Tener jacinto de agua en el estanque del jardín es ilegal en España. No «desaconsejable»: ilegal. Eichhornia crassipes, hoy Pontederia crassipes, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras desde 2013, y con ella la venta, la compra, el regalo, el transporte y la tenencia están prohibidos. Lo mismo vale para el helecho de agua Azolla filiculoides, para Salvinia molesta y, desde su entrada en la lista de especies invasoras preocupantes para la Unión Europea, para la lechuga de agua Pistia stratiotes y la lenteja menuda Lemna minuta.

Merece la pena empezar por ahí porque son, precisamente, las cuatro o cinco flotantes que más circulan de mano en mano entre aficionados y las que más aparecen en fotos de estanques bonitos. Y porque quedan bastantes flotantes legales, interesantes y bien adaptadas con las que trabajar.

Qué define a una planta flotante

Una flotante libre no está enraizada en el fondo. Vive apoyada en la superficie o suspendida en la columna de agua, y sus raíces —cuando las tiene— cuelgan en el agua y absorben nutrientes directamente de ella, sin sustrato de por medio. Esa es la diferencia con el nenúfar, que también tiene la hoja flotando pero está anclado en el barro y depende de la tierra de su cesta.

De ahí se derivan sus tres características prácticas. Se mueven: el viento las amontona contra una orilla, así que en un estanque expuesto acaban todas en el mismo rincón. Se multiplican por división vegetativa, no por semilla, y a velocidades que no tienen equivalente en jardinería terrestre: una lenteja de agua puede duplicar su población en dos o tres días con calor y agua rica. Y comen del agua, lo que las convierte en competidoras directas de las algas por el nitrógeno y el fósforo disueltos.

Ese último punto explica a la vez su utilidad y su peligro. Son excelentes depuradoras —se usan en lagunajes de tratamiento de aguas— y a la vez, sueltas en un río español con nutrientes de sobra y sin heladas fuertes, tapan la lámina de agua por completo, cortan la luz a todo lo que hay debajo y matan por asfixia el ecosistema entero.

Estanque con distintos tipos de plantas acuáticas flotando en superficie

Las prohibidas, y por qué

El jacinto de agua es el caso de manual. Roseta de peciolos hinchados en forma de globo, flores lilas espectaculares, crecimiento capaz de duplicar la biomasa en una o dos semanas en verano. Las invasiones del Guadiana han obligado a campañas de extracción mecánica de años y de coste millonario. Muere con heladas fuertes, lo que da una falsa sensación de seguridad en el interior; en la costa mediterránea y en el suroeste sobrevive el invierno sin problema.

La lechuga de agua, Pistia stratiotes, es la roseta de hojas verde claro acanaladas y aterciopeladas, muy vendida durante años en tiendas de acuariofilia. Ya no puede comercializarse en la Unión Europea. Azolla filiculoides es un helecho diminuto que forma una alfombra que se vuelve rojiza con el frío y el sol fuerte; fija nitrógeno atmosférico gracias a la cianobacteria Anabaena azollae que aloja en sus hojas, virtud agronómica en los arrozales asiáticos y desastre en un humedal peninsular, donde su manta compacta impide todo intercambio de gases.

Si ya tiene alguna de ellas en su estanque, lo procedente es retirarla, dejarla secar por completo lejos del agua y llevarla al contenedor de restos vegetales o al compost, nunca al fregadero, al inodoro, a un imbornal ni a una acequia. Un solo fragmento vegetativo basta para fundar una población nueva, y no hay que transportarla a ningún sitio.

Las que sí puede tener

El bocado de rana (Hydrocharis morsus-ranae) es la flotante europea por excelencia para estanque de jardín: rosetas de hojas redondeadas de 2 a 4 cm, casi un nenúfar en miniatura, con flores blancas de tres pétalos en verano. Es autóctona de la península, aunque escasa y protegida en varias comunidades, así que se adquiere propagada en vivero y jamás se recolecta en el campo. En otoño forma turiones —yemas compactas de reserva— que se hunden hasta el fondo; la planta parece haber muerto en noviembre y reaparece sola en abril. Muchos aficionados la dan por perdida y la reponen sin necesidad.

El aloe de agua (Stratiotes aloides) es una roseta grande, de hasta 40 cm, con hojas rígidas de bordes muy aserrados, que pasa el año sumergida y sube a la superficie en verano para florecer. Impresiona en estanques medianos y grandes. Dos avisos: los bordes de las hojas cortan de verdad, conviene manejarla con guantes, y es planta muy prolífica por estolones, de modo que hay que aclararla cada temporada.

La lenteja de agua común (Lemna minor) es autóctona y legal, a diferencia de la menuda. Distinguirlas requiere fijarse: L. minor mide 3-5 mm y tiene tres nervios visibles a contraluz; L. minuta apenas llega a 2-3 mm, es más translúcida y tiene un solo nervio. Aun siendo la legal, Lemna minor es una compañía exigente: llega sola, pegada a las patas de un ánade o al cepellón de una planta nueva, y no se va nunca del todo.

Con Salvinia natans hay que mirar la planta antes de comprarla. Es un helecho flotante anual, nativo de zonas de Europa y muy raro hoy en la península, con hojas ovales de 1 a 2 cm cubiertas de pelos que repelen el agua. La especie prohibida, Salvinia molesta, se le parece mucho, pero con una lupa la diferencia es clara: en S. natans los pelos terminan en cuatro puntas libres y separadas, mientras que en S. molesta esas cuatro puntas se unen en el ápice formando una jaulita con forma de varilla de batidora. Si el vivero no sabe decirle qué especie le está vendiendo, no la compre.

Salvinia natans, helecho acuático flotante de hojas ovales

Hay además tres flotantes que no se ven porque viven bajo la superficie y son de las más útiles del estanque. Ceratophyllum demersum, la cola de zorro, no tiene raíces: flota entera en la columna de agua, aguanta calizas duras y sombra parcial, crece a velocidad de vértigo en primavera y es probablemente la mejor oxigenadora para el clima español. Utricularia australis y U. vulgaris son plantas carnívoras autóctonas: sus utrículos capturan microcrustáceos y larvas, y funcionan bien en aguas blandas y pobres en nutrientes. Riccia fluitans, una hepática, forma masas verde brillante muy apreciadas en acuario.

Mención aparte para Limnobium laevigatum, muy común en acuariofilia. No está prohibida hoy en España, pero es tropical y se comporta exactamente igual que las especies catalogadas: nunca debe acabar en un cauce natural, ni siquiera vaciando el agua de un acuario por el desagüe del jardín.

Para qué sirven y para qué no

Su primer trabajo es la sombra. En un estanque de menos de 60 cm de profundidad, en julio, la lámina se calienta y las algas verdes explotan. Una capa de flotantes corta la luz que llega al agua y desactiva ese motor. Es la solución para lugares donde un nenúfar no cabe o no puede vivir: bebederos, tinajas, estanques con corriente ligera, barreños de terraza.

El segundo es la competencia por los nutrientes. Absorben nitratos y fosfatos directamente y se los quitan al fitoplancton, que es lo que pone el agua verde opaca. Ahora bien, esto se malinterpreta con frecuencia: las flotantes no eliminan el nutriente del sistema, solo lo inmovilizan mientras están vivas. Si no se retiran del estanque, al morir en otoño devuelven todo lo que habían absorbido. La extracción periódica de biomasa es lo que de verdad limpia el agua, no la planta en sí.

El tercero es el refugio. Las raíces colgantes son zona de puesta para muchos invertebrados y escondite para alevines frente a los peces adultos y frente a las garzas.

Lo que no hacen es oxigenar la superficie. Al contrario: una cobertura del 100 % impide el intercambio de gases entre el aire y el agua justo en agosto, cuando el agua caliente ya retiene menos oxígeno del que hace falta. Si tiene peces, mantenga al menos la mitad de la lámina despejada.

Manejo a lo largo del año

Con las flotantes el trabajo no es plantarlas —se echan al agua y ya está—, sino frenarlas. De junio a septiembre toca retirar el exceso una vez por semana con una red de mango largo o un salabre. Un truco de campo: espere a un día de viento y recójalas en la orilla de sotavento, donde se acumulan solas, en lugar de perseguirlas por todo el estanque.

Lo retirado conviene dejarlo un día en un cubo o extendido al borde del estanque para que los caracoles, larvas y bichos atrapados vuelvan al agua. Después, al compost: es material muy rico en nitrógeno y agua, así que hay que mezclarlo con restos secos y leñosos o se apelmaza y se pudre. Lo que no se hace nunca es tirarlo a un arroyo, a una acequia, a la red de saneamiento o a un contenedor de residuos verdes que vaya a acabar cerca de un cauce.

En otoño la mayoría desaparece: Hydrocharis y Stratiotes se hunden en forma de turión, Ceratophyllum deja ápices compactos en el fondo, Salvinia natans muere y se regenera al año siguiente a partir de esporocarpos. Es un ciclo normal y no hay que reponer nada hasta comprobar en mayo si han vuelto. Solo las especies tropicales de acuario necesitan pasar el invierno en interior, con luz y agua por encima de 18 °C.

Errores frecuentes

El más habitual es ponerlas donde hay salpicaduras. Salvinia, Azolla, Pistia y las flotantes con hojas peludas dependen de que su cara superior se mantenga seca; el rocío constante de una cascada o de un surtidor las empapa, se hunden y se pudren. Igual que con los nenúfares, van en la zona de agua quieta.

El segundo es mezclarlas con carpas o carpines. Las carpas koi comen lenteja de agua con entusiasmo y arrasan las raíces de Hydrocharis, y los carpines dorados desmenuzan Ceratophyllum. En un estanque con peces grandes, muchas flotantes duran una temporada como mucho.

Y el tercero afecta a la salud: se repite mucho que hay que echar gambusias para controlar los mosquitos. Gambusia holbrooki está catalogada como especie exótica invasora en España y su suelta es ilegal, además de dañina para anfibios y peces autóctonos. Es cierto que una superficie totalmente cubierta de lenteja de agua protege a las larvas de mosquito de sus depredadores y las multiplica, pero la respuesta es dejar la mitad de la lámina libre, mantener algo de movimiento en el agua y, si hace falta, usar tabletas de Bacillus thuringiensis israelensis, que son específicas de larvas de díptero e inocuas para peces y demás fauna del estanque.

En resumen

Antes de comprar cualquier flotante, compruebe la especie. Jacinto de agua, lechuga de agua, Azolla filiculoides, Salvinia molesta y Lemna minuta están prohibidas en España, y no por manía burocrática, sino porque taponan ríos enteros. Si tiene alguna, retírela, séquela lejos del agua y no la mueva de sitio.

Con las legales se cubre lo mismo y mejor: Hydrocharis morsus-ranae para el aspecto de nenúfar en miniatura, Stratiotes aloides para estanques grandes, Salvinia natans comprobando los pelos con una lupa, y Ceratophyllum demersum como oxigenadora fiable en aguas duras.

Colóquelas en agua quieta, lejos de cascadas y surtidores, y no las deje pasar de la mitad de la superficie si hay peces. Retire el exceso cada semana en verano y llévelo al compost: esa extracción es la que de verdad saca los nutrientes del estanque y mantiene el agua clara. Y en otoño, no dé por muerta a una planta que solo se ha hundido a esperar la primavera.


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