«Un vaso de agua a la semana» es el consejo que más orquídeas ha matado en España. No porque el agua sea mala, sino porque la pregunta está mal planteada: no hay una frecuencia correcta. Hay una señal correcta, y está a la vista dentro de la maceta.
La raíz cambia de color y ese es el aviso
Las raíces de una orquídea están recubiertas de velamen, un tejido esponjoso que absorbe agua muy deprisa. Cuando está cargado de humedad se vuelve traslúcido y la raíz se ve verde brillante. A medida que la planta consume esa reserva, el velamen se llena de aire y la raíz se ve gris plateada.
Ahí tienes el indicador. Raíces verdes, no toca. Raíces plateadas, riega. Por eso las orquídeas se venden en macetas transparentes, y por eso meterlas en un cachepot opaco «que queda más bonito» te quita el único instrumento fiable que tienes.
Si tu maceta no es transparente, hay dos trucos. Uno: el peso. Levántala; cuando está seca pesa notablemente menos. Dos: un palito de madera hundido en la corteza, que sacas y miras, igual que con un bizcocho.
Cada cuánto es eso, en días
Para que tengas un orden de magnitud, no una regla: en una casa española normal, una Phalaenopsis en corteza suele pedir agua cada 6 a 9 días en verano y cada 12 a 20 en invierno. Pero eso varía muchísimo según:
El sustrato. La corteza gruesa se seca rápido; el musgo sphagnum retiene mucho más y espacia los riegos casi al doble. Si te la vendieron en musgo, ten especial cuidado: es donde más se ahoga la gente.
La maceta. Una de plástico con muchos agujeros seca antes que una lisa.
La calefacción. En invierno con radiadores puede secar más rápido que en verano.
Cómo regar
Por inmersión, que es lo que mejor imita el aguacero tropical. Mete la maceta —solo la maceta interior, la de los agujeros— en un barreño con agua a temperatura ambiente y déjala entre diez y quince minutos. Verás las raíces cambiar de plateado a verde mientras se cargan.
Sácala, deja escurrir cinco minutos bien escurrida, y devuélvela a su sitio. Nunca dejes agua acumulada en el platillo ni en la maceta decorativa: eso es lo que pudre la raíz.
Si prefieres regar desde arriba, hazlo bajo el grifo hasta que salga agua por debajo, y luego escurre igual. Lo importante es el ciclo empapar-secar, no el método.
Nunca en el cogollo
El punto donde nacen las hojas nuevas no debe acumular agua. Si se queda encharcado, en un par de días tienes una pudrición del cuello que casi siempre acaba con la planta. Si te cae agua ahí sin querer, sécala con una servilleta antes de dejarla.
Por eso también conviene regar por la mañana: la planta tiene todo el día para secarse.
Qué agua
Son sensibles a la cal. En zonas de agua dura acabas viendo costras blancas en las raíces y en la corteza, y la planta se resiente. Lo mejor es agua de lluvia; después, agua osmotizada; y si usas la del grifo, déjala reposar un día en un recipiente abierto.
A temperatura ambiente siempre. Un riego con agua fría de golpe es un susto que puede costarte los botones florales.
Los errores que se pagan
Regar por rutina. El calendario no sabe si tu casa tiene calefacción encendida.
Los cubitos de hielo. Circula mucho como método cómodo. Es una mala idea: son plantas tropicales y el frío directo sobre la raíz les hace daño, además de que aporta un volumen ridículo de agua.
Interpretar las hojas arrugadas como sed. Parece lo más lógico y es justo al revés. Una hoja blanda casi siempre significa que la raíz está podrida y ya no absorbe. Si respondes regando más, la rematas. Saca la planta y mira: raíz marrón y hueca al apretarla es raíz muerta, y hay que cortarla.
En resumen
Riega cuando las raíces pasen de verdes a plateadas, por inmersión, con agua sin cal y a temperatura ambiente, escurriendo bien y sin mojar el cogollo. Si dudas, espera: en orquídeas se muere mucha más gente por exceso que por defecto.