Un metro y medio de ancho junto a la puerta da para mucho más de lo que parece, y para bastante menos de lo que suele acabar plantado ahí. La entrada es el trozo de jardín que más se mira y el que peor se planifica: se compra por impulso en el vivero un sábado por la mañana, se coloca lo que cabe y en dos veranos hay que sacar la mitad porque estorba el paso o se ha secado. Este artículo va del orden inverso: medir, mirar dónde da el sol, elegir después.

Entrada de una casa decorada con plantas en macetas a ambos lados de la puerta

Lo primero es el metro, no el vivero

Coge una cinta métrica y apunta cuatro cosas antes de decidir nada: el ancho del camino de acceso, el espacio libre a cada lado de la puerta, hacia dónde abre la hoja y si hay escalones.

El paso libre de una entrada doméstica no debería bajar de 90 cm, y si por ahí entran bicicletas, carritos o la compra de la semana, mejor 110 o 120. Ese ancho se mide con las plantas ya crecidas, no recién compradas. Un Pittosporum tobira que sale del vivero en maceta de 3 litros ocupa 30 cm; a los cuatro años ocupa metro y medio de diámetro si no lo podas. Ahí está la razón por la que tanta entrada acaba convertida en un túnel: se planta a la distancia del ejemplar joven.

Apunta también cuántas horas de sol directo recibe el punto donde vas a plantar, y no en agosto, sino en marzo o en octubre. Una fachada orientada al norte con un porche encima puede recibir cero horas de sol directo en invierno y dos en junio: eso no es semisombra, es sombra, y condiciona toda la lista.

Y un detalle que se pasa por alto: dónde está el grifo más cercano. Si la toma de agua queda a veinte metros, el riego con regadera se abandona en julio. Con eso ya sabes si tu entrada admite macetas o si te conviene plantar en suelo.

La orientación decide la lista de plantas

Una entrada al sur o al oeste en la meseta o en el sur peninsular es uno de los sitios más duros del jardín: sol de tarde, calor reflejado por la pared y por el pavimento, y en verano temperaturas en la superficie de la maceta que pasan de los 45 °C. Ahí funcionan Salvia rosmarinus (el romero de toda la vida, que cambió de género hace unos años y ya casi no se etiqueta como Rosmarinus), Lavandula dentata y L. angustifolia, Teucrium fruticans, Westringia fruticosa, Pittosporum tobira 'Nanum', Agapanthus africanus, Plumbago auriculata y las gramíneas tipo Stipa tenuissima.

Una entrada al norte, o cubierta por un porche, pide otra cosa: Fatsia japonica, Aucuba japonica, Buxus sempervirens (con vigilancia, luego vuelvo a ello), helechos como Dryopteris affinis o Asplenium scolopendrium, Hydrangea macrophylla si el agua de riego no es muy caliza, y Camellia japonica en la cornisa atlántica y el norte, donde el suelo es ácido y la humedad ambiental alta. La camelia en Murcia o en Zaragoza, en maceta y con agua del grifo, es una planta que compras cada dos años.

El este es la orientación cómoda: sol de mañana, sombra a partir del mediodía. Casi cualquier arbusto de jardín mediterráneo y buena parte de los de sombra fresca aguantan ahí.

Estructura permanente primero, color después

Una entrada que funciona todo el año tiene tres capas, y la más importante no es la que florece.

La capa fija es la que da forma en enero. Dos ejemplares iguales flanqueando la puerta, o un grupo asimétrico a un solo lado si el otro es de paso. Arbustos de hoja perenne y porte controlable: Pittosporum tobira 'Nanum', Viburnum tinus, Laurus nobilis recortado, Olea europaea en forma de copa pequeña para climas cálidos, Ilex crenata como sustituto del boj. Debería ser el 60 o 70 % del volumen plantado.

La capa media aporta textura y floración larga: Agapanthus, Salvia arbustivas (S. microphylla, S. greggii), Nepeta, Euphorbia characias subsp. wulfenii, hortensias o hostas en sombra.

La capa de temporada es la que cambias dos veces al año en una o dos macetas concretas, nunca en todas: pensamientos y Viola cornuta de octubre a abril, Pelargonium y Calibrachoa de mayo a septiembre. Limitarla a dos recipientes es lo que hace que el mantenimiento sea sostenible; quien planta toda la entrada de temporada acaba con toda la entrada vacía en agosto.

Sobre la simetría: funciona muy bien en fachadas regulares con la puerta centrada, y queda forzada en cuanto la puerta está descentrada o hay un garaje al lado. En ese caso, mejor un grupo impar de macetas de tres alturas distintas a un lado y nada al otro.

Macetas: el volumen manda sobre el diseño

Una maceta bonita de 20 litros con un arbusto de un metro dentro es una planta condenada a riego diario en verano y a morir el primer fin de semana que te vayas. Para un arbusto que vaya a vivir años ahí, cuenta con 40 a 60 litros como mínimo; para plantas de temporada, 10 a 15 litros por grupo. El volumen de sustrato es literalmente la reserva de agua de la planta.

Material: el barro cocido sin esmaltar transpira y refresca la raíz, pero pierde agua mucho más rápido y en zonas con heladas fuertes se descascarilla si se moja y se hiela. El esmaltado y el polietileno rotomoldeado retienen más humedad y pesan menos. En balcón o entrada elevada, mira el peso: 60 litros de sustrato empapado pesan del orden de 50 kg.

Hay una costumbre que conviene abandonar: la capa de gravilla en el fondo de la maceta no mejora el drenaje. El agua no pasa libremente de un material fino a uno grueso, así que lo que hace esa capa es elevar la zona saturada dentro del cepellón y dejar menos sustrato útil. Lo que sí funciona es un sustrato que drene de verdad —turba o fibra de coco con un 30 % de perlita o arena silícea gruesa— agujeros de salida despejados y unos tacos o pies que separen la maceta del suelo un par de centímetros.

El riego, si puede ser, por goteo con programador de pila: dos goteros de 2 l/h por maceta grande, quince minutos al día en julio y agosto, cada dos o tres días en primavera y otoño, y prácticamente cortado de diciembre a febrero salvo sequía invernal. Es la diferencia entre una entrada que se mantiene sola y una que depende de que te acuerdes.

Trepadoras y arcos sobre la puerta

Una trepadora enmarcando la entrada es de los recursos con mejor relación entre efecto y metros ocupados, porque crece en vertical y no roba paso. La más agradecida para este uso concreto es el falso jazmín, Trachelospermum jasminoides: hoja perenne, brillante, floración muy perfumada de mayo a julio, crecimiento moderado (no se te va de las manos como una Wisteria) y resistencia al frío hasta unos −8 °C. Ojo con la etiqueta del vivero, porque muchas veces pone "jazmín estrella" o directamente "jazmín": no es un Jasminum, pertenece a las apocináceas y su savia lechosa mancha e irrita la piel al podarlo. Nada grave, pero conviene ponerse guantes.

Otras opciones: Jasminum officinale (caduco, olor extraordinario en verano), Rosa trepadora de floración repetida —'Iceberg' trepadora o 'New Dawn' funcionan bien y tienen pocas espinas comparadas con otras—, y Clematis armandii para sombra fresca. Sujétalas siempre a un cable de acero inoxidable con tensores separado 5 cm de la pared, no directamente sobre el paramento.

Lo que no debes poner sobre una puerta por la que pasas cada día son plantas espinosas a la altura del hombro. Una Bougainvillea es espectacular, pero sus espinas son duras y largas y en un paso estrecho arañan la ropa y la cara. Igual con Pyracantha: excelente seto defensivo, pésimo vecino de puerta.

Plantas que conviene alejar de la puerta

Hay especies muy usadas en jardinería mediterránea que no son buena idea a un metro de donde juegan los niños o donde el perro se tumba a la sombra.

La adelfa (Nerium oleander) es la más importante: toda la planta es tóxica, hojas, tallos, flores y savia, y la toxicidad se mantiene en las hojas secas. Es un arbusto magnífico para una mediana de carretera y una elección discutible junto a una puerta con niños pequeños o mascotas. Si ya la tienes y no hay incidentes, tampoco hace falta arrancarla: basta con recoger la poda y las hojas caídas en lugar de dejarlas en el suelo, y no quemarla en barbacoas ni chimeneas.

Las euforbias (Euphorbia spp.) sueltan un látex blanco que irrita la piel y es especialmente peligroso en los ojos; podarlas sin guantes y frotarse la cara después es un accidente frecuente. El ricino (Ricinus communis), que aparece espontáneo en muchos solares y a veces se deja crecer, tiene semillas de toxicidad muy alta. Y la Brugmansia, con sus trompetas colgantes, es tan tóxica como decorativa.

Ninguna de estas plantas es un veneno de contacto casual: se trata de ingestión o de savia en mucosas. La regla razonable es no plantarlas en el punto de máximo tránsito de la casa y enseñar en casa que del jardín no se come nada sin preguntar.

Por motivos más prosaicos, evita también junto a la entrada las especies que ensucian el pavimento: moreras (Morus) fructíferas, higueras, ligustros con muchísima baya, y cualquier árbol que suelte melaza por pulgón encima de donde aparcas.

Plantas en macetas junto al acceso principal de una vivienda

Cuándo plantar y qué mantenimiento pide

En la España peninsular, el momento bueno para plantar arbustos y perennes es de octubre a diciembre: el suelo conserva calor, las lluvias ayudan y la planta tiene todo el invierno para enraizar antes del primer verano. La segunda ventana es febrero-marzo, y para especies sensibles al frío (buganvilla, plumbago, agapanto en zonas frías) mejor esperar a abril.

El abonado en maceta no es opcional, porque el riego lava los nutrientes. Un abono de liberación controlada de 5-6 meses aplicado en marzo cubre casi toda la temporada; en macetas con planta de flor conviene reforzar con un líquido rico en potasio cada quince días de mayo a septiembre.

Cada dos o tres años, retira los cinco centímetros superiores de sustrato y sustitúyelos por mezcla nueva con abono. Cuando la planta ya no admita trasplante a maceta mayor, esa operación y una poda de raíces en invierno alargan su vida bastante.

Sobre el boj: si vas a plantar setos recortados de Buxus sempervirens, ten presente que la oruga Cydalima perspectalis está extendida por casi toda la península y defolia un ejemplar en cuestión de días. Requiere revisión periódica y tratamientos con Bacillus thuringiensis. Para una entrada de bajo mantenimiento, Ilex crenata o Lonicera nitida dan un efecto parecido sin ese problema.

Cómo montar el conjunto sin equivocarse

Antes de plantar nada, coloca las macetas vacías en su sitio y déjalas dos o tres días. Sal y entra por la puerta con las manos ocupadas, abre del todo, imagina la planta con el doble de volumen. Ese ensayo detecta en un fin de semana lo que de otro modo descubres cuando la planta ya está enraizada.

Repite pocas especies en más cantidad en lugar de una de cada. Una entrada con tres especies bien elegidas y repetidas se ve resuelta; con doce se ve como una tienda. Y respeta una gradación de alturas clara: lo alto contra la pared, lo medio delante, lo rastrero en el borde, de modo que nada tape a nada.

Por último, la iluminación duplica el resultado del trabajo. Dos balizas solares de luz cálida rasando la base de los arbustos hacen más por la entrada de noche que cualquier maceta extra.

En resumen

Mide el paso libre y cuenta las horas de sol reales antes de comprar; con esos dos datos la lista de plantas casi se escribe sola. Construye la entrada con una mayoría de arbustos perennes de porte controlable, añade una capa media de floración larga y reserva el color de temporada a una o dos macetas. Da volumen generoso a los recipientes —40 litros arriba para un arbusto—, olvida la gravilla del fondo y monta un goteo si quieres irte de vacaciones tranquilo. Aleja de la puerta lo espinoso, lo que ensucia el pavimento y lo francamente tóxico, con la adelfa a la cabeza. Planta en otoño, abona en marzo y renueva el sustrato superficial cada dos años: con eso la entrada aguanta bien mucho más de lo que dura un capricho de vivero.


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