Ese trébol de la suerte que se vende en macetitas por Nochevieja no es un trébol. Es una Oxalis, casi siempre Oxalis tetraphylla, y no tiene ningún parentesco con los Trifolium de la familia de las leguminosas. La confusión viene de las hojas divididas en foliolos y del hábito rastrero, pero ahí acaba el parecido: las oxalis pertenecen a las oxalidáceas, guardan reservas en bulbillos o rizomas carnosos y acumulan ácido oxálico en cantidad suficiente como para que su nombre venga precisamente de ahí.

El género reúne alrededor de 800 especies repartidas por Sudamérica, Sudáfrica y Centroamérica, con unas pocas naturalizadas por medio mundo. En España conviven las tres caras del género: una planta de interior muy vendida, una vivaz de jardín resistente y agradecida, y dos malas hierbas de las que más quebraderos de cabeza dan, una de ellas con estatus legal de invasora.

Género Oxalis

Toxicidad: lo que hay que saber antes de nada

Todas las oxalis contienen ácido oxálico y oxalatos solubles. En cantidades pequeñas es el mismo compuesto que da acidez a las acederas o a las espinacas, y por eso las hojas de algunas especies se han masticado tradicionalmente por su sabor ácido. El problema es la dosis.

Para perros y gatos, el consumo de una hoja suelta rara vez pasa de un malestar digestivo, pero una ingestión abundante puede provocar vómitos, temblores e insuficiencia renal, porque los oxalatos precipitan como oxalato cálcico y secuestran calcio en sangre. Con un gato mordisqueador en casa, conviene colocar la Oxalis triangularis fuera de su alcance.

Para ganado, el riesgo es real y documentado: Oxalis pes-caprae ha causado intoxicaciones mortales en ovejas que pastaron grandes cantidades en primavera, sobre todo en el sur peninsular y en las islas.

En personas, consumir hojas ocasionalmente no es peligroso para un adulto sano, pero está desaconsejado en quien tenga antecedentes de cálculos renales de oxalato, gota o problemas de riñón. No es una planta para incorporar a la ensalada de forma habitual, y desde luego no es alimento para niños pequeños. Como planta ornamental no plantea ningún problema: la toxicidad es por ingestión, no por contacto.

Cómo reconocer una oxalis

Las hojas son palmaticompuestas, normalmente con tres foliolos acorazonados o triangulares, unidos por el vértice a un largo peciolo; algunas especies llevan cuatro o más. Las flores tienen cinco pétalos, cinco sépalos y diez estambres, se abren en embudo y son blancas, rosas, amarillas o violáceas según la especie.

El rasgo más llamativo es el movimiento: los foliolos se pliegan hacia abajo al anochecer y se despliegan con la luz, y muchas especies cierran también las flores. Es nictinastia, un movimiento por cambios de turgencia en unas células motoras de la base del foliolo, gobernado por el reloj circadiano de la planta. Verlo cerrarse no significa que le falte agua ni que esté enferma; en Oxalis triangularis el ciclo diario es tan marcado que resulta el mejor argumento de venta de la planta.

Bajo tierra, según la especie, hay bulbillos escamosos, rizomas tuberosos o raíces engrosadas. Ese detalle es el que explica tanto la facilidad de multiplicación como la dificultad de erradicación cuando la especie se descontrola.

Usos en el jardín y fuera de él

En jardinería se emplean sobre todo como tapizantes y borduras de floración larga, en primer plano de macizos, entre losas de un camino o en rocallas. Oxalis articulata y Oxalis tetraphylla cumplen bien ese papel. Las de follaje oscuro se usan como contraste cromático: una masa de Oxalis triangularis 'Purpurea' junto a hostas verdes o helechos resuelve una zona de media sombra sin más mantenimiento.

En interior, la Oxalis triangularis es una planta de mesa o de estantería, no de rincón oscuro, y funciona muy bien en maceta colgante porque los peciolos se arquean.

Fuera del ornamento, el género aporta un cultivo alimentario serio: la oca (Oxalis tuberosa), tubérculo andino que en su tierra rivaliza en importancia con la patata y que, curiosamente, pierde buena parte de su oxalato al asolearse unos días antes de cocinarse. En España es todavía anecdótico, aunque se cultiva sin problemas en zonas frescas del norte.

Oxalis triangularis: la de interior

Oxalis triangularis de hojas moradas

Originaria de Brasil, se vende como falso trébol morado o mariposa morada por sus tres foliolos triangulares de color púrpura intenso con un halo más claro, y sus flores pequeñas, blancas o rosa pálido. Rebrota de rizomas escamosos parecidos a piñas diminutas.

Luz. Mucha claridad pero indirecta. El sol directo de mediodía a través del cristal quema los foliolos y los deja translúcidos en los bordes. Con poca luz, en cambio, los peciolos se estiran, la mata se desmadeja y el morado se apaga. Una ventana orientada al este es el sitio ideal.

Temperatura. Entre 15 y 25 °C. Por encima de 28 °C entra antes en reposo; por debajo de 5 °C la parte aérea se pierde, aunque los rizomas resisten en tierra si no se hielan. En el litoral mediterráneo y en el sur puede vivir fuera todo el año, en media sombra.

Sustrato y riego. Mezcla ligera y drenante: sustrato universal con un tercio de perlita o arena gruesa. Riego moderado cuando los dos primeros centímetros estén secos, sin plato con agua estancada. El fallo que más ejemplares mata es el exceso de riego, que pudre los rizomas en cuestión de días.

Abonado. Cada tres o cuatro semanas en primavera y verano, con abono líquido para plantas verdes a media dosis. Nada de abono durante el reposo.

El reposo, que casi nadie espera. Después de varios meses de crecimiento, o tras una racha de calor, la planta amarillea, se deshoja y parece morirse. No lo está. Corta al ras todo el follaje, deja de regar casi por completo y guarda la maceta en un sitio fresco y en penumbra durante cuatro a ocho semanas. Al reanudar los riegos, rebrota con más fuerza que antes. Tirar la maceta a la basura en ese momento es el error más habitual con esta planta.

Multiplicación. Divide los rizomas al trasplantar, en otoño o a finales de invierno, y plántalos a 2-3 cm de profundidad, cinco o seis por maceta de 14 cm. La germinación por semilla no interesa: es lenta e innecesaria.

Problemas. Araña roja con aire seco y caliente —hojas moteadas y telilla fina—, pulgón en los brotes tiernos y cochinilla algodonosa en las axilas. Aumentar la humedad ambiental previene lo primero; el jabón potásico resuelve los tres en fases tempranas.

Oxalis articulata: la vivaz de jardín

Procede del sur de Sudamérica y está ampliamente naturalizada en el norte y el noroeste peninsular. Forma matas densas de 20-30 cm con hojas trifoliadas de un verde vivo y ramilletes de flores rosa fuerte sobre tallos erguidos, desde marzo hasta bien entrado el otoño en climas suaves.

Exposición. Sol pleno en el norte y en zonas frescas; media sombra en el interior y el sur, donde el sol de julio y agosto le achicharra el follaje. Tolera bien la sombra ligera bajo árboles caducos.

Rusticidad. Resiste heladas de hasta unos -8 o -10 °C con la parte aérea perdida y rebrote desde el rizoma en primavera. Eso la hace apta para casi toda España salvo las zonas de montaña más severas.

Suelo y riego. Poco exigente, pero agradece suelo suelto y con materia orgánica. Riego regular en verano —un par de veces por semana según clima— y prácticamente nulo en invierno. En suelos pesados y encharcados se pudre el rizoma.

Mantenimiento. Retirar las flores marchitas alarga la floración y, sobre todo, reduce la semilla. Cada tres o cuatro años conviene levantar la mata, dividir los rizomas y replantar, porque el centro se ahueca.

Precaución. Es expansiva. Se extiende por fragmentos de rizoma y cualquier trocito que quede tras una escarda rebrota. En un macizo mixto acaba comiéndose a las vecinas pequeñas. Contenerla con una bordura enterrada, o cultivarla directamente en maceta grande, evita disgustos a los tres años.

Oxalis corniculata: la mala hierba de las macetas

Rastrera, de hojas diminutas que van del verde al bronce oscuro en la forma atropurpurea, con flores amarillas de menos de un centímetro. Aparece en macetas, alcorques, juntas de pavimento, invernaderos y semilleros, en todo el país y prácticamente todo el año.

Su éxito se explica por dos mecanismos. El primero: los tallos rastreros enraízan en cada nudo, de modo que arrancar la planta por la parte visible deja media docena de plantas independientes en el suelo. El segundo: las cápsulas maduras explotan al menor contacto y disparan las semillas hasta dos metros de distancia, lo que basta para saltar de una maceta a la de al lado y para colonizar un vivero entero en una temporada.

Control. La única estrategia que funciona es impedir que semille. Arráncala en cuanto florezca, antes de que las cápsulas engorden, y hazlo con el sustrato húmedo para sacar la raíz pivotante entera. Un acolchado de 3-4 cm en macetas y alcorques impide la germinación, que es superficial y necesita luz. En pavimentos, agua hirviendo repetida sobre la roseta es tan eficaz como cualquier producto y no deja residuo. Los herbicidas de contacto solo queman la parte aérea y la planta rebrota desde la raíz, así que es tiempo y dinero perdidos.

Revisa también las macetas que traes del vivero: viene de polizón con muchísima frecuencia, y ahí empieza la historia en la mayoría de los jardines.

Oxalis pes-caprae: la que no se puede plantar

Conocida como vinagreta, agrios o pan y quesillo, es sudafricana y florece en amarillo brillante de diciembre a abril, tapizando olivares, cítricos, cunetas y baldíos de Andalucía, Levante y Baleares. Está considerada especie exótica invasora en España, lo que significa que su comercio, plantación y propagación están prohibidos.

Se reproduce por bulbillos subterráneos —decenas por planta— que se dispersan con el laboreo. De ahí el error de manual: pasar la azada o el motocultor sobre una zona infestada la multiplica en lugar de eliminarla. En parcelas pequeñas, lo que reduce la población es cortar la parte aérea repetidamente en plena floración, cuando la planta ha agotado la reserva del bulbo y aún no ha formado los nuevos, y mantener el suelo cubierto con acolchado o con una cubierta vegetal competidora.

Errores frecuentes con las oxalis

Tirar la maceta cuando entra en reposo. Ya está dicho, pero es el fallo número uno con la triangularis. Amarillear y perder hojas forma parte de su ciclo.

Regar cuando cierra las hojas. El plegado nocturno es luz, no sed. Regar por ese motivo lleva directamente al encharcamiento.

Ponerla a pleno sol de mediodía en el sur. Ni la de interior ni la articulata lo agradecen en verano peninsular.

Confundir el género con el trébol y suponer que fija nitrógeno. No lo hace: eso es cosa de las leguminosas y de sus bacterias simbiontes. Una oxalis no mejora la fertilidad de un suelo.

Plantar una especie expansiva en pleno macizo. Articulata y tetraphylla se van de las manos. En maceta o con contención se disfrutan; sueltas entre vivaces delicadas, no.

En resumen

Bajo el nombre Oxalis conviven una excelente planta de interior, una vivaz de jardín resistente y un par de malas hierbas difíciles. Oxalis triangularis quiere luz indirecta abundante, 15-25 °C, sustrato drenante, riego contenido y un reposo de varias semanas que hay que respetar en lugar de interpretarlo como muerte. Oxalis articulata resiste hasta unos -8 °C, florece medio año y conviene contenerla porque se expande por rizoma. Oxalis corniculata se combate impidiendo que semille y acolchando, nunca con herbicidas de contacto. Y Oxalis pes-caprae es invasora catalogada: ni se planta ni se mueve, y removerla con azada la multiplica. Todas contienen oxalatos, así que fuera del alcance de mascotas y sin usarlas como verdura habitual.


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