Una caja con la entrada de 40 milímetros no la va a ocupar un herrerillo. La ocupará un gorrión, un estornino o nadie. Ese detalle, un agujero de dos centímetros y medio o de cuatro, decide más sobre el éxito de una casita para pájaros que el color, el tejadillo o lo bonita que quede colgada del cerezo.

Merece la pena separar desde el principio dos objetos que se venden mezclados. Están las casas decorativas, pensadas para el ojo humano: chalets en miniatura, cerámicas pintadas, cajitas de colores con una percha delante. Y están las cajas nido, que son cajones sobrios de madera gruesa diseñados con medidas concretas para que una especie concreta críe dentro. Las primeras adornan; las segundas se ocupan. Puedes tener las dos cosas en el jardín, siempre que sepas cuál es cuál y no esperes pollos en la de porcelana.

Casas de madera para pájaros colgadas en un jardín

La piquera decide el inquilino

La piquera es el orificio de entrada, y funciona como un filtro de tamaño: deja pasar al que cabe y excluye al que no. Elegir su diámetro es elegir vecino. Estas son las medidas que se usan en la península para las especies que de verdad se acercan a un jardín:

26 a 28 mm. Herrerillo común (Cyanistes caeruleus), carbonero garrapinos (Periparus ater) y herrerillo capuchino. Es la medida más selectiva: excluye al carbonero común y al gorrión, que de lo contrario les quitan el sitio.

32 mm. Carbonero común (Parus major), papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) y gorrión molinero (Passer montanus). Es la caja más versátil si solo vas a colgar una.

34 a 36 mm. Gorrión común (Passer domesticus), en declive serio en las ciudades españolas y muy agradecido a una caja bajo un alero. Acepta vecindad, así que se pueden agrupar varias.

45 mm. Estornino negro (Sturnus unicolor) y, en zonas arboladas, torcecuello. Ojo: una piquera de este calibre deja entrar también a las manos de los depredadores trepadores.

Frontal semiabierto, sin agujero redondo sino con la mitad superior de la cara delantera despejada. Es la caja del colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros), la lavandera blanca (Motacilla alba), el papamoscas gris (Muscicapa striata) y a veces el petirrojo. Va en un sitio resguardado, pegada a un muro o entre hiedra, nunca al descubierto.

El vencejo común (Apus apus) es un caso aparte: necesita una caja horizontal con entrada ovalada de unos 65 x 30 mm situada en la parte baja del frontal, colocada a más de cinco metros bajo un alero y con caída libre por delante, porque despega dejándose caer. En un manzano a dos metros del suelo no criará jamás.

Cómo tiene que ser la caja por dentro

El interior importa más que el exterior, y aquí es donde fallan casi todas las casitas de bazar. Para un carbonero, la base debe medir alrededor de 12 x 12 cm y la distancia entre la piquera y el suelo de la caja no debe bajar de 17 o 20 cm. Si el hueco es poco profundo, una urraca o un gato meten la pata por la entrada y llegan a los pollos.

La madera, de al menos 18 a 20 mm de grosor. No es capricho: ese espesor es lo que amortigua las horas centrales de un julio manchego. Las cajas de contrachapado fino, las de plástico y las de cerámica se convierten en hornos; el interior de una caja oscura y delgada puesta al sol puede superar con holgura los 45 °C y una nidada se pierde en una tarde. Madera de pino o abeto sin tratar, sin barniz interior y sin productos con creosota u otros protectores para exterior, que desprenden vapores en un volumen tan pequeño.

Detalles que marcan la diferencia y casi nunca vienen de serie: agujeros de drenaje en el suelo, un par de orificios de ventilación en la parte alta de los laterales, un tejado inclinado con vuelo de unos 5 cm sobre la entrada para que no entre lluvia, la cara interior del frontal rugosa o con ranuras horizontales para que los pollos puedan trepar el día que saltan, y una tapa o un lateral abatible para limpiarla. Cierre con tornillo o pasador, nunca con clavo definitivo.

Y la percha delante: fuera. Ese palito que aparece en todas las ilustraciones no lo necesita ningún ave que críe en agujeros —se agarran al borde de la piquera sin problema— y en cambio le da a la urraca, al gato y al lirón careto un punto de apoyo perfecto para trabajar la entrada. Si tu caja la lleva, córtala.

Pintarla sí, pero con criterio

Las casitas de colores no son un disparate por ser de colores, sino por cómo suelen estar construidas. Si pintas una caja bien hecha, hazlo solo por fuera, con pintura al agua o aceite de linaza, dejando el interior y el contorno de la piquera en madera desnuda. Evita el negro y los tonos muy saturados en zonas de verano duro: los ocres, grises y verdes apagados calientan menos y además pasan desapercibidos, que es lo que busca un ave que va a dejar cinco huevos ahí dentro. Deja secar y airear la caja varias semanas antes de colgarla.

Las construidas con ramas, corteza y chamizo funcionan bien mientras la estructura interior sea sólida y estanca; el chamizo es revestimiento, no pared. Y las de fantasía con varios pisos y varias entradas parten de una idea equivocada: los páridos son territoriales y no comparten edificio. Un bloque de pisos acabará con un solo inquilino defendiendo todas las puertas, o vacío.

Dónde colgarla

La orientación de la piquera en España debería caer entre el noreste y el sureste. Con eso esquivas dos cosas a la vez: la lluvia y el viento dominantes, que en buena parte de la península llegan del oeste y el suroeste, y el sol de la tarde, que es el que cocina. Inclina la caja ligeramente hacia delante para que el agua escurra por fuera de la entrada.

Altura, entre 2 y 4 metros para páridos y papamoscas; más alto si hay gatos o niños. Fíjala al tronco con alambre forrado o cinta de goma alrededor, o con un tirafondo y un taco de madera, pero no claves directamente en un árbol joven ni aprietes un alambre desnudo que acabará estrangulando la corteza. Deja el vuelo de entrada despejado: una rama justo delante de la piquera es una plataforma para el depredador.

Separa las cajas de la misma especie al menos 15 o 20 metros. Amontonar seis cajas en un patio pequeño no multiplica las nidadas; multiplica las peleas y suele acabar con una sola ocupada. Los gorriones son la excepción, porque crían en colonia.

Cuándo se cuelga y cuándo se limpia

El momento de instalar no es la primavera: es el otoño o el invierno, de octubre a enero. La caja necesita semanas de intemperie para perder el olor a serrería y para que las aves la prospecten con calma; muchas la usan además como dormidero en las noches frías, y la que ha servido de refugio en enero tiene todas las papeletas de ser el nido de marzo. Colgada en abril, con la reproducción ya en marcha, lo más probable es que se estrene al año siguiente.

La limpieza toca en septiembre u octubre, cuando ha terminado la última pollada. Se abre, se vacía el nido viejo entero y se cepilla en seco; agua caliente si estaba muy sucia, y nada de lejía ni insecticidas. El nido usado guarda pulgas, ácaros y larvas de Protocalliphora que esperan al año siguiente, y quitarlo mejora de verdad la supervivencia de los pollos. Fuera de esas fechas, la caja no se abre: mirar dentro en mayo puede provocar un abandono.

Comederos: qué se ofrece y qué no

En la mayor parte de España el comedero tiene sentido de noviembre a finales de febrero, y muy especialmente en olas de frío o tras heladas persistentes, cuando la comida natural está bloqueada. Si empiezas, mantenlo: las aves incorporan el punto a su ruta diaria y dejarlo vacío en pleno temporal les cuesta una jornada de búsqueda.

Funciona bien la pipa de girasol negra, el cacahuete crudo sin sal ni tostar, las nueces partidas, la avena en copos y los bloques de grasa de vacuno con semillas. Los fruteros —mirlos, currucas, petirrojos— agradecen manzana pasada o pasas rehidratadas.

Lo que no debe ponerse: pan, que llena sin alimentar y se hincha en el buche; leche, porque las aves no digieren la lactosa; nada salado, frito o especiado; y aceites vegetales líquidos o margarinas blandas, que apelmazan el plumaje. Los restos de comida cocinada atraen ratas y palomas, no páridos.

La higiene no es un detalle menor. Un comedero sucio y húmedo concentra salmonelosis y tricomonosis (Trichomonas gallinae), que golpea sobre todo a verderones y otros fringílidos. Límpialo cada semana, tira el grano mojado o enmohecido y cambia el comedero de sitio de vez en cuando para no saturar el suelo de debajo. Si aparecen aves apáticas, con el plumaje erizado o dificultad para tragar, o encuentras ejemplares muertos cerca, retira comedero y bebedero durante varias semanas y desinféctalos antes de volver a ponerlos.

Casa para pájaros con bebedero en un jardín

El bebedero rinde más que el comedero

Si solo vas a poner una cosa en el jardín, que sea agua. En el clima peninsular el cuello de botella no es el alimento invernal sino la sequía de julio y agosto, cuando fuentes y charcas desaparecen y las aves necesitan beber y bañarse a diario para mantener el plumaje en condiciones.

Un buen bebedero es un plato ancho y poco profundo, de 2 a 4 cm, con el fondo rugoso o con unas piedras dentro para que las especies pequeñas hagan pie. A la sombra, con el agua renovada cada día en verano —el agua estancada al sol es un caldo de patógenos y un criadero de mosquitos— y colocado a un par de metros de la vegetación densa: lo bastante lejos para que un gato no lo aceche desde el seto, lo bastante cerca para que haya una rama de escape a la vista.

Los gatos, el cristal y la ley

El gato doméstico es el principal depredador introducido de aves de jardín y el cascabel del collar apenas reduce sus capturas; funcionan mejor los collares con una gorguera de colores vivos, la protección del tronco con un anillo liso y, sobre todo, mantenerlo dentro de casa al amanecer y al atardecer. Sitúa comederos y bebederos a metro y medio del suelo y lejos de muros o setos desde los que se pueda saltar.

Sobre lo legal, conviene tenerlo claro: todas las aves silvestres autóctonas están protegidas por la Ley 42/2007 del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad y por el Real Decreto 139/2011. No se pueden coger nidos, huevos ni pollos, ni retener un ave silvestre en casa, aunque sea con intención de ayudarla. Un pollo emplumado en el suelo en mayo o junio suele ser un volantón normal cuyos padres siguen cebándolo: lo correcto es apartarlo del peligro inmediato y dejarlo. Si está claramente herido, se avisa al 112 o al centro de recuperación de fauna de tu comunidad. Y no alimentes a especies invasoras como la cotorra argentina (Myiopsitta monachus).

En resumen

Una casa para pájaros que funcione es un cajón poco vistoso de madera de dos centímetros, con la piquera del diámetro justo para la especie que quieres, al menos 17 cm de profundidad bajo la entrada, sin percha, orientada entre el noreste y el sureste, colgada en otoño a dos o tres metros de altura y limpiada cada septiembre. Las casitas de colores, cerámica o fantasía son decoración de jardín: adornan, y no hay nada de malo en ello, pero no las cuentes como refugio.

Y si el espacio es poco, prioriza en este orden: primero un bebedero limpio a la sombra, después una caja de 32 mm bien puesta, y solo luego el comedero de invierno. El agua trabaja los doce meses del año.


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