La respuesta corta es que el mejor sustrato para una orquídea es el que no retiene agua. La respuesta útil requiere entender por qué, porque de ahí se deduce cuál te conviene a ti, que no es el mismo para todo el mundo.
Las orquídeas de interior más comunes son epífitas: en la naturaleza viven agarradas a la corteza de un árbol, no enterradas. Sus raíces están hechas para estar al aire, mojarse de golpe con la lluvia y secarse después. Lo que llamamos sustrato no las alimenta: las sujeta y les da algo de humedad entre riego y riego.
Lo primero: nunca tierra
La tierra de maceta, el mantillo o el sustrato universal asfixian una raíz de orquídea en cuestión de semanas. No es una cuestión de grado ni de regar menos: no hay hueco de aire, y sin aire la raíz muere. Si te han regalado una plantada en tierra, cámbiala.
Corteza de pino: la opción por defecto
Es lo que usa el 90% de la gente y con razón. Drena rapidísimo, deja huecos de aire generosos y se maneja bien.
El calibre importa más de lo que parece. El medio, de 1 a 2 centímetros, es el estándar para una Phalaenopsis adulta. El fino, de menos de 1 centímetro, retiene algo más de humedad y va bien para plantas jóvenes, miniaturas y para quien vive en un sitio muy seco. El grueso es para orquídeas de raíz gorda tipo Cattleya o Vanda.
Su inconveniente: se descompone. En dos o tres años deja de ser corteza y pasa a ser una esponja que retiene agua, y ahí empieza la pudrición. Por eso el trasplante periódico no es opcional.
Los materiales que se le añaden
Perlita. Aligera y airea. Barata y útil en proporciones pequeñas.
Carbón vegetal. No aporta nutrientes, pero evita que la mezcla se agrie y absorbe sales. Un puñado en la mezcla alarga bastante su vida útil.
Fibra de coco (chips). Alternativa sostenible a la corteza, con más retención de agua. Ojo: viene con sales que hay que lavar bien antes de usar, o te quemará la raíz.
Arlita o piedra pómez. Inertes y eternos. No se descomponen, así que espacian mucho los trasplantes, aunque no retienen casi nada de humedad.
Musgo sphagnum. Merece capítulo aparte.
El musgo, que es donde más gente se ahoga
Muchas orquídeas de supermercado vienen con la raíz envuelta en una bola de musgo. Retiene una barbaridad de agua, y ahí está el problema: la gente riega con la frecuencia que le han dicho, el musgo no llega a secarse nunca y la raíz se pudre por dentro sin que se vea nada por fuera hasta que ya es tarde.
El musgo tiene su sitio —recuperar plantas sin raíz, orquídeas miniatura, climas muy secos—, pero exige un ojo distinto: hay que dejar que se seque casi del todo entre riegos. Si acabas de heredar una así, mi consejo es pasarla a corteza en el primer trasplante.
Mezclas que funcionan
Para una Phalaenopsis normal en un piso español: corteza media al 80%, perlita al 10% y carbón vegetal al 10%. Simple, barato y muy difícil de estropear.
Si vives en zona seca o tienes mucha calefacción: baja el calibre de la corteza a fino y sube algo la perlita. Retendrá algo más y no tendrás que regar cada cuatro días.
Si sueles regar de más: corteza gruesa y un 20% de arlita. Perdona mucho.
Antes de usarlo
La corteza seca de bolsa es hidrófoba: el agua le resbala. Déjala en remojo entre doce y veinticuatro horas antes de trasplantar, y escúrrela bien. Si no lo haces, los primeros riegos se van por los agujeros sin mojar nada y la planta pasa sed rodeada de sustrato húmedo por fuera.
La fibra de coco, además de remojarla, hay que enjuagarla varias veces para lavar las sales.
La maceta cuenta como parte del sustrato
Transparente y con muchos agujeros, incluidos los laterales. La transparencia te deja ver el color de la raíz, que es el mejor indicador de cuándo regar, y permite que la raíz —que también hace fotosíntesis— reciba algo de luz. Y del tamaño justo: en una maceta grande sobra corteza, esa corteza retiene agua que nadie usa, y se pudre.
En resumen
Corteza de pino de calibre medio, con algo de perlita y carbón, en maceta transparente y del tamaño justo, remojada antes de usar y renovada cada dos o tres años. Si te la vendieron en musgo, vigílala de cerca hasta que puedas cambiarla.