Riega un romero como riegas un geranio y en dos veranos no te quedará romero. Ahí está el fracaso más repetido con las aromáticas: no mueren de abandono, mueren de atención. Son plantas de suelo pobre, drenaje brutal y sol directo, y el jardinero bienintencionado les da tierra rica, riego frecuente y sombra parcial. Montar un jardín de aromáticas que dure años es, sobre todo, entender qué necesita cada grupo y no tratarlas a todas igual.

Conjunto de plantas aromáticas cultivadas en el jardín

Dónde ponerlo

Tres condiciones mandan sobre todas las demás.

Sol. Mínimo seis horas de sol directo, y para las mediterráneas cuantas más mejor. El aceite esencial —lo que da el aroma y el sabor— se produce en respuesta a la radiación y al estrés hídrico moderado. Un tomillo cultivado a media sombra crece verde, blando y sin apenas olor. En el sur peninsular, la única concesión razonable es algo de sombra en las horas centrales de julio y agosto para las de hoja tierna, como la albahaca o el perejil.

Drenaje. Más importante todavía que el sol. Romero, lavanda, tomillo, salvia y ajedrea toleran meses de sequía, pero no toleran una semana con las raíces en suelo encharcado. Si tu terreno es arcilloso —y en buena parte del interior lo es—, hay dos soluciones: levantar el bancal 20 o 30 cm sobre el nivel del suelo, o incorporar grava, arena gruesa o zahorra hasta que el agua se vaya rápido. La prueba casera es sencilla: cava un hoyo de 30 cm, llénalo de agua y déjalo drenar; vuélvelo a llenar. Si la segunda vez tarda más de cuatro horas en vaciarse, ese suelo no vale sin corregir.

Cercanía a la cocina. Parece un detalle menor y no lo es. Un cantero de aromáticas al fondo del jardín se usa la mitad. Si está a diez pasos de la puerta, se cortan hierbas todas las semanas, y cortar hierbas es exactamente lo que las mantiene compactas y productivas.

Añade un cuarto factor si vives donde hiela fuerte: protección del viento frío. Un muro orientado al sur acumula calor y deja pasar el invierno a la hierbaluisa o al laurel en zonas donde a campo abierto se helarían.

El principio que lo ordena todo: agrupar por sed

Aquí está la decisión de diseño que marca la diferencia. Las aromáticas de huerto y jardín se dividen en dos grupos con exigencias opuestas, y meterlas en el mismo bancal con el mismo riego condena a uno de los dos.

Grupo seco (leñosas mediterráneas). Romero (Salvia rosmarinus), lavandas (Lavandula angustifolia, Lavandula x intermedia), tomillo (Thymus vulgaris), salvia (Salvia officinalis), ajedrea (Satureja montana), orégano (Origanum vulgare), hisopo (Hyssopus officinalis) y santolina. Suelo pobre, pedregoso, con pH neutro o alcalino. Riego escaso: una vez establecidas, en secano casi puro salvo veranos muy duros. Nada de abono nitrogenado.

Grupo húmedo (herbáceas de hoja tierna). Albahaca (Ocimum basilicum), perejil (Petroselinum crispum), cilantro (Coriandrum sativum), menta y hierbabuena (Mentha spp.), melisa (Melissa officinalis), cebollino (Allium schoenoprasum), eneldo (Anethum graveolens) y estragón (Artemisia dracunculus). Suelo con materia orgánica, humedad constante y riego frecuente en verano. Se comportan más como hortalizas que como matas.

La solución práctica: dos zonas separadas, o un bancal en pendiente con las secas arriba y las húmedas abajo, o directamente las del segundo grupo en macetas junto a la cocina y las del primero en el jardín. Cualquiera de las tres funciona; mezclarlas al azar, no.

Qué plantar, con sus manías

Romero. Imprescindible y prácticamente inmortal si el suelo drena. Hay porte erguido, para setos bajos y fondo de macizo, y porte rastrero ('Prostratus'), ideal para caer sobre un muro. Florece de invierno a primavera y es una de las mejores plantas para abejas en enero. Poda ligera después de la floración; nunca cortes la madera vieja sin hojas, porque no rebrota.

Lavanda. La angustifolia es la más aromática y la que mejor aguanta el frío; los híbridos x intermedia ('Grosso', 'Provence') son más grandes y productivos en aceite. La Lavandula dentata y la stoechas (cantueso) toleran mejor el calor costero, y esta última es la única que acepta suelo ácido. Recorte anual obligatorio tras la floración, quitando un tercio del volumen sin bajar a la madera desnuda: una lavanda sin podar se abre por el centro y en cinco años hay que arrancarla.

Tomillo. El de cocina es Thymus vulgaris; el limonero (Thymus citriodorus) y el rastrero (Thymus serpyllum) sirven para juntas de pavimento y bordes. Vive unos cuatro o cinco años y luego se aleñece; conviene renovarlo por esquejes o acodo, que enraízan con una facilidad casi ridícula.

Salvia officinalis. Muy resistente, decorativa en sus variedades 'Purpurascens' y 'Icterina'. Se recorta en primavera para que no se abra.

Orégano y mejorana. Origanum vulgare es vivaz y rústico; la mejorana (Origanum majorana) es más aromática, más delicada y en el interior peninsular se comporta como anual o hay que protegerla. El orégano concentra el aroma justo al inicio de la floración: ese es el momento de cortarlo para secar.

Menta y hierbabuena. Advertencia seria: son invasoras por rizoma. Plantada en tierra libre, en tres años una mata de hierbabuena ha colonizado el bancal entero y ha ahogado al tomillo. Va siempre en maceta, o en un contenedor sin fondo enterrado, o en un rincón acotado donde no importe. Necesita humedad y agradece media sombra en verano.

Albahaca. Anual, sensible al frío: no se planta fuera hasta que las noches pasen de 12-14 °C, es decir, mayo en casi toda la Península. Se pinza el ápice desde que tiene tres pares de hojas para que ramifique, y se cortan las espigas florales en cuanto asoman; si florece, las hojas amargan y la planta se agota. Riego a suelo, nunca mojando la hoja al sol.

Perejil. Bienal: el primer año da hoja, el segundo espiga y muere. Germina lento, tres o cuatro semanas; remojar la semilla 24 horas ayuda. Siembra escalonada en primavera y final de verano.

Cilantro. Se espiga con el calor y el día largo, así que sembrarlo en mayo es tirar la semilla. Siembra directa en marzo y, sobre todo, de septiembre a octubre: en invierno suave da hoja durante meses.

Hierbaluisa (Aloysia citrodora). El mejor aroma a limón que existe. Pierde toda la hoja en invierno y parece muerta hasta bien entrado abril, lo que provoca que muchos jardineros la arranquen por error. Aguanta hasta unos -5 o -8 °C con la base protegida.

Laurel (Laurus nobilis). Árbol o arbusto de crecimiento lento que admite recorte y setos. Con un ejemplar sobra para toda la cocina de una casa.

Lavanda en flor en un jardín de aromáticas

Trazado y marcos de plantación

El esquema clásico del jardín de hierbas es una retícula de cuadros pequeños separados por sendas de grava o ladrillo, con un elemento central —una maceta, un rosal, un ejemplar podado— para dar foco. Funciona porque cada cuadro se alcanza desde el camino sin pisar tierra, y porque los bordes rígidos contienen a plantas que tienden a desparramarse.

La otra fórmula habitual es la espiral de aromáticas: un muro de piedra en caracol que sube desde el suelo hasta unos 80-100 cm. La cima queda seca, caliente y drenada, perfecta para tomillo y romero; la base, en el lado norte, se mantiene fresca y sirve para menta o perejil. Es una manera elegante de resolver el problema de los dos grupos en pocos metros cuadrados.

Marcos orientativos, contando el tamaño adulto y no el de la maceta que compras:

Romero y lavanda grande, 60-80 cm entre plantas. Salvia y lavanda pequeña, 50 cm. Tomillo, ajedrea y orégano, 30-40 cm. Albahaca, 25-30 cm. Perejil y cebollino, 20 cm. Laurel, aislado y con dos metros por delante.

Si vas a cultivar en maceta, cuenta 5 litros como mínimo para una aromática leñosa y 10-15 para un romero que quieras mantener varios años; la albahaca vive bien en 3 litros pero se seca en un día en pleno agosto si el tiesto es pequeño. Sustrato: mezcla de tierra con un 30-40 % de material drenante (perlita, arena gruesa o grava fina) para las mediterráneas, sustrato universal a secas para las de hoja tierna.

Plantación y primer año

La mejor época para plantar las leñosas es el otoño, de octubre a noviembre. Enraízan durante el invierno y llegan al primer verano con sistema radicular suficiente para aguantar. En zonas de heladas fuertes, se retrasa a marzo. Las herbáceas de hoja tierna van en primavera, cuando ya no hay riesgo de helada.

Un aviso sobre las macetas del supermercado: lo que venden en esos tiestos pequeños de albahaca o perejil no es una planta, son treinta o cuarenta plántulas hacinadas forzadas en invernadero. Si las plantas tal cual en el jardín, se ahogan entre ellas en dos semanas. Hay que dividir el cepellón en tres o cuatro porciones y plantarlas separadas, o usarlas como consumo inmediato y sembrar aparte lo que quieras que dure.

Al plantar en bancal, no abones. Un aporte moderado de compost solo tiene sentido en la zona de las herbáceas. En la de las mediterráneas, el exceso de nutrientes produce crecimiento blando, propenso al pulgón y a los hongos, y baja la concentración de aceites esenciales: literalmente, huelen y saben menos.

El riego del primer año sí es necesario, incluso en las secas: una o dos veces por semana en verano, siempre abundante y espaciado, para que la raíz baje. A partir del segundo o tercer año, romero, lavanda, tomillo y salvia establecidos se apañan con muy poco en clima peninsular.

Recolección, poda y secado

Cortar hierbas no es solo cosechar: es el mantenimiento. Una planta que se corta a menudo ramifica desde la base y se mantiene compacta; una que no se toca se estira, se aleñece y se desarma.

El mejor momento del día es la mañana, después de que se evapore el rocío y antes de que apriete el sol: es cuando la concentración de aceites esenciales en la hoja es más alta.

El mejor momento del ciclo es justo antes de la apertura de las flores, cuando los botones ya están formados. Después de la floración, el contenido aromático cae. Esto vale especialmente para orégano, tomillo, ajedrea y mejorana.

Cuánto cortar. Como norma, nunca más de un tercio de la planta de una vez, y en las leñosas siempre por encima de la madera que aún tiene hojas. Romero, lavanda y salvia no rebrotan desde madera vieja desnuda: si rebajas ahí, te queda un muñón permanente.

Secado. A la sombra, en manojos pequeños colgados boca abajo en un sitio ventilado, o extendido en bandeja. Nunca al sol y nunca por encima de unos 35 °C, porque los compuestos volátiles se pierden con el calor. Está listo cuando la hoja cruje al apretarla, en una o dos semanas. Se guarda en tarro hermético, entero y no molido —el aroma se conserva mucho mejor sin triturar—, al abrigo de la luz.

Las de hoja tierna, en cambio, se secan mal. Albahaca, cilantro, perejil o cebollino pierden casi todo al secarse; para conservarlas es mejor congelarlas picadas en cubiteras con un poco de agua o aceite.

Problemas frecuentes

Romero o lavanda que amarillean y se secan por ramas. Casi siempre exceso de agua o mal drenaje, con podredumbre de raíz asociada a Phytophthora. No tiene tratamiento práctico en jardín: se corrige el suelo y se replanta más alto.

Crisomélido del romero (Chrysolina americana), ese escarabajo metálico verde y rojo que aparece en otoño y primavera sobre romero y lavanda. Suele bastar con recogerlo a mano; el daño rara vez es grave.

Oídio en la salvia y la melisa en veranos húmedos o con las plantas demasiado juntas. Aclarar la mata y mejorar la ventilación resuelve más que cualquier tratamiento.

Albahaca que se marchita de golpe. Suele ser riego con agua fría al mediodía, o Fusarium si el suelo lleva años con solanáceas y albahaca. Rota la ubicación cada año.

Matas peladas por dentro. Falta de poda acumulada. En una lavanda o un romero muy avanzados es irreversible: toca reponer la planta y empezar a recortar desde el primer año.

En resumen

Un jardín de aromáticas se sostiene sobre cuatro decisiones: sol abundante, drenaje que no falle, plantas separadas en dos zonas según su sed, y suelo pobre para las mediterráneas. A partir de ahí, planta las leñosas en otoño y las tiernas en primavera, riega poco y espaciado, acota la menta antes de que se te escape, recorta un tercio cada año después de la floración y cosecha por la mañana justo antes de que abran las flores. Es de las pocas partes del jardín donde hacer menos, y hacerlo en el momento justo, da mejor resultado que esmerarse a diario.


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