Conviene aclarar primero el vocabulario, porque el error está muy extendido incluso en catálogos de semillas: «bianual» significa «dos veces al año». La planta que necesita dos temporadas para completar su ciclo es bienal. Son cosas distintas, y confundirlas lleva a esperar floraciones que no llegan cuando toca.
Qué define realmente cada ciclo
La clasificación en anuales, bienales y vivaces no se refiere a cuánto vive una planta en el calendario, sino a cuántos periodos de crecimiento necesita para germinar, florecer, fructificar y morir. Ese es el matiz que casi nunca se explica.
Una anual cierra el ciclo completo en una sola estación de crecimiento. Nace de semilla, crece, florece, produce semilla y muere. Muchas no duran un año ni de lejos: una Lobularia maritima sembrada en marzo puede estar agotada en julio. Su estrategia es la velocidad, y por eso son plantas de raíz superficial, sin órganos de reserva y con una tolerancia mínima a la sequía imprevista.
Una bienal reparte el trabajo en dos temporadas. El primer año forma solo hoja: una roseta baja, densa, que acumula reservas en la raíz. Pasa el invierno así. Al segundo año emite el tallo floral, florece, granea y muere. Nunca florece dos veces.
Una vivaz o perenne vive y florece durante varios años, con o sin parte aérea persistente en invierno.
Hay un detalle más que rompe el esquema y explica muchas decepciones: buena parte de lo que se vende en España como «planta anual de temporada» no es anual en absoluto. Petunias (Petunia × atkinsiana), alegrías (Impatiens walleriana), begonias de flor (Begonia cucullata), verbenas, lobelias y geranios son perennes tropicales o subtropicales de vida corta. Se cultivan como anuales porque el frío las mata, no porque su ciclo termine. En el litoral mediterráneo o en el sur, donde las heladas son excepcionales, muchas rebrotan al año siguiente si se las poda y se las protege un poco.
Anuales de verano y anuales de invierno
Meter todas las anuales en el mismo saco es el fallo práctico más caro. Hay dos grupos con exigencias opuestas.
Las anuales de estación cálida germinan con el suelo caliente y mueren con la primera helada: girasol (Helianthus annuus), zinnia, cosmos, tagetes, Ipomoea, alhelí de verano, portulaca, albahaca en el huerto. Sembrarlas antes de tiempo no adelanta nada: por debajo de 12-15 °C de temperatura del suelo la semilla se queda parada y se pudre. En el interior peninsular no se sacan al exterior hasta pasada la segunda semana de mayo, cuando el riesgo de heladas tardías desaparece; en la costa mediterránea, desde mediados de abril.
Las anuales de estación fresca hacen justo lo contrario. Caléndula (Calendula officinalis), amapola (Papaver rhoeas), aciano (Centaurea cyanus), neguilla (Nigella damascena), espuela de caballero (Consolida ajacis), amapola de California (Eschscholzia californica) y guisante de olor (Lathyrus odoratus) germinan bien con 10-15 °C, aguantan el frío y florecen en primavera. Aquí está la recomendación que más cambia los resultados en clima español: siémbrelas en otoño, entre septiembre y noviembre, no en primavera. Pasan el invierno como plantitas pequeñas, desarrollan raíz profunda y en abril florecen con el doble de tamaño y semanas antes que las sembradas en marzo, que además llegan a junio justo cuando aprieta el calor y se agostan.
Bienales de jardín: paciencia de dos años
Las bienales ornamentales clásicas son la digital (Digitalis purpurea), la lunaria o monedas del Papa (Lunaria annua, cuyo epíteto engaña: se comporta como bienal), el clavel del poeta (Dianthus barbatus), la campánula de jardín (Campanula medium), el nomeolvides (Myosotis sylvatica) y el gordolobo (Verbascum thapsus). El alhelí amarillo (Erysimum cheiri) y la malvarrosa (Alcea rosea) son técnicamente vivaces de vida muy corta, pero se cultivan igual.
El calendario correcto es este: siembra de mayo a julio, en semillero o en un bancal de cría a media sombra; trasplante al sitio definitivo en septiembre u octubre, cuando la roseta ya tiene tamaño; floración la primavera o el verano siguiente. Sembrarlas en primavera es el error habitual, y se traduce en un año entero de hojas sin una sola flor.
Lo que dispara la floración es el frío. Muchas bienales necesitan vernalización: varias semanas por debajo de unos 10 °C para que el meristemo cambie de fase vegetativa a reproductiva. Por eso en zonas de invierno muy suave —costa de Málaga, Canarias— algunas bienales de origen centroeuropeo florecen mal o no florecen, y conviene sustituirlas por especies mediterráneas.
Un aviso concreto: la digital es tóxica en todas sus partes. Contiene glucósidos cardiotónicos que alteran el ritmo cardiaco y resulta peligrosa por ingestión, tanto para personas como para perros, gatos o ganado. No se planta en zonas donde jueguen niños pequeños ni en pastos accesibles, y sus hojas nunca deben confundirse con las de la consuelda o las de la borraja al recolectar. Manipúlela con guantes si tiene piel sensible.
El huerto está lleno de bienales, aunque no lo parezca
Aquí es donde el concepto deja de ser teórico. Zanahoria, remolacha, col, coliflor, cebolla, puerro, apio, perejil, acelga y nabo son bienales. Lo que comemos es la reserva del primer año: la raíz engrosada, el bulbo, el cogollo, las hojas. Si la planta llega al segundo ciclo, invierte esas reservas en un tallo floral y la parte comestible se vuelve leñosa, fibrosa y amarga.
Ese es exactamente el fenómeno de la subida a flor o espigado. No es un capricho: la planta ha recibido la señal de frío que le indica que ya pasó un invierno. En la zanahoria y la remolacha ocurre cuando la plántula ha superado cierto tamaño —el tallo más grueso que un lápiz— y después encadena varias semanas por debajo de 10 °C. En la cebolla, cuando los plantones entran en invierno demasiado desarrollados.
Las consecuencias prácticas son directas. No adelante en exceso las siembras de zanahoria o remolacha a finales de invierno en zonas de interior: media siembra se le espigará en mayo. Plante la cebolla con el calibre adecuado y en la fecha adecuada, sin correr. Y si quiere obtener su propia semilla, haga lo contrario: deje unas cuantas plantas sanas sin cosechar, déjelas pasar el invierno y recoja la semilla al segundo verano. Es el motivo, por cierto, de que la semilla de zanahoria o de cebolla sea más laboriosa de producir que la de tomate, que es anual.
Sacarles el máximo partido
Las anuales tienen un objetivo biológico único: dejar semilla. Todo el manejo consiste en aprovechar eso o en impedirlo, según convenga.
Quite las flores marchitas. En cuanto la planta empieza a granear, envía la señal de que el trabajo está hecho y frena la floración. Cortar los capítulos pasados de cosmos, zinnias, tagetes o petunias prolonga la floración semanas enteras. A la lobularia y a la caléndula les sienta bien una siega a la mitad de su altura en pleno julio: rebrotan y vuelven a florecer en septiembre.
Abone si están en maceta. El sustrato de una jardinera lleva reservas para cuatro o seis semanas. A partir de ahí, una anual floreciendo a pleno rendimiento necesita abono líquido rico en potasio cada diez o quince días. Sin él, se queda pequeña y florece a medias, y suele achacarse al riego o a la luz.
Riegue poco pero seguido. Sin raíz profunda ni órgano de reserva, una anual pasa de estar perfecta a estar colapsada en una tarde de julio. Un acolchado de 3-4 cm reduce mucho ese riesgo.
Deje que se resiembren solas. Neguilla, caléndula, amapola, aciano, cosmos y Eschscholzia se resiembran con facilidad si se les permite madurar unas cuantas cápsulas. Es la forma más barata de mantener un macizo, y el resultado tiene un aire natural que no se consigue plantando en línea.
No compre bandejas en plena floración. La planta ya ha gastado energía, suele llegar con el cepellón enrollado y a menudo ha sido tratada con reguladores del crecimiento que la mantienen compacta en el vivero; cuando el efecto pasa, se estira de forma desordenada. Un plantón en botón, con raíz blanca y sin cerco de sales en el cepellón, rinde mucho más a lo largo de la temporada.
En resumen
Anual quiere decir un ciclo completo en una temporada; bienal, dos temporadas con floración solo en la segunda; «bianual» es simplemente un término mal empleado. Las anuales se dividen en las de verano, que no salen al exterior hasta pasadas las heladas, y las de invierno, que rinden mucho más sembradas en otoño. Las bienales se siembran de mayo a julio, se trasplantan en otoño y florecen al año siguiente tras recibir su dosis de frío. Y en el huerto ese mismo mecanismo, la vernalización, es el que provoca la subida a flor de zanahorias, remolachas y cebollas: entenderlo evita perder media cosecha por sembrar antes de tiempo.