La palabra parterre se usa hoy con mucha ligereza. En el lenguaje corriente ha acabado significando casi cualquier zona ajardinada delimitada: el trozo de tierra con arbustos junto a la acera, el rectángulo de flores de una rotonda, el arriate de la entrada de un edificio. En sentido estricto significa algo bastante más concreto, y merece la pena distinguirlo porque explica por qué unos jardines funcionan y otros parecen un montón de plantas sueltas.

Qué es un parterre

Un parterre es una composición ornamental plana, de diseño geométrico, concebida para verse desde arriba. El término viene del francés par terre, «sobre el suelo», y esa expresión resume su idea fundamental: el dibujo está en el plano del suelo, no en el alzado.

Tres rasgos lo definen frente a cualquier otro elemento de jardín:

Es un dibujo. El parterre tiene una figura: simetría axial, formas repetidas, arabescos, entrelazados, volutas. No es una agrupación de plantas bonitas; es una composición que se puede dibujar en un papel.

Es bajo. La altura se mantiene contenida a propósito, normalmente por debajo de 40 o 50 centímetros. Si crece, el dibujo se pierde y deja de leerse.

Se ve desde arriba. Históricamente se diseñaban para ser contemplados desde la planta noble de un palacio, desde una terraza elevada o desde un balcón. Un parterre visto solo a ras de suelo pierde la mitad de su sentido. Este punto es el que más se olvida en los jardines actuales.

Conviene separarlo de tres cosas con las que se confunde:

Un arriate o border es una franja de plantación, normalmente contra un muro o un seto, pensada para verse de frente y con escalonamiento de alturas. No hay dibujo geométrico.

Un macizo es una masa de plantación, con o sin forma definida, sin la intención de composición gráfica.

Un topiario es la escultura vegetal en volumen. El parterre lo utiliza como elemento pero no se identifica con él.

Parterres geométricos delimitados con setos bajos

De dónde vienen

La historia del parterre explica su forma mejor que cualquier descripción.

El precedente está en los jardines de nudos ingleses e italianos del siglo XVI, los knot gardens: cuadros delimitados por setos muy bajos de boj, romero o santolina que se entrelazaban formando figuras, con los huecos rellenos de arena de colores, grava o plantas aromáticas. Eran jardines de dimensión doméstica, próximos a la casa.

El salto llega en la Francia del siglo XVII. Los tratadistas Claude Mollet y luego Jacques Boyceau desarrollan el parterre de broderie, «de bordado», que traslada al suelo los motivos de la ornamentación textil de la época: volutas, palmetas y arabescos dibujados con boj enano sobre un fondo de tierra o arena negra que hace de contraste, con arena clara y grava de colores completando el diseño.

Su culminación es André Le Nôtre, jardinero de Luis XIV, en Vaux-le-Vicomte y sobre todo en Versalles. Ahí el parterre deja de ser un adorno junto a la casa para convertirse en el arranque de una composición territorial: se sitúa inmediatamente delante de la fachada, articula el eje principal y ordena la lectura de todo lo que viene detrás. La escala pasa de decenas de metros a cientos.

La tratadística francesa distinguió varios tipos, y la clasificación sigue siendo útil:

Parterre de broderie. El más elaborado, con arabescos de boj sobre fondo de arena de color. Se reservaba para el frente principal.

Parterre de compartiment. Compartimentos geométricos simétricos, más regulares y menos ornamentales que el de bordado.

Parterre à l'anglaise. Superficies de césped recortado con perfiles curvos, bordeadas por una franja de arena o flores. Mucho más sobrio.

Parterre d'eau. Con láminas de agua como elemento principal, para reflejar el cielo y la arquitectura.

Parterre de pièces coupées. Compartimentos separados destinados a flores, en el que hoy llamaríamos un cuadro de flor.

En España el modelo llega con los Borbones y encuentra su ejemplo mayor en los jardines de La Granja de San Ildefonso, en Segovia, trazados en el siglo XVIII con clara influencia francesa. También son reconocibles en Aranjuez, en el Palacio Real de Madrid y en el Real Alcázar de Sevilla, donde el trazado geométrico dialoga además con una tradición anterior, la de los patios y jardines hispanomusulmanes, que compartían la organización en cuadros y ejes de agua aunque respondieran a otra lógica y a otro clima.

Con el paisajismo inglés del siglo XVIII el parterre cae en desgracia, tachado de artificioso: muchos se arrancaron para sustituirlos por praderas onduladas. Volvió en el siglo XIX, en la jardinería victoriana y en la de los ensanches burgueses, en versión de alfombra floral, con dibujos rellenos de plantas de temporada de colores intensos. Es el origen directo de los relojes florales y de los escudos de flores de tantos parques municipales españoles.

Con qué se construyen

Un parterre tiene dos componentes: el trazo que dibuja y el relleno que colorea.

El trazo: el seto bajo. La planta histórica es el Buxus sempervirens, y en particular la variedad enana Buxus sempervirens 'Suffruticosa'. Su hoja pequeña, su crecimiento lento y su tolerancia a la poda repetida lo hacen ideal. Pero hoy hay que decir algo importante: el boj atraviesa una crisis seria en Europa por dos problemas combinados. El hongo Cylindrocladium buxicola, que provoca defoliación y muerte de ramas en condiciones húmedas, y la polilla del boj, Cydalima perspectalis, un lepidóptero invasor que puede devorar un seto entero en semanas. En el norte peninsular la incidencia es alta.

Por eso conviene conocer las alternativas reales:

Ilex crenata, el acebo japonés, es el sustituto más parecido al boj en aspecto, aunque prefiere suelo ácido y sufre en suelo calizo y en verano seco.

Teucrium × lucidrys y Teucrium fruticans, mediterráneos, resistentes a la sequía y sin plagas relevantes.

Lonicera nitida, de crecimiento rápido, barata y muy tolerante, aunque exige más pasadas de tijera.

Santolina chamaecyparissus, la santolina, con follaje gris plateado, perfecta para clima mediterráneo seco y con un contraste de color muy útil en el dibujo.

Lavandula angustifolia en variedades compactas, Rosmarinus officinalis rastrero y Myrtus communis 'Compacta' funcionan también, con un carácter más mediterráneo y menos estricto.

El relleno. Puede ser mineral —grava, arena de colores, picón, marmolina, corteza— o vegetal. La opción mineral es la histórica en el broderie y hoy es además la más razonable en clima seco: no consume agua, no necesita reposición y mantiene el dibujo nítido todo el año.

Si el relleno es de flor de temporada, el planteamiento clásico son dos rotaciones anuales en clima peninsular: la plantación de otoño, hacia octubre, con pensamientos y violas (Viola × wittrockiana, Viola cornuta), primaveras y bellis, que cubre de noviembre a mayo; y la de primavera, hacia abril o mayo, con Tagetes, Petunia, Salvia splendens, Begonia semperflorens o Impatiens en zonas sombreadas, que cubre hasta octubre.

Conviene ser consciente del coste de ese esquema: dos plantaciones al año, riego frecuente en verano y reposición de bajas. Es lo que hace que muchos parterres municipales terminen abandonados a media temporada.

Un parterre hoy: lo que funciona y lo que no

La idea de parterre puede adaptarse perfectamente a un jardín particular, siempre que se tomen algunas decisiones con realismo.

Necesita un punto de vista elevado. Si no hay una terraza, un mirador, unas escaleras o una ventana desde la que se domine el conjunto, el dibujo no se percibirá. Antes de trazar nada, ponte donde vayas a mirarlo.

Necesita simplicidad si vas a mantenerlo tú. Un arabesco de bordado exige recortes muy frecuentes y una mano hábil con la tijera. Una retícula de cuadrados o un motivo sencillo de cuatro cuadrantes con un elemento central da el mismo efecto de orden con una fracción del trabajo.

Necesita ubicación soleada y drenada. Los setos bajos con base de boj o de aromáticas se pudren en suelos que encharcan y enferman en sombra húmeda y sin ventilación.

El mantenimiento es su verdadero coste. Un seto de boj en España se recorta dos veces al año, típicamente a finales de mayo o junio, tras la brotación de primavera, y una segunda pasada ligera a comienzos de otoño. Nunca a pleno sol de julio, porque las hojas expuestas por el corte se queman. Añade escarda manual, porque una mala hierba dentro del dibujo se ve inmediatamente, y el goteo o la microaspersión bien diseñados.

La versión mediterránea es la más sensata. Sustituir el boj por santolina, teucrio, lavanda o romero rastrero, y la flor de temporada por grava, picón volcánico o gravilla clara, da un parterre con la misma legibilidad geométrica, con floración estacional propia y con un consumo de agua y de mano de obra incomparablemente menor. En clima peninsular es, casi siempre, la decisión correcta.

Cómo trazarlo

El proceso, resumido:

Dibuja primero en papel, a escala y con medidas reales. La geometría del parterre no se improvisa sobre el terreno.

Replantea en el suelo con cuerda, estacas y yeso o cal. Para círculos, una cuerda atada a una estaca central; para ejes perpendiculares, el triángulo 3-4-5.

Prepara el suelo entero antes de plantar: descompacta, incorpora materia orgánica si hace falta y resuelve el drenaje. Después no podrás hacerlo sin deshacer el dibujo.

Instala el riego antes que las plantas, con líneas de goteo siguiendo el trazado de los setos.

Planta el seto con marco regular: de 4 a 5 plantas por metro lineal en boj enano, algo menos en santolina o lavanda. Un marco irregular se nota para siempre.

Recorta desde el primer año. El error clásico es dejar crecer el seto hasta la altura deseada y empezar a podar entonces: el resultado es una base pelada y desigual. Se recorta ligeramente desde el principio para forzar la ramificación baja.

Corta con la sección ligeramente trapezoidal, más ancha en la base que en la cima. Así la luz llega abajo y el seto no se despuebla por el pie.

En resumen

Un parterre es una composición geométrica plana, delimitada por setos bajos y pensada para leerse desde arriba. Nació en los jardines de nudos renacentistas, alcanzó su forma canónica en la Francia de Le Nôtre y llegó a España con los Borbones, con La Granja como ejemplo mayor.

Para hacer uno hoy, lo determinante es que exista un punto de vista elevado, que el dibujo sea lo bastante simple para poder mantenerlo, y que las plantas se elijan pensando en el clima real: en la mayor parte de España, santolina, teucrio o lavanda con relleno de grava sostienen el diseño mucho mejor que boj y flor de temporada, y sin la carga de riego, recortes y reposiciones que hunde a tantos parterres a los tres años de plantados.


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