Hay orquídeas que viven enterradas. No colgadas de la rama de un árbol con las raíces al aire, sino con tubérculos, rizomas o pseudobulbos hundidos en el suelo, brotando en primavera y desapareciendo en otoño como hacen los tulipanes. Son las orquídeas terrestres, y como planta decorativa tienen una ventaja enorme sobre las epífitas de maceta: algunas se cultivan en tierra, en el jardín, y vuelven solas cada año.

Antes de nada, un aviso que conviene tener claro desde el principio: toda la familia Orchidaceae está incluida en el Convenio CITES, y las orquídeas silvestres españolas —Ophrys, Orchis, Serapias, Anacamptis, Himantoglossum, Cypripedium calceolus— están además protegidas por normativa estatal y autonómica. Arrancarlas del campo es ilegal y, de paso, inútil: dependen de hongos micorrícicos concretos del suelo donde crecieron y prácticamente ninguna sobrevive al trasplante a una maceta. Las que sí puedes tener en casa se compran cultivadas en vivero, con su documentación.

Qué cambia respecto a una Phalaenopsis

El punto que más plantas mata es el sustrato. Una epífita vive agarrada a la corteza de un árbol y se cultiva en trozos gruesos de pino, que retienen poquísima agua. Una terrestre vive en el mantillo del suelo del bosque o en un prado, y esa mezcla de corteza le resulta demasiado seca y demasiado pobre: se deshidrata sin llegar a enraizar.

La mezcla que funciona para la mayoría de terrestres de cultivo se parece más a un sustrato de planta de bulbo: una parte de mantillo de hojas o turba rubia, una parte de arena silícea gruesa o gravilla fina y una parte de perlita o fibra de coco, con un puñado de corteza fina para airear. Debe retener humedad y drenar a la vez; lo que no vale es tierra de jardín arcillosa compactada, que apelmaza y asfixia los rizomas.

El segundo cambio importante es el reposo invernal. Buena parte de estas orquídeas pierde las hojas y se retira bajo tierra en otoño. Ese periodo seco y fresco no es un fallo de cultivo: es lo que induce la floración del año siguiente. Regar un tubérculo dormido es la forma más rápida de pudrirlo.

Bletilla striata, la puerta de entrada

Si solo vas a probar con una, que sea esta. Bletilla striata, originaria de China, Japón y Corea, es la orquídea terrestre más agradecida que se cultiva en España y la única que puede tratarse casi como una vivaz de jardín corriente.

Forma pseudobulbos aplanados, subterráneos, de los que salen en primavera unas hojas plisadas y lanceoladas de aspecto muy parecido al de una palmerita, y luego una vara de 40-60 cm con seis a doce flores de color magenta violáceo. Florece entre mayo y junio, y las flores duran varias semanas. Existe la variedad 'Alba', blanca pura, y formas rosadas y bicolores.

Aguanta heladas de hasta unos -10 °C con el suelo bien drenado, lo que la hace viable al aire libre en casi toda la Península salvo en las zonas más frías de la meseta norte y la montaña, donde conviene acolchar en invierno con hojarasca o cultivarla en maceta y guardarla. Quiere sombra parcial —sol de mañana y sombra desde el mediodía—, riego regular de marzo a septiembre y sequedad casi total el resto del año. Se planta a finales de invierno, con los pseudobulbos a unos 5 cm de profundidad y separados 15-20 cm. Se multiplica sola: en tres o cuatro años tendrás una mata amplia que se divide en febrero.

Flores de Bletilla striata, orquídea terrestre de jardín

Un apunte para quien busque en catálogos: verás mucho el nombre popular de "jacinto orquídea" o "hyacinth orchid". No tiene ningún parentesco con los jacintos; el nombre viene del parecido de la vara floral.

Calanthe, para rincones de sombra

El género Calanthe reúne más de doscientas especies del este de Asia, África y Oceanía, y se divide en dos grupos que se cultivan de forma muy distinta.

Las caducasCalanthe vestita, Calanthe rosea y sus híbridos— tienen pseudobulbos gruesos con forma de peonza. Pierden las hojas en otoño y florecen en pleno invierno, con varas arqueadas de flores blancas o rosadas que salen del pseudobulbo desnudo. Necesitan calor durante el crecimiento (mínimo 15 °C) y, en cuanto caen las hojas, sequía completa hasta que arranca la nueva vara. Son plantas de interior o invernadero en nuestro clima.

Las perennes conservan el follaje todo el año y son las interesantes para el jardín de sombra. Calanthe discolor y Calanthe sieboldii, japonesas, resisten heladas ligeras de -5 °C bien protegidas y florecen en abril y mayo con espigas de flores pequeñas en tonos chocolate, granate o amarillo. Piden sombra franca, suelo rico en materia orgánica y humedad constante sin encharcamiento: exactamente las mismas condiciones que una hosta o un helecho, y quedan muy bien plantadas entre ellos. En el norte húmedo peninsular es donde mejor se comportan.

Phaius tankervilleae, la de mayor porte

Cuando alguien quiere una orquídea terrestre que llene una habitación, esta es la respuesta. Phaius tankervilleae, conocida como orquídea monja, levanta varas de hasta 1,2 metros con quince o veinte flores grandes, de pétalos marrón rojizo por dentro y blanco plateado por fuera, con labelo tubular rosa y púrpura. Las hojas, plisadas y de casi un metro, ya son ornamentales por sí solas.

Florece entre finales de invierno y primavera, justo cuando poco más lo hace en interior. Es planta de clima cálido: no baja de 13-15 °C, quiere luz brillante filtrada y humedad ambiental alta, y se cultiva en maceta grande con sustrato rico —mantillo, turba y perlita— manteniendo riego abundante durante el crecimiento y bastante más escaso después de la floración. Necesita macetas anchas y pesadas, porque la vara en flor la vuelca con facilidad.

Conviene saber que en zonas tropicales de Florida, Hawái y algunas islas del Pacífico esta especie se ha naturalizado y figura como invasora. En España peninsular no hay ese riesgo climático, pero es motivo suficiente para no tirar restos de planta al monte ni sembrarla fuera del jardín.

Flores de Phaius, orquídea terrestre de gran porte

Chloraea y las que verás en fotos pero no en el vivero

Chloraea es un género sudamericano, sobre todo chileno y argentino, con flores de un verde amarillento surcado por nervios verdes muy marcados; Chloraea gavilu y Chloraea crispa son las más fotografiadas. Aparecen en cualquier recopilación de orquídeas terrestres bonitas, y con razón.

Ahora la parte incómoda: no se encuentran en el comercio europeo y su cultivo fuera de su área es muy difícil. Dependen estrechamente de hongos del suelo y de un ciclo estacional mediterráneo austral que hay que reproducir con precisión. Es material de coleccionista especializado y de proyectos de conservación, no de decoración doméstica. Vale la pena conocerlas; no vale la pena encargarlas a ciegas por internet.

En el mismo grupo de "preciosas pero exigentes" están los Cypripedium —las zapatillas de dama, que necesitan inviernos fríos de verdad y suelos alcalinos y frescos, algo posible en el Pirineo o la cornisa cantábrica pero no en Sevilla— y las Pleione, semiterrestres del Himalaya que florecen a principios de primavera antes de sacar la hoja y que exigen un reposo invernal frío y seco a 2-5 °C.

Cómo colocarlas para que luzcan

Con las terrestres funciona mejor plantar en grupo que aislar ejemplares. Una mata de siete u ocho Bletilla junto a un helecho o al pie de un arce japonés tiene mucha más presencia que tres macetas sueltas, y además el conjunto se protege del sol y conserva la humedad del suelo.

Piensa también en el hueco que dejan al entrar en reposo. Una Bletilla desaparece del todo en octubre y el sitio queda vacío hasta abril, así que conviene combinarla con perennes de follaje —heucheras, Asarum, epimedios— que cubran el espacio en invierno. Y marca la zona con una etiqueta enterrada, porque cavar en marzo sobre unos pseudobulbos invisibles es un accidente muy repetido.

En interior, las de maceta agradecen un plato con grava húmeda debajo y ninguna corriente de aire caliente. No hay que confundir humedad ambiental con encharcamiento: el sustrato debe estar fresco, nunca con agua estancada en el platillo.

Errores que se repiten

Regar durante el reposo. Es la causa más frecuente de pérdida en Bletilla, Calanthe caducas y Pleione. Cuando la hoja se seca, el riego se corta.

Abonar como a una epífita. Las terrestres consumen bastante más, pero en un sustrato con materia orgánica. Un abono líquido equilibrado a media dosis cada dos semanas, solo durante el crecimiento activo, es suficiente. Nada de abono en invierno.

Plantar demasiado profundo. Los pseudobulbos de Bletilla van a 5 cm; enterrarlos a 15 retrasa la brotación y favorece la podredumbre. Los de Pleione van casi asomando en superficie.

Sol directo de verano. Las hojas plisadas de estas orquídeas se queman con facilidad; en el clima peninsular, de junio a agosto, necesitan sombra desde media mañana.

Comprar un tubérculo sin origen claro. Además del problema legal y de conservación que supone el material recolectado, un tubérculo silvestre desprovisto de su hongo asociado suele agotarse en una o dos temporadas.

En resumen

Las orquídeas terrestres piden un sustrato que retenga humedad, sombra parcial, riego generoso mientras tienen hoja y sequedad absoluta cuando se retiran. Para empezar en el jardín, Bletilla striata es la opción segura y rústica; para sombra fresca y suelo rico, las Calanthe perennes; para un ejemplar grande de interior que florezca a final del invierno, Phaius tankervilleae. Chloraea, Cypripedium y compañía son admirables pero no se resuelven con buena voluntad. Y en todos los casos, planta comprada en vivero: recolectar orquídeas silvestres está prohibido y no funciona.


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