Hay palmeras que se plantan para acompañar y palmeras que se plantan para mandar. La Bismarck pertenece al segundo grupo sin discusión: unos abanicos de color azul plateado que superan los dos metros y medio, sostenidos por un tronco recio y coronando una copa casi esférica. Puesta en el sitio adecuado no hay quien le quite protagonismo. Puesta en el sitio equivocado, y esto pasa mucho, se convierte en un problema en cinco años.
Este artículo va de las dos cosas: de por qué es tan espectacular y de qué hay que calcular antes de meterla en un jardín.
De dónde viene y cómo es
Bismarckia nobilis es la única especie de su género y es endémica de Madagascar, donde crece en las sabanas y praderas abiertas de la mitad occidental de la isla, en terrenos estacionalmente secos y con incendios frecuentes. Los malgaches la llaman satrana y aprovechan sus hojas para techar y sus troncos para construcción.
Fue descrita en 1881 y bautizada en honor a Otto von Bismarck, en un momento en que Alemania competía por presencia colonial en el Índico. Los botánicos franceses, poco entusiasmados con el nombre, la clasificaron durante décadas dentro del género Medemia. Hoy la posición como género propio está firmemente establecida.
Sus rasgos más definitorios:
Hojas costapalmadas enormes. La lámina, rígida y dividida en unos 20-30 segmentos, alcanza dos metros de diámetro, y con el pecíolo el conjunto pasa de los tres metros. No hay muchas palmeras cultivables con una hoja de ese tamaño.
Color azul plateado. La forma que se comercializa casi siempre es la glauca, cuyo tono ceniciento procede de una capa de cera que recubre la hoja y que cumple una función real: reduce la pérdida de agua y refleja radiación en un clima de estación seca larga. Existe también una forma verde, menos vistosa y algo más rara en jardinería.
Pecíolos armados en los márgenes y cubiertos de un tomento blanquecino que se desprende al tocarlo.
Tronco único, sin hijuelos, de 40-45 cm de diámetro, grisáceo y anillado, con las bases foliares partidas conservadas en la parte alta. En su hábitat llega a 15-18 metros; en cultivo suele quedarse entre 8 y 12.
Es dioica, es decir, hay ejemplares macho y ejemplares hembra por separado. Solo los femeninos dan fruto, una drupa parda de unos 4 cm con una sola semilla. Si compras una palmera joven no hay manera de saber cuál te ha tocado hasta que florece.
Un detalle que sorprende: pese a su porte, crece bastante deprisa para tratarse de una palmera de abanico grande. No es rápida como una Washingtonia, pero deja muy atrás a Brahea armata o a cualquier Copernicia. Una vez establecida, dos o tres hojas nuevas por temporada con buen riego son normales.
No confundirla con sus parecidas
En vivero se confunde con frecuencia con otras dos palmeras de abanico azulado. Brahea armata tiene hojas mucho más pequeñas, crecimiento lentísimo y unas inflorescencias arqueadas larguísimas que sobresalen de la copa; además es notablemente más resistente al frío. Latania loddigesii, de Mauricio, es más pequeña y tiene los nervios y márgenes teñidos de rojizo en ejemplares jóvenes. Si la planta es grande, con hoja de dos metros y tronco grueso, es Bismarck.
Lo que hay que calcular antes de plantarla
El espacio
Este es el error número uno con esta especie, con mucha diferencia. Se compra un ejemplar de metro y medio, se ve compacto y se planta a tres metros de la fachada o al borde de un camino. Diez años después la copa mide seis u ocho metros de diámetro, las hojas rozan la pared, dan sombra a media parcela y podarlas para dejar paso arruina la planta y su silueta.
Calcula un espacio libre de al menos cuatro metros de radio, y preferiblemente cinco. Aléjala de fachadas, muros, piscinas, tendidos eléctricos y linderos. Es una palmera para plantar aislada en un césped o en una zona amplia de grava, donde se la pueda ver entera. En jardines pequeños, sencillamente, no cabe.
El frío
Es el segundo filtro. La Bismarck resiste, ya adulta y en episodios breves, en torno a -3 o -4 °C. Por debajo de eso los daños foliares son seguros y una helada prolongada la mata. Los ejemplares jóvenes son bastante más sensibles y sufren ya cerca de 0 °C.
Traducido al mapa: es viable en Canarias y en el litoral mediterráneo cálido —Málaga, Almería, Murcia, el sur de Alicante, zonas resguardadas de la costa valenciana y del Golfo de Cádiz—. En el interior peninsular y en el norte no tiene recorrido al aire libre, y su tamaño hace poco realista el cultivo en maceta a largo plazo.
Si estás en el límite, plántala en una orientación sur, protegida del viento del norte y cerca de un muro que acumule calor, y protege el cogollo los primeros inviernos.
El trasplante
Aquí va un aviso que se da poco y explica bastantes fracasos: la Bismarck lleva muy mal que le toquen las raíces. Es una de las palmeras grandes que peor responde al trasplante, mucho peor que una Phoenix o una Washingtonia, que se mueven con relativa facilidad incluso adultas.
Consecuencias prácticas: cómprala en contenedor, nunca a raíz desnuda; plántala joven, cuando el sistema radicular aún es pequeño; y en la plantación no deshagas el cepellón ni intentes desenredar raíces. Colócala directamente en el hoyo con el cepellón intacto. Y elige bien el sitio a la primera, porque moverla después es una operación de resultado incierto.
Cuidados
Ubicación y suelo
Sol pleno, todo el día. A la sombra pierde el color azul, que es precisamente lo que la hace interesante, y se ahíla.
Suelo profundo, arenoso y muy drenante. Tolera terrenos pobres sin problema, y de hecho los prefiere a los ricos y pesados. En suelo arcilloso hay que plantar sobre montículo y enmendar con arena gruesa y grava. Prefiere pH neutro o ligeramente ácido; en suelos muy calizos puede aparecer clorosis férrica, con las hojas nuevas amarillas y los nervios verdes, que se corrige con quelato de hierro.
Tolera moderadamente el salitre, así que sirve para jardines de costa aunque no en primera línea de rompiente.
Riego
Abundante durante los dos o tres primeros años, que es cuando se juega el establecimiento. Riegos profundos y espaciados, mejor que superficiales y diarios: se trata de que el agua baje y las raíces la sigan.
A partir de ahí desarrolla una gran tolerancia a la sequía y, en clima mediterráneo, un riego quincenal en verano le basta. Nunca la dejes con el pie encharcado en invierno.
Abonado
Abono granulado específico de palmeras, con potasio y magnesio y micronutrientes, en dos aportes: uno en marzo y otro a comienzos del verano. Es sensible a la carencia de potasio, que se manifiesta como moteado amarillo-anaranjado en las hojas más viejas y avanza desde las puntas. Cuando aparece, la corrección es lenta: las hojas dañadas no revierten, solo mejoran las que salgan después.
Poda
La misma norma que en cualquier palmera, y aquí es aún más importante por lo caras que son sus hojas de producir: quita solo las que estén completamente secas. Nada de vaciar la copa por debajo para "ver mejor el tronco". Nunca cortes por encima de la horizontal.
Hazlo con guantes gruesos por los dientes del pecíolo, y en zonas con presencia de picudo rojo o de Paysandisia archon, en los meses fríos. Deja unos centímetros de base foliar en lugar de apurar contra el tronco.
Multiplicación
Solo por semilla; no emite hijuelos ni admite división. La semilla fresca germina razonablemente bien: limpia de pulpa, remojo de tres a cinco días cambiando el agua a diario, siembra en sustrato drenante y calor de fondo de 28-30 °C. Suele brotar entre las 4 y las 10 semanas.
Tiene germinación remota, así que la semilla emite primero hacia abajo un pecíolo cotiledonar antes de sacar el brote a cierta distancia. Usa macetas hondas o forestales desde el principio, y no la trasplantes a raíz desnuda: recuerda que a esta especie no le gusta que la manipulen.
Plagas y problemas
Es una palmera robusta. En España el riesgo principal no es un patógeno específico sino los dos barrenadores que afectan a la familia: el picudo rojo, que prefiere claramente Phoenix pero no es exclusivo de ella, y Paysandisia archon, que sí ataca un abanico amplio de géneros. Revisa periódicamente el cogollo buscando hojas centrales perforadas o deformadas y serrín en las axilas.
El resto de problemas suelen ser de manejo: exceso de riego en suelo pesado, sombra, o poda excesiva.
Cómo sacarle partido en el jardín
Funciona mejor como ejemplar aislado que en grupo o alineación. Su volumen y su color son tan dominantes que repetirla banaliza el efecto y satura la vista.
El azul plateado combina especialmente bien con follajes verdes oscuros y con gravas y piedra clara. Junto a plantas de hoja fina y textura suave —gramíneas ornamentales, Westringia, lavandas, Agave de porte medio— el contraste de escala la favorece. Evita rodearla de otras plantas de gran talla, que compiten con ella sin ganar.
Piensa también en la iluminación nocturna: un foco a ras de suelo apuntando hacia arriba sobre esos abanicos es de los recursos más agradecidos que hay en jardinería mediterránea.
Y una consideración práctica: sus hojas secas pesan mucho y son grandes. Prevé dónde vas a poder retirarlas y no la plantes donde una hoja al caer pueda dar en una mesa, un toldo o un coche.
En resumen
Bismarckia nobilis es una palmera de abanico endémica de Madagascar, única especie de su género, con hojas costapalmadas de hasta dos metros de diámetro y un color azul plateado debido a la cera que las recubre. Tronco único de hasta 12-15 metros, dioica, y de crecimiento sorprendentemente rápido para su porte. Necesita sol pleno, suelo arenoso muy drenante, riego generoso los tres primeros años y muy escaso después, abono de palmeras rico en potasio y una poda limitada a las hojas totalmente secas. Su límite térmico está en torno a -3 o -4 °C en ejemplares adultos, lo que la restringe al litoral mediterráneo cálido y a Canarias. Y las dos claves para no equivocarse con ella son el espacio —al menos cuatro o cinco metros libres a su alrededor— y no molestarle las raíces, porque el trasplante lo lleva francamente mal. Elegido el sitio con cabeza, es probablemente la palmera ornamental más impresionante que se puede plantar en España.