Un árbol de hoja caduca puede ensuciar menos una piscina que uno de hoja perenne. Suena al revés de lo que se repite en los viveros, pero la cuenta es sencilla: el caduco suelta todo en dos o tres semanas de noviembre, cuando la piscina lleva cubierta desde septiembre; el perenne renueva hoja poco a poco durante los doce meses del año, incluida la primera semana de agosto. Esa es la primera idea que conviene tener clara antes de comprar nada, porque de ella depende que el skimmer trabaje o se atasque cada mañana.

Alrededor de una piscina hay cinco cosas que descartan una planta: lo que suelta, dónde va la raíz, si pincha, si es tóxica y a quién atrae cuando florece. Cualquier especie que falle en dos de esas cinco es mala idea, por bonita que sea.

Jardín con piscina rodeada de vegetación

Toxicidad y pinchos: lo que hay que decidir antes que el diseño

Si en la casa hay niños pequeños o perros, esto va primero. La adelfa (Nerium oleander) es la planta de piscina por excelencia en el litoral mediterráneo —florece de mayo a octubre, aguanta sequía y salpicaduras—, y también es tóxica en todas sus partes por ingestión, hojas incluidas. No es motivo para prohibirla en un jardín de adultos, donde nadie va a comerse una hoja, pero sí para no plantarla donde un niño de dos años pasa el verano descalzo. Los restos de poda tampoco se queman: el humo irrita las vías respiratorias.

El tejo (Taxus baccata) es un caso parecido y más traicionero, porque su fruto rojo es dulce, llamativo y perfectamente comestible por fuera, mientras que la semilla que lleva dentro es muy tóxica. Es un seto magnífico, denso, recortable y de raíz tranquila, pero junto a una piscina con niños pequeños no compensa. El aligustre (Ligustrum spp.) suma dos problemas menores en el mismo arbusto: bayas negras tóxicas en pequeña cantidad y una floración de junio muy olorosa que produce polen alergénico y atrae insectos en cantidad.

Con los pinchos la regla es de sentido común mal aplicado. No se trata de eliminar toda planta con espina, sino de sacarla de la zona donde se anda mojado y descalzo. Un rosal es excelente en un macizo a tres metros del bordillo y una tortura en el paso hacia la ducha. Lo mismo con la buganvilla, cuyas espinas son duras y curvadas, o con Agave americana, cuya punta terminal atraviesa una suela fina y cuya savia produce dermatitis.

Las yucas merecen un matiz porque no todas pinchan igual. Yucca aloifolia y Yucca gloriosa terminan cada hoja en una púa rígida capaz de hacer daño de verdad. En cambio Yucca desmetiana tiene hoja flexible, sin punta agresiva, y un tono verde azulado que vira a bronce púrpura con el frío. Es la que se puede plantar tranquilamente a metro y medio del borde, en grupo de tres, con grava alrededor. Pide sol pleno y drenaje; aguanta hasta unos -4 °C, así que en el interior peninsular necesita sitio resguardado.

Raíces: la factura que llega tres años después

Lo que rompe una piscina casi nunca es el vaso, que es hormigón armado y aguanta mucho. Lo que se levanta es la solera perimetral, el bordillo y, sobre todo, las conducciones de retorno y desagüe, que van a poca profundidad y llenas de agua: exactamente lo que una raíz busca.

Fuera de un radio de ocho a diez metros deberían quedar Populus (chopos y álamos), Salix (sauces), Ficus carica y sobre todo Ficus macrophylla, Morus, Robinia pseudoacacia y Ailanthus altissima. La higuera y la morera añaden un segundo problema: el fruto cae, se aplasta y mancha el pavimento poroso de forma prácticamente permanente.

A partir de cuatro o cinco metros y con raíz razonable se pueden plantar Olea europaea (mejor en variedad poco productiva, o asumiendo que en octubre habrá aceituna en el suelo), Laurus nobilis, Arbutus unedo, Cercis siliquastrum, Lagerstroemia indica o Citrus si el clima acompaña.

La magnolia (Magnolia grandiflora) aparece en todas las listas de plantas para piscina y es una recomendación floja. Su hoja es grande, coriácea, tarda muchísimo en descomponerse y cae repartida a lo largo del año; además el árbol adulto llega a veinte metros y su plato de raíces superficiales es amplio. Como árbol de jardín es soberbio; como árbol de piscina da trabajo diario.

Cuando no hay espacio para respetar distancias, la solución es una barrera antirraíces: lámina de polipropileno o HDPE de al menos 60-70 cm de profundidad, colocada en vertical entre el árbol y la piscina, con las juntas solapadas. Se pone al plantar; después ya es obra.

Cloro, sal y salpicaduras

El agua que sale de la piscina al saltar cae en el metro y medio inmediato al bordillo, y ahí no vale cualquier cosa. Con cloración convencional el problema es puntual y menor. Con cloración salina, que es lo habitual ya en instalaciones nuevas, el agua lleva entre 4 y 5 gramos de sal por litro y cada salpicadura deja sodio en el suelo, que se acumula riego tras riego y acaba quemando el borde de las hojas.

Para esa franja funcionan especies de costa: Pittosporum tobira 'Nanum', Westringia fruticosa, Atriplex halimus, Myoporum, Juniperus horizontalis, Rosmarinus officinalis 'Prostratus', Lampranthus y Gazania. Lo que no debe ir pegado al bordillo son hortensias, camelias, azaleas, arces japoneses ni ningún acidófilo: el sodio y el pH alto del agua tratada se los llevan por delante en una temporada.

Un detalle que se olvida al elegir el acolchado: la corteza de pino flota. Un golpe de viento y acaba en el agua, del agua al skimmer y del skimmer a la bomba. Alrededor de una piscina, grava, canto rodado o gravilla volcánica; corteza y virutas, de la valla hacia afuera.

Pantalla y privacidad sin convertir el jardín en un pinar

Para tapar vistas, el ciprés (Cupressus sempervirens 'Stricta') sigue siendo la opción más eficiente: ocupa poco más de un metro de ancho, llega sin problema a los ocho o diez metros de alto, suelta muy poco y su raíz no da guerra. Su pega es el polen, muy alergénico entre enero y marzo, en pleno invierno y con la piscina cerrada, lo que en la práctica lo hace llevadero.

El laurel (Laurus nobilis) es probablemente el mejor seto de piscina que existe en clima español: perenne, denso, se recorta a la altura que quieras, no pincha, no mancha, no tiene raíz agresiva, aromático y aprovechable en la cocina. Crece despacio los dos primeros años y luego arranca. Alternativas igual de sensatas: Viburnum tinus, Photinia x fraseri 'Red Robin' o Elaeagnus x ebbingei.

Lo que no tiene sentido plantar junto a una piscina en la España mediterránea es un Abies alba. El abeto blanco es una conífera de montaña húmeda, del Pirineo hacia arriba, que necesita frío, humedad ambiental y suelo fresco. Plantado en un jardín de costa o de meseta baja se pasa cinco años amarilleando y termina secándose desde abajo. En jardines de secano, si quieres una conífera azulada, tira de Cupressus arizonica o de Juniperus.

Entre las trepadoras, la ganadora clara es el jazmín estrellado (Trachelospermum jasminoides): perenne, brillante, resistente a -8 °C, sin espinas, sin fruto y con una floración blanca muy perfumada de mayo a julio. Cubre una celosía en dos o tres temporadas y prácticamente no suelta hoja. El Jasminum officinale perfuma más pero es semicaduco y deja hojarasca; la Passiflora caerulea crece a una velocidad increíble y da una flor espectacular, pero produce frutos anaranjados que caen, fermentan y atraen avispas. Si la pones, hazlo en la valla del fondo, no sobre la zona de tumbonas.

Jazmín estrellado Trachelospermum jasminoides en flor

Palmeras: cuáles sí y con qué condición

La palmera enana (Phoenix roebelenii) da exactamente la imagen que se busca junto al agua: tronco fino, copa ligera, dos o tres metros de altura final y sombra que no oscurece. Es planta de clima suave; por debajo de -2 o -3 °C sufre y a -5 °C se pierde, así que en Madrid, Castilla o el valle del Ebro hay que plantarla en maceta y resguardarla, no en el suelo. Tiene un detalle importante para una piscina: los folíolos basales del peciolo están transformados en espinas rígidas y muy punzantes. Van a la altura del muslo de quien pase. Plántala a metro y medio del paso, o retira esas espinas con tijera cuando podes las hojas viejas.

Además, las Phoenix son el objetivo principal del picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) en el litoral español. Si vives en zona afectada, Trachycarpus fortunei y Chamaerops humilis son alternativas más tranquilas; la primera, además, no tiene espinas de ningún tipo y resiste heladas de -12 °C, lo que la hace la palmera más segura para un jardín con piscina en casi toda la península.

Aromáticas, flor y volumen en los macizos

La lavanda (Lavandula angustifolia en interior fresco, Lavandula dentata o Lavandula stoechas en litoral cálido) es el relleno perfecto de los macizos perimetrales: gris azulada, aromática, no suelta hoja apreciable y aguanta la sequía del verano sin pestañear. Dos advertencias concretas. La primera: en flor, de mayo a julio, está literalmente cubierta de abejas, así que va en la zona ajardinada y no bordeando el paso descalzo. La segunda, la que se lleva más lavandas por delante: no soporta el riego frecuente. Plantada en el mismo sector de aspersores que el césped, se pudre por el cuello en un par de veranos. Necesita su propio sector, o ninguno.

Los rosales funcionan bien si se eligen variedades resistentes al oídio y a la mancha negra, porque la humedad ambiental alrededor de una piscina favorece los hongos foliares. Los arbustivos tipo paisajista, que florecen de abril a noviembre y no exigen poda fina, dan mucho más resultado aquí que un híbrido de té. Pétalos caídos en el agua los habrá; se recogen con la sacadera en un minuto y no tiñen.

Para volumen y movimiento, las gramíneas ornamentales son la mejor solución alrededor de una lámina de agua: Miscanthus sinensis, Muhlenbergia capillaris, Stipa tenuissima o Pennisetum alopecuroides. Aquí hay que abrir un paréntesis legal importante.

Ojo con dos especies que no se pueden plantar en España

El plumero de la pampa (Cortaderia selloana) y el rabo de gato (Pennisetum setaceum) están incluidos en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. Su venta, plantación, cesión y transporte están prohibidos en todo el territorio nacional, con régimen sancionador asociado. Se han visto durante años en jardines de piscina precisamente porque son vistosos y resisten cualquier cosa, y esa es exactamente la razón por la que han colonizado taludes y márgenes de carretera de toda la cornisa cantábrica y de Canarias. Si tienes un plumero plantado, lo correcto es cortar las inflorescencias antes de que semillen y retirar la mata.

En el mismo catálogo están Carpobrotus edulis (la uña de gato de los taludes costeros), Acacia dealbata (mimosa) y, para quien piense en un estanque, Eichhornia crassipes (jacinto de agua) y Azolla filiculoides. Ninguna de ellas debe entrar en un jardín nuevo.

Papiro, estanque y piscinas naturales

El papiro (Cyperus papyrus) es la planta de agua clásica del borde: alcanza dos o tres metros, tiene ese penacho radial inconfundible y crece con el rizoma sumergido o en suelo encharcado permanentemente. No es una planta de macizo seco: en tierra normal con riego de jardín languidece. Va en el estanque anexo, en una jardinera estanca o en la zona de regeneración. Es sensible al frío —por debajo de 5-8 °C se para y con helada franca se pierde la parte aérea—, así que fuera del litoral cálido conviene el Cyperus alternifolius, más rústico y más pequeño.

En una piscina natural o biológica, las plantas no son decoración: son el filtro. El agua no se clora, sino que circula por una zona de regeneración plantada donde bacterias y raíces consumen los nutrientes que alimentarían a las algas. Esa zona debe ocupar en torno a la mitad de la superficie total, y ese es el dato que decide si el sistema funciona o si acabas con una charca verde en julio.

El reparto habitual combina plantas de ribera en 10-30 cm de agua (Iris pseudacorus, Juncus effusus, Butomus umbellatus, Mentha aquatica, Caltha palustris), flotantes de hoja ancha que dan sombra y frenan las algas (Nymphaea, Nymphoides peltata) y oxigenadoras sumergidas, que son las que realmente compiten por el nitrógeno y el fósforo (Ceratophyllum demersum, Myriophyllum spicatum, Potamogeton). La Typha latifolia se ve en muchos proyectos y conviene evitarla en piscina con lámina impermeable: sus rizomas son punzantes y han perforado más de un EPDM.

Dos reglas más para el agua natural: nada de abonar los macizos que drenan hacia la zona de regeneración, porque el fósforo que llega al agua se convierte en algas, y ninguna especie de hoja caduca colgando sobre el vaso, porque la materia orgánica que se hunde es el combustible del problema.

En resumen

Antes de mirar catálogos, decide cinco cosas: cuánto suelta la planta y cuándo, dónde va la raíz, si pincha en la zona de paso descalzo, si es tóxica con niños o perros en casa, y a qué distancia del bordillo florece si atrae abejas. Deja los árboles de raíz agresiva a ocho o diez metros o pon barrera antirraíces; reserva el metro y medio de salpicadura para especies que toleren sal si tienes cloración salina; usa grava en vez de corteza como acolchado. Como apuestas seguras: laurel para el seto, jazmín estrellado para las celosías, Trachycarpus fortunei si quieres palmera sin sustos, lavanda con su propio sector de riego, Yucca desmetiana junto al bordillo y papiro solo si hay agua de verdad. Y comprueba siempre que la especie no esté en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras: el plumero de la pampa y el rabo de gato quedan descartados por ley, no por gusto.


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