Una caña de Dendrobium nobile que ha pasado el invierno a 21 °C en el salón no florece: saca hijuelos. En lugar de botones florales aparecen plantitas en miniatura pegadas a los nudos, y el propietario concluye que la orquídea "se ha estropeado". No se ha estropeado. Ha hecho exactamente lo que le pedía la temperatura que le dimos.

Ese es el punto en el que se decide casi todo con este género. Dendrobium reúne más de mil quinientas especies repartidas por Asia tropical, el Himalaya, Australia y las islas del Pacífico, y esa amplitud significa que dos plantas con la misma palabra en la etiqueta pueden necesitar cuidados opuestos en invierno. Antes de regar conviene saber cuál de las dos tenemos delante.

Flor de Dendrobium nobile vista de cerca

Los dos Dendrobium que llegan a los viveros españoles

La etiqueta suele decir "Dendrobium" y nada más, así que hay que mirar la planta. Fíjate en la caña, que es el tallo engrosado que hace las veces de pseudobulbo:

Tipo nobile. Cañas de grosor bastante uniforme, con hojas repartidas a lo largo de casi toda su longitud y nudos marcados. Las flores brotan de esos nudos, en toda la caña, en grupos de dos o tres. Descienden de Dendrobium nobile, una especie del Himalaya y el sur de China que en su montaña pasa un invierno fresco y seco. Es caducifolia: pierde las hojas y la caña queda desnuda, y eso no es un síntoma de nada malo.

Tipo phalaenopsis. Cañas más finas en la base y engrosadas hacia arriba, hojas concentradas en el tercio superior y una vara floral larga que sale por el ápice, con flores muy parecidas a las de una Phalaenopsis. Son híbridos derivados de Dendrobium bigibbum, del norte de Australia y Nueva Guinea, de clima cálido todo el año. No necesitan frío, son perennifolias y con menos de 15 °C sostenidos empiezan a sufrir.

Dar a un nobile el trato del segundo grupo es lo que hace que no vuelva a florecer nunca. Dar a un tipo phalaenopsis el invierno frío del primero es lo que lo pudre. Distinguirlos cuesta treinta segundos y vale por todo lo demás.

El reposo invernal del tipo nobile

Aquí está el nudo del asunto. Dendrobium nobile y sus híbridos inducen flor por una combinación de frío nocturno y sequía mantenida durante unas seis a diez semanas. Sin ese estímulo la planta interpreta que sigue en temporada de crecimiento y responde con vegetación: los nudos que debían dar flores dan keikis, esos hijuelos con raíces aéreas.

El calendario que funciona en la península:

Desde finales de octubre, cuando la caña del año ya está hecha y ha rematado en una hojita terminal más pequeña, se suspende el abonado por completo. Se traslada la planta al sitio más fresco y luminoso que haya: una galería sin calefacción, un alféizar de habitación fría, un porche cubierto. Buscamos noches de 8 a 13 °C con días de 15 a 18 °C. En la costa mediterránea y en el sur, un balcón resguardado y a cubierto de la lluvia cumple sin más. En el interior frío hay que vigilar las heladas: por debajo de 5 °C ya no compensa el riesgo.

El riego se reduce a un vaso de agua cada dos o tres semanas, lo justo para que las cañas no se arruguen del todo. Un ligero acartonamiento es normal y hasta deseable. Verás caer las hojas; déjalas caer.

Hacia finales de enero o febrero aparecen en los nudos unos bultitos redondeados. Ahí es donde mucha gente se equivoca por impaciencia: en cuanto se ven los botones se devuelve la planta al calor y se riega a fondo, y varios botones abortan. Aumenta el riego de forma gradual y no muevas la planta al interior cálido hasta que los botones estén claramente hinchados y coloreados.

Un detalle que ahorra disgustos: no cortes las cañas viejas aunque estén sin hojas y feas. Un nobile florece sobre madera de años anteriores, y una caña desnuda de hace dos temporadas puede volver a dar flor. Solo se retira lo que esté seco, marrón y hueco.

Y si ya te han salido keikis, no los tires. Cuando el hijuelo tenga tres o cuatro raíces de cinco centímetros, se separa con un corte limpio dejándole un trocito de la caña madre y se planta en una maceta pequeña con corteza fina. En dos o tres años tienes una planta adulta.

Luz, sustrato y maceta

Los Dendrobium piden más luz que una Phalaenopsis, y esta es la segunda causa de fracaso silencioso: plantas sanas que no florecen porque llevan años en una estantería a dos metros de la ventana. Una ventana a levante, o una a poniente con visillo, es el sitio correcto. Con buena luz la hoja es de un verde medio, algo amarillento; un verde oscuro y brillante indica que le sobra sombra.

En verano agradecen salir fuera, a semisombra clara y con ventilación. Sol directo del mediodía de julio en Madrid o Sevilla les quema la hoja en una tarde, así que hay que aclimatarlas poco a poco y siempre bajo malla o bajo un árbol de sombra ligera.

El sustrato es corteza de pino de calibre medio o fino, sola o con algo de perlita gruesa y una parte pequeña de esfagno si el ambiente es muy seco. Nada de tierra de macetas. La corteza se degrada y se compacta: hay que renovarla cada dos o tres años, ni antes ni mucho después, porque cuando se convierte en mantillo las raíces se asfixian.

La maceta, estrecha y más bien pequeña, incluso justa. Son plantas altas y de raíz compacta a las que un tiesto grande les mantiene el centro húmedo demasiado tiempo. Como pesan poco arriba y vuelcan, va bien una maceta interior de plástico transparente metida en un cubremacetas de barro que haga contrapeso. El trasplante se hace justo después de la floración, cuando arrancan los brotes nuevos, y no en otro momento: molestarlas en pleno crecimiento las frena una temporada entera.

Dendrobium cultivado en maceta

Riego y abonado a lo largo del año

En temporada de crecimiento, de marzo a septiembre, la pauta es empapar y escurrir: se lleva la maceta al fregadero, se moja la corteza hasta que sale agua por abajo, se deja escurrir unos minutos y se devuelve a su sitio. Nunca con un plato con agua debajo. La frecuencia depende del calor y de la corteza, no del calendario; en un piso normal suele salir cada cinco o siete días en primavera y cada tres o cuatro en pleno agosto. La regla práctica es meter el dedo dos centímetros: si la corteza está seca al tacto, toca.

El agua importa más de lo que parece. En buena parte de España el agua del grifo es dura, y las sales van precipitando en el sustrato y quemando las puntas de las raíces. Si tienes agua por encima de unos 300 mg/l de residuo seco, alterna con agua de lluvia o agua de ósmosis, o al menos haz un lavado abundante cada mes para arrastrar sales.

Abonado: fertilizante específico de orquídeas a un cuarto o la mitad de la dosis de la etiqueta, en cada segundo o tercer riego, de marzo a agosto. Un equilibrado tipo 20-20-20 mientras la caña crece, y a partir de finales de agosto conviene bajar el nitrógeno y subir el potasio para que la caña madure y endurezca. Exceso de nitrógeno tardío en un nobile es otra receta segura para tener keikis en vez de flores. En invierno, cero abono en los de tipo nobile; en los de tipo phalaenopsis, una dosis muy floja al mes basta.

Plagas y problemas frecuentes

La cochinilla algodonosa se esconde en la vaina seca que envuelve la caña y en las axilas de las hojas, y ahí no llega ningún producto de contacto pulverizado por encima. Hay que retirar esas vainas viejas con cuidado y limpiar con un bastoncillo mojado en alcohol de 70°, repitiendo cada semana durante un mes. La araña roja aparece con calefacción y aire seco: hojas con punteado plateado y aspecto polvoriento por el envés. Aumentar la humedad ambiental y duchar el follaje la frena bastante.

Los botones florales atraen pulgón en primavera, sobre todo si la planta está fuera. Se quita con un chorro suave de agua antes de que deforme las flores.

Lo que mata plantas de verdad no es ningún bicho, sino la podredumbre de raíz por sustrato viejo y riego constante. Síntoma: cañas que se arrugan aunque riegues, porque las raíces ya no absorben. Se saca la planta, se cortan las raíces huecas y marrones, se deja secar el corte unas horas y se replanta en corteza nueva y maceta pequeña, con riegos muy espaciados hasta que rebrote.

Una alternativa para patios del Mediterráneo

Si buscas de verdad algo que perdone descuidos, Dendrobium kingianum merece la búsqueda. Es una especie australiana de porte pequeño, con racimos de flores rosadas muy perfumadas al final del invierno, que en la costa mediterránea vive todo el año en un patio resguardado y agradece precisamente lo que las demás no toleran: frío, sequía invernal y sol de media mañana. Con ella el reposo lo pone el clima y no hay que acordarse de nada.

En resumen

Identifica primero el tipo mirando la caña. Si es un nobile, lo único imprescindible es un invierno de seis a diez semanas fresco (8-13 °C de noche), casi sin agua y sin nada de abono, y no cortar las cañas desnudas. Si es del grupo phalaenopsis, mantenlo por encima de 15 °C y riega con regularidad todo el año. Para los dos: mucha luz sin sol directo de mediodía, corteza de pino renovada cada dos o tres años, maceta justa, riego de empapar y escurrir, abono flojo y frecuente en primavera y verano, y agua blanda si la del grifo es dura. Los hijuelos que aparecen en lugar de flores no son un defecto de la planta, son un mensaje sobre la temperatura del invierno anterior.


Contenidos relacionados