Una cabeza y unos hombros de unos siete metros y medio emergen del césped, con el pelo hecho de plantas y la mirada baja. Es la Diosa de la Tierra del Jardín Botánico de Atlanta, la pieza más conocida de la exposición Imaginary Worlds, y no es una escultura decorada con flores: es una estructura de acero forrada de sustrato en la que crecen decenas de miles de plantas vivas, con su riego, su abonado y su calendario de recorte.

El jardín, situado en el Midtown de Atlanta junto a Piedmont Park, montó esta muestra por primera vez en 2013 con figuras realizadas por el equipo de Mosaïcultures Internationales de Montréal, los canadienses que llevan décadas afinando esta técnica. El éxito hizo que algunas piezas se quedaran de forma permanente y que la exposición volviera en ediciones posteriores, con cobras, unicornios, conejos, ranas, colibríes y una diosa que se replanta cada temporada.

Escultura vegetal gigante en el Jardín Botánico de Atlanta

Mosaicultura y topiaria no son lo mismo

Conviene separar dos técnicas que comparten aspecto y no comparten casi nada más.

La topiaria clásica consiste en recortar un arbusto leñoso hasta darle forma. Se hace con Buxus sempervirens, Taxus baccata, Ligustrum, Cupressus o Lonicera nitida, la planta sale del suelo y la forma tarda años en cerrarse. El resultado es macizo, monocromo y permanente: un Buxus con forma de bola sigue ahí veinte años después.

La mosaicultura funciona al revés. Se construye primero una escultura hueca —armadura de acero, malla, sustrato— y después se planta su superficie con miles de plantas herbáceas pequeñas, elegidas por el color y la textura de la hoja. La forma existe desde el día uno porque la da el hierro; lo que aportan las plantas es la piel. Eso permite detalles imposibles en topiaria: un párpado, un músculo, la raya de una cebra, el degradado de un pelaje. Y permite hacerlo en una sola temporada.

Hay una tercera categoría intermedia, la figura sobre armazón plantada con hiedra (Hedera helix) o con Ficus pumila, que es lo que se ve en muchos parques temáticos: más lenta que la mosaicultura y menos definida, pero mucho más barata de mantener.

Cómo se construye una figura de siete metros

El proceso es más de taller que de vivero, y va por este orden.

La armadura. Primero se hace una maqueta a escala, se despieza y se levanta una estructura de acero soldado, calculada como cualquier estructura de exterior: tiene que aguantar viento y su propio peso mojada. Sobre ella se ata una malla metálica de retícula fina que define el volumen exacto de la superficie.

El forro y el sustrato. La malla se reviste por dentro con un geotextil o con musgo Sphagnum prensado, que hace de filtro: retiene el sustrato y deja pasar el agua sobrante. Dentro se compacta una mezcla ligera —turba o fibra de coco, corteza fina y perlita o vermiculita— pensada para pesar poco y retener humedad, no para alimentar. La fertilidad viene después por el agua de riego.

La plantación. Se abren pequeños cortes en el geotextil y se van insertando plantas de plantel diminuto, casi cepellón desnudo, a una separación de entre 5 y 8 centímetros. A esa densidad salen entre 150 y 400 plantas por metro cuadrado, y de ahí que una figura del tamaño de la Diosa de la Tierra se cuente por decenas de miles de unidades. Se planta de arriba abajo y las zonas verticales o invertidas —la parte inferior de un brazo, la panza de un caballo— son las que exigen fijar cada planta con horquillas hasta que enraíza.

El cierre. Durante las primeras semanas la figura parece un mosaico de puntitos con sustrato visible. La superficie se cierra cuando las plantas se tocan, y entonces empieza el trabajo real, que es impedir que sigan creciendo.

Las plantas que aguantan hacer de píxel

El casting es lo que separa una figura nítida de un bulto verde a las seis semanas. Las condiciones que debe cumplir una planta de mosaicultura son cuatro: hoja pequeña, crecimiento lento y compacto, tolerancia al recorte repetido y color que venga del follaje.

Las que se usan una y otra vez:

Alternanthera (A. ficoidea, A. dentata) es la reina del oficio, con follaje que va del verde lima al granate casi negro pasando por rosas y bronces, y una respuesta al pinzado casi inmediata. Iresine herbstii aporta el rojo intenso. Santolina chamaecyparissus y Senecio cineraria dan el gris plateado que hace de luz en los relieves. Sedum acre, Sedum album y Echeveria elegans resuelven las zonas expuestas y secas porque aguantan castigo. Sagina subulata y Soleirolia soleirolii crean superficies de aspecto aterciopelado en las partes a media sombra. Para el pelo, las crines y las colas se recurre a gramíneas y ciperáceas de porte fino, Carex, Festuca glauca, Isolepis cernua, que se dejan crecer libres precisamente porque ahí el desorden es el efecto buscado.

Lo que no funciona son las anuales de flor. Una petunia o un pensamiento en una figura da color quince días, luego se ahíla, deshace el dibujo y hay que arrancar. En mosaicultura el color se pinta con hojas, porque las hojas están todo el verano y las flores no. Si aparece un botón floral en una Alternanthera, se corta.

Detalle del follaje de una escultura vegetal del jardín botánico de Atlanta

El riego es la obra invisible

Dentro de la armadura, antes de meter el sustrato, se instala una red de tubería de riego con goteros integrados o con microtubo perforado, repartida en varios sectores independientes: la coronilla de una cabeza se seca mucho antes que la base, y regar todo con la misma frecuencia deja la parte alta quemada y la baja encharcada.

La capacidad de reserva de agua de un forro de pocos centímetros de espesor es ridícula comparada con la de un macizo. En un día de agosto en Atlanta, con calor y humedad altas, una figura puede necesitar varios pases cortos. En el interior peninsular —Madrid, Zaragoza, Sevilla, con 38 °C, humedad relativa por debajo del 25 % y viento— una escultura de este tipo se seca en cuestión de horas, y una avería de la electroválvula un sábado por la tarde significa volver el lunes a una figura marrón. No hay recuperación posible: la Alternanthera que ha pasado por un estrés hídrico severo no rebrota con el mismo color ni con la misma densidad y hay que replantar la zona entera.

El abonado va por el mismo tubo. Como el sustrato es casi inerte y se lava con cada riego, se trabaja con fertirrigación continua a dosis muy baja, del orden de 100-150 ppm de nitrógeno en cada riego, con un equilibrio bajo en nitrógeno y suficiente potasio. Pasarse de nitrógeno es contraproducente: la planta se dispara, pierde compacidad, hay que recortar el doble y el dibujo se emborrona.

El recorte, que es donde se gana la figura

Una escultura de mosaicultura se recorta cada una o dos semanas en plena temporada de crecimiento, con tijera de mano y siguiendo el volumen con la palma para notar el relieve. No se recorta a ras: se pinza la punta, lo que fuerza el rebrote lateral y va densificando la superficie hasta que parece fieltro.

Las líneas de separación entre colores son el punto delicado. Una Alternanthera vigorosa invade en tres semanas el territorio de su vecina de color y la línea del contorno —el borde de un ojo, la raya de una pata— se pierde. Mantenerla obliga a recortar contra la frontera, siempre en la misma dirección, y a reponer las plantas que se van quedando fuera de juego.

Hacerlo a escala de un jardín español

La técnica se puede reducir a una figura de 60 centímetros sin perder nada esencial, y en un jardín particular tiene sentido probar así antes que en grande.

Calendario. Con Alternanthera, Iresine y compañía, que son plantas tropicales que se hielan por debajo de 5 °C, la ventana peninsular va de mediados de mayo a mediados de octubre en la mayor parte del país, y algo más larga en la costa mediterránea y en Canarias. Plantar en abril en el interior es exponerse a una helada tardía. Fuera de esa ventana la figura se vacía o se cubre.

Alternativa permanente. Si se quiere una escultura que dure todo el año sin replantar, hay que cambiar de paleta y aceptar menos detalle: Sedum y Sempervivum en las caras soleadas, Santolina, Teucrium fruticans podado corto o Lonicera nitida sobre el armazón, y Ficus pumila solo en la franja litoral libre de heladas fuertes. La figura será más tosca pero no depende de la temporada.

Peso y anclaje. Un forro de sustrato saturado pesa mucho más de lo que sugiere su volumen en seco. Una figura de tamaño medio pasa fácilmente de los cien kilos mojada, así que la estructura se ancla al suelo con dados de hormigón o pletinas, no se apoya. Una escultura volcada por una tormenta de septiembre no se levanta: se rehace.

Orientación. A pleno sol de mediodía en el sur peninsular, la cara oeste de la figura se cuece. Si se puede elegir, mejor un emplazamiento con sombra desde las tres de la tarde, y en la cara más expuesta poner crasas en lugar de Alternanthera.

Qué falla cuando falla

Los problemas que arruinan una escultura vegetal son siempre los mismos, y ninguno tiene que ver con el diseño.

Riego mal sectorizado: la parte alta amarillea y se queda calva mientras la base se pudre. Sustrato demasiado pesado, con tierra de jardín en la mezcla: se compacta, deja de airear y las raíces se ahogan dentro del forro. Densidad de plantación insuficiente para ahorrar plantel: la superficie tarda meses en cerrar, sale musgo y algas en los huecos y la figura no llega a leerse. Abandono del recorte durante las vacaciones: tres semanas de agosto sin tijera bastan para que las Alternanthera se ahílen y el perfil desaparezca. Y sustrato sin reponer de un año para otro, que se mineraliza y baja de volumen, dejando la malla marcada bajo el follaje.

Todo eso se traduce en la misma consecuencia práctica: una escultura viva no es una obra terminada, es un cultivo. La inauguración es el principio del trabajo, no el final.

En resumen

Las esculturas vivientes gigantes del Jardín Botánico de Atlanta —con la Diosa de la Tierra de unos siete metros y medio como pieza emblemática— son mosaicultura: armaduras de acero forradas de malla, geotextil y sustrato ligero, plantadas con decenas de miles de herbáceas de hoja pequeña. La técnica la desarrolló y la exportó el equipo de Mosaïcultures Internationales de Montréal, y en Atlanta se estrenó con la muestra Imaginary Worlds.

No es topiaria: la forma la da el metal, no la poda, y el color lo dan las hojas de Alternanthera, Iresine, Santolina, Sedum o Sagina, nunca las flores. Lo que sostiene la figura después de montada es el riego sectorizado por goteo dentro de la estructura, una fertirrigación floja y continua, y un recorte cada una o dos semanas.

A escala doméstica en España funciona igual, con dos condiciones: la paleta tropical solo aguanta de mayo a octubre, y sin riego automático fiable la figura no pasa de julio. Quien prefiera algo permanente tiene que renunciar al detalle fino y montarla con crasas y arbustos de hoja diminuta.


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