Cada enero se tiran a la basura cientos de miles de flores de Pascua en España. Se compran en diciembre, aguantan las fiestas, empiezan a perder hojas y en febrero son un palo pelado que acaba en el contenedor. La planta no es de temporada ni de usar y tirar: la Euphorbia pulcherrima es un arbusto perenne que en su México natal alcanza tres o cuatro metros y vive décadas.
Lo que ocurre es que la planta que compras en diciembre ha sido forzada: se ha cultivado con enanizantes químicos, en un sustrato agotado, con fotoperiodo controlado en invernadero, para llegar al punto exacto de color en el momento exacto de venta. A partir de ahí, en una casa normal, entra en declive salvo que la trates como lo que es: un arbusto subtropical.
Primer dato que conviene aclarar: lo rojo no son flores, son brácteas, hojas modificadas que cambian de color. Las flores verdaderas son los ciatios amarillos del centro. Cuando compres una planta, mira esos ciatios: si están cerrados y todavía no han soltado polen, la planta es reciente y durará bastante más.
Enero y febrero: qué hacer nada más pasar las fiestas
El objetivo en este periodo es mantener las brácteas el mayor tiempo posible y evitar que la planta se desmorone. Se consigue con cuatro cosas.
Temperatura entre 15 y 22 °C, sin corrientes. La flor de Pascua no tolera menos de 12-13 °C ni cambios bruscos. Un pasillo frío, un descansillo o una terraza acristalada sin calefacción por la noche la dañan. Y al otro lado, colocarla encima del radiador o junto a la chimenea la deshidrata en días. Las corrientes de aire cada vez que se abre la puerta de entrada son una de las causas más frecuentes de que se le caigan las hojas.
Mucha luz, sin sol directo abrasador. Junto a una ventana bien iluminada, idealmente orientada al este o al sur en invierno. En invierno, el sol directo a través del cristal no suele quemar; en primavera y verano sí. La falta de luz produce hojas amarillas en la base y caída progresiva.
Riego escaso y por inmersión. Este es el punto donde se pierden más plantas. La flor de Pascua se pudre con muchísima facilidad. La regla: mete el dedo dos centímetros en el sustrato y riega solo si está seco. En una casa con calefacción suele tocar cada 5-7 días. Riega con agua templada, nunca fría directa del grifo, y retira siempre el agua que quede en el platillo a los diez minutos. Si tiene el envoltorio dorado o rojo de plástico, quítalo o perfóralo: es una bañera que ahoga la raíz.
Humedad ambiental. El aire seco de la calefacción es su enemigo. Un plato con guijarros y agua bajo la maceta, sin que la base toque el agua, ayuda. Pulverizar las hojas es discutible: si el agua es dura deja manchas de cal, y sobre las brácteas favorece la botritis.
Sobre la toxicidad, otro mito que conviene corregir: el látex blanco de la Euphorbia pulcherrima es irritante para piel y mucosas y puede provocar molestias digestivas si se ingiere, pero no es la planta mortalmente venenosa que se repite cada Navidad. Los estudios toxicológicos la clasifican como de baja toxicidad. Aun así, lávate las manos tras podarla y mantenla fuera del alcance de niños pequeños y mascotas que mordisquean.
Marzo: la poda que lo cambia todo
Cuando las brácteas pierden color, se marchitan y caen, mucha gente da la planta por muerta. No lo está: está entrando en su periodo de reposo natural, exactamente como haría en su hábitat al terminar la estación seca.
A finales de febrero o durante marzo, cuando ya no queden brácteas de color, toca la poda de renovación. Es drástica y hay que hacerla sin miedo: corta todos los tallos dejando de 10 a 15 cm desde la base, con un par de yemas en cada uno. Usa tijeras limpias y afiladas.
La planta soltará abundante látex blanco. Para cortar el sangrado, algunos jardineros aplican agua fría sobre el corte o espolvorean un poco de ceniza o canela. Puedes hacerlo o dejarlo estar; en pocos minutos el látex coagula solo.
Sin esa poda tendrás una planta desgarbada, con tallos largos, pelados por abajo y una o dos brácteas raquíticas en el extremo. Con ella brotarán varias yemas laterales por tallo y la planta se hará compacta y ramificada, que es exactamente lo que hace falta para tener muchas brácteas en diciembre.
Tras podar, reduce el riego al mínimo durante unas semanas: solo lo justo para que el cepellón no se seque del todo. Mantenla en un sitio luminoso y a temperatura suave. En tres o cuatro semanas empezarán a asomar los brotes nuevos.
Abril: el trasplante
Cuando veas los brotes nuevos creciendo con vigor, ya en abril, es el momento del trasplante. El sustrato de la maceta original está agotado y suele ser una turba muy compactada, adecuada para el invernadero pero no para mantener la planta un año.
Pasa a una maceta de 3-4 cm más de diámetro, nunca mucho más grande: un exceso de volumen de sustrato retiene humedad que la raíz no consume y provoca podredumbre. La maceta debe tener agujeros de drenaje generosos; el barro cocido es preferible al plástico porque transpira.
La mezcla que le va bien: aproximadamente 60 % de sustrato universal de calidad, 20 % de perlita o arena gruesa y 20 % de compost o mantillo. Lo importante es que drene rápido y sea ligeramente ácido. Añade una capa de 2-3 cm de arlita o grava en el fondo.
Al trasplantar, retira con cuidado la tierra suelta de alrededor del cepellón sin destrozar las raíces, revisa que no haya raíces negras o blandas (si las hay, córtalas) y no entierres el cuello más de lo que estaba. Riega moderadamente y déjala unos días sin sol directo para que se recupere.
De mayo a septiembre: la temporada de crecimiento
Este es el periodo en que la planta construye la estructura que dará las brácteas de diciembre. Aquí es donde se gana o se pierde la floración.
Sácala al exterior en cuanto pasen las heladas. Desde mediados de mayo en el interior peninsular, antes en el litoral, la flor de Pascua agradece muchísimo estar fuera. Sitúala en semisombra luminosa, protegida del sol directo de las horas centrales y del viento. El sol de mediodía de un julio español quema las hojas sin remedio.
En el litoral mediterráneo y en el sur, con mínimas invernales por encima de 10-12 °C, se puede plantar directamente en el jardín, donde se convierte en un arbusto de dos o tres metros que florece espectacularmente. Es habitual verla así en la costa de Málaga, Almería, Alicante o Canarias.
Riego regular pero sin encharcar. En verano puede necesitar agua cada dos o tres días si está fuera y hace calor. Sigue valiendo la regla del dedo: riega cuando los dos primeros centímetros estén secos, y siempre vaciando el platillo.
Abono cada 15 días desde mayo hasta septiembre. Un fertilizante líquido para plantas verdes equilibrado, del tipo NPK 20-20-20 o similar, a la dosis que indique el envase. A partir de septiembre conviene pasar a uno con más potasio y menos nitrógeno, que favorece la formación de brácteas frente al crecimiento de hoja. Suspende el abonado a mediados o finales de octubre.
Pinza los brotes para hacerla compacta. Cuando los brotes nuevos alcancen unos 15-20 cm, corta la punta de cada uno por encima de un par de hojas. Puedes repetir el pinzado en julio. Cada pinzado duplica el número de ramas y, por tanto, el número de puntos donde saldrán brácteas. Deja de pinzar a finales de agosto o principios de septiembre como muy tarde: la planta necesita tiempo para desarrollar los brotes antes del proceso de floración.
Recuerda que la planta comercial venía enanizada con reguladores de crecimiento. Sin ese tratamiento, tu planta será bastante más grande y de tallos más largos que la que compraste. Es normal, no es un fallo tuyo, y el pinzado es la única herramienta que tienes para contenerla.
Vigila plagas. Al aire libre, la mosca blanca es su plaga habitual, además de araña roja en ambientes secos y calurosos y cochinilla algodonosa. Revisa el envés de las hojas cada semana. Se controlan bien con jabón potásico aplicado a última hora de la tarde, repitiendo cada 7-10 días.
Octubre y noviembre: el oscurecimiento, la clave de la coloración
Aquí está el secreto que casi nadie aplica y por el que la mayoría de las flores de Pascua conservadas de un año para otro llegan a diciembre completamente verdes.
La Euphorbia pulcherrima es una planta de día corto. Su floración y la coloración de las brácteas se disparan cuando las noches se alargan por encima de un umbral. En condiciones naturales de su latitud eso ocurre solo, pero dentro de una casa con luz eléctrica encendida hasta medianoche la planta nunca recibe la señal y no colorea.
El procedimiento, que hay que empezar a comienzos de octubre y mantener entre 8 y 10 semanas:
Cada tarde, hacia las seis, cubre la planta con una caja de cartón opaca o un plástico negro, o métela en un armario o un cuarto totalmente oscuro. Cada mañana, hacia las ocho, destápala y déjala en su sitio luminoso. Necesita entre 14 y 15 horas de oscuridad absoluta y unas 9-10 horas de luz intensa.
La oscuridad debe ser total. Basta el resplandor de una farola por la ventana, el piloto de un electrodoméstico o encender la luz del cuarto cinco minutos para interrumpir el ciclo y retrasar o abortar la coloración. No es una exageración: es literalmente lo que ocurre.
Durante estas semanas mantén la temperatura entre 18 y 21 °C de día y en torno a 15-17 °C de noche, riega con moderación y sigue abonando con el fertilizante rico en potasio hasta finales de octubre.
Hacia la sexta semana empezarás a ver las brácteas superiores virando de color. Cuando estén completamente coloreadas, normalmente a finales de noviembre o principios de diciembre, ya puedes dejar de tapar la planta y colocarla donde quieras lucirla. A partir de ese momento vuelve a los cuidados de invierno: luz, sin corrientes, temperatura estable y riego escaso.
Multiplicarla por esquejes
Los restos de la poda de marzo sirven para hacer plantas nuevas, aunque no es la técnica más agradecida.
Toma esquejes de 8-10 cm con tres o cuatro hojas, corta justo bajo un nudo, retira las hojas inferiores y sumerge el corte en agua para detener el sangrado de látex. Deja secar el corte unas horas, aplica hormona de enraizamiento y planta en una mezcla de turba y perlita a partes iguales.
Necesitan calor de base (unos 22-24 °C), humedad ambiental alta con un plástico o campana que se ventile a diario, y luz indirecta. Enraízan en tres o cuatro semanas. El mayor riesgo es la podredumbre del tallo por exceso de humedad en el sustrato.
Problemas habituales y su causa real
Caída súbita de hojas en enero. Casi siempre corriente de aire frío, cambio brusco de temperatura o exceso de riego. También ocurre por el estrés del transporte desde la tienda; llévala envuelta si hace frío.
Hojas amarillas que caen desde abajo. Exceso de agua, o sustrato encharcado sin drenaje. Deja secar y comprueba el platillo y el envoltorio de plástico.
Bordes de hoja secos y marrones. Aire demasiado seco, calefacción muy cerca o falta de riego.
Brácteas que se manchan y pudren. Botritis por exceso de humedad sobre las hojas y poca ventilación. Deja de pulverizar y ventila.
Planta verde en diciembre. Falta del tratamiento de oscuridad, o interrupciones de luz durante el periodo. Es el fallo número uno.
Tallos largos y desgarbados. Falta de poda en marzo, falta de pinzado en verano o falta de luz.
En resumen
El calendario completo cabe en seis líneas. En enero, luz abundante, 15-22 °C, sin corrientes y riego escaso vaciando el platillo. En marzo, poda drástica dejando los tallos en 10-15 cm. En abril, trasplante a maceta ligeramente mayor con sustrato drenante. De mayo a septiembre, exterior en semisombra, riego regular, abono cada quince días y pinzado de los brotes hasta finales de agosto. En octubre y noviembre, 14-15 horas de oscuridad total cada noche durante ocho o diez semanas. En diciembre, a su sitio.
De todos esos pasos, los dos que deciden el resultado son la poda de marzo, que da la forma, y el oscurecimiento de otoño, que da el color. Sin poda tendrás una planta fea con brácteas; sin oscuridad, una planta bonita completamente verde.