Una junta de cuatro centímetros entre dos losas es, en la práctica, otro jardín: se calienta antes que el suelo abierto, se seca en la mitad de tiempo, recibe pisadas y acumula la sal y el polvo que arrastran las suelas. Lo que prospera en un arriate no tiene por qué durar una temporada ahí. Por eso la elección de plantas para un sendero no se hace por gusto estético, sino por tolerancia al pisoteo, profundidad de suelo disponible y horas de sol reales sobre la piedra.

Conviene separar desde el principio dos situaciones que se confunden todo el rato: lo que se pisa y lo que se roza. En las juntas y en los huecos entre losas van especies pisables. En los bordes, a diez o quince centímetros del paso, cabe casi cualquier cosa, siempre que no invada el camino ni pinche al pasar.

Sendero de losas con plantas tapizantes creciendo en las juntas

Qué significa realmente "pisable"

Una tapizante pisable no es la que sobrevive a un pisotón, sino la que rebrota después de recibirlos a diario. El criterio práctico es sencillo: la planta debe tener yemas de crecimiento por debajo del punto donde apoya el pie, ya sea porque emite estolones que enraízan al tocar el suelo o porque forma una almohadilla densa que reparte la presión.

El tránsito también se mide. Un sendero de servicio que se recorre veinte veces al día no admite lo mismo que un paso ornamental al fondo del jardín. Con paso intenso, lo razonable es que las losas estén juntas y sean las que soporten el pie, y que la planta ocupe solo la junta. Con paso ocasional se pueden dejar huecos de veinte o treinta centímetros y dejar que la vegetación domine la superficie.

Tapizantes para sendero a pleno sol

En clima peninsular seco, el grupo más fiable son los tomillos rastreros. Thymus serpyllum y Thymus praecox forman alfombras de dos o tres centímetros de alto, aguantan pisadas moderadas y desprenden aroma al aplastarse. Thymus pseudolanuginosus, el tomillo lanudo, es más decorativo por su tono grisáceo pero tolera peor el pisoteo continuo y odia el encharcamiento invernal.

Frankenia laevis merece más difusión de la que tiene: es una planta de saladares del litoral ibérico, con hoja diminuta, floración rosa en verano y una resistencia notable a la sequía, al calor y a la sal. Funciona muy bien en Levante, Andalucía y la costa mediterránea, en suelos pobres y arenosos.

Phyla nodiflora (antes Lippia) es probablemente la tapizante más resistente al tránsito que se puede plantar en el sur peninsular. Aguanta el verano con riegos escasos y se recupera de pisadas fuertes. Tiene dos inconvenientes que hay que valorar antes: florece de forma continua y atrae abejas en cantidad, lo que la desaconseja en pasos que se recorran descalzos o con niños pequeños; y es agresiva, así que colonizará el césped contiguo si no hay una barrera física.

Para pasos ligeros y suelos bien drenados también sirven Achillea crithmifolia, Herniaria glabra —de un verde intenso que se broncea en invierno— y Dichondra repens, aunque esta última necesita riego regular y no soporta las heladas fuertes del interior. Zoysia tenuifolia forma un tapiz ondulado muy resistente al pisoteo, pero se pone completamente pajizo de noviembre a abril y hay que asumirlo.

Sombra, humedad y las juntas del norte

En Galicia, la cornisa cantábrica o en patios sombríos el problema se invierte: sobra agua y falta luz. Ahí entra Soleirolia soleirolii, la helxine o lágrimas de bebé, que rellena juntas de sombra con una alfombra de dos centímetros. Tolera pisadas ocasionales, no diarias. Sagina subulata, llamada musguillo pese a no ser un musgo, forma cojines de aspecto muy similar y aguanta algo más de sol si no le falta humedad.

Mentha requienii, la menta corsa, es la opción aromática para sombra fresca: al pisarla suelta un olor a menta muy intenso. Necesita suelo que no se seque nunca, de modo que en la meseta o en el sur solo funciona en rincones muy protegidos y con riego.

Sobre los musgos hay que ser claro. Un camino cubierto de musgo tiene un aspecto excelente en fotografía y es peligrosamente resbaladizo de octubre a marzo, sobre todo sobre piedra pulida o madera. Si el sendero es una zona de paso habitual, y más aún si lo usan personas mayores, el musgo hay que retirarlo, no cultivarlo. Reservarlo para caminos decorativos que casi no se pisan, o para las piedras laterales.

Los bordes: aquí caben las plantas de verdad

A ambos lados del paso se puede plantar sin la restricción del pisoteo, y es donde el sendero gana carácter. Las aromáticas mediterráneas son la apuesta lógica: lavanda (Lavandula angustifolia en zonas frescas, Lavandula dentata o Lavandula stoechas en el sur), santolina (Santolina chamaecyparissus), Nepeta x faassenii, salvia y romero de porte rastrero. Todas soportan el roce y el reflejo del calor de la piedra, y ninguna necesita riego una vez asentada.

Para dar textura sin flor: Stachys byzantina por la hoja aterciopelada, Festuca glauca en macollas azuladas, Armeria maritima en cojines compactos y Iberis sempervirens, que se cubre de blanco en marzo y abril. En sombra funcionan Liriope muscari y Ophiopogon japonicus, dos plantas casi indestructibles que definen el borde con una línea limpia.

Erigeron karvinskianus merece mención aparte. Es la margarita menuda que se ve colgando de muros y escaleras en jardines de todo el Mediterráneo: florece de abril a noviembre, se siembra sola en las grietas y no pide nada. Ojo, precisamente por eso: se resiembra tanto que aparecerá en juntas donde no la quieres.

Ajuga reptans en flor como planta de borde de camino

La Ajuga reptans aparece en cualquier lista de plantas para caminos, y ahí hay un malentendido extendido que conviene deshacer: es una tapizante magnífica de borde, no de junta. Sus hojas son carnosas y anchas, y una pisada las machaca; con tránsito regular acaba dejando calvas de tierra. Plantada al lado del camino, en semisombra fresca, cubre el suelo con rapidez y da unas espigas azules en abril y mayo que ninguna pisable puede ofrecer.

Trepadoras sobre el camino

Una pérgola o un arco sobre un sendero cambia la escala del jardín, pero exige decidir bien la especie porque quitarla después es una obra. Wisteria sinensis da la imagen clásica de túnel florido en abril; también desarrolla troncos leñosos que con los años deforman estructuras ligeras y arrancan canalones. Solo sobre hierro o madera de sección generosa, y con poda de verano y de invierno.

Opciones más manejables: Trachelospermum jasminoides (jazmín estrella), perenne, de crecimiento contenido y con una floración perfumada en mayo y junio; Rosa banksiae, casi sin espinas y de floración temprana; Jasminum officinale, y Clematis para dar color en verano. En sombra profunda, Hedera helix resuelve taludes y muros laterales.

Dos advertencias. Lonicera japonica se comporta como invasora en buena parte de España y se escapa de los jardines con facilidad; existiendo la madreselva autóctona Lonicera implexa, no hay motivo para plantarla. Y Parthenocissus tricuspidata se adhiere con ventosas que arrancan la capa superficial del revoco al retirarla, así que sobre pared enfoscada conviene una estructura separada del muro.

Lo que no debería estar junto a un paso

La ruda (Ruta graveolens) es la peor candidata posible para un borde de camino. Su savia contiene furanocumarinas y provoca fitofotodermatitis: el roce en la piel seguido de exposición al sol produce quemaduras con ampollas que tardan semanas en curar y dejan manchas durante meses. Es un problema real y frecuente en verano, no una precaución teórica. Si se cultiva, que sea lejos del paso y manipulándola con guantes y manga larga.

La adelfa (Nerium oleander) es tóxica en todas sus partes por sus glucósidos cardíacos, incluidas las hojas secas. No hay razón para prohibirla en un jardín adulto, pero flanqueando un camino que recorren niños o perros es una mala decisión. Lo mismo aplica a las euforbias: el látex blanco de Euphorbia characias y compañía es fuertemente irritante para piel y ojos, y basta con romper un tallo al pasar.

Por último, el sentido común geométrico: nada con espinas a menos de un metro del eje del paso (agaves, chumberas, berberis, rosales arbustivos), y nada que en tres años vaya a estrechar el camino a la mitad. Un sendero de 90 cm bordeado por dos plantas que crecen 40 cm cada una acaba siendo un paso de diez centímetros.

Cómo se prepara una junta para que la planta agarre

El fallo habitual no es de especie, sino de suelo. Debajo de una losa suele haber zahorra compactada o mortero, y una tapizante plantada sobre eso no enraíza. Antes de plantar hay que vaciar la junta al menos 10 cm de profundidad y rellenarla con una mezcla que drene pero retenga algo de agua: dos partes de arena de río gruesa o gravilla fina y una de compost maduro funciona bien. Las juntas por debajo de 3 cm de ancho no dan para nada; conviene preverlo antes de colocar las losas.

La época de plantación en la Península es octubre y noviembre en la mitad sur y en la costa: la planta enraíza con las lluvias otoñales y llega al verano con sistema radicular hecho. En el interior frío, con heladas fuertes, es preferible marzo y abril. Se planta con cepellones pequeños, de alveolo, cada 15 a 25 cm según la especie, y se riega los dos primeros veranos aunque la planta figure como resistente a la sequía: resistente lo será a partir del tercer año.

Durante la primera temporada hay que desherbar a mano. Una junta recién plantada es tierra desnuda y las adventicias germinan antes que la tapizante; en cuanto la alfombra cierra, el problema desaparece casi solo.

En resumen

Elige por tolerancia al pisoteo antes que por estética: tomillos rastreros, Phyla nodiflora y Frankenia laevis para las juntas a pleno sol; helxine, Sagina y menta corsa para sombra húmeda; lavandas, santolinas, Liriope, Erigeron y Ajuga para los bordes, que es su sitio y no la junta. Prepara la junta vaciándola 10 cm y rellenándola con arena gruesa y compost, planta en otoño en la mitad sur y en primavera en el interior frío, y riega los dos primeros veranos. Deja fuera del paso la ruda, la adelfa, las euforbias y cualquier cosa con espinas, y no cultives musgo en un camino que se use en invierno: resbala mucho más de lo que parece.


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