Bajo un nogal viejo el suelo suele estar casi pelado, y no es solo cuestión de sombra. A un metro de distancia, fuera de la proyección de la copa, crece hierba sin problema; debajo, los tomates que alguien plantó en primavera amarillean y se mueren sin que ningún hongo ni ninguna plaga expliquen la muerte. Lo que hay ahí es química: la planta está soltando al suelo sustancias que perjudican a sus vecinas. A ese fenómeno se le llama alelopatía.

El término lo acuñó el fisiólogo austríaco Hans Molisch en 1937, uniendo dos palabras griegas que vienen a significar «daño mutuo». Hoy se usa en un sentido algo más amplio: cualquier efecto, negativo o positivo, que una planta ejerce sobre otra a través de compuestos químicos que libera al medio. Ese matiz de la definición es importante y se pasa por alto continuamente. Si una planta le hace sombra a otra, o le roba el agua, o se lleva el nitrógeno antes, eso no es alelopatía: es competencia. La alelopatía es específicamente el efecto químico.

Cómo sale la sustancia de la planta

Los compuestos responsables se llaman aleloquímicos y son casi siempre metabolitos secundarios: fenoles, quinonas, terpenos, alcaloides, glucosinolatos, cumarinas. La planta no los fabrica «para» atacar a nadie —muchos son subproductos de su propio metabolismo o defensas frente a herbívoros—, pero acaban en el suelo por cuatro vías:

Lixiviación. La lluvia lava las hojas y arrastra sustancias solubles hasta el suelo. Es la vía típica del nogal y del eucalipto.

Exudados radiculares. Las raíces vivas segregan compuestos directamente a la rizosfera. Es la vía del sorgo, que exuda sorgoleona por los pelos radiculares.

Descomposición de restos. Hojas caídas, raíces muertas o restos de siega que se degradan y liberan lo que llevaban dentro, a veces transformado por los microorganismos del suelo en algo más activo que el compuesto original.

Volatilización. Terpenos que se evaporan de las hojas y se depositan alrededor. Es lo que ocurre con muchas labiadas mediterráneas: romero, tomillo, salvia, lavanda.

Un dato que ayuda a entenderlo todo: la alelopatía es un fenómeno de dosis. Casi cualquier extracto vegetal concentrado inhibe la germinación de semillas en una placa de Petri. Que eso ocurra también en tu huerto depende de cuánto compuesto llega al suelo, de si se degrada rápido, de si el suelo lo adsorbe. En suelos ricos en materia orgánica y con vida microbiana activa, muchos aleloquímicos se descomponen en semanas y el efecto práctico es nulo. En suelos pobres, arenosos y secos, persisten y se acumulan.

Alelopatía negativa: quién molesta a quién

El caso mejor documentado es el del nogal (Juglans regia, y aún más el nogal negro americano Juglans nigra). Sus tejidos contienen hidrojuglona glucósido, inofensiva mientras está dentro de la planta; al salir y entrar en contacto con el oxígeno se transforma en juglona, una naftoquinona que bloquea la respiración celular de las plantas sensibles. Las hortalizas de la familia de las solanáceas —tomate, patata, pimiento, berenjena— son de las más afectadas, junto con el manzano y muchos rododendros. La concentración máxima está en el suelo bajo la copa y hasta cierta distancia del tronco, donde llegan las raíces. Conviene decir algo que se omite siempre: parte de lo que muere bajo un nogal muere por sombra densa y por competencia radicular, no por juglona. Ambas cosas suman.

Otros casos con evidencia sólida en nuestro entorno:

Eucalipto (Eucalyptus globulus y afines). Sus hojas contienen 1,8-cineol y otros terpenos que inhiben la germinación. En una plantación de eucalipto el sotobosque escasea por la suma de alelopatía, consumo de agua y una hojarasca que se descompone mal.

Ailanto (Ailanthus altissima), el árbol del cielo, invasor agresivo en media España. Produce ailantona, un cuasinoide fitotóxico potente. Es una de las razones de que forme masas casi monoespecíficas.

Jara pringosa (Cistus ladanifer). El látex resinoso de sus hojas contiene flavonoides y diterpenos que inhiben a las herbáceas de su alrededor. Quien haya visto un jaral sabe lo limpio que está el suelo entre mata y mata.

Grama (Cynodon dactylon) y juncia (Cyperus rotundus). Además de ser malas hierbas difíciles por sus rizomas y tubérculos, ambas liberan compuestos que frenan a los cultivos vecinos. Es una de las razones de que un huerto invadido de grama rinda mal aunque la desbroces.

Higuera (Ficus carica). El látex y los restos de hoja tienen actividad inhibidora sobre la germinación de varias herbáceas. En el jardín rara vez es un problema serio, porque la higuera se planta aislada y su sistema radicular ya compite bastante por sí solo.

Higuera adulta con su copa amplia y el suelo despejado a su alrededor

Y hay un caso que afecta al jardinero de manera muy directa aunque no lo relacione con esto: la autotoxicidad, o alelopatía de una especie sobre sí misma. Es lo que hay detrás de la llamada «fatiga del suelo» o enfermedad de replantación. Si arrancas un rosal viejo y plantas otro rosal en el mismo hoyo, el nuevo casi nunca prospera; lo mismo pasa con manzano sobre manzano, melocotonero sobre melocotonero o espárrago sobre espárrago. Intervienen hongos y nematodos del suelo, pero también compuestos liberados por las raíces viejas. La solución práctica no es abonar más: es cambiar de sitio, o sustituir un volumen generoso de tierra —un hoyo de 60 × 60 × 60 cm como mínimo— y dejar pasar un tiempo antes de replantar.

Alelopatía positiva: lo que es y lo que se le atribuye de más

Aquí hay que ser honesto, porque este es el terreno donde más se ha escrito sin datos detrás. Existen efectos químicos favorables entre plantas, y están descritos. Las gramíneas liberan por sus raíces fitosideróforos, moléculas que quelan el hierro del suelo y lo hacen asimilable; una leguminosa intercalada con cereal en suelo calizo aprovecha ese hierro solubilizado y sufre menos clorosis. Las estrigolactonas exudadas por muchas raíces estimulan la germinación de esporas de hongos micorrícicos, que después conectan plantas vecinas. Y algunos aleloquímicos, a dosis bajas, actúan como estimulantes del crecimiento en lugar de como inhibidores: el mismo compuesto puede frenar a 100 ppm y estimular a 1 ppm.

Lo que hay que matizar es el catálogo de «plantas amigas» que circula por todas partes. Muchas de esas asociaciones funcionan, pero no por alelopatía. La albahaca junto al tomate ayuda porque confunde olfativamente a algunos insectos y porque aporta flores a los auxiliares, no porque le pase nada químico por la raíz. La caléndula, el hinojo o el eneldo atraen sírfidos y avispas parasitoides. El ajo entre las fresas actúa por sus volátiles azufrados sobre patógenos, que es efecto biocida, no alelopatía en sentido estricto.

Y hay una confusión de nombres que conviene deshacer de una vez. El efecto nematicida famoso —el de reducir poblaciones de nematodos del género Meloidogyne en el suelo— lo produce el tagete (Tagetes patula, Tagetes erecta), gracias al α-tertienilo de sus raíces. No lo produce la caléndula (Calendula officinalis), que es otra planta distinta de otro género. Como en gran parte de España a los tagetes se les llama coloquialmente «claveles chinos» o incluso «caléndulas», el consejo se transmite mal y mucha gente planta caléndula esperando un efecto que no va a llegar. Si buscas el efecto sobre nematodos, planta tagete, en cobertura densa, y déjalo al menos dos o tres meses antes de incorporarlo.

Flores de caléndula, a menudo confundida con el tagete en los consejos de asociación de cultivos

Cómo usar la alelopatía a tu favor

Más allá de la curiosidad, esto tiene tres aplicaciones prácticas reales en un huerto o jardín español.

Biofumigación con crucíferas. Las brásicas —mostaza blanca (Sinapis alba), mostaza parda (Brassica juncea), rábano forrajero— acumulan glucosinolatos. Al triturar la planta verde y enterrarla, la enzima mirosinasa los transforma en isotiocianatos, compuestos volátiles emparentados químicamente con los antiguos desinfectantes de suelo. Se siembra en otoño, se siega en plena floración (que es cuando el contenido es máximo), se pica fino, se incorpora en los primeros 15-20 cm, se riega abundantemente y se cubre con plástico durante dos o tres semanas. Reduce inóculo de hongos de suelo y poblaciones de nematodos. Importante: hay que dejar pasar al menos tres semanas desde el destape antes de sembrar nada, porque el isotiocianato también frena la germinación de tu cultivo.

Cubiertas de centeno. El centeno (Secale cereale) produce benzoxazinoides —DIBOA y su derivado BOA— que inhiben la germinación de semillas pequeñas de malas hierbas. Sembrado en octubre-noviembre como cubierta y segado en marzo dejando la paja sobre el terreno, da varias semanas de control de hierba sin herbicida. El mismo mecanismo tiene un efecto colateral: no siembres zanahoria, lechuga ni cebolla directamente sobre esa paja fresca. Trasplantes de porte grande, sin problema.

Acolchados: cuidado con lo fresco. Las virutas y el triturado de eucalipto, pino, nogal o ciprés recién hechos liberan compuestos inhibidores durante las primeras semanas. Sobre un macizo de arbustos ya establecidos no pasa nada. Sobre un semillero o un bancal recién sembrado, puedes cargarte la nascencia. La solución es sencilla: apilar el triturado y dejarlo compostar tres o cuatro meses antes de usarlo. Con las hojas de nogal, lo mismo: al compost sí, pero a un compost que caliente bien y con varios meses por delante; la juglona se degrada con la actividad microbiana.

Cómo saber si lo que te pasa es alelopatía

Antes de culpar a la química, descarta lo evidente, que es lo que falla nueve de cada diez veces: compactación, encharcamiento, sombra, competencia radicular de un árbol grande, pH inadecuado, restos de herbicida. Un síntoma orientativo de alelopatía es que las semillas germinan y las plántulas se quedan paradas, con raíces cortas y engrosadas, sin necrosis ni podredumbre, y que el efecto se atenúa con la distancia a la planta sospechosa.

Si quieres una comprobación casera, funciona el bioensayo clásico con lechuga. Prepara un extracto acuoso del material sospechoso (hojas, raíces o tierra de la zona) dejándolo macerar 24 horas en agua destilada, filtra, y humedece con él un papel de filtro en un plato con veinte semillas de lechuga (Lactuca sativa). Monta a la vez otro plato idéntico solo con agua destilada. A los cuatro o cinco días, a temperatura ambiente y en oscuridad, compara porcentaje de germinación y longitud de la radícula. La lechuga es tan sensible que se usa como indicador estándar en laboratorio.

Errores frecuentes

Llamar alelopatía a toda incompatibilidad. Que dos plantas se lleven mal juntas suele deberse a que compiten por lo mismo, o a que una atrae la plaga de la otra, o a que necesitan riegos incompatibles.

Creer que las acículas de pino acidifican el suelo. Es la creencia más extendida y es falsa en la práctica. Las agujas frescas son ácidas, sí, pero al descomponerse su efecto sobre el pH del suelo es despreciable; el suelo del pinar es ácido normalmente porque el pino se instala en suelos que ya lo eran. Lo que sí tienen las acículas frescas es cierta actividad inhibidora sobre la germinación. Acolchar arándanos con ellas está bien, pero no esperes que te bajen el pH.

Extrapolar del laboratorio al bancal. «Se ha demostrado que el extracto de X inhibe a Y» significa, casi siempre, que un extracto concentrado inhibió a Y en una placa. En campo, con lluvia, microbios y raíces, puede no verse nada.

Plantar bajo el nogal y culpar al abono. Si tienes un nogal adulto, asume la zona bajo la copa y unos metros alrededor como terreno para especies tolerantes: gramíneas, algunos bulbos, hostas en zonas frescas, forsitia, saúco. Los tomates, en otro sitio.

En resumen

La alelopatía es la influencia química de una planta sobre otra, ejercida mediante compuestos que libera por sus hojas, sus raíces o sus restos al descomponerse. La versión negativa está bien documentada y explica el suelo desnudo bajo nogales, eucaliptos, ailantos y jarales, además de la fatiga del suelo cuando se replanta rosal sobre rosal o frutal sobre el mismo frutal. La versión positiva existe, pero es mucho más discreta de lo que sugiere la literatura de plantas amigas: buena parte de esas asociaciones funcionan por motivos que no son químicos, y conviene no confundir el tagete —que sí actúa sobre nematodos— con la caléndula. En la práctica, lo aprovechable es la biofumigación con mostazas, la cubierta de centeno como herbicida natural y la precaución elemental de compostar los acolchados de madera resinosa antes de echarlos sobre un semillero.


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