Elegir plantas ornamentales es la parte divertida de hacer un jardín y también donde más dinero se tira. La escena habitual es conocida: se compra lo que está florido en el vivero un sábado de abril, se planta todo junto y en agosto la mitad ha desaparecido. El problema rara vez es la calidad de las plantas; es que se eligieron por la flor y no por si podían vivir ahí.

Este repaso está pensado al revés: primero cómo se decide, después qué plantar, organizado por la función que cumple cada cosa en el jardín.

Antes de elegir: cuatro datos que lo condicionan todo

Cuánto sol recibe cada zona y a qué hora. No es lo mismo «sol» que «sol de mediodía en julio en Córdoba». Pasa un día observando tu parcela y anota qué zonas reciben sol de mañana, cuáles de tarde y cuáles quedan en sombra permanente. El sol de tarde en verano, en el interior peninsular, mata plantas que en teoría son de pleno sol.

Cómo es tu suelo. Coge un puñado de tierra húmeda y apriétalo: si se apelmaza en una bola compacta y pegajosa, es arcilloso; si se desmorona en cuanto abres la mano, es arenoso; si forma una bola que se rompe al tocarla, es franco, lo ideal. En suelo arcilloso hay que plantar en alto o el drenaje será un problema constante; en arenoso, incorporar materia orgánica cada año.

El pH y la cal del agua. Este dato salva muchos disgustos. En la mayor parte de España los suelos son calizos y el agua de riego es dura. Eso descarta directamente hortensias, camelias, azaleas, rododendros, arces japoneses y gardenias, que necesitan suelo ácido. Plantarlas en Madrid, Zaragoza, Levante o gran parte de Andalucía condena a la planta a una clorosis férrica crónica —hojas amarillas con nervios verdes— y a una vida a base de quelato de hierro. Se pueden tener, sí, pero en maceta con sustrato ácido y agua de lluvia. No en el arriate.

Las heladas de tu zona. Consulta la mínima habitual de tu municipio, no la del mapa regional. Una parcela en una vaguada puede llevarse tres grados menos que la calle de al lado.

Diseñar con plantas: cinco reglas que funcionan

Piensa en capas, no en ejemplares. Un jardín que funciona tiene estructura vertical: uno o dos árboles que dan sombra y escala, un estrato de arbustos que da volumen y opacidad, una capa de vivaces y gramíneas que aporta movimiento y flor, y tapizantes que cubren el suelo. Si solo plantas arbustos, tendrás un jardín plano; si solo plantas flores, tendrás un jardín que desaparece en invierno.

Agrupa por necesidades de agua. Es el principio de la hidrozonificación y es lo que separa un jardín sostenible de un despilfarro. Las plantas que necesitan riego frecuente van juntas y cerca de la casa; las mediterráneas de secano, todas en el mismo sector. Mezclar una hortensia con un romero en el mismo arriate significa que una de las dos va a estar siempre mal.

Repite. El error visual más común es comprar un ejemplar de veinte especies distintas. El resultado parece una colección, no un jardín. Es mucho más eficaz plantar grupos impares de tres, cinco o siete de la misma especie y repetir ese grupo a lo largo del espacio: el ojo lee ritmo y el conjunto se ve intencionado.

Da más peso a la hoja que a la flor. La flor dura semanas; la hoja está todo el año. Combina texturas —hoja grande y brillante junto a hoja fina y mate, follaje gris plateado contra verde oscuro— y el arriate será interesante también en enero. De hecho, conviene que al menos la mitad del volumen plantado sea de hoja perenne: es el esqueleto invernal.

Escalona las floraciones. Haz una lista mensual y comprueba que en cada mes del año hay algo pasando. Los bulbos cubren el final del invierno, las vivaces la primavera y el verano, los arbustos de otoño y los frutos ornamentales, el resto.

Arriate con plantas ornamentales de distintos colores

Árboles: la decisión más importante

Un árbol mal elegido es el único error de jardín que cuesta veinte años y una motosierra corregir. Mide antes el espacio disponible y consulta el tamaño adulto, no el que tiene en el vivero.

Cercis siliquastrum (árbol del amor). De 6 a 8 metros, copa abierta. Florece en marzo directamente sobre las ramas, en rosa intenso, antes de brotar la hoja. Muy resistente a la sequía y a la caliza. Uno de los mejores árboles pequeños para España.

Lagerstroemia indica (júpiter, árbol de Júpiter). Florece en pleno verano, de julio a septiembre, justo cuando no florece nada. Corteza jaspeada muy decorativa y color otoñal naranja. Aguanta bien el calor y necesita sol pleno.

Arbutus unedo (madroño). Autóctono, perenne, con flores blancas y frutos rojos comestibles a la vez en otoño. Crece despacio y tolera suelos pobres. Es una excelente alternativa a las coníferas de seto.

Koelreuteria paniculata (jabonero de la China). Panículas amarillas en junio-julio seguidas de cápsulas papiráceas rosadas. Muy tolerante a la sequía y a la contaminación urbana.

Olea europaea (olivo). Como elemento escultórico, en jardines secos, es insuperable. Perenne, longevo, prácticamente sin riego una vez arraigado.

Albizia julibrissin (acacia de Constantinopla). Copa en parasol, muy horizontal, con flores en plumero rosa en verano. Buena sombra ligera para zonas de estar. Es sensible a algunos hongos de suelo en terrenos pesados.

Un apunte sobre lo que conviene evitar cerca de la casa: chopos y sauces (raíces agresivas y sedientas), moreras de fruto (manchan pavimentos), y las coníferas de crecimiento rápido tipo Cupressocyparis, que dan setos horribles cuando envejecen y se secan por dentro.

Arbustos: el volumen del jardín

Son la capa que más trabaja y la que más se descuida. Dan estructura, tapan lo que hay que tapar y exigen poco.

Viburnum tinus (durillo). Autóctono, perenne, florece en blanco de diciembre a marzo, cuando el jardín está vacío, y luego da frutos azul metálico. Tolera sombra, sol, sequía y poda. Si tuviera que recomendar un solo arbusto para España, sería este.

Nerium oleander (adelfa). Floración continua de mayo a octubre y resistencia a la sequía y a la salinidad casi imbatibles. Importante: toda la planta es muy tóxica por ingestión, incluida la savia y la madera quemada. No es plantable en un jardín con niños pequeños o perros que muerdan ramas.

Lavandas. Lavandula angustifolia aguanta mejor el frío y el interior; Lavandula dentata y L. stoechas funcionan mejor en el litoral mediterráneo. Todas exigen drenaje impecable y pleno sol: se mueren de exceso de agua, no de sequía. Poda ligera después de la floración, sin entrar nunca en la madera vieja.

Rosmarinus officinalis (romero, hoy Salvia rosmarinus). Perenne, aromático, melífero y de floración larga en invierno y primavera. La variedad rastrera 'Prostratus' es excelente para taludes.

Cistus (jaras). Muy infrautilizadas en jardinería siendo autóctonas y espectaculares. C. albidus, C. ladanifer, C. × purpureus. Cero riego una vez establecidas y suelos pobres. No toleran el trasplante ni la poda severa.

Teucrium fruticans (olivilla). Follaje gris plateado permanente, flores azul pálido, tolera la poda en formas geométricas. Sustituye con ventaja al boj en climas cálidos, donde el boj sufre por la oruga Cydalima perspectalis.

Pittosporum tobira 'Nana'. Perenne compacto, hoja brillante, flores blancas con olor a azahar en primavera. Muy tolerante al viento marino.

Hibiscus syriacus (altea). Caduco, florece de julio a septiembre. Resiste bien el frío del interior.

Photinia × fraseri 'Red Robin'. Los brotes nuevos rojos son su gracia. Muy usado en setos, aunque conviene alternarlo con otras especies: los setos monoespecíficos son vulnerables a plagas y enfermedades.

Trepadoras: la capa vertical

Ocupan poco suelo y resuelven muros feos, pérgolas y celosías.

Trachelospermum jasminoides (falso jazmín). Perenne, hoja brillante, floración blanca muy perfumada en mayo y junio. Crecimiento moderado, sin invadir. La más segura y agradecida de todas.

Wisteria sinensis (glicinia). Racimos colgantes lilas en abril, espectaculares. Requiere estructura robusta —con los años el tronco es capaz de levantar una pérgola mal hecha— y poda en dos tiempos, en verano e invierno, si se quiere floración abundante.

Bougainvillea (buganvilla). Solo en zonas libres de heladas fuertes: litoral mediterráneo, sur y Canarias. Florece más cuanto menos se la riega y menos nitrógeno recibe.

Parthenocissus tricuspidata (parra virgen). Trepa por sí sola con ventosas y su color otoñal rojo es de los mejores. Caduca, lo que en verano da sombra y en invierno deja pasar el sol: perfecta en fachada sur.

Rosa banksiae. Casi sin espinas, muy vigorosa, con una explosión de flores pequeñas en abril. Prácticamente libre de plagas.

Campsis radicans (trompeta de Jericó). Flores naranjas en verano. Muy vigorosa y con tendencia a rebrotar de raíz a distancia: no la plantes junto a un arriate delicado.

Vivaces: la flor sin replantar cada año

Las plantas de temporada son caras y efímeras. Las vivaces cuestan lo mismo una vez y vuelven cada año.

Salvia. Un género inmenso y muy adaptado a España. Salvia nemorosa para espigas azules en mayo-junio; Salvia microphylla y S. greggii para floración casi continua de primavera a otoño; Salvia yangii (la antigua Perovskia atriplicifolia) para nubes azul plata en verano. Todas de secano.

Gaura lindheimeri. Mariposas blancas o rosas oscilando sobre tallos finos de mayo a noviembre. De las vivaces con mejor relación entre esfuerzo y resultado.

Achillea millefolium y A. filipendulina. Corimbos planos amarillos, ocres o rojizos, muy resistentes a la sequía y con buena vida en seco tras la floración.

Nepeta × faassenii. Masa azul lavanda, follaje gris, y rebrota con fuerza si se recorta después de la primera floración.

Agapanthus. Umbelas azules o blancas en pleno verano. Tolera mejor la sombra parcial de lo que suele decirse. En el interior necesita protección invernal.

Erigeron karvinskianus. Florecillas blancas que viran a rosa, de marzo a noviembre, colonizando juntas de muro y bordes de escalera. Se resiembra sola.

Acanthus mollis (acanto). Autóctono, de hoja grande y arquitectónica y espigas de un metro. Es la mejor planta española para sombra seca, ese rincón donde no crece nada bajo un árbol.

Gramíneas ornamentales: movimiento y luz

Aportan algo que ninguna otra planta da: se mueven con el viento y se encienden a contraluz al atardecer.

Stipa tenuissima (hoy Nassella tenuissima), de textura de pelo finísimo; Festuca glauca, en matas azuladas compactas; Miscanthus sinensis, para masas altas con plumeros otoñales; Calamagrostis × acutiflora 'Karl Foerster', muy vertical y estable; Muhlenbergia capillaris, que en otoño produce una nube rosada difícil de olvidar.

Se cortan a unos 10 cm a finales de invierno, en febrero, y rebrotan.

Y aquí una advertencia legal y ecológica que conviene tomarse en serio. Hay especies ornamentales muy vendidas que están catalogadas como exóticas invasoras en España y cuya plantación y comercialización están prohibidas por el Real Decreto 630/2013. Entre ellas están el plumero de la Pampa (Cortaderia selloana), el rabogato (Pennisetum setaceum), la uña de gato (Carpobrotus edulis), el ailanto (Ailanthus altissima) y la mimosa (Acacia dealbata). Se siguen viendo en jardines y a veces incluso a la venta. No las plantes: escapan del jardín con enorme facilidad y desplazan la flora local.

Bulbos: el jardín de finales de invierno

Se plantan en otoño, de octubre a diciembre, a una profundidad de dos o tres veces su altura, y florecen cuando aún no hay nada más.

Narcisos (Narcissus): los más fiables. Se naturalizan, se multiplican solos y los roedores no se los comen. Florecen de febrero a abril.

Tulipanes (Tulipa): espectaculares, pero necesitan un periodo de frío invernal que en el sur y el litoral no se da. Allí se comportan como anuales. Las especies botánicas (T. clusiana, T. saxatilis) sí perduran en clima mediterráneo.

Allium: esferas moradas sobre tallos altos en mayo, con un porte muy gráfico. Resisten muy bien la sequía estival.

Iris germanica: el lirio de rizoma clásico de los pueblos españoles. Aguanta condiciones durísimas siempre que el rizoma quede medio descubierto al plantarlo; enterrarlo es el error que impide que florezca.

Amaryllis belladonna y Nerine: florecen en septiembre, sin hojas, y resuelven un mes difícil.

Para las zonas de sombra

La sombra no es un problema, es otro jardín. Conviene distinguir la sombra fresca y húmeda —norte de un muro, junto a una fuente— de la sombra seca bajo la copa de un árbol grande, mucho más difícil porque las raíces del árbol se llevan el agua.

Para sombra fresca: helechos (Dryopteris filix-mas, Polystichum setiferum, Asplenium scolopendrium), Fatsia japonica de hoja palmeada enorme, Aspidistra elatior, casi indestructible, y Heuchera por su follaje de colores.

Para sombra seca: Acanthus mollis, Vinca, Iris foetidissima, Ruscus aculeatus y Euphorbia characias.

Y para el color estacional en sombra, el ciclamen. Aquí conviene precisar: el que se vende en maceta en otoño es Cyclamen persicum, que en la mayor parte de España no aguanta bien el invierno a la intemperie. El que sí se naturaliza en el jardín, bajo árboles, y vuelve cada año es Cyclamen hederifolium, que florece en septiembre-octubre antes de sacar las hojas y desaparece por completo en verano.

Helechos en una zona de sombra del jardín

Cubresuelos: menos mantenimiento del que crees

Cubrir el suelo entre plantas reduce el riego, frena las malas hierbas y estabiliza taludes. Es una capa que muchos jardines olvidan y que ahorra horas de trabajo.

En pleno sol: Rosmarinus officinalis 'Prostratus', Thymus serpyllum (que además tolera el pisoteo ligero), Lantana montevidensis, Gazania rigens y Cerastium tomentosum, de follaje blanco plateado.

En semisombra: Vinca minor, Ajuga reptans y Hedera helix, esta última con cuidado porque acaba trepando por todo lo que encuentra.

Complementa siempre con un acolchado de corteza de pino, grava o astilla de 5-7 cm de espesor mientras los cubresuelos se cierran. Reduce la evaporación de forma drástica y es probablemente la medida individual que más agua ahorra en un jardín.

En resumen

Las mejores plantas ornamentales no son una lista universal, sino las que encajan con tu clima, tu suelo y tu agua. Antes de comprar nada, averigua cuántas horas de sol recibe cada zona, si tu suelo es arcilloso o arenoso y —muy importante en España— si es calizo, porque eso descarta de entrada hortensias, camelias y azaleas en tierra.

Diseña por capas: árbol, arbusto perenne, vivaz y cubresuelo. Agrupa las plantas según lo que beben, repite las mismas especies en grupos impares en lugar de comprar un ejemplar de cada, y da más importancia a la hoja que a la flor, porque la hoja está los doce meses.

Apuesta por especies adaptadas al Mediterráneo —durillo, madroño, jaras, lavandas, salvias, romero, acanto— y evita las catalogadas como invasoras, como el plumero de la Pampa o el rabogato. Y no olvides el acolchado: es lo más barato que puedes hacer y lo que más agua ahorra.


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