Una Phalaenopsis puede pasar quince días de enero sin pedir una gota de agua y necesitarla cada cuatro o cinco en pleno agosto. Ese margen, que va de dos riegos al mes a seis, explica por qué la pregunta habitual —"¿cada cuántos días se riega una orquídea?"— no tiene una respuesta única. Regar bien no consiste en apuntar un día en el calendario, sino en aprender a leer las raíces, el sustrato y el peso de la maceta.

Es un asunto que merece atención porque el riego es, con diferencia, la causa más frecuente de muerte de las orquídeas de interior. Y casi siempre por exceso, no por defecto.

Las raíces de una orquídea no funcionan como las de un geranio

Las orquídeas que se venden en floristerías y grandes superficies —Phalaenopsis, Dendrobium, Oncidium, Cambria— son plantas epífitas: en su hábitat viven agarradas a la corteza de los árboles, no enterradas. Sus raíces están al aire, expuestas, y se secan y se mojan en ciclos rápidos.

Esas raíces están recubiertas por un tejido esponjoso y blanquecino llamado velamen, formado por células muertas que absorben agua por capilaridad en cuestión de segundos y después se dejan secar. El velamen protege el cilindro interior, que es el que de verdad conduce el agua a la planta.

De aquí salen dos consecuencias prácticas. La primera: una raíz de orquídea necesita aire tanto como agua, y si permanece mojada de forma continua se asfixia y se pudre. La segunda: el sustrato de corteza en el que viene plantada no es un capricho decorativo ni un sustituto barato de la tierra, sino un material elegido justamente porque retiene poca agua y deja huecos de aire. Trasplantar una orquídea a tierra de jardín o a sustrato universal es condenarla.

Orquídea Phalaenopsis de flores lilas en maceta

Cuándo regar: tres señales que sí sirven

Olvida el calendario fijo y fíjate en la planta. Hay tres indicadores fáciles de comprobar, y conviene usar al menos dos a la vez.

El color de las raíces. Es la razón por la que las Phalaenopsis se venden en maceta transparente: para poder mirarlas. Una raíz empapada es verde brillante; según se seca el velamen, se vuelve gris plateada. Cuando las raíces del interior de la maceta están plateadas en su conjunto, toca regar. Si siguen verdes, espera.

El peso de la maceta. Cógela con la mano justo después de un riego y otra vez tres días más tarde. La diferencia es enorme y se aprende en dos semanas. Una maceta que pesa casi nada está seca.

El dedo, o mejor un palito. Introduce un palo de brocheta de madera cinco centímetros en el sustrato, déjalo un minuto y sácalo. Si sale húmedo y oscurecido, aún hay agua. Este truco es especialmente útil en macetas opacas y en sustratos con musgo Sphagnum, que engañan mucho porque la superficie se ve seca mientras el interior sigue empapado.

Como orden de magnitud para una Phalaenopsis de interior en España, plantada en corteza de pino: cada 4 a 7 días en verano y cada 10 a 15 días en invierno. En musgo, alarga los intervalos; el Sphagnum retiene mucha más agua. Y en una casa con calefacción de radiadores el aire se reseca, así que en enero puede tocar regar más a menudo de lo que sugiere el frío exterior.

Cómo regar: inmersión o chorro, pero siempre drenando

Por inmersión. Es el método más completo. Se mete la maceta —solo la maceta interior, la de agujeros— en un barreño con agua hasta cerca del borde, sin cubrir la base de las hojas, y se deja de 10 a 20 minutos. La corteza se satura, el velamen se pone verde y la planta bebe. Después se saca, se deja escurrir sobre el fregadero un buen rato y se devuelve al cachepot.

Con el grifo o la regadera. Igual de válido y más rápido: se moja el sustrato en abundancia dejando correr el agua un minuto largo hasta que salga por los agujeros de abajo. Este método tiene una ventaja añadida, y es que arrastra las sales acumuladas por el abono y por el agua dura. Aunque riegues por inmersión, conviene hacer un enjuagado a chorro una vez al mes.

Sea cual sea el sistema, la regla que no admite excepción es esta: la maceta no puede quedarse en un plato con agua. Ni un dedo de agua "de reserva". Si el cachepot decorativo acumula agua en el fondo, tíralo cada vez.

Dos precauciones más. La primera, el agua no debe quedarse encharcada en el corazón de la planta, ese hueco entre las hojas nuevas donde el agua se estanca; ahí prospera la bacteria Erwinia y una podredumbre de cogollo mata la planta en pocos días. Si te cae agua dentro, sécalo con papel de cocina. La segunda, riega por la mañana, para que las hojas y el corazón lleguen secos a la noche.

Qué agua usar

Las orquídeas epífitas están adaptadas a agua de lluvia, muy pobre en minerales. El agua del grifo española varía muchísimo de una provincia a otra: es blanda en Madrid, Galicia y buena parte del noroeste, y bastante dura en el Levante, el valle del Ebro, Baleares y el sur. Con agua dura, la cal se va depositando en la corteza y en el velamen, sube el pH y las raíces acaban trabajando peor.

Por orden de preferencia: agua de lluvia recogida, agua de ósmosis, o agua del grifo si tu zona la tiene blanda. Si compras agua embotellada, mira la etiqueta y elige una de mineralización muy débil (residuo seco por debajo de 100 mg/l). El agua destilada pura también sirve, pero no aporta nada, así que conviene abonar con más regularidad.

Un detalle que se pasa por alto: la temperatura. El agua debe estar templada, a temperatura ambiente. Un chorro directo del grifo en invierno, a 10 °C, produce un choque térmico en unas raíces tropicales acostumbradas a moverse entre 18 y 28 °C. Llena la regadera la noche antes y déjala en la habitación.

Tres costumbres muy extendidas que conviene abandonar

Los cubitos de hielo. Circula la idea de que dos o tres cubitos por semana bastan. Es cómodo y por eso ha triunfado, pero mide mal el agua —un cubito son unos 30 ml, muy poco para saturar una maceta— y aplica frío directo sobre raíces tropicales. Si lo que buscas es comodidad, ten preparada una botella de agua de lluvia y riega a fondo cuando toque.

Pulverizar las hojas a diario. Se hace pensando en subir la humedad ambiental, y apenas la sube: el efecto de un pulverizador dura unos minutos. A cambio, deja agua en las axilas de las hojas y en el corazón, que es exactamente donde no debe haberla. Si quieres humedad, un plato ancho con arcilla expandida húmeda bajo la maceta —sin que la base toque el agua— o agrupar varias plantas funcionan mejor.

Regar los domingos. Un intervalo fijo funciona en marzo y falla en julio y en diciembre. Mira la planta cada semana; riega solo si toca.

Cómo saber si te has pasado o te has quedado corto

Exceso de agua. Raíces blandas, marrones o huecas, que se deshacen al apretarlas; sustrato que huele a humedad rancia; hojas amarillentas empezando por las de abajo; hojas arrugadas a pesar de regar mucho, porque las raíces ya no absorben. Ese último caso confunde a mucha gente, que responde regando aún más y remata la planta.

Falta de agua. Hojas flácidas y correosas pero de color normal, raíces plateadas, secas y con arrugas longitudinales, arrugas en los pseudobulbos si la especie los tiene. Se corrige rápido con riegos regulares.

Si al desenmacetar encuentras raíces podridas, córtalas con tijera limpia hasta tejido firme, deja secar unas horas y replanta en corteza nueva. Una Phalaenopsis con dos o tres raíces sanas todavía se recupera.

El riego y el abono van juntos

El abono se aplica siempre sobre sustrato ya húmedo, nunca sobre corteza seca, porque en seco quema las puntas de las raíces. Lo práctico es regar primero con agua sola y a continuación con la solución de abono, o abonar en el agua del baño de inmersión.

Con abono específico para orquídeas, usa la mitad o un cuarto de la dosis de la etiqueta y aplícalo cada dos o tres riegos de marzo a octubre. En invierno, con poca luz y crecimiento parado, basta con una vez al mes o directamente nada. Y una vez al mes, riego de enjuague con agua sola y abundante para arrastrar sales.

Orquídea mariposa en flor junto a una ventana

No todas las orquídeas se riegan igual

Phalaenopsis. Sin pseudobulbos ni órganos de reserva; no le gusta secarse del todo durante mucho tiempo ni encharcarse nunca. Es la pauta descrita arriba.

Cattleya, Oncidium, Cambria, Miltonia. Tienen pseudobulbos y toleran —de hecho agradecen— que el sustrato se seque casi por completo entre riegos. Deja pasar uno o dos días desde que las raíces se ven plateadas.

Paphiopedilum (zapatito). Sin pseudobulbos y con raíces más finas: es la que menos aguanta la sequía. Mantén el sustrato ligeramente húmedo de forma constante, sin llegar a mojado.

Dendrobium nobile. Necesita un reposo invernal seco y fresco, de noviembre a febrero, con riegos muy escasos y sin abono. Si se riega con normalidad todo el invierno, la planta crece pero no florece, o saca keikis en lugar de flores. Es un caso claro en el que regar de menos es regar bien.

Cymbidium. En buena parte de España vive fuera de casa, en semisombra, de primavera a otoño. Consume mucha más agua que una Phalaenopsis y en verano puede necesitar riego cada dos o tres días.

Vanda en cesta, sin sustrato. Raíces completamente al aire: baño o remojo diario en verano, y en días de mucho calor incluso dos veces al día.

En resumen

Regar una orquídea consiste en imitar el ciclo de mojado y secado de una rama de árbol: un riego abundante que empape de verdad, un drenaje completo y después aire hasta que el sustrato vuelva a estar seco. Las raíces plateadas y el peso de la maceta te dicen cuándo; el agua blanda y templada, y un enjuagado mensual, mantienen el sustrato sano.

Si te quedas con una sola idea, que sea esta: ante la duda, no riegues todavía. Una orquídea sedienta se recupera en una semana; una orquídea ahogada, muchas veces no se recupera.


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