Una flor no imita a un mono para gustarnos. Cuando una orquídea reproduce la silueta de un insecto, de un ave o de una cara, o bien está engañando a un polinizador muy concreto, o bien no está imitando nada y el parecido lo pone nuestro cerebro. Las seis que vienen a continuación reparten esos dos casos casi a partes iguales, y distinguirlos es lo que hace que el asunto pase de curiosidad de galería fotográfica a botánica de verdad.
Dracula simia, el mono que en realidad imita a una seta
Dracula simia crece en los bosques nublados de Ecuador y el sur de Colombia, entre los 1.000 y los 2.000 metros de altitud, colgada de troncos cubiertos de musgo. Sus sépalos están fusionados en una copa y se prolongan en tres colas finas y largas; en el centro, la columna y el labelo velloso forman la mancha oscura que leemos como ojos y hocico.
El parecido con la cara de un primate es pura pareidolia: nuestro sistema visual encuentra caras en cualquier disposición de dos manchas y una tercera debajo. Lo que sí es mimetismo, y notable, es otra cosa. El labelo de las Dracula es carnoso, blanquecino y está surcado por láminas radiales que reproducen el himenio de un hongo, y muchas especies del género huelen a champiñón o a fruta fermentada. Con eso atraen a mosquitas de la familia de las drosófilas que buscan setas donde poner sus huevos, y son ellas quienes cargan con el polinio.
Como planta de cultivo es exigente y desalienta a casi cualquiera que la compre por la foto. Necesita entre 15 y 20 °C, humedad relativa muy alta de forma constante y, sobre todo, que la temperatura no suba de 25 °C, porque el calor prolongado la mata. Se cultiva en cestas colgantes con esfagno vivo porque sus varas florales crecen hacia abajo y atraviesan el sustrato: en una maceta convencional las flores se abren dentro del tiesto y no se ven. En la Península solo prospera en vitrina climatizada, en un invernadero frío o en zonas de montaña húmeda del norte.
Ophrys, la abeja que crece en el campo español
Aquí no hace falta viajar a los Andes. El género Ophrys está presente en toda la Península y las Baleares, en pastos calizos, cunetas, claros de encinar y terrenos poco fertilizados, y florece según la especie y la zona entre febrero y junio. Ophrys apifera, la más conocida, tiene un labelo aterciopelado, pardo y con dibujo amarillento que reproduce el abdomen de un himenóptero.
Este sí es un caso de mimetismo perfeccionado hasta el detalle. Varias especies del género —Ophrys speculum, el espejo de Venus, es el ejemplo clásico ibérico— emiten una mezcla de hidrocarburos que copia la feromona sexual de la hembra de una avispa concreta. El macho, que emerge antes que las hembras, intenta copular con la flor y sale con los polinios pegados a la cabeza. Es engaño sexual, no recompensa: la flor no ofrece néctar y no da nada a cambio. Curiosamente, la propia O. apifera ha perdido en gran parte de su área esa dependencia y se autopoliniza cuando los polinios caen sobre su propio estigma.
No se arrancan ni se trasplantan. Son orquídeas terrestres con tubérculos que dependen de hongos micorrícicos del suelo durante toda su vida, no solo para germinar. Sacada de su sitio, la planta agota el tubérculo y muere en una o dos temporadas, con o sin maceta. A eso se suma que las orquídeas silvestres están protegidas por los catálogos de flora amenazada de varias comunidades autónomas y que toda la familia figura, como mínimo, en el Apéndice II de CITES. Fotografiarlas está bien; recogerlas es inútil y con frecuencia ilegal.
Peristeria elata, la paloma dentro de la flor
La flor del Espíritu Santo, Peristeria elata, es la flor nacional de Panamá y crece también en Costa Rica, Colombia, Ecuador y Venezuela. Sus flores son globosas, cerosas, de blanco marfil y muy fragantes, y se abren de forma escalonada sobre una vara erecta que puede superar el metro. Al asomarse por delante aparece la figura: la columna forma el cuerpo y la cabeza de un ave y los lóbulos laterales del labelo se abren como dos alas.
Es de las pocas de esta lista donde el parecido no tiene función biológica conocida; el aparato floral está diseñado para abejas de las orquídeas del género Eulaema, y la paloma la ponemos nosotros.
Su situación de conservación es delicada. La recolección para el comercio y la pérdida de hábitat la han llevado a estar incluida en el Apéndice I de CITES, el nivel más restrictivo, lo que significa que su comercio internacional con ejemplares de origen silvestre está prohibido. Los ejemplares que circulan legalmente proceden de propagación en laboratorio y llevan documentación.
En cultivo pide calor, mucha luz filtrada y un ciclo marcado: riego y abono generosos mientras crecen las hojas nuevas en primavera y verano, y un reposo claramente más seco y fresco en invierno, cuando los pseudobulbos han madurado. Sin ese parón, crece pero no florece.
Habenaria radiata, la garceta blanca
De todas las orquídeas de esta lista, la que más se parece a un animal en vuelo es también la más fácil de cultivar. Habenaria radiata —hoy muchos botánicos la sitúan en el género Pecteilis, como Pecteilis radiata— es una orquídea terrestre de Japón, Corea y el este de China que vive en prados turbosos encharcados. Cada flor mide unos tres centímetros y el labelo se divide en dos lóbulos laterales finamente flecados que reproducen, con un realismo que sorprende, las alas desplegadas de una garza blanca.
Se vende en tubérculos secos, del tamaño de una avellana pequeña, en otoño e invierno. Se plantan entre febrero y marzo, a unos dos centímetros de profundidad, en una mezcla ácida y retentiva: esfagno picado con perlita, o kanuma, o turba rubia con arena silícea. Durante el crecimiento el sustrato debe estar constantemente húmedo, casi empapado, y siempre con agua de lluvia o de ósmosis, porque la cal la fulmina. Florece hacia agosto. Cuando la parte aérea amarillea en otoño, se corta el riego y el tubérculo pasa el invierno seco y fresco, en la propia maceta o guardado en esfagno apenas húmedo dentro de la nevera. En el interior de la Península conviene protegerla de las heladas fuertes; en la cornisa cantábrica pasa el invierno fuera sin problemas.
Caleana major, el pato volando
Caleana major crece en el sureste de Australia y no se parece a un pato en vuelo por casualidad de encuadre: la flor tiene el pedicelo curvado como el cuello, el labelo elevado sobre un delgado apéndice a modo de cabeza y pico, y la columna alada formando el cuerpo.
Lo interesante es el mecanismo. El labelo está unido al resto de la flor por una bisagra sensible al tacto. Cuando un macho de mosca de sierra, atraído por un compuesto que imita la feromona de la hembra, se posa en él, la bisagra se dispara y lo aprisiona contra la columna durante unos segundos, el tiempo justo para que los polinios queden pegados a su tórax. Después el labelo vuelve a su posición y queda armado para el siguiente visitante.
Nadie la cultiva en casa, y no es cuestión de pericia. Depende de un hongo micorrícico específico durante toda su vida, no solo en la germinación, y ni siquiera los jardines botánicos australianos la mantienen con facilidad fuera de su hábitat. Si alguien te ofrece semillas de orquídea pato por correo, estás ante un fraude: las semillas de orquídea son polvo sin reservas y no germinan sin su hongo o sin un medio de cultivo estéril de laboratorio.
Cycnoches, el cuello del cisne
El sexto puesto suele adjudicarse a una supuesta "orquídea cabeza de pájaro" que circula por redes sociales y que casi nunca lleva nombre científico, entre otras cosas porque buena parte de esas imágenes están retocadas o corresponden a capullos fotografiados en un ángulo afortunado. La versión real y verificable de un ave dentro de una orquídea es el género Cycnoches, de América tropical, conocido precisamente como orquídea cisne.
Su columna es larga, estrecha y se arquea sobre el labelo describiendo el cuello y la cabeza de un cisne. El género tiene además una rareza notable: produce flores masculinas y femeninas de aspecto tan distinto que durante décadas se describieron como especies diferentes. Las masculinas, más numerosas y colgantes, son las del cuello arqueado; las femeninas son menos, más carnosas y de columna corta. La planta decide qué sexo produce en función de la luz que recibe.
Es caducifolia. Crece con fuerza en primavera y verano, forma un pseudobulbo alargado, florece al final de la temporada y luego pierde las hojas. A partir de ahí, riego prácticamente nulo hasta que arranque el brote nuevo. Regar un Cycnoches en pleno reposo invernal es la forma más rápida de pudrirle el pseudobulbo.
Cómo separar lo real de lo montado
Este es un terreno donde circulan muchas falsificaciones, y unas cuantas reglas ayudan a filtrar.
Colores imposibles, como orquídeas azul eléctrico o arcoíris multicolor en la misma flor, casi siempre significan Photoshop o tinte inyectado en la vara. Las Phalaenopsis azules que se venden en floristería vuelven a florecer blancas, porque el color venía de un colorante alimentario aplicado al tallo.
Cuidado también con lo que ni siquiera es una orquídea. La célebre "flor loro" de Tailandia, Impatiens psittacina, aparece en cientos de recopilaciones de orquídeas curiosas y pertenece a las balsamináceas, la familia de las alegrías de la casa. Su exportación está además restringida por Tailandia.
Y un criterio general: si una supuesta especie no tiene nombre científico asociado, no aparece en ninguna base de datos botánica y solo existe en publicaciones de redes, no existe. Las orquídeas verdaderamente extraordinarias están todas descritas, con género y epíteto, desde hace décadas.
En resumen
Dracula simia no imita a un mono, imita a una seta para atraer mosquitas de los hongos, y solo prospera en cultivo fresco y muy húmedo por debajo de 25 °C. Las Ophrys, que crecen silvestres por toda España, sí practican un mimetismo real: copian el aspecto y la feromona de la hembra de una avispa para que el macho las polinice; dependen de hongos del suelo, no se pueden trasplantar y están protegidas. Peristeria elata esconde una paloma en su columna, es la flor nacional de Panamá y figura en el Apéndice I de CITES, así que solo debe adquirirse propagada en laboratorio y con papeles.
Habenaria radiata es la única realmente accesible: tubérculos plantados en febrero o marzo, sustrato ácido siempre húmedo, agua sin cal, floración en agosto y reposo seco en invierno. Caleana major atrapa moscas de sierra con un labelo articulado y es prácticamente incultivable fuera de Australia por su dependencia micorrícica. Y el género Cycnoches aporta el cuello de cisne, con flores de dos sexos distintos y un reposo invernal sin riego que hay que respetar.
Ante cualquier otra maravilla que aparezca en redes, comprueba el nombre científico antes de emocionarte: los azules eléctricos son tinte y la flor loro no es ni siquiera una orquídea.