El efecto de las fotografías del túnel de Kawachi Fuji no lo produce la flor: lo produce la gravedad. Las glicinas del jardín están conducidas por encima de una estructura metálica curvada, de modo que cada racimo cuelga libre hacia dentro del pasillo. Quien camina por debajo no ve un macizo florido, ve un techo de flor a la altura de la cara, con la luz filtrándose entre los racimos. Ese es todo el truco, y es un truco que se puede copiar en un jardín de Vigo o de Cáceres con muchísimo menos presupuesto.
Dónde está y qué se ve
Kawachi Fujien es un jardín privado situado en la ciudad de Kitakyushu, en la prefectura de Fukuoka, al norte de la isla de Kyushu. Se plantó a partir de mediados del siglo XX y hoy reúne alrededor de siglo y medio de plantas de glicina de unas veinte variedades distintas, repartidas entre dos túneles de varias decenas de metros, una cúpula de glicinas y un gran emparrado plano —el fujidana tradicional japonés— sobre el que las plantas más viejas del jardín despliegan la cascada más densa del recinto.
Lo que hace memorable el túnel no es solo el tamaño, sino la selección por color: las variedades están agrupadas de forma que el pasillo pasa del blanco al lila pálido, al rosa, al violeta oscuro y al azul-púrpura conforme se avanza. Cada tramo florece con unos días de diferencia, así que el degradado se mueve a lo largo de la temporada.
Túnel en flor: la mecánica del emparrado
Una glicina plantada contra un muro florece hacia fuera y las flores quedan pegadas a la pared. La misma planta conducida sobre una pérgola florece hacia abajo, en el vacío, y el racimo puede alargarse sin obstáculos. La diferencia entre una glicina bonita y un espectáculo es puramente estructural.
Tres condiciones definen la estructura:
Altura libre. Como mínimo 2,2 m bajo la estructura, y mejor 2,5-2,6 m si se van a usar variedades de racimo largo. Con menos, los racimos rozan la cabeza y se estropean al primer fin de semana de visitas.
Resistencia real. Aquí es donde falla la mayoría de las pérgolas de jardín. Una glicina de veinte años tiene un tronco de 20-30 cm de diámetro y unos brazos capaces de estrangular por torsión un tubo metálico o de reventar una viga de pino tratado. Se construye con perfilería de acero galvanizado o madera de sección generosa sobre zapatas de hormigón, pensando en cincuenta años. Sustituir la estructura bajo una glicina adulta es prácticamente imposible sin sacrificar la planta.
Conducción por arriba. Desde el primer año se sube un solo tallo guía hasta la altura del techo sin dejar que se ramifique, y solo allí se abre en brazos horizontales atados a la estructura. Las glicinas se enrollan solas sobre cualquier soporte vertical, pero si se las deja hacer forman un nudo de tallos que en diez años ha triturado su propio tutor.
Particularidades de las glicinas
El género Wisteria tiene dos especies de jardín que se confunden constantemente y que no se comportan igual. Distinguirlas cambia por completo lo que se puede esperar.
Wisteria floribunda, la glicina japonesa, es la del túnel de Kawachi. Su racimo es largo y estrecho —de 30 a 60 cm en variedades corrientes, más de un metro en 'Multijuga' (también vendida como 'Macrobotrys' o 'Naga Noda')— y abre progresivamente desde la base hasta la punta, a lo largo de dos o tres semanas. Brota la hoja casi a la vez que la flor. Sus tallos se enrollan en sentido horario.
Wisteria sinensis, la glicina china, tiene racimos más cortos y compactos, de 20 a 30 cm, que abren todas las flores a la vez, antes de que salga la hoja. El efecto es más explosivo y más breve, con un perfume más intenso. Se enrolla en sentido antihorario. Es la más plantada en España, y por eso muchos jardines con glicina no consiguen nunca la imagen de cortina: la especie no da para eso.
Para un túnel hay que buscar W. floribunda, y entre sus variedades: 'Multijuga' para racimos máximos, 'Alba' o 'Shiro Noda' para el blanco, 'Honbeni' (a veces 'Rosea') para el rosa, 'Royal Purple' o 'Black Dragon' para los tonos oscuros. En el vivero conviene comprar planta injertada o de esqueje, en flor o con etiqueta de variedad: una glicina de semilla tarda entre siete y veinte años en florecer, si es que florece, y sale más barata precisamente porque nadie garantiza nada.
La poda que hace florecer
Sin poda no hay racimos. La glicina florece sobre espolones cortos formados en madera vieja, y esos espolones no aparecen solos: se fabrican con dos cortes al año. Es el sistema que se aplica en los emparrados japoneses y funciona igual en la Península.
Poda de verano (julio-agosto). Después de la floración, la planta emite tallos largos, delgados, tipo látigo, que buscan trepar. Se acortan dejando cinco o seis hojas desde su base. Este es el corte decisivo, y el que casi nadie da. Al frenar el crecimiento vegetativo en pleno verano, la planta redirige recursos a la formación de yemas de flor para la primavera siguiente.
Poda de invierno (enero-febrero, con la planta desnuda). Esos mismos brotes ya acortados se reducen ahora a dos o tres yemas. En ese momento las yemas de flor se distinguen a simple vista: son redondas y gordas, mientras que las de hoja son puntiagudas y aplastadas contra el tallo. Cortar por encima de un par de yemas gordas asegura los racimos.
El resto del año la glicina se deja crecer, salvo los tallos que se metan por una canalón, por debajo de una teja o hacia una ventana, que se cortan de raíz en cuanto aparecen.
Por qué una glicina no florece
Es la consulta más repetida sobre esta planta, y casi siempre la causa es una de estas cinco:
Es de semilla. Juvenilidad pura. No hay poda ni abono que arregle eso; solo el tiempo, y a veces ni con eso. Se soluciona injertando o sustituyendo.
Nunca se ha podado en verano. Una glicina abandonada dedica todo a hacer metros. Dos temporadas aplicando los dos cortes bastan para cambiarlo.
Exceso de nitrógeno. Plantada sobre un césped que se abona, o regada con abono de crecimiento, hace un follaje magnífico y ni una flor. La glicina es leguminosa: fija su propio nitrógeno y no necesita aportes. Si algo hay que darle, es potasio —sulfato potásico en febrero— y nada más.
Poco sol. Necesita sol directo la mayor parte del día. En orientación norte o bajo la sombra de un árbol grande hará hoja.
Heladas tardías. Esta es la causa que en España se diagnostica mal. La planta resiste sin daño temperaturas de -18 o -20 °C en reposo, pero las yemas de flor hinchadas se queman con una helada de -2 °C en marzo o abril. En la meseta norte, en el interior de Aragón o en zonas de vaguada donde se acumula el aire frío, un año de cada tres o cuatro la floración se pierde entera y no es culpa de nadie. La solución es de emplazamiento: evitar las hondonadas, buscar el amparo de un muro orientado a mediodía, y en zonas frías dar preferencia a W. floribunda, que abre algo más tarde que la china.
Un túnel en clima español
La glicina crece bien en casi toda la Península, pero hay dos ajustes respecto al modelo japonés.
El suelo calizo. Buena parte del terreno español es básico y con agua de riego dura. La glicina lo tolera hasta cierto punto, pero por encima de pH 8, o con caliza activa alta, aparece clorosis férrica: hoja amarilla con nervios verdes, crecimiento corto, floración pobre. Se corrige con quelato de hierro EDDHA en primavera, aunque lo eficaz es prevenirlo plantando en un hoyo grande con aporte de materia orgánica y, si se riega, evitar el agua más dura.
El agua en los primeros años. Una glicina establecida es notablemente resistente a la sequía —su raíz principal baja mucho—, pero durante las tres primeras temporadas hay que regar en profundidad y con espaciamiento, no a diario y en superficie. Riegos abundantes cada diez o quince días en verano fuerzan la raíz hacia abajo; los riegos cortos y frecuentes la dejan superficial y crean una planta dependiente para siempre.
La floración principal cae, según zona, entre finales de marzo en el sur y la costa mediterránea y primeros de mayo en el norte y el interior frío. Muchas W. floribunda repiten una segunda floración menor a finales de verano, más dispersa y sin la fuerza de la primera.
Y una advertencia práctica: toda la planta es tóxica, en particular las semillas y las vainas, que contienen wisterina y lectinas. Unas pocas semillas provocan vómitos y dolor abdominal intensos en un niño. En un túnel transitable, retirar las vainas después de la floración es sensato, y además evita que la planta gaste energía en fructificar.
Cuándo verlo y cómo
La ventana de floración en Kawachi Fujien va de finales de abril a mediados de mayo, coincidiendo con la Golden Week japonesa, que es también la semana de vacaciones más concurrida del país. El jardín abre solo durante ese periodo y durante la temporada de arces en otoño; el resto del año permanece cerrado.
En temporada alta el acceso está limitado y funciona con entrada de fecha concreta adquirida por anticipado, y la tarifa varía según el estado de la floración: se paga más cuando el jardín está en pleno pico. Presentarse sin entrada un fin de semana de principios de mayo es la forma más segura de no entrar. Conviene consultar el parte de floración antes de fijar la fecha, porque el adelanto o retraso de un año a otro puede ser de dos semanas largas.
En resumen
El túnel de Kawachi Fuji es una demostración de que el efecto depende de la conducción tanto como de la planta: glicinas de racimo largo (Wisteria floribunda), llevadas por encima de una estructura sólida y alta, con las flores colgando en el vacío. Reproducirlo a escala doméstica exige una pérgola sobredimensionada desde el principio, una variedad injertada de nombre conocido, pleno sol, un emplazamiento sin heladas tardías y la disciplina de los dos cortes anuales: cinco o seis hojas en julio, dos o tres yemas en enero.
Lo que no funciona es plantar una glicina barata de semilla, dejarla trepar donde quiera, abonarla como si fuera un rosal y esperar los racimos de la fotografía.