Una flor de Pascua comprada en la puerta de un supermercado, apilada al aire libre a cinco grados y envuelta en papel de celofán, ya está sentenciada antes de llegar a tu casa. Perderá las hojas en diez días y nadie sabrá por qué. Decorar la casa en Navidad con plantas vivas funciona igual de bien que cualquier otra decoración, pero exige entender una cosa: diciembre es el mes más hostil del año para una planta de interior. Días cortos, radiadores encendidos, humedad relativa por los suelos y corrientes de aire frío cada vez que se abre la puerta. Todo lo que sigue parte de ahí.

La flor de Pascua, bien comprada y bien colocada

La Euphorbia pulcherrima es un arbusto mexicano que en su tierra alcanza tres o cuatro metros. Lo que llamamos flores son brácteas, hojas modificadas que se colorean; las flores de verdad son los cyatios, esas bolitas verdes y amarillas del centro. Ahí está la clave para comprar bien: elige un ejemplar cuyos cyatios centrales estén todavía cerrados o apenas abiertos. Si ya han soltado polen o se han caído, la planta lleva semanas en el punto de venta y durará mucho menos.

Rechaza cualquier planta expuesta en la calle o en la entrada de una tienda. Por debajo de 12 °C la Euphorbia pulcherrima sufre daño por frío que se manifiesta días después en forma de defoliación masiva, aunque en el momento de la compra parezca perfecta. Pide que te la envuelvan para el trayecto, aunque el coche esté a diez metros.

En casa: luz abundante e indirecta, entre 16 y 22 °C, lejos de radiadores y de puertas que dan a la calle. El riego es lo que más ejemplares se lleva por delante, y siempre por exceso: riega solo cuando los dos primeros centímetros de sustrato estén secos, y quita el papel metalizado o hazle un agujero, porque si no el agua se queda embalsada y las raíces se pudren en una semana. Es literalmente la causa número uno de fracaso.

Y una corrección que toca hacer todos los años: la flor de Pascua no es una planta mortalmente venenosa. Esa fama viene de un caso mal documentado de 1919 y se ha repetido desde entonces sin fundamento. Su látex blanco es irritante para la piel y las mucosas, y si un niño o un gato mordisquean una hoja puede haber molestias digestivas, pero no es tóxica en el sentido dramático que se le atribuye. Lávate las manos tras podarla y ponla fuera del alcance de mascotas que roan, y con eso basta.

¿Se puede conservar de un año para otro? Sí, y no es difícil mantenerla viva: en primavera se poda a un tercio de su altura, se trasplanta y se saca a semisombra. Lo verdaderamente complicado es que vuelva a colorear. Es una planta de día corto: necesita unas catorce horas de oscuridad total cada noche durante ocho o diez semanas seguidas, desde primeros de octubre. Oscuridad total significa eso: la luz de una farola por la ventana o la de la tele encendida basta para interrumpir el proceso. Se consigue cubriéndola con una caja o metiéndola en un armario cada tarde. Si no estás dispuesto a esa rutina, disfrútala como planta verde y compra otra el año que viene.

El árbol: cortado, en maceta o artificial

Árbol de Navidad decorado en el salón de una casa

Cada opción tiene sentido en un contexto distinto, y conviene elegir con datos y no por inercia.

Árbol cortado. El que se vende en España suele ser Abies nordmanniana, el abeto del Cáucaso, que aguanta semanas sin soltar acículas incluso en interior caliente. La Picea abies es más barata y huele mucho mejor, pero en un salón con calefacción empieza a desprender agujas en una semana. Al llegar a casa, corta dos o tres centímetros del tronco por la base con un serrucho y colócalo inmediatamente en un soporte con depósito de agua: el corte fresco reabre los vasos conductores sellados por la resina. Un abeto de dos metros puede beber uno o dos litros al día los primeros días. Si el depósito se seca una sola vez, la base vuelve a sellarse y ya no absorberá más. Un árbol hidratado, además, arde con mucha más dificultad que uno reseco.

Un apunte que conviene aclarar: estos árboles proceden de plantaciones agrícolas, cultivados para eso durante siete u ocho años. Comprar uno cortado no supone talar un bosque.

Árbol vivo en maceta. Es la opción con mejor intención y peor tasa de supervivencia. Muchos de estos ejemplares se arrancan del suelo y se meten en el contenedor poco antes de venderlos, con el cepellón mutilado, así que llegan ya dañados. Comprueba que la planta esté bien anclada: si al agarrar el tronco se mueve dentro de la maceta, no ha arraigado. Si te llevas uno, sigue tres reglas: no más de diez o doce días dentro de casa, en la habitación más fresca y luminosa y lejos de radiadores; cepellón siempre ligeramente húmedo; y al sacarlo, aclimátalo unos días en un porche o balcón antes de devolverlo al exterior, para evitar el choque térmico.

Sé realista también con el destino final. Un abeto del Cáucaso o una pícea son coníferas de montaña húmeda y fría: sobreviven en el norte peninsular y en zonas de montaña, pero en Madrid, Sevilla o Valencia lo pasan muy mal en verano. Si vives en clima mediterráneo seco, plantéate como alternativa un Cupressus, un Pinus pinea pequeño o un ciprés de Leyland, que sí prosperarán en el jardín después. Y nunca plantes tu árbol por tu cuenta en un monte o espacio natural: además de estar prohibido sin autorización, introducir especies ajenas al lugar hace más daño que bien.

Árbol artificial. Tiene ventajas objetivas: no suelta acículas, no hay que regarlo, resuelve el problema en casas con alergias respiratorias, en pisos oscuros y en viviendas que se quedan vacías dos semanas en diciembre. La contrapartida es que un árbol de PVC necesita usarse muchos años seguidos para compensar su huella de fabricación, así que la decisión ecológica no es comprarlo, sino comprar uno bueno y conservarlo una década o más. Los de mejor aspecto combinan ramas moldeadas por inyección en las puntas visibles. Si te decides por el artificial, un truco: añade unas ramas frescas de pino, romero o eucalipto en la base o en una jarra al lado y recuperas el olor de la Navidad, que es justo lo único que el plástico no puede imitar.

Las otras plantas de diciembre

Reducir la decoración vegetal a la poinsettia es desaprovechar el mes. Estas cuatro funcionan muy bien y ninguna es difícil.

Cactus de Navidad (Schlumbergera truncata y sus híbridos). Aquí hay un malentendido de base: no es un cactus de desierto, sino una epífita de la selva atlántica brasileña que vive sobre ramas de árbol. Ni pide pleno sol ni resiste la sequía prolongada. Quiere luz filtrada, sustrato que se mantenga ligeramente húmedo y ambiente sin aire seco. Forma los botones con días cortos y temperaturas de 12-16 °C. Un aviso concreto: una vez que aparecen los botones, no la muevas ni la gires; el cambio de orientación de la luz le hace soltarlos.

Amarilis (Hippeastrum). El bulbo más agradecido que existe para interior. Se planta en una maceta apenas mayor que él, dejando un tercio del bulbo fuera del sustrato, se riega poco hasta que arranca y se mantiene a 20-22 °C. Tarda entre seis y diez semanas en florecer, así que para tenerlo abierto en Navidad hay que plantarlo a mediados o finales de octubre. Si lo compras en diciembre, florecerá en enero, que tampoco está mal. Gira la maceta un poco cada día para que el tallo no se incline hacia la ventana, y ata una caña si la vara amenaza con volcar.

Ciclamen (Cyclamen persicum). Florece justo ahora y es perfecto para una entrada, una galería o un alféizar fresco. Su exigencia es la temperatura: entre 12 y 16 °C. En un salón a 22 °C amarillea y se desploma en dos semanas. Riégalo por el plato, dejándolo absorber quince minutos y vaciando el sobrante, porque el agua caída sobre el tubérculo lo pudre. Retira las flores marchitas tirando del pedúnculo con un giro seco, no cortándolas.

Rosa de Navidad (Helleborus niger). Para jardín, patio o maceta en exterior. Florece de diciembre a marzo, aguanta el frío peninsular sin inmutarse y quiere sombra o semisombra con suelo fresco y rico en materia orgánica. Plantada bajo un árbol de hoja caduca da flores blancas cuando no hay nada más en el jardín.

Ramas, coronas y guirnaldas naturales

El verde cortado es la manera más barata y más bonita de decorar, y no hace falta que sea abeto. En clima mediterráneo tienes a mano romero, laurel, olivo, eucalipto, ruscus, madroño y piñas de pino piñonero, todos con buen aguante en interior y con olores mucho más interesantes que el de una guirnalda de plástico. Corta de tus propias plantas o de un jardín con permiso, con tijera limpia y sin desfigurar el arbusto.

Sobre el acebo (Ilex aquifolium), un aviso que conviene repetir: es una especie protegida en gran parte de España y recolectarlo en el monte está prohibido o sujeto a autorización según la comunidad autónoma. Se compra cultivado, y punto. Si quieres plantar uno con bayas en el jardín, ten en cuenta que la especie es dioica y necesitarás un pie macho cerca de la hembra, salvo que elijas un cultivar autofértil como Ilex aquifolium 'J.C. van Tol'. Sus frutos, y también los del muérdago (Viscum album), sí son tóxicos de verdad si se ingieren: mantenlos fuera del alcance de niños pequeños.

Para que una corona fresca dure, móntala sobre una base de espuma floral o musgo húmedo en lugar de alambre a secas, y pulverízala cada día o cada dos días. En el interior caliente aguantará dos o tres semanas; colgada en la puerta exterior, donde hace frío, fácilmente el mes entero. Las ramas de conífera cortadas en un jarrón con agua duran más de lo que se piensa si se les recorta la base cada pocos días.

Ventanas y balcones

Ventanas decoradas para Navidad con luces y motivos

La ventana es el punto donde la decoración y la jardinería chocan, así que hay dos cosas que tener presentes. La primera: en diciembre la luz es un recurso escaso y tus plantas de interior la necesitan toda. Antes de tapar el cristal con vinilos, nieve artificial en spray o cortinas de luces opacas, comprueba que no estás dejando a oscuras la única ventana buena de la casa. Decora los laterales y la parte superior del marco y deja el centro despejado.

La segunda: el cristal está helado por la noche. Una hoja apoyada contra un vidrio simple en enero puede sufrir daño por frío, y la maceta apoyada en el alféizar recibe el chorro directo del radiador que suele estar debajo. Si vas a agrupar plantas en la ventana para el conjunto navideño, sepáralas unos centímetros del cristal.

Para el exterior, jardineras de balcón con ciclámenes, pensamientos, brezo (Erica), coníferas enanas y hiedra colgante resisten perfectamente el invierno peninsular y quedan bien desde la calle. Y cualquier iluminación que salga al exterior debe estar certificada para ello, con grado de protección IP44 como mínimo y transformador a baja tensión.

La mesa y las luces

Para el centro de mesa manda una regla de sentido común: que sea bajo, por debajo de la línea de los ojos de quien está sentado, o la gente se pasará la cena esquivando ramas para verse. Un cuenco ancho con piñas, unas ramas cortas de eucalipto y romero, velas gruesas y algo de fruta seca funciona mejor que cualquier composición alta. Si hay comida, usa velas sin perfumar: el aroma artificial pelea con los platos.

Sobre iluminación, tres decisiones prácticas. Usa LED: consume una fracción y, lo importante aquí, apenas se calienta, así que puedes enredarlo en ramas naturales sin riesgo. Nunca dejes las luces encendidas por la noche ni al salir de casa. Y elige una sola temperatura de color para toda la casa —cálida o fría, pero no mezcladas—, que es el detalle que separa una decoración cuidada de un revoltijo.

Los árboles del jardín se pueden iluminar sin problema, pero no aprietes el cable alrededor del tronco ni de las ramas: la conífera engorda y en dos o tres temporadas el cable estrangula el tejido conductor. Deja holgura o usa abrazaderas anchas, y retira el cableado en enero.

Después de Reyes

El día que se desmonta todo también importa. El árbol cortado va al punto de recogida que habilita tu ayuntamiento, donde se tritura para compost; no al contenedor de la calle. El árbol en maceta sale fuera, aclimatándolo poco a poco, y se trasplanta a un contenedor mayor en primavera. La flor de Pascua sobrevive perfectamente a enero y febrero como planta de hoja verde si le sigues dando luz y riego moderado. El ciclamen seguirá floreciendo hasta abril si lo tienes fresco. Y el amarilis, cuando se marchite la flor, se corta la vara pero se conservan las hojas, que son las que recargan el bulbo para el año siguiente.

El verde cortado, las coronas y las ramas van al contenedor marrón de orgánico o al compostador, previa retirada de alambres, purpurina y adornos de plástico.

En resumen

Decorar la casa en Navidad con plantas sale bien cuando se acepta que diciembre es un mes duro para ellas. Compra la flor de Pascua con los cyatios cerrados, nunca de un expositor a la intemperie, y riégala poco: se muere ahogada, no de sed, y no es el veneno que dicen. Si eliges árbol cortado, recorta la base y mantén el depósito con agua; si lo eliges en maceta, sácalo a los diez o doce días y sé realista sobre si tu clima le conviene; y si va a ser artificial, que sea uno bueno para muchos años, con unas ramas frescas al lado para el olor. Amplía el repertorio con Schlumbergera, Hippeastrum, ciclamen y helleborus. Corta tu verde de romero, laurel u olivo y compra el acebo cultivado, porque el silvestre está protegido. Y en ventanas y mesa, la moderación gana: no tapes la luz que tus plantas necesitan y mantén los centros bajos.


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