tolera algo de pulgón. Suena contraintuitivo, pero es la clave del asunto: sin presa no hay depredador. Un jardín esterilizado no puede sostener mariquitas. Conviene mantener alguna «planta reservorio» —una mata de habas, una capuchina, un rosal viejo— donde el pulgón se instale y las mariquitas encuentren de qué vivir y dónde poner huevos.
3. Pon flores que les den polen y néctar. Las que mejor funcionan son las de corola corta y accesible, en especial las umbelíferas (hinojo, eneldo, cilantro, zanahoria y perejil dejados subir a flor) y las compuestas (manzanilla, caléndula, milenrama, tagetes, cosmos). Añade aliso marítimo (Lobularia maritima), facelia y trébol. Lo importante es escalonar floraciones para que haya algo abierto de marzo a octubre.
4. Controla las hormigas. Si ves un reguero de hormigas subiendo por el tronco de un frutal con pulgón, las mariquitas lo van a tener muy difícil. Bandas adhesivas en el tronco o pastas atrayentes en la base cortan el problema.
5. Dales refugio de invierno. No dejes el jardín «limpio» en otoño: los tallos secos huecos, la hojarasca acumulada en un rincón, un montón de leña o un seto denso son dormideros. Los hoteles de insectos funcionan si están orientados al sur y protegidos de la lluvia, aunque un rincón sin barrer suele dar mejor resultado.
6. Agua. Un plato poco profundo con piedras o canicas para que puedan posarse y beber sin ahogarse.
Si no llegan solas: la suelta de mariquitas
Se pueden comprar en empresas de control biológico. Antes de hacerlo, dos advertencias prácticas.
La primera: compra larvas, no adultos. Los adultos tienen alas y la respuesta natural de un adulto liberado en un sitio nuevo es marcharse; se calcula que la mayoría abandona la zona en pocos días. Las larvas no vuelan, se quedan donde las pones y son, además, la fase más devoradora.
La segunda: elige bien la especie. Para pulgón, Adalia bipunctata es la habitual. Para cochinilla algodonosa (Planococcus, Pseudococcus), la indicada es Cryptolaemus montrouzieri, que en cítricos y ornamentales de interior da muy buenos resultados. Y no adquieras Harmonia axyridis: es la arlequín invasora y su comercialización está restringida en la Unión Europea, con buenas razones.
Sobre cómo hacer la suelta: solo si ya hay plaga presente, porque si no, no tienen qué comer y se van o mueren. Libera al atardecer, con temperatura suave, tras haber pulverizado un poco de agua sobre las plantas, depositando los individuos directamente en las hojas afectadas y no en el suelo. En invernadero o interior el resultado es mucho más fiable que al aire libre, sencillamente porque no se dispersan. Y no apliques ningún insecticida —tampoco jabón potásico— en las semanas previas ni posteriores.
Errores frecuentes que conviene evitar
Aplastar las larvas. Repetido a propósito, porque es el fallo más común. Antes de matar cualquier bicho alargado gris y naranja sobre una hoja con pulgón, mira dos veces.
Recoger mariquitas del campo y soltarlas en casa. Además de ser de dudosa utilidad —vuelven a irse—, se pueden transportar individuos parasitados o enfermos.
Esperar resultados inmediatos. El control biológico no es un insecticida: la población de depredadores va siempre por detrás de la de la presa. La curva del pulgón sube, luego suben las mariquitas y después baja el pulgón. Ese desfase de una o dos semanas es normal y hay que aguantarlo sin echar mano del espray.
Tratar con productos sistémicos «para que no se note». Un neonicotinoide o un sistémico residual deja la planta tóxica durante semanas para todo lo que la visite, incluidos los auxiliares y los polinizadores.
En resumen
Las mariquitas son escarabajos de la familia Coccinellidae, con unas cien especies en la Península, y su valor en el jardín está sobre todo en la fase larvaria, que devora cientos de pulgones y que casi nadie reconoce. Los puntos indican especie, no edad. Comen pulgón, cochinilla, mosca blanca y ácaros, pero los adultos necesitan además polen y néctar.
Para tenerlas, más que comprarlas conviene dejar de fumigar a ciegas, tolerar un poco de pulgón como despensa, sembrar umbelíferas y compuestas, controlar las hormigas y no barrer todos los rincones en otoño. Si aun así hace falta una suelta, mejor larvas que adultos, al atardecer y con la plaga ya presente. Y ni un tratamiento insecticida —ni siquiera de los llamados naturales— alrededor de esa fecha.