Entre la fachada y la acera suelen caber pocos metros, y lo que se plante ahí se decide una vez y se sufre —o se disfruta— durante treinta años. El jardín delantero es además la parte del jardín que ve todo el mundo y en la que menos tiempo se pasa: interesa un árbol que se sostenga solo, que no levante el pavimento, que no oscurezca el salón en enero y que no obligue a barrer cada tarde. Esa combinación deja fuera a bastantes candidatos populares.

Primero el espacio, después la especie

Antes de mirar catálogos hay que medir, y medir pensando en el árbol adulto, no en el ejemplar de vivero. La regla práctica que mejor funciona: planta a una distancia de la fachada equivalente, como mínimo, a la mitad del diámetro que tendrá la copa. Un árbol destinado a alcanzar 6 m de copa quiere 3 m de separación del muro; uno de 10 m, cinco. Por debajo de eso acabarás podando el lado de la casa todos los años, que es la manera más segura de arruinar la silueta de un árbol.

Hay además una distancia legal que muchos descubren tarde. El artículo 591 del Código Civil establece que los árboles no pueden plantarse a menos de dos metros del linde con la finca vecina si son de porte alto, ni a menos de 50 centímetros si son arbustos o árboles bajos, salvo que la ordenanza municipal o la costumbre del lugar fijen otra cosa. El vecino puede exigir el arranque de lo plantado a menor distancia, y las ramas que invaden su vuelo puede pedir que se corten. Conviene mirar también la ordenanza de tu ayuntamiento antes de plantar junto a la acera.

Bajo tierra hay otra lista de comprobaciones: dónde pasa la acometida de agua, dónde el saneamiento y dónde el arquetón del contador. Las raíces no rompen tuberías sanas, pero se cuelan por juntas ya deterioradas y las obstruyen sin remedio. Y si el suelo es un relleno de obra compactado con cascotes —lo habitual en vivienda de promoción—, ningún árbol prospera hasta que se abre un hoyo grande y se sustituye ese material.

Jardín delantero de una vivienda con árbol y césped

Qué quieres que haga el árbol

Un árbol de fachada puede cumplir cuatro papeles y no todos piden lo mismo. Si buscas sombra sobre la casa, la orientación manda: en la fachada sur y sobre todo la suroeste, un árbol caduco es muy superior a uno perenne, porque tapa el sol de julio y lo deja pasar en diciembre, cuando la casa lo agradece. Si buscas pantalla visual frente a la calle, ahí sí interesa el perenne, pero con copa estrecha para no comerte el jardín. Si el objetivo es ornamental —flor, color de otoño, corteza—, puedes permitirte un ejemplar pequeño y bien situado, incluso a un lado de la puerta. Y si lo que quieres es marcar una entrada, un solo árbol centrado funciona mejor que dos simétricos apretados.

Caducos que funcionan en un jardín pequeño

Cercis siliquastrum (árbol del amor). Nativo de la cuenca mediterránea, 5-7 m, copa redondeada. Florece en marzo directamente sobre la madera vieja, antes de brotar, con un rosa fuerte que dura tres semanas. Tolera bien el suelo calizo y la sequía una vez arraigado, y aguanta heladas de -12 ºC sin problema. Es de los pocos árboles de flor espectacular que no exige riego de verano en clima peninsular. Detalle: las legumbres secas quedan colgadas todo el invierno; a algunos les gusta, a otros no.

Lagerstroemia indica (árbol de Júpiter, crespón). El árbol de flor de agosto por excelencia, entre 4 y 7 m, con corteza que se exfolia en tonos canela y buen color de otoño. Sistema radicular discreto, así que se lleva bien con pavimentos. Necesita sol pleno y calor: en zonas litorales muy húmedas del norte suele coger oídio y florece peor. Si ese es tu caso, busca los híbridos con L. fauriei, seleccionados precisamente por resistir el hongo. Un aviso de manejo: no se poda cortando todas las ramas a la misma altura cada invierno, esa mutilación repetida produce un muñón engrosado y ramas largas que se doblan con la lluvia; basta con aclarar y quitar lo que se cruza.

Koelreuteria paniculata (jabonero de la China). 8-10 m, sombra ligera, panículas amarillas en junio-julio y después unos frutos en cápsula inflada que parecen farolillos de papel. Muy tolerante a la sequía, a la contaminación y al suelo pobre. Su pega: se resiembra con ganas, y las plántulas aparecen por todo el jardín y por las juntas del pavimento.

Prunus cerasifera 'Pissardii' (ciruelo rojo). Es la elección clásica para dar color de hoja púrpura y flor rosa pálida en febrero, y por eso se ve tanto. Merece una advertencia honesta: vive poco para un árbol —veinte o treinta años en buenas condiciones—, atrae pulgón con regularidad y en primaveras húmedas la Monilia le seca ramillos enteros. Como árbol de acompañamiento está bien; como el único árbol de la casa, esperar que llegue a viejo lleva a decepción.

Acer campestre (arce menor). Poco usado y muy adecuado para el interior peninsular. Nativo, 8-12 m, aguanta el frío continental y los suelos calizos y compactos que hunden a otros arces, y amarillea con fuerza en noviembre. Existen selecciones de porte columnar para jardines estrechos.

Perennes: pantalla todo el año

Arbutus unedo (madroño). Autóctono, 4-7 m, crecimiento lento, hoja brillante todo el año, y flores y frutos rojos a la vez en otoño. Resiste sequía, viento y salinidad moderada, y prefiere suelo suelto y no demasiado calizo. Para un jardín delantero pequeño es difícil de superar: nunca se hará grande de más y el fruto no mancha el pavimento.

Citrus × aurantium (naranjo amargo). El árbol de patio del sur y del Levante: copa compacta de 4-6 m, hoja perenne, azahar en marzo con un olor que llega a media calle. Aguanta la poda y la vida en alcorque como ningún otro cítrico. El límite es el frío: por debajo de unos -5 ºC sufre daños serios, así que en Castilla, Aragón o el interior de Cataluña es apuesta arriesgada. Y las naranjas amargas caen, ruedan y manchan; si el árbol está sobre plaza de aparcamiento, no es buena idea.

Laurus nobilis (laurel). Conducido a un solo tronco es un árbol pequeño excelente, de 5-8 m, muy tolerante a la poda, indiferente al tipo de suelo si drena y resistente a la sombra parcial. Además la cocina agradece tenerlo cerca.

Cupressus sempervirens 'Stricta'. Cuando el espacio es una franja de metro y medio, un árbol de copa redonda no cabe y el ciprés sí: sube y no ensancha. Requiere buen drenaje y hay que vigilar el chancro del ciprés (Seiridium cardinale), que aparece tras podas mal cicatrizadas o heridas.

Los que se plantan mucho y conviene descartar

Cornejo florido, Cornus florida, y calistemo, Callistemon viminalis, salen preciosos en las fotos y fracasan en gran parte de España por la misma razón: ambos quieren suelo ácido y agua de riego con pocas sales, y el suelo peninsular es mayoritariamente calizo y el agua de red muy dura. El resultado se ve al segundo año, con las hojas amarillas y los nervios verdes de la clorosis férrica, y a partir de ahí es un árbol enfermo que se mantiene a base de quelatos. Si quieres saber a qué te enfrentas antes de comprar, pon unas gotas de vinagre fuerte sobre un puñado de tierra seca: si burbujea, hay carbonatos y esas dos especies sobran de tu lista.

Con el aligustre del Japón, Ligustrum lucidum, el problema es distinto. Crece rápido, aguanta cualquier cosa y por eso está plantado en media España, pero su polen es de los que más consultas de alergia genera en primavera, la floración huele fuerte, las bayas caen y manchan el pavimento y las siembra medio barrio a través de los pájaros, y las raíces superficiales terminan levantando el bordillo. Sale barato y sale caro.

Otras tres decisiones que se pagan con obra: magnolio (Magnolia grandiflora) en un jardín de cinco metros, cuando el árbol pasa de 15 m y tiene raíz muy superficial; chopos, sauces y falsas acacias (Populus, Salix, Robinia) cerca de cimientos y saneamiento, por sistema radicular agresivo y rebrote de raíz; y el ailanto (Ailanthus altissima), que ni siquiera es una opción legal: figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, así que no puede plantarse ni comercializarse, y si aparece solo en tu jardín, cuanto antes se retire, mejor. Si en casa hay alergias respiratorias, añade a la lista de descartes cipreses en seto, olivos ornamentales, plátanos de sombra y moreras masculinas.

Ciruelo rojo de hoja púrpura en flor

Comprobar clima y suelo antes de pagar

Dos datos bastan para filtrar casi cualquier catálogo. El primero es la mínima absoluta de tu zona, no la media: un invierno de -8 ºC cada diez años decide qué sobrevive, y ahí caen cítricos, calistemos y buena parte de lo subtropical. El segundo es el pH y la textura del suelo, que puedes conocer con un análisis barato o con la prueba del vinagre ya mencionada, más un hoyo de 40 cm lleno de agua: si tarda más de un día en filtrar, el drenaje es malo y solo tienen sentido especies tolerantes al encharcamiento o plantar sobre un caballón elevado.

El resto es adaptar lo que ya funciona alrededor. Un paseo por el barrio mirando qué árboles tienen veinte años y buen aspecto dice más que cualquier ficha de vivero, porque ya han pasado el filtro del clima, del suelo y del agua de riego locales.

Plantación y primeros años

La época es de noviembre a febrero para caducos, mejor cuanto más pronto dentro de esa ventana; los perennes se dan bien plantados en otoño o a principios de primavera. Se abre un hoyo ancho, dos o tres veces el cepellón, y no mucho más profundo que él: el árbol debe quedar con el cuello a ras de suelo, y enterrarlo más hondo es una causa frecuente de muerte lenta. Nada de estiércol fresco en el fondo del hoyo; si el suelo es pobre, compost bien maduro mezclado con la tierra de relleno.

El tutor va bajo, a un tercio de la altura, sujeto con cinta ancha que no estrangule, y se retira a los dos años: un tronco que se mueve con el viento engorda y se hace fuerte, uno atado rígido se queda delgado y se parte cuando lo sueltas. Riego de asentamiento generoso al plantar, 40-60 litros vertidos despacio para que la tierra se acomode sin bolsas de aire, y después riegos espaciados y abundantes —mejor 50 litros cada diez días que cinco litros diarios— durante los dos o tres primeros veranos. Pasado ese plazo, un árbol bien elegido para tu clima debería vivir del agua de lluvia y de algún riego de socorro en olas de calor.

La poda de formación, mientras es joven, consiste en poco: elegir un eje, ir levantando la cruz de ramas hasta la altura que quieras y suprimir lo que se cruce o compita con la guía. Los grandes cortes de rama gruesa en un árbol adulto son consecuencia de haberlo plantado en el sitio equivocado.

En resumen

La elección del árbol delantero se juega en tres medidas y dos análisis: la distancia a la fachada (la mitad de la copa adulta), los dos metros al linde que exige el Código Civil, el trazado de las conducciones enterradas, la mínima invernal de tu zona y el pH del suelo. Con eso resuelto, para caduco de sombra y flor van bien Cercis siliquastrum, Lagerstroemia indica, Koelreuteria paniculata y Acer campestre; para perenne y pantalla, Arbutus unedo, Laurus nobilis, el naranjo amargo en zonas suaves y el ciprés columnar en franjas estrechas. Descarta Cornus florida y Callistemon si tu tierra burbujea con vinagre, evita el aligustre del Japón por polen y bordillos, y no plantes ailanto en ningún caso. Planta en invierno, con el cuello a ras, tutor bajo y riegos espaciados dos o tres veranos; a partir de ahí el árbol se ocupa solo.


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