El pimiento de invernadero de Almería cambió de modelo en tres campañas. A partir de 2007, con las plagas de mosca blanca resistiendo ya a casi todo lo que se pulverizaba, el sector pasó de tratar con insecticidas a soltar chinches depredadores dentro de los invernaderos. Hoy prácticamente toda esa superficie se controla con insectos, y no por convicción ecologista: porque funciona mejor y sale más barato. Eso es lucha biológica a escala industrial, y la misma lógica sirve en un huerto de veinte metros cuadrados.
La lucha biológica —o control biológico— consiste en usar organismos vivos para reducir la población de una plaga por debajo del nivel en que causa daño económico. Enemigos naturales contra el organismo que te está estropeando el cultivo: depredadores que se lo comen, parasitoides que ponen sus huevos dentro de él, hongos y bacterias que lo enferman, nematodos que lo invaden. No es un pesticida «natural» aplicado con otro nombre. Es introducir un elemento vivo en el sistema y dejar que haga su trabajo, que es una manera muy distinta de razonar.
La diferencia que casi nadie explica: no se trata de exterminar
Este es el punto donde más se frustra quien empieza. Si sueltas depredadores y esperas que en tres días no quede ni un pulgón, vas a pensar que te han engañado. Un depredador necesita presa para vivir y reproducirse; si acaba con toda la plaga, se muere de hambre o se marcha, y a la semana siguiente la plaga vuelve sin nadie que la frene. El objetivo del control biológico es un equilibrio con población residual: unos pocos pulgones siempre, y una colonia de auxiliares instalada que impide que se disparen.
De ahí se derivan dos consecuencias prácticas. La primera: se suelta pronto, al detectar los primeros focos, no cuando la planta está negra de pulgón. Con la plaga desbordada, la única salida suele ser un tratamiento de choque previo —jabón potásico, por ejemplo— y soltar diez días después. La segunda: hay que aprender a convivir con algo de daño. Una hoja mordida no es un fracaso.
Las tres formas de hacerlo
Control por conservación. Favorecer a los auxiliares que ya viven en tu jardín. Es gratis, es lo primero que hay que hacer y es lo que más se salta la gente, que va directa a comprar bichos por internet. Consiste en dejar setos y márgenes sin segar, mantener flores abiertas y accesibles durante toda la temporada —las umbelíferas son insuperables: hinojo, eneldo, cilantro, zanahoria en flor—, añadir alisón (Lobularia maritima), alforfón (Fagopyrum esculentum), caléndula, y renunciar a los insecticidas de amplio espectro. Muchos auxiliares adultos, incluidos los sírfidos y las crisopas, se alimentan de néctar y polen; sin flores no se quedan, aunque haya presa.
Control aumentativo. Comprar y soltar organismos criados en insectario. Es lo que se hace en invernadero y lo que puede hacer un aficionado. Hay dos variantes: inoculativa, sueltas pequeñas y repetidas para que el auxiliar se establezca y se reproduzca solo, y inundativa, sueltas masivas de un organismo que actúa como un tratamiento y no persiste, que es el caso de los nematodos entomopatógenos.
Control clásico. Importar el enemigo natural de una plaga exótica desde su lugar de origen. Lo gestionan organismos oficiales, no particulares. El ejemplo histórico es la introducción de la mariquita Rodolia cardinalis contra la cochinilla acanalada de los cítricos (Icerya purchasi) a finales del siglo XIX: acabó con una plaga que estaba arruinando la citricultura y sigue controlándola sola más de un siglo después.
Mariquitas: lo que hay que saber antes de comprarlas
Las mariquitas son coccinélidos, y son buenas depredadoras de pulgón, pero hay tres cosas que conviene tener claras.
La primera: quien come pulgón de verdad es la larva, no el adulto. Esa criatura alargada, gris azulada con manchas naranjas, que la gente aplasta creyéndola una plaga, es la larva de mariquita y devora varios cientos de pulgones a lo largo de su desarrollo. Aprender a reconocerla vale más que cualquier compra.
La segunda: si compras adultos de Coccinella septempunctata y los sueltas, se van. El adulto está programado para dispersarse; puedes perder buena parte de la suelta en 48 horas. Por eso los productores serios venden larvas de Adalia bipunctata, que no vuelan y se quedan donde las pones. Suelta al atardecer, con la planta ligeramente humedecida, directamente sobre las colonias de pulgón.
La tercera: no todas las mariquitas hacen lo mismo. Cryptolaemus montrouzieri, un coccinélido oscuro con la cabeza anaranjada, es el especialista en cochinilla algodonosa (Planococcus citri) y es de lo más eficaz que existe para cítricos en maceta y plantas de interior; necesita temperaturas por encima de 20 °C para funcionar bien. Y conviene no confundir a nuestras mariquitas autóctonas con Harmonia axyridis, la mariquita asiática, especie invasora que desplaza a las nativas y que no debe liberarse.
Mantis religiosa: el auxiliar que no lo es tanto
La Mantis religiosa despierta simpatía y aparece en todas las listas de «insectos beneficiosos», pero merece una matización honesta: como herramienta de control biológico es mediocre. Es una depredadora generalista y oportunista: se come lo que le pasa por delante y sea del tamaño adecuado. Eso incluye abejas, sírfidos, crisopas y otras mantis. No discrimina entre plaga y auxiliar, y su densidad de población es siempre baja, así que su impacto sobre una colonia de pulgón o de mosca blanca —presas demasiado pequeñas para interesarle— es casi nulo.
Ninguna empresa europea de control biológico la comercializa como agente contra una plaga concreta, y esa ausencia es informativa. Lo sensato con la mantis es lo contrario de comprarla: respetarla. Si encuentras una ooteca —esa espuma endurecida beige pegada a un tallo seco— en un lugar que vas a podar, corta la rama entera y déjala apoyada en un arbusto. Y no siegues a ras todos los márgenes en otoño, porque ahí es donde están.
Hongos entomopatógenos: Beauveria bassiana y compañía
Beauveria bassiana es un hongo que mata insectos por contacto, no por ingestión, lo cual es una diferencia esencial: sus conidios germinan sobre la cutícula, la perforan enzimáticamente y el micelio invade el interior del insecto. El cadáver acaba cubierto de un fieltro blanco característico —de ahí el nombre clásico de «muscardina blanca»— que libera nuevas esporas.
Se usa contra pulgón, mosca blanca, trips, cochinillas y, en aplicaciones dirigidas, contra el picudo rojo de la palmera. Sus condiciones de trabajo son exigentes y aquí es donde fracasan la mitad de los tratamientos:
Humedad relativa alta, por encima del 70-80 %, durante las horas siguientes a la aplicación. En un verano seco de meseta, sin mojar bien, no germina.
Temperatura moderada, en torno a 20-28 °C. Por encima de 35 °C pierde eficacia.
Nada de sol directo. La radiación ultravioleta destruye los conidios. Se aplica siempre al atardecer.
Mojado total del envés de las hojas, donde está la plaga. Como actúa por contacto, lo que no toques no muere.
Paciencia. El insecto tarda entre tres y siete días en morir. Si esperas el efecto fulminante de un piretroide, vas a repetir el tratamiento antes de tiempo.
En la misma familia funcional están Metarhizium anisopliae (más activo sobre larvas de suelo y también sobre picudo) y Lecanicillium lecanii (pulgón y mosca blanca). Y aunque no sea un hongo, el bioinsecticida más útil para un huerto doméstico es la bacteria Bacillus thuringiensis: la variedad kurstaki contra orugas —incluida la Tuta absoluta del tomate y la procesionaria del pino— y la variedad israelensis contra larvas de mosquito y de esciáridos en el sustrato de las macetas. El Bt sí actúa por ingestión, así que hay que aplicarlo sobre las hojas que la oruga se va a comer, y es mucho más eficaz sobre orugas pequeñas que sobre las ya desarrolladas. También se degrada con el sol: al atardecer, siempre.
Nematodos entomopatógenos y el picudo de la palmera
Los nematodos entomopatógenos son gusanos microscópicos que buscan activamente al insecto, entran por sus aberturas naturales y liberan en su interior bacterias simbiontes que lo matan en 24-48 horas. Se venden en esponja o en polvo mojable, se disuelven en agua y se aplican con regadera o mochila sin filtro fino.
Los tres de uso corriente: Steinernema feltiae contra esciáridos y trips en el suelo, Steinernema carpocapsae contra larvas que viven en galerías, y Heterorhabditis bacteriophora contra larvas de escarabajo en el césped, como las de gusano blanco.
En España su aplicación más conocida es contra el picudo rojo de la palmera (Rhynchophorus ferrugineus), la plaga que ha arrasado palmeras canarias en todo el litoral mediterráneo. El tratamiento consiste en aplicar Steinernema carpocapsae en suspensión acuosa directamente al cogollo y a las axilas foliares, empapando bien, normalmente con un formulante gelificante que retiene la humedad y protege a los nematodos. Se hace de forma repetida a lo largo de la temporada, no como aplicación única, y su valor es sobre todo preventivo: una palmera con el cogollo ya perdido no se recupera con nada. Reglas de aplicación que determinan que funcione o no:
Aplicar al atardecer o de noche; la luz ultravioleta los mata en minutos.
El sustrato o el cogollo tienen que estar húmedos antes y después. El nematodo se desplaza nadando en la película de agua; en seco no llega a ninguna parte.
Temperatura del medio entre 12 y 30 °C aproximadamente. En pleno invierno no se mueven.
Usarlos recién comprados y conservarlos en la nevera hasta el momento, nunca en el congelador. Son organismos vivos con fecha de caducidad corta.
No mezclarlos con el agua a más de 30 °C ni pasarlos por filtros de menos de 0,3 mm.
Conviene añadir algo que se omite en la publicidad: contra el picudo rojo, ningún método aislado es suficiente. Lo que funciona es combinar seguimiento, tratamientos repetidos, poda en la época correcta —nunca en primavera y verano, cuando el picudo vuela y las heridas frescas lo atraen—, sellado de cortes y comunicación de los focos a la administración autonómica, que en muchas comunidades es obligatoria.
Un mapa rápido de plaga y enemigo
Pulgón: larvas de Adalia bipunctata, crisopa (Chrysoperla carnea), la avispilla parasitoide Aphidius colemani —que deja las famosas «momias» doradas pegadas a la hoja— y los sírfidos, cuyas larvas verdosas y sin patas son voraces.
Araña roja (Tetranychus urticae): el ácaro depredador Phytoseiulus persimilis, muy eficaz con humedad alta, o Amblyseius californicus, que aguanta mejor el calor seco.
Trips (Frankliniella occidentalis): el chinche Orius laevigatus, que es el protagonista de la historia del pimiento almeriense, y el ácaro Amblyseius swirskii.
Mosca blanca: Encarsia formosa para Trialeurodes vaporariorum, Eretmocerus mundus para Bemisia tabaci, y los míridos Macrolophus pygmaeus y Nesidiocoris tenuis, este último con la advertencia de que si se queda sin presa pica la propia planta de tomate y produce anillos necróticos en los tallos.
Cochinilla algodonosa: Cryptolaemus montrouzieri y el parasitoide Anagyrus.
Orugas: Bacillus thuringiensis var. kurstaki, más avispas parasitoides silvestres si conservas flores.
Hongos de suelo (fusarium, rhizoctonia, pythium): Trichoderma harzianum, aplicado preventivamente en el sustrato o en el riego. Aquí el control biológico también vale contra enfermedades, no solo contra insectos.
Babosas y caracoles: el nematodo Phasmarhabditis hermaphrodita, aplicado al suelo húmedo, y por supuesto los aliados que ya tienes: sapos, erizos, lagartijas, mirlos.
Errores que arruinan una suelta
Tratar con un insecticida de amplio espectro «por si acaso» antes o después. Un piretroide mata a los auxiliares con más facilidad que a la plaga, porque el depredador está más expuesto y su población es menor. El resultado típico es la resurgencia: la plaga rebota en dos semanas con más fuerza y sin frenos, y suelen aparecer plagas secundarias, como la araña roja tras un tratamiento piretroide. Antes de soltar, respeta el plazo de persistencia del último producto aplicado, que en algunos casos son varias semanas.
Soltar demasiado tarde. Ya está dicho, pero es la causa número uno de decepción.
Comprar sin identificar la plaga. Phytoseiulus contra pulgón no hace absolutamente nada. Cada auxiliar tiene su presa.
Ignorar las hormigas. Las hormigas protegen activamente a pulgones y cochinillas porque se alimentan de su melaza, y atacan a las mariquitas. Si hay reguero de hormigas subiendo por el tronco, pon una banda de cola atrapainsectos antes de soltar nada; si no, tiras el dinero.
Recolectar bichos del campo y traerlos a casa. Además de ser poco eficaz, mover fauna de un sitio a otro tiene riesgos sanitarios. En España la comercialización de organismos de control biológico está regulada y solo pueden venderse especies autorizadas; comprar a un productor legal es también una garantía de que no vas a introducir una especie invasora.
Olvidar el hábitat. Un jardín con césped raso, setos podados a cero y ni una flor no retiene auxiliares por mucho que sueltes. La lucha biológica empieza por el paisaje, no por el paquete.
En resumen
La lucha biológica utiliza depredadores, parasitoides, hongos, bacterias y nematodos para mantener las plagas por debajo del umbral de daño, no para exterminarlas. Funciona mejor cuanto antes se interviene y cuanto mejor sea el hábitat que ofrezcas a los auxiliares: setos, márgenes sin segar y flores abiertas de marzo a octubre valen más que cualquier compra. De lo que se vende, lo más rentable para un aficionado son las larvas de Adalia bipunctata contra el pulgón, Bacillus thuringiensis contra las orugas, los nematodos Steinernema para larvas de suelo y palmeras, y Trichoderma como preventivo en el sustrato. La mantis religiosa, pese a su fama, no es un agente de control fiable: disfrútala en el jardín y respétale la ooteca. Y sobre todo, si vas a soltar auxiliares, olvídate del insecticida de amplio espectro: las dos cosas juntas no funcionan.