Un tomate plantado en tierra reparte sus raíces por medio metro cúbico de suelo, unos 500 litros. Ese mismo tomate en una maceta de 20 litros dispone del cuatro por ciento de ese volumen, y con él tiene que resolver el agua, el aire y los nutrientes de toda la temporada. Cultivar en maceta es, básicamente, administrar esa escasez. Todo lo demás —qué especie, qué sustrato, cada cuánto se riega— se deduce de ahí.

Conjunto de macetas con plantas en una terraza

El volumen decide más que la especie

Antes de elegir planta conviene fijar el recipiente, porque el litraje marca el techo de lo que se puede cultivar. Como referencia práctica para exterior:

De 3 a 5 litros: lechugas, rúcula, espinaca, albahaca, perejil, cebollino, fresas, suculentas pequeñas, flor de temporada. De 10 a 15 litros: pimientos, berenjenas, judía de mata baja, aromáticas leñosas como tomillo o salvia, rosales miniatura. De 20 a 40 litros: tomate, calabacín, rosal de patio, lavanda adulta, hortensia. De 50 litros en adelante: cítricos, olivo, arbustos leñosos, frutales enanos, bambúes.

Hay un error muy repetido en sentido contrario: plantar pequeño en muy grande creyendo que así se ahorra un trasplante. Una planta joven no ocupa el sustrato con raíces, ese sustrato permanece encharcado durante días después de cada riego y las raíces se asfixian o se pudren. El salto razonable en un trasplante es pasar a un tiesto entre cuatro y seis centímetros más ancho, no triplicar de golpe.

La profundidad importa tanto como el volumen. Una jardinera de 15 cm de fondo sirve para lechuga, pero no para zanahoria, que necesita 30 cm limpios, ni para un tomate, cuya raíz principal va a buscar hacia abajo desde la primera semana.

La capa de bolas de arcilla en el fondo no drena

Es una de las creencias más extendidas de la jardinería doméstica y es falsa. Poner una capa de gravilla, arlita o trozos de teja en el fondo de la maceta no mejora el drenaje: lo empeora. Por física de suelos, el agua no pasa de un material fino a uno grueso hasta que el fino está saturado, de modo que la capa de grava eleva la zona encharcada dentro del cepellón en lugar de bajarla. Y encima roba litros útiles de sustrato.

Lo que sí determina el drenaje es el agujero de salida y la porosidad del sustrato. La maceta tiene que tener orificios y no estar apoyada directamente sobre una superficie plana que los selle: dos tacos, unos pies de plástico o una rejilla bastan. El plato con agua permanente debajo mata más plantas que la sequía.

Sustrato: por qué la tierra del jardín no vale

La tierra de jardín, que en el suelo funciona perfectamente, dentro de un recipiente se compacta con el riego, pierde porosidad y se convierte en un bloque. En maceta se necesita un sustrato que mantenga aire después de regar: turba rubia o fibra de coco como base, más perlita o arena gruesa entre un 20 y un 30 % del volumen.

Ajustes según el grupo. Aromáticas mediterráneas, suculentas y cítricos piden mucha más fracción mineral, hasta un 40 %. Hortensias, camelias, azaleas y arándanos exigen sustrato de plantas acidófilas, con un pH entre 4,5 y 5,5; en sustrato universal amarillean por clorosis férrica en pocos meses. Las plantas de gran porte que van a estar años en el mismo tiesto agradecen algo de tierra volcánica o pómice, que no se degrada.

Aromáticas y huerto en maceta

Las aromáticas son el cultivo en maceta con mejor relación entre esfuerzo y resultado. Romero (Salvia rosmarinus), tomillo, salvia, orégano y laurel quieren sol directo, sustrato drenante y riego escaso: se riegan cuando el sustrato está seco dos o tres centímetros por debajo de la superficie, y en invierno casi nada. El exceso de agua es su causa de muerte más común, muy por delante del frío.

La menta (Mentha spicata, Mentha x piperita) es un caso donde la maceta no es una limitación sino la forma correcta de cultivarla: en el suelo coloniza el bancal entero mediante rizomas y es difícil de erradicar. En tiesto se comporta. Albahaca, perejil y cilantro son anuales o bienales que se resiembran cada temporada; la albahaca se siembra a partir de abril y no soporta noches por debajo de 10 ºC.

En hortalizas, el tomate cherry rinde mejor en maceta que las variedades de fruto grande, porque la carga se reparte y el estrés hídrico se nota menos. Necesita 20 litros como mínimo, tutor, y un riego diario en julio y agosto: la alternancia entre sustrato seco y encharcado provoca blossom end rot, la podredumbre apical, que se atribuye a falta de calcio pero en la práctica es casi siempre un problema de riego irregular. Judías, pimientos, lechugas de corte, acelga, rabanitos y fresones funcionan bien; maíz, patata en cantidad y calabaza no compensan.

Cítricos y frutales

El limonero de cuatro estaciones, el kumquat (Citrus japonica) y el calamondín son los cítricos que mejor viven confinados. Piden 50 litros o más, sustrato muy drenante, sol y un abonado específico para cítricos con hierro quelatado, porque en maceta la clorosis por hierro y magnesio es casi la norma: hojas amarillas con los nervios verdes marcan el diagnóstico.

El punto crítico es el invierno, y no por la parte aérea. En maceta, el cepellón se congela; en el suelo, no. Un limonero plantado en tierra aguanta una helada corta de −4 ºC que en un tiesto de plástico expuesto le mata las raíces. En el interior peninsular hay que arrimar las macetas a una pared orientada al sur, agruparlas y envolver el recipiente —no la planta— con plástico de burbujas o arpillera. Cubrir la copa con plástico transparente y dejarla al sol es contraproducente: cuece.

De frutales, funcionan higuera en variedades compactas, granado enano (Punica granatum 'Nana'), y frutales de hueso injertados sobre patrones enanizantes. El olivo aguanta décadas en maceta grande, siempre que se pode para mantener el equilibrio entre copa y raíz.

Flor de temporada, arbustos y trepadoras

Para color continuo de mayo a octubre en pleno sol: petunias y calibrachoas, Pelargonium (geranio y gitanilla), Dipladenia, tagetes y Gaura. Con los geranios hay un aviso que en España es obligado: la mariposa del geranio (Cacyreus marshalli) está establecida en toda la Península y su oruga vacía los tallos por dentro; se detecta por los agujeros y el serrín en la base de los pedúnculos, y se controla revisando y cortando los tallos afectados desde la primera aparición en primavera.

En sombra o semisombra: Impatiens, begonias, fucsias, helechos, Hosta —muy castigada por las babosas— y hortensias, que en maceta necesitan riego abundante y sustrato ácido; su color azul depende del aluminio disponible a pH bajo, así que en sustrato neutro viran a rosa por mucho que se les añadan productos "azuleadores".

Como estructura permanente en terraza funcionan boj, Nandina domestica, Photinia x fraseri, laurel, lavanda y rosales de patio. Y sobre una celosía, Trachelospermum jasminoides vive perfectamente en un cajón de 40 o 50 litros durante años.

Suculentas y plantas de riego mínimo

Echeveria, Crassula, Sedum, Aeonium, Haworthia y cactus de género variado son la respuesta para quien riega poco o se ausenta. La clave está en el sustrato: mezcla con al menos un 50 % de árido (arena de sílice gruesa, pómice o akadama) y riegos espaciados, empapando de verdad y dejando secar por completo. El error clásico es el contrario: un chorrito frecuente sobre turba, que mantiene el cuello permanentemente húmedo y lo pudre.

Aguantan sol pleno sin problema, pero un ejemplar comprado en invernadero y sacado de golpe al sol de julio se quema. Se aclimata en dos o tres semanas de sombra parcial. Los Aeonium, además, entran en reposo en verano y en esa fase se riegan menos, no más.

Interior: elección fácil y una advertencia de toxicidad

Para interiores con luz indirecta, las opciones tolerantes son Epipremnum aureum (potos), Zamioculcas zamiifolia, Dracaena trifasciata (la antigua sansevieria), Spathiphyllum, Monstera deliciosa y Chlorophytum comosum. Todas ellas mueren antes por exceso de riego que por falta; en invierno, con menos luz y temperatura, el consumo cae y hay que espaciar los riegos.

Conviene saber esto si hay gatos, perros o niños pequeños en casa: potos, monstera, filodendro, difenbaquia, zamioculcas y espatifilo pertenecen a las aráceas y contienen cristales de oxalato cálcico. Al morderlas provocan dolor intenso, inflamación de labios, lengua y garganta y babeo; rara vez son mortales, pero el episodio es serio y la difenbaquia puede llegar a comprometer la respiración. Colocarlas fuera del alcance resuelve el problema. Muy distinto es el caso de la adelfa: su toxicidad cardíaca es grave y no debería estar en una maceta de interior ni en una terraza accesible a un niño.

Riego y abono: lo que el sustrato no da

Se riega hasta que sale agua por el agujero de abajo, y luego se vacía el plato a los diez minutos. Regar poco y a diario moja solo los primeros centímetros, deja el fondo seco y concentra las raíces arriba, justo donde más se calienta. El dedo es mejor indicador que cualquier calendario: dos o tres centímetros de sustrato seco al tacto es la señal en las especies de exterior.

Un sustrato comercial trae fertilizante para seis u ocho semanas. A partir de ahí, si no se abona, la planta se para. En plantas de temporada y huerto, abono líquido cada 10 o 15 días de marzo a septiembre; en leñosas y arbustos, abono de liberación lenta una o dos veces al año, en marzo y a finales de junio. En invierno no se abona, salvo en interior con calefacción y crecimiento activo.

Con agua dura —buena parte de España lo es— las sales y la cal se acumulan en el sustrato y aparecen costras blancas en la superficie y en las paredes de barro. En acidófilas se corrige regando de vez en cuando con agua de lluvia o con agua ligeramente acidificada, y renovando los primeros centímetros de sustrato una vez al año.

El verano en una terraza y el trasplante

Una maceta negra de plástico expuesta al sol de mediodía en julio supera con facilidad los 45 ºC en el interior del cepellón, temperatura a la que las raíces dejan de funcionar y se dañan. El barro y el fibrocemento se comportan mucho mejor por evaporación y por espesor de pared; si solo hay plástico, la solución barata es meter esa maceta dentro de otra mayor, o agrupar los tiestos para que se den sombra entre ellos.

El barro poroso, por su parte, pierde agua por las paredes y exige regar con más frecuencia: es una ventaja en interior o con plantas sensibles al encharcamiento, y un inconveniente en una terraza de Sevilla en agosto.

El trasplante se hace a finales de invierno o principios de primavera, antes de que arranque el crecimiento, cada dos o tres años según el vigor. Señales de que toca: raíces asomando por el agujero, agua que atraviesa el cepellón sin mojarlo, crecimiento detenido pese al abonado. En ejemplares grandes que ya no se pueden cambiar de tiesto, se sustituyen los cinco centímetros superficiales de sustrato por mezcla nueva con compost cada primavera; se llama recalce y prolonga la vida del ejemplar durante años.

En resumen

Elige primero el litraje y luego la planta: 5 litros para hoja y flor pequeña, 20 para tomate o rosal, 50 o más para cítricos y leñosas. Usa sustrato específico con un 20-30 % de perlita o arena, nunca tierra de jardín, y olvida la capa de bolas de arcilla en el fondo, que empeora el drenaje en lugar de mejorarlo. Riega hasta que salga agua por abajo y vacía el plato; abona desde la sexta u octava semana. Aromáticas mediterráneas, tomate cherry, suculentas, geranios y cítricos son cultivos seguros en tiesto, cada uno con su exigencia: mucho árido para las primeras, riego constante para el tomate, hierro quelatado para el cítrico y vigilancia de la mariposa del geranio en primavera. En invierno protege el recipiente, no la copa, porque el frío mata por las raíces. Y si hay animales o niños en casa, ten presente que las aráceas de interior son irritantes al morderlas y la adelfa es seriamente tóxica.


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