Antes de instalar nada, sal al jardín con una cinta métrica de 30 metros y una libreta. Un programa de diseño no mide por ti: reproduce lo que tú le digas, y si le das medidas aproximadas devolverá un plano bonito e inservible. Con el croquis acotado en la mano, cualquiera de las herramientas gratuitas que hay hoy disponibles sirve para lo que de verdad importa, que es tomar decisiones antes de gastar dinero en plantas y en obra.
La mayor parte del valor de un plano no está en el renderizado final. Está en descubrir, dibujando, que el magnolio que habías pensado poner a dos metros de la fachada acabará tocando el tejado, que el rincón donde querías el huerto está en sombra de noviembre a febrero, o que la superficie de césped que tenías en la cabeza son en realidad 180 metros cuadrados de riego que pagar cada verano.
El levantamiento previo: medir bien y consultar el catastro
Para una parcela rectangular basta con las cuatro medidas del perímetro. En parcelas irregulares, que son casi todas, el método fiable es la triangulación: se fijan dos puntos de referencia inamovibles (dos esquinas de la casa, por ejemplo) y se mide desde cada uno de ellos hasta cada esquina del terreno, hasta cada árbol existente y hasta cada arqueta. Con esos pares de distancias, el programa reconstruye la posición exacta de cada elemento sin que tengas que medir ángulos.
Anota también lo que no se ve en una foto aérea: por dónde pasa la acometida de agua, dónde está la arqueta del saneamiento, dónde desagua el bajante del tejado, qué tramo de valla es medianero y de qué lado está el contador. Cuando llegue el momento de plantar un árbol, esa información vale más que el catálogo de especies.
En España tienes un aliado gratuito y poco usado: la Sede Electrónica del Catastro. Introduciendo la referencia catastral o la dirección puedes obtener el croquis de la parcela con su geometría y su superficie oficial, y descargarlo como imagen o como fichero geográfico. Sirve de plantilla de partida sobre la que dibujar, y de contraste: si tus medidas de campo y la parcela catastral difieren en más de un metro, mide otra vez. Google Earth Pro, que es gratuito en su versión de escritorio, permite además medir superficies con la herramienta de polígono y consultar imágenes históricas de la parcela, útiles para ver qué había antes y cómo crecía la vegetación.
Dibujar en dos dimensiones: el plano a escala
Un plano en planta a escala resuelve el ochenta por ciento de las decisiones de un jardín. La escala habitual es 1:100 (un centímetro del papel equivale a un metro de terreno), que permite meter un jardín de 30 por 20 metros en un A3 holgado; para parcelas pequeñas o para detallar una zona concreta se pasa a 1:50.
Herramientas gratuitas que hacen esto bien y sin registro ni nube:
Inkscape es un editor vectorial libre. Configurando el documento en metros y trabajando con capas (una para el perímetro, otra para pavimentos, otra para plantación, otra para riego) se consigue un plano profesional, con cotas y leyenda, exportable a PDF a escala real. Tiene curva de aprendizaje, pero es la opción más precisa del grupo. LibreOffice Draw hace algo parecido con menos ambición y menos esfuerzo.
Sweet Home 3D es software libre pensado para viviendas, pero funciona muy bien para jardines: dibujas paredes, vallas y superficies con medidas exactas, arrastras mobiliario desde una biblioteca y obtienes automáticamente una vista tridimensional del mismo modelo. Su ventaja es que cada elemento que colocas tiene dimensiones editables en centímetros, así que no puedes engañarte con el tamaño de las cosas. Su límite es la vegetación: la biblioteca de plantas es escasa y genérica.
SketchUp y el modelado tridimensional
SketchUp sigue siendo la puerta de entrada más suave al modelado 3D. Su versión gratuita funciona en el navegador y está pensada para uso personal; el escritorio y las extensiones pertenecen a las versiones de pago, y el reparto de funciones entre planes cambia cada cierto tiempo, de modo que conviene comprobar qué incluye la tuya antes de contar con algo. La última versión de escritorio libre de coste, SketchUp Make 2017, dejó de actualizarse hace años y arrastra las limitaciones de un programa congelado.
Lo que hace útil a SketchUp en un jardín no es dibujar plantas, es dibujar volúmenes y niveles. Un talud, un muro de contención, la altura real de una pérgola, la relación entre el nivel de la terraza y el del césped, el ancho libre que queda entre el borde de la piscina y el seto. Todo eso se entiende en tres dimensiones y no se entiende en planta.
El 3D Warehouse añade una biblioteca enorme de modelos gratuitos subidos por usuarios: mobiliario, cerramientos, pavimentos, árboles. Advertencia práctica: muchos de esos modelos están hechos con una cantidad absurda de polígonos y meter cuatro o cinco puede dejar el modelo inmanejable en un ordenador modesto. Para vegetación es mejor usar formas simples (un cilindro para el tronco, una esfera achatada para la copa) con las dimensiones adultas correctas. Un cilindro del tamaño real informa mejor que un árbol fotorrealista del tamaño equivocado.
El estudio de sombras, la función que cambia el diseño
Si un programa de 3D solo va a aportarte una cosa, que sea esta. Fijando la latitud y la fecha, el modelo proyecta las sombras reales del edificio, del muro medianero y de los árboles existentes a cualquier hora de cualquier día del año.
Los números explican por qué importa tanto. En Madrid, a 40,4° de latitud norte, el sol alcanza al mediodía solar unos 73° de altura el 21 de junio y apenas 26° el 21 de diciembre. Un muro medianero de 6 metros proyecta en junio una sombra de menos de dos metros al mediodía, y en diciembre una sombra de más de doce. Ese rincón que en verano parece pleno sol es, la mitad del año, un sitio donde no prosperará un romero ni madurará un tomate.
Haz siempre el estudio en dos fechas, solsticio de verano y solsticio de invierno, y a tres horas: media mañana, mediodía y media tarde. Con esas seis imágenes ya puedes repartir el jardín en zonas de sol pleno, sombra de mediodía y sombra permanente, y elegir plantas en consecuencia. Es información que ningún catálogo te va a dar porque depende exclusivamente de tu parcela.
Dibuja las plantas a su tamaño adulto
Aquí es donde se arruinan los jardines recién diseñados. En el vivero compras un ejemplar de 1,20 metros en contenedor de 15 litros y lo dibujas de ese tamaño; ocho años después tienes un seto que ha invadido el paso, un árbol tocando el alero y un arriate donde nada recibe luz. El plano debe representar el diámetro de copa a los diez o quince años, no el del día de la plantación.
Algunas referencias para dimensionar los círculos: Magnolia grandiflora alcanza 8-12 metros de altura con copas de 5-6 metros de diámetro; Olea europaea en jardín, 5-6 metros de copa; Prunus cerasifera 'Pissardii', 4-5 metros; Photinia × fraseri 'Red Robin' llega a 3-4 metros si no se poda; Cupressus sempervirens 'Stricta' se queda en 1-1,5 metros de ancho pero sube a 10-15 de alto; Lavandula angustifolia forma matas de 60-80 centímetros. Dibujados a esa escala, verás enseguida cuántas plantas caben de verdad, que casi siempre son menos de las que uno querría.
El plano es también el momento de decidir dónde no va cierta vegetación. Especies de raíz agresiva y ávida de humedad como Populus, Salix, Ficus o Platanus no deben acercarse a menos de ocho o diez metros de saneamientos, vasos de piscina y cimentaciones. Y una adelfa (Nerium oleander), que es tóxica en todas sus partes por ingestión, se coloca en el plano lejos de la zona de juego infantil y del recinto del perro, no pegada a ella. Estas decisiones cuestan un clic sobre el plano y una obra si se toman después.
Un detalle legal que conviene incorporar al dibujo: el artículo 591 del Código Civil establece que, salvo ordenanza o costumbre local que diga otra cosa, los árboles altos se plantan a un mínimo de dos metros de la línea divisoria con la finca vecina, y los arbustos o árboles bajos a 50 centímetros. Traza esa banda en una capa del plano y ahórrate una discusión con el vecino dentro de diez años.
Los planificadores online con catálogo de plantas
Existen numerosos planificadores web gratuitos o freemium que incorporan bibliotecas de plantas y te proponen combinaciones. Son cómodos para hacerse una idea, con dos precauciones serias.
La primera es climática. Estas herramientas suelen desarrollarse en el Reino Unido, Alemania o Estados Unidos, y clasifican las plantas por zona de rusticidad USDA, un índice que mide únicamente la temperatura mínima invernal. Ese dato es casi irrelevante en buena parte de España: aquí lo que mata no suele ser el frío de enero sino los cuarenta grados de julio combinados con tres meses sin una gota de agua. Una especie catalogada como apta para la zona 8 puede resistir perfectamente el invierno de Sevilla y morir en su primer agosto. Cuando el planificador te sugiera una vivaz de pradera inglesa, contrástala con lo que ves crecer sin drama en los jardines viejos de tu comarca.
La segunda es de propiedad de tu trabajo. Un diseño alojado en un servicio en la nube desaparece si el servicio cierra o si cambia su plan gratuito. En cuanto tengas el plano terminado, expórtalo a PDF o a imagen y guárdalo en tu ordenador, junto con la lista de medidas de campo.
Del plano a la lista de la compra
El plano acotado convierte un proyecto en presupuesto. Con las superficies medidas puedes calcular cantidades reales: metros cuadrados de pradera y por tanto kilos de semilla o metros de tepe; metros cúbicos de tierra vegetal para elevar un arriate (superficie por espesor, y contando que un sustrato mezclado con arena pesa del orden de 1.200 a 1.400 kilos por metro cúbico); metros lineales de tubería de riego y número de goteros; toneladas de grava o de árido para caminos.
Sirve también para dimensionar la plantación de macizos. Si decides una densidad de 4 plantas por metro cuadrado para vivaces pequeñas o de 6 a 9 para tapizantes, el área dibujada te da directamente el número de unidades a pedir, y evita la escena clásica de volver del vivero con la mitad de las plantas necesarias o con el triple.
Un último consejo de procedimiento: imprime el plano, sal al jardín y marca con cal o con cuerda las líneas principales sobre el terreno antes de excavar nada. Hay proporciones que en pantalla parecen correctas y sobre el suelo resultan estrechas. Un paso de circulación de 90 centímetros funciona para una persona; si quieres pasar con una carretilla o caminar dos en paralelo necesitas 1,20 metros como mínimo, y eso solo se aprecia caminándolo.
En resumen
Las herramientas gratuitas son suficientes para diseñar un jardín doméstico completo: el catastro y Google Earth Pro para el levantamiento, Inkscape o Sweet Home 3D para el plano acotado, SketchUp para los volúmenes y, sobre todo, para el estudio de sombras en las dos fechas extremas del año. Lo que ninguna de ellas hará por ti es medir la parcela, localizar las arquetas y dibujar las plantas al tamaño que tendrán dentro de una década. Ese trabajo, que es el que decide si el jardín funciona, se hace con cinta métrica, con datos de la especie en la mano y con la disciplina de respetar las distancias a fachadas, a redes enterradas y a la linde del vecino. El programa solo dibuja lo que tú ya has pensado.