Una Phalaenopsis no decide florecer por el calendario, sino por el termómetro nocturno: necesita entre tres y cuatro semanas seguidas con noches de 16 a 18 °C para que se active la emisión de la vara floral. Ese es el dato que resuelve buena parte de las consultas sobre orquídeas que llevan dos años sin dar una flor dentro de un piso con calefacción a 22 °C constantes.

Pero la respuesta completa depende del género, porque bajo la palabra "orquídea" caben más de 25.000 especies con ciclos muy distintos. Conviene ir por partes.

Qué gobierna la floración de una orquídea

Prácticamente todas las orquídeas que se venden como planta de interior son epífitas: en su origen viven agarradas a la corteza de los árboles, no en tierra. De ahí vienen sus dos rarezas más visibles. La primera, que sus raíces son gruesas, verdes y están recubiertas de velamen, un tejido esponjoso que absorbe el agua de la lluvia y de la humedad ambiental en cuestión de minutos y que además hace fotosíntesis. La segunda, que no toleran el sustrato de las demás plantas: en turba compactada se asfixian y se pudren.

Para la floración importa distinguir dos grupos por su forma de crecer:

Monopodiales (Phalaenopsis, Vanda): un único tallo que crece hacia arriba emitiendo hojas nuevas por el ápice. Las varas florales salen de la axila de las hojas. No tienen pseudobulbos.

Simpodiales (Cattleya, Cymbidium, Dendrobium, Oncidium, Miltoniopsis, Zygopetalum): cada temporada producen un brote nuevo con su pseudobulbo, un engrosamiento que almacena agua y reservas. Y aquí está la clave: cada pseudobulbo florece una sola vez en su vida. Si una Cattleya no ha completado un pseudobulbo nuevo y bien engordado durante la temporada de crecimiento, no habrá flores, por mucho que se la cuide en invierno. La floración de las simpodiales se decide durante el verano anterior.

Los tres factores que disparan la floración, por orden de importancia real, son el salto térmico entre el día y la noche, la cantidad de luz acumulada y, en algunos géneros, un periodo de sequía o reposo. El fotoperiodo influye menos de lo que se cree en las especies tropicales de interior.

Phalaenopsis en flor

Cuándo florece cada género en España

Phalaenopsis. Es la orquídea mariposa, la que se vende en cualquier supermercado. En condiciones domésticas, el estímulo llega con el descenso térmico del otoño (octubre y noviembre en la península): la vara aparece en unas cuatro a ocho semanas después del enfriamiento, alarga durante el invierno y abre entre enero y abril. Cada floración dura de dos a tres meses, y no es raro que una planta bien tratada dé dos ciclos al año.

Cymbidium. Necesita frío de verdad: noches en torno a 10-13 °C durante seis u ocho semanas de finales de verano y otoño, con buena luz. Florece de diciembre a abril y sus varas duran ocho o diez semanas. Es la orquídea perfecta para quien tiene una terraza o un patio: en el litoral mediterráneo y en el norte puede pasar todo el verano y el otoño fuera, en sombra clara, y entrar sólo cuando amenacen heladas. Un Cymbidium permanentemente en el salón no florece nunca.

Cattleya. Depende de la especie: las hay de floración primaveral y de floración otoñal. La regla práctica es que florece cuando el pseudobulbo del año madura, y necesita bastante más luz que una Phalaenopsis.

Dendrobium nobile. Exige un reposo invernal claro: de noviembre a febrero, frío (10-15 °C), mucha luz, riego muy escaso y abonado suspendido. Después revienta el tallo entero de flores en marzo y abril. Si se riega y se abona todo el invierno, en lugar de flores produce keikis, plantitas hijas sobre el tallo. Los Dendrobium phalaenopsis, en cambio, florecen en otoño y no piden ese reposo.

Oncidium y sus híbridos (Cambria, Beallara, Odontoglossum): floración típicamente de otoño, aunque los híbridos tipo Cambria son bastante irregulares y pueden abrir en cualquier época cuando terminan un pseudobulbo.

Paphiopedilum (zapatilla de Venus): otoño e invierno. Es terrestre o semiterrestre, tolera poca luz y sus flores duran entre seis y diez semanas.

Miltoniopsis: primavera y principios de verano, y sufre por encima de 28 °C, lo que la hace difícil en el interior peninsular.

Vanda: puede florecer dos o tres veces al año si recibe muchísima luz y humedad; en un piso normal, rara vez repite.

Por qué la tuya no florece

Cuando una orquídea sana y verde lleva más de un año sin flor, la causa suele estar en una de estas cuatro cosas.

Luz insuficiente

Es el motivo número uno, muy por delante del riego. Una Phalaenopsis quiere entre 10.000 y 15.000 lux, y el rincón de la estantería donde suele acabar tiene 500. La ubicación ideal en España es una ventana al este, con sol directo suave de primeras horas, o una ventana al sur o al oeste filtrada con visillo. Sol directo de mediodía en verano quema las hojas en una tarde.

El color de las hojas lo indica sin necesidad de medir: verde oscuro intenso y brillante significa poca luz, aunque resulte bonito; verde medio, ligeramente amarillento, es la tonalidad de una planta que sí va a florecer. Los Cymbidium y las Cattleya piden bastante más luz todavía.

Falta de salto térmico

La orquídea necesita notar la diferencia entre el día y la noche: de 8 a 10 °C de oscilación. En una vivienda climatizada esa diferencia es de dos o tres grados y la planta nunca recibe la señal. La solución más sencilla, y funciona de forma bastante fiable, es sacar la maceta a un balcón, terraza o galería en septiembre y octubre, en sombra clara, y dejarla ahí hasta que las noches bajen de 15 °C. Si no hay exterior, sirve un cuarto sin calefacción o simplemente ventilar bien esa habitación por la noche. En cuanto se vea el inicio de la vara, se vuelve a la temperatura habitual.

Exceso de riego o riego mal hecho

El fallo clásico. Las raíces epífitas necesitan secarse entre riegos: el velamen plateado indica sequedad y el verde intenso, hidratación. Se riega cuando las raíces están plateadas y el sustrato pesa poco, lo que en verano suele ser cada 5-7 días y en invierno cada 10-15. El método correcto es sumergir la maceta transparente en agua durante diez o quince minutos y dejar escurrir del todo; nunca dejar agua en el cubremacetas.

Dos costumbres que conviene desterrar: regar con cubitos de hielo, que provoca daño por frío en las raíces y aporta muy poca agua, y regar con agua muy dura del grifo. En buena parte de España el agua tiene más de 400 µS/cm de conductividad, y las orquídeas acusan la acumulación de sales; el agua de lluvia, la osmotizada o una mezcla al 50 % resuelven el problema.

Maceta y sustrato

Las orquídeas florecen mejor con las raíces algo apretadas, así que trasplantar a un tiesto grande "para que crezca" retrasa la floración uno o dos años. Se trasplanta cada dos o tres años, y no por tamaño sino porque la corteza se descompone: cuando el sustrato se ha vuelto oscuro, blando y retiene agua como si fuera tierra, las raíces se asfixian. El momento adecuado es después de la floración, con corteza de pino de calibre medio, y subiendo como mucho un par de centímetros de diámetro.

Sobre la humedad y el abono

Lo ideal está entre el 50 y el 70 % de humedad relativa; con calefacción, un salón baja del 30 %. La bandeja con arlita húmeda bajo la maceta —sin que el fondo toque el agua— y agrupar las plantas funcionan mucho mejor que pulverizar las hojas, que apenas sube la humedad unos minutos y, si el agua se queda en el cogollo, provoca podredumbre de corona. Si pulverizas, hazlo por la mañana y nunca sobre las flores abiertas, que se manchan.

Y una creencia que conviene corregir: el abono rico en fósforo no induce la floración. Es una idea heredada de las plantas de flor de temporada, pero en orquídeas los ensayos de nutrición apuntan a que un equilibrado tipo 20-20-20 a un cuarto de dosis, en cada riego durante el crecimiento, da mejores resultados que los "abonos de floración" cargados de fósforo. Lo que sí ayuda es no dejar de abonar en primavera y verano, que es cuando la planta fabrica las reservas con las que florecerá después, y aclarar el sustrato con agua sola una vez al mes para arrastrar sales.

Orquídea en flor en el interior de una vivienda

Vara o raíz: cómo distinguirlas

Es una duda constante. La vara floral nace de la axila de una hoja, es de un verde más apagado, tiene el extremo aplanado como una manopla y va segmentada en pequeñas escamas o nudos. La raíz aérea sale del tallo por debajo de las hojas, es cilíndrica, de punta redondeada y brillante, a menudo verde intenso o rojiza. Ante la duda, no se toca: cortar una vara joven confundida con una raíz es un error irreversible para esa temporada.

Qué hacer cuando se caen las flores

Que una orquídea pierda las flores al cabo de dos o tres meses no es una enfermedad: es el final normal del ciclo. Los pasos siguientes dependen del género.

En Phalaenopsis, si la vara sigue verde y la planta está fuerte, se corta por encima del segundo o tercer nudo contando desde la base, justo un centímetro por encima. De uno de esos nudos suele brotar una vara secundaria en unas seis a diez semanas. Si la planta es pequeña o venía justa de reservas, mejor cortar la vara a ras y dejar que recupere: forzar una segunda floración en una planta débil da flores diminutas y agota la planta. Y si la vara se ha secado y amarilleado, se corta entera a 1 cm de la base.

En orquídeas simpodialesCattleya, Oncidium, Cymbidium, Cambria— la vara agotada se corta siempre por la base: no rebrota. Lo que hay que vigilar es que la planta emita un brote nuevo y lo engorde bien, porque de ahí saldrá la próxima flor.

Tras la floración conviene reducir un poco el riego durante tres o cuatro semanas, mantener el abonado normal cuando reanude el crecimiento y aprovechar ese momento para trasplantar si el sustrato está degradado.

Un detalle sobre las plantas de supermercado: llegan forzadas en invernadero con condiciones controladas, y su primera floración doméstica suele hacerse esperar entre uno y dos años. No significa que estén mal cuidadas; significa que están recuperando el ritmo natural.

Si la planta ya tiene problemas

Hojas arrugadas y flácidas: casi siempre indica raíces muertas, no sed. Desenmaceta y comprueba: las raíces sanas son firmes y claras; las podridas, marrones, huecas y blandas. Se recortan todas las dañadas con tijera desinfectada y se replanta en corteza nueva, regando poco hasta que emita raíz.

Capullos que amarillean y caen antes de abrir (aborto floral): responde a un cambio brusco: corriente de aire frío, traslado de sitio con la vara ya formada, calefacción justo debajo, sequedad extrema o proximidad de fruta madura, que desprende etileno. Una orquídea con capullos no debe moverse de sitio.

Manchas blandas y oscuras en las hojas: podredumbre bacteriana o fúngica por agua estancada en el cogollo. Se corta la zona afectada con margen de tejido sano, se seca y se ventila.

Puntos pegajosos y hojas con melaza: cochinilla algodonosa o pulgón, muy frecuentes en el envés y en las varas. Se limpian con un bastoncillo con alcohol de 70° y, si es amplio, con jabón potásico, repitiendo cada semana.

Hoja con moteado plateado y telarañas finas: araña roja, propia de ambientes secos. Subir la humedad es la mitad del tratamiento.

En resumen

La orquídea más común en las casas españolas, la Phalaenopsis, emite vara en otoño y abre entre enero y abril, siempre que en octubre haya notado noches de 16-18 °C; el Cymbidium florece en invierno pero exige pasar el otoño fuera, con noches de 10-13 °C; las simpodiales florecen sobre el pseudobulbo formado el verano anterior, y cada pseudobulbo sólo lo hace una vez. Si tu planta no florece, revisa primero la luz, después el salto térmico entre el día y la noche, y sólo entonces el riego. Riega por inmersión con agua blanda cuando las raíces estén plateadas, abona equilibrado a cuarta dosis en crecimiento en lugar de buscar fórmulas de fósforo, trasplanta cada dos o tres años sin cambiar apenas de tamaño de maceta, y cuando caigan las flores corta la vara de Phalaenopsis sobre el segundo nudo si la planta está vigorosa o a ras si no lo está.


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