Un kilo de gallinaza seca aporta aproximadamente el mismo nitrógeno que tres kilos de estiércol de vaca. Ese dato explica a la vez por qué se busca tanto y por qué quema tantas plantas: quien la reparte con la misma generosidad con la que echaría estiércol de caballo está aplicando el triple de dosis sin darse cuenta.
La gallinaza es el abono orgánico más concentrado que puede conseguir un aficionado, casi siempre gratis, y también el que menos perdona los errores de manejo. Merece la pena entender qué lleva dentro antes de decidir cuánta echar y cuándo.
Qué es la gallinaza y qué lleva dentro
Con el nombre de gallinaza se designa el excremento de las aves de corral junto con todo lo que sale del gallinero mezclado con él: la cama de viruta, paja o cascarilla, restos de pienso caído, plumas, cáscaras de huevo y polvo. Rara vez es deyección pura, y esa mezcla condiciona su comportamiento.
Conviene distinguir dos productos que se parecen poco:
Gallinaza de ponedora. Procede de granjas de puesta, con poca o ninguna cama. Es húmeda, pastosa, con olor fuerte a amoniaco y una relación carbono/nitrógeno muy baja, del orden de 7 a 10. Es la más rica y la más agresiva.
Pollinaza. Sale de las naves de pollo de engorde, siempre sobre cama de viruta o paja. Es más seca, más fácil de manejar, con una relación carbono/nitrógeno de 12 a 15 y algo menos de concentración por kilo. Para un huerto doméstico suele ser preferible.
Sobre materia seca, los valores habituales se mueven en estos órdenes de magnitud: nitrógeno entre el 2,5 y el 4,5 %, fósforo (P₂O₅) entre el 2 y el 3,5 % y potasio (K₂O) entre el 1,5 y el 2,5 %, con un 60-70 % de materia orgánica. En fresco, con humedades del 55-70 %, esas cifras se reducen aproximadamente a un tercio.
Hay dos características que se mencionan poco y que en España pesan más que la riqueza en nitrógeno:
Es muy rica en calcio. El pienso de gallinas ponedoras lleva carbonato cálcico para formar la cáscara del huevo, y buena parte se excreta. La gallinaza puede contener entre un 6 y un 10 % de calcio sobre seco.
Es alcalina. Su pH ronda 7,5-8,5. Aplicada de forma continuada, sube el pH del suelo.
Para qué sirve y para qué no
Aquí es donde conviene desmontar una idea muy repetida: que la gallinaza es «el mejor estiércol». Es el más fertilizante, no el mejor enmendante. Son cosas distintas.
Un estiércol de caballo o de vacuno con abundante cama aporta mucha materia orgánica que se transforma en humus estable, mejora la estructura, la porosidad y la retención de agua de un suelo compactado. La gallinaza aporta sobre todo nutrientes de liberación relativamente rápida y bastante menos materia orgánica estable por unidad de volumen. Si tu problema es un suelo arcilloso y muerto, la gallinaza no lo va a arreglar: úsala como abono y busca compost vegetal o estiércol de herbívoro como enmienda.
Dicho eso, como abono es excelente y funciona muy bien en:
Cultivos exigentes en nitrógeno: coles y brásicas en general, calabacín, calabaza, pepino, maíz, acelga, espinaca, puerro, tomate, pimiento y berenjena.
Frutales adultos, repartida en el ruedo de goteo y nunca contra el tronco.
Césped, en forma peletizada, donde el aporte de nitrógeno y calcio va bien en suelos ácidos del norte.
Y hay cultivos y situaciones donde es directamente mala idea:
Plantas acidófilas. Arándanos, azaleas, rododendros, camelias, hortensias que quieres azules, brezos, gardenias, arces japoneses. El pH alcalino y el calcio agravan la clorosis férrica. Este es un fallo habitual en España, donde buena parte de los suelos ya son calizos de partida.
Leguminosas. Guisante, haba, judía y demás fijan su propio nitrógeno; el exceso solo produce mata y poca vaina.
Raíces y bulbos. Zanahoria, chirivía, nabo y remolacha se bifurcan y ahorquillan con abonado fresco. Van en el segundo año de la rotación, sobre el residuo del abonado anterior.
Patata. Se abona bien con gallinaza compostada, pero el calcio y la subida de pH favorecen la sarna común, causada por Streptomyces scabies, que ataca justo en suelos alcalinos. Si tienes historial de sarna en la parcela, mejor otro abono.
Macetas y plantas de interior. En volumen limitado la salinidad se dispara. Solo peletizada y a dosis muy bajas.
De dónde sacar gallinaza
Del gallinero propio. Es la vía más obvia y la mejor, porque controlas lo que hay dentro. Una gallina produce del orden de 100-150 gramos de excremento al día, de modo que media docena de gallinas dan fácilmente 250-300 kg al año en fresco, más la cama. Lo más práctico es trabajar con cama profunda: 15-20 cm de viruta de madera o paja en el suelo del gallinero, removida cada pocos días, retirada dos o tres veces al año. Sale ya mezclada con material carbonado y medio compostada, que es exactamente lo que quieres.
De una granja avícola cercana. Para la granja es un residuo con coste de gestión, así que muchas la ceden gratis o a precio simbólico a quien se la lleve. Busca explotaciones de pollo de engorde antes que de puesta: la pollinaza sobre cama es más manejable, huele menos y se composta mejor. Llévate remolque o sacos resistentes y prevé dónde vas a apilarla antes de cargarla.
Comprada, deshidratada y peletizada. Es gallinaza secada a alta temperatura y prensada en gránulos. Cuesta más, pero está higienizada, no huele apenas, no lleva semillas viables, se dosifica con precisión y se conserva años en el saco. Las riquezas típicas rondan valores como 4-3-3 o 3-2-3. Para un jardín pequeño o para quien no quiere montar un montón de compost, es la opción sensata.
Del centro de compostaje o cooperativa agrícola de la zona, que a veces vende gallinaza ya compostada a granel por metro cúbico.
Un aviso: pregunta siempre el origen. Las gallinazas de explotaciones intensivas pueden arrastrar residuos de coccidiostáticos y niveles altos de cobre y zinc procedentes de los piensos. Para uso doméstico ocasional no es alarmante, pero es una razón más para no basar todo el abonado del huerto en ella año tras año.
Por qué hay que compostarla y cómo se hace
La gallinaza fresca tiene tres problemas simultáneos. El nitrógeno está en forma de ácido úrico, que se transforma rápidamente en amoniaco y quema raíces y hojas por contacto. La salinidad es alta y deshidrata las raicillas por ósmosis. Y puede contener patógenos como Salmonella, Escherichia coli o Campylobacter, que no tienen ninguna gracia en un huerto de lechugas que se comen crudas.
El compostaje resuelve los tres. El proceso, sin misterio:
Mezcla. Una parte de gallinaza por dos o tres partes en volumen de material carbonado seco: paja, hojarasca, restos de poda triturados, cartón troceado, serrín, cascarilla. Sin ese carbono no hay compostaje, hay una masa anaerobia que apesta y pierde nitrógeno por el aire.
Humedad. En torno al 55-60 %. La prueba del puño: aprietas un puñado y debe humedecer la mano sin llegar a gotear.
Volumen. Un montón de menos de un metro cúbico no conserva el calor y no llega a higienizarse. Si tienes poco material, mejor un montón grande cada varios meses que montoncitos continuos.
Volteos. Cada 10-15 días durante el primer mes y medio, llevando el exterior hacia el centro.
Temperatura. El montón debe alcanzar 55-65 °C y mantenerse ahí varios días; es lo que destruye patógenos y semillas de adventicias. Con un termómetro de compost de varilla larga se comprueba en un segundo.
Tiempo. De tres a cuatro meses hasta un compost utilizable, y unas semanas más de maduración si va a plantas delicadas.
Sabrás que está listo cuando el olor a amoniaco haya desaparecido por completo y huela a mantillo de bosque, cuando la temperatura del centro se iguale con la ambiente y cuando el material sea oscuro, desmenuzable y ya no se reconozca lo que había dentro.
Si no quieres compostar, la alternativa clásica es enterrarla en otoño, ligeramente incorporada al suelo, y dejar pasar al menos dos o tres meses antes de sembrar o plantar en ese bancal. En huerta ecológica se recomienda además respetar del orden de 90 a 120 días entre la aplicación de estiércol no compostado y la cosecha de cualquier producto que se coma crudo o toque el suelo.
Dosis y momento de aplicación
Las cantidades son orientativas y bajan si el suelo ya viene abonado de años anteriores.
Gallinaza compostada en huerto: 2-3 kg/m², una vez al año, incorporada en los 10-15 cm superficiales. Aplicar en otoño o final de invierno, tres o cuatro semanas antes de plantar.
Gallinaza fresca: 1-1,5 kg/m² como máximo, y solo en otoño-invierno, enterrada, sobre bancal vacío y con dos meses largos de margen hasta la plantación.
Peletizada comercial: 100-200 g/m² al año en huerto, 50-80 g/m² en césped, 30-60 g por planta de temporada o rosal, siempre en superficie, ligeramente rastrillada y regada después.
Frutales adultos: 2-4 kg de compostada por árbol, esparcida en corona bajo la proyección de la copa, en invierno.
Purín o té de gallinaza: 1 kg en 10 litros de agua, macerando una o dos semanas con removidos diarios, luego filtrado y diluido al menos 1:10 antes de regar. Es un abono de choque rápido para hortaliza de hoja en plena vegetación. Nunca se aplica sin diluir ni sobre las hojas, y no se guarda mucho tiempo.
Una cautela poco comentada: si cada año cubres las necesidades de nitrógeno con gallinaza, estás aportando más fósforo del que el cultivo consume. A los cinco o seis años el suelo acumula fósforo en exceso, lo que bloquea la absorción de hierro y zinc y provoca clorosis en plantas que antes iban bien. Alterna la gallinaza con compost vegetal, con estiércol de herbívoro o con abonos verdes, y no la eches en el mismo bancal todos los años.
Cómo almacenarla sin perder la mitad
La gallinaza mal guardada se degrada rápido. Dos daños típicos:
Si se moja con la lluvia, el potasio y los nitratos se lavan y acaban en la escorrentía o en el freático. Guárdala bajo techo, sobre solera o sobre una capa gruesa de paja que absorba los lixiviados, y tapada con una lona.
Si se comprime y se queda sin aire, pasa a condiciones anaerobias, huele a putrefacción y pierde nitrógeno volatilizado como amoniaco: ese olor punzante es literalmente el abono escapándose. Por eso la lona no debe sellar el montón hasta el suelo; conviene que respire por los lados.
Añadir material seco y carbonado desde el primer día, aunque no vayas a compostar todavía, retiene ese amoniaco y reduce el olor de manera muy notable.
Errores frecuentes
Echarla fresca al pie de una planta viva. Amarilleo, bordes de hoja quemados y raíces perdidas en pocos días.
Dosificarla como estiércol de caballo. Es dos o tres veces más concentrada; la dosis se divide, no se copia.
Usarla en acidófilas o en suelos ya calizos de forma repetida. Los síntomas tardan un par de temporadas en aparecer y para entonces cuesta corregir el pH.
Ponerla en el fondo del hoyo de plantación. Fermenta, calienta y quema justo donde están las raíces nuevas.
Confundir seca con compostada. Una gallinaza que lleva un mes al sol está deshidratada, pero sigue teniendo la misma carga de ácido úrico y de patógenos. Secar no es compostar.
Aplicarla en primavera avanzada a hortalizas de hoja. Exceso de nitrógeno cerca de la cosecha significa acumulación de nitratos en la planta, tejidos blandos y una invitación a pulgón y a mildiu.
En resumen
La gallinaza es el excremento de las aves de corral mezclado con la cama del gallinero, muy rico en nitrógeno, fósforo y calcio, de reacción alcalina y con una relación carbono/nitrógeno muy baja. Se consigue del propio gallinero, de granjas avícolas cercanas que la ceden casi siempre gratis, o comprada en gránulos deshidratados si prefieres comodidad y seguridad sanitaria.
Fresca no se usa junto a plantas: quema por amoniaco y por sales y puede llevar patógenos. Compostada tres o cuatro meses con dos o tres partes de material carbonado, volteada y con el montón por encima de 55 °C, se convierte en un abono de primer orden a razón de 2-3 kg/m² al año para cultivos exigentes en nitrógeno. Evítala en acidófilas, en leguminosas y en raíces, no la repitas cada año en el mismo bancal por la acumulación de fósforo, y recuerda que alimenta muy bien pero mejora poco la estructura del suelo: para eso hacen falta compost vegetal y estiércol de herbívoro.