El perejil (Petroselinum crispum) tiene fama de planta difícil y no la merece. Lo que ocurre es que su punto crítico está donde nadie mira: en las tres o cuatro semanas que tarda en germinar. Quien siembra, riega dos días y se olvida, no cosecha perejil. Quien entiende por qué la semilla es tan lenta y actúa en consecuencia, tiene perejil todo el año con muy poco trabajo.

Esta guía cubre las dos situaciones habituales: sembrar desde cero y trasladar a su sitio definitivo una planta que ya tienes, sea de semillero propio o comprada.

Mata de perejil

Antes de nada: qué tipo de perejil quieres

Hay tres variedades botánicas y no se cultivan igual del todo.

El perejil común o de hoja plana (P. crispum var. neapolitanum) es el habitual en España, más aromático que el rizado y con hojas parecidas a las del cilantro, algo que conviene tener presente para no confundir plántulas.

El perejil rizado (var. crispum) tiene hojas muy crespas, es más decorativo y algo más suave de sabor. Aguanta bien la maceta y resiste algo mejor el frío.

El perejil de raíz o de Hamburgo (var. tuberosum) se cultiva por su raíz engrosada, parecida a una chirivía pequeña, muy usada en cocina centroeuropea. Este necesita suelo profundo y suelto sí o sí, y no admite maceta baja.

Por qué tarda tanto en nacer

La semilla de perejil contiene en su cubierta compuestos que inhiben la germinación —furanocumarinas, las mismas sustancias aromáticas que caracterizan a las umbelíferas—. Esa inhibición es una adaptación: la semilla no germina hasta que ha recibido suficiente agua como para estar razonablemente segura de que el lavado del suelo la ha limpiado.

Consecuencia práctica: el perejil tarda entre tres y cinco semanas en emerger, y durante todo ese tiempo el sustrato no puede secarse ni un solo día. Si se seca, la germinación se aborta y no hay vuelta atrás.

Se puede acelerar con dos trucos sencillos. El primero, remojar la semilla 24 horas en agua tibia antes de sembrar, cambiando el agua una vez a mitad del proceso, para arrastrar los inhibidores. El segundo, mantener la temperatura en la horquilla que le va bien: entre 18 y 24 °C. Por debajo de 10 °C prácticamente no germina, y por encima de 30 °C tampoco.

Y una advertencia sobre la semilla: pierde poder germinativo rápido. Con más de dos años en el cajón, la nascencia cae mucho. Compra sobres del año.

Cuándo sembrar o plantar en España

El perejil es una planta bienal: en su primer año forma la roseta de hojas que nos interesa, y en el segundo, con la llegada del calor y los días largos, emite el tallo floral, se hace fibroso y amarga. Por eso en cultivo se trata como anual y se resiembra cada temporada.

La siembra principal es de febrero a mayo, adaptando según la zona: febrero-marzo en el litoral mediterráneo y el sur, marzo-abril en la meseta, abril-mayo en el norte y en zonas de montaña. Al aire libre conviene esperar a que el suelo pase de 10-12 °C.

Existe una segunda siembra de finales de verano, en agosto y septiembre, muy interesante en las zonas de invierno suave (litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias, valle del Guadalquivir). Esas plantas se establecen con el fresco del otoño y dan cosecha durante todo el invierno, ya que el perejil tolera bien el frío moderado e incluso heladas ligeras.

El trasplante a su ubicación definitiva —del semillero al huerto, o de la maceta pequeña a la grande— se hace cuando la planta tiene tres o cuatro hojas verdaderas y unos 8-10 cm. Cuanto más joven, mejor, y esto tiene una razón concreta que conviene explicar.

El detalle que casi nadie tiene en cuenta: la raíz pivotante

El perejil, como toda umbelífera, desarrolla una raíz principal pivotante que baja recta y profunda. Si esa raíz se rompe o se dobla en el trasplante, la planta no muere pero queda tocada: crece menos, se estresa con facilidad y tiene muchas más papeletas de subirse a flor de forma prematura.

De ahí salen tres reglas prácticas. Primera: siempre que puedas, siembra directamente en el sitio definitivo, sin semillero. Segunda: si usas semillero, que sea de alveolo profundo o de turba biodegradable que se plante entera, y trasplanta joven, con el cepellón íntegro y sin sacudir las raíces. Tercera: si es maceta, que tenga al menos 25 o 30 cm de profundidad. Una jardinera baja de 12 cm produce perejil enano que se agosta al primer calor.

Cómo plantarlo en el huerto o en el jardín

Elige el sitio. Sol directo en primavera y otoño; en verano, y muy especialmente en el interior del sur peninsular, es mejor una ubicación a media sombra o con protección en las horas centrales. El perejil sometido a calor extremo y sequía se vuelve amargo y florece antes de tiempo. Es una de las pocas aromáticas mediterráneas que agradece la sombra.

Prepara el suelo. Cava o afloja los primeros 25-30 cm, retira piedras y terrones (una piedra desvía la raíz pivotante) e incorpora compost bien maduro o estiércol viejo, unos 3-4 kg por metro cuadrado. Quiere suelo fértil, fresco, profundo y con buen drenaje, con pH entre 6 y 7. No usa estiércol fresco, que provoca raíces bifurcadas y quemaduras.

Siembra o planta. Si siembras directamente, traza surcos poco profundos y deposita la semilla a 0,5-1 cm de profundidad, cubriendo con una capa fina de sustrato tamizado o mantillo. Siembra algo espeso, porque la nascencia nunca es completa, y después aclara. Si trasplantas, haz un hoyo del tamaño del cepellón, colócalo de forma que el cuello quede a ras de suelo —enterrarlo provoca podredumbre— y aprieta suavemente alrededor.

Marcos de plantación. Deja 20-25 cm entre plantas y 25-30 cm entre líneas. Si buscas manojos grandes, ve al extremo alto; para uso doméstico continuo, con esa distancia sobra. El perejil de raíz pide algo más, unos 25 cm entre plantas.

Riega y acolcha. Riego generoso tras la siembra o el trasplante, y luego constancia. Una capa de acolchado de paja o de restos de siega de 3-4 cm alrededor (sin tocar el cuello) mantiene la humedad, que es justo lo que esta planta necesita, y frena las malas hierbas mientras nace, que es la fase en la que la competencia le hace más daño.

Cómo plantarlo en maceta

El perejil se da muy bien en maceta si se respeta la profundidad. Mínimo 25 cm, y mejor 30. El diámetro puede ser modesto: en una maceta de 25 cm caben tres o cuatro plantas holgadas.

Usa un sustrato universal de calidad mezclado con un 20 % de compost y algo de perlita o fibra de coco para que no se compacte. Comprueba que los agujeros de drenaje son suficientes y evita el plato con agua permanente.

Si vienes de una maceta pequeña de supermercado, aplica el mismo criterio que con la albahaca: casi siempre son varias plantas apiñadas. Divídelas con cuidado bajo un chorro suave de agua para no destrozar las raíces y replanta en grupos de tres o cuatro, dando a cada grupo su volumen.

El riego en maceta durante el verano puede ser diario. El perejil no tolera bien la sequía: al primer estrés hídrico amarillea, amarga y se dispara a flor. Un abonado líquido rico en nitrógeno cada tres o cuatro semanas en plena temporada mantiene la producción de hoja.

Cuidados durante el cultivo

Aclareo. Cuando las plántulas tengan dos o tres hojas verdaderas, elimina las sobrantes cortándolas a ras con tijera en vez de arrancarlas, para no mover la raíz de las que se quedan.

Escarda. Los primeros dos meses son los críticos. Un perejil recién nacido pierde siempre la competencia frente a las adventicias.

Cosecha. Se empieza cuando la planta tiene unos 15 cm y varias hojas bien formadas, en torno a los tres meses de la siembra. La regla es cortar los tallos exteriores por la base, nunca desde el centro, que es donde está el punto de crecimiento. Retirar hojas exteriores estimula la emisión de nuevas y mantiene la planta produciendo durante meses. No coseches más de un tercio de la mata de una vez.

Floración. Cuando en el segundo año aparezca la umbela, la planta ya no da hoja útil. Puedes arrancarla y resembrar, o dejar dos plantas florecer: atraerán sírfidos y avispillas parásitas, muy útiles contra el pulgón, y te darán semilla para la temporada siguiente. Si en el primer año ya florece, es señal de estrés: sequía, calor excesivo, raíz dañada en el trasplante o siembra demasiado tardía.

Plagas, enfermedades y un aviso serio

La mosca de la zanahoria (Chamaepsila rosae) es la plaga de referencia de las umbelíferas: sus larvas galerean las raíces y provocan plantas amarillentas y raquíticas. Se previene con malla antiinsectos y evitando cultivar umbelíferas en el mismo sitio dos años seguidos.

El pulgón se instala en las hojas nuevas, sobre todo si has abonado con mucho nitrógeno; se controla con jabón potásico. Y de vez en cuando aparece una oruga verde con bandas negras y puntos naranjas: es la larva de la mariposa macaón (Papilio machaon). Se come unas cuantas hojas y no arruina nada. Vale la pena dejarla.

Entre las enfermedades, la más frecuente es la septoriosis (Septoria petroselini), que produce manchas pardas con borde definido y punteado oscuro, favorecida por el follaje mojado y las plantaciones densas. También aparecen alternaria y oídio. La prevención es la misma de siempre: espacio entre plantas, riego por la base y por la mañana, y retirada de las hojas afectadas.

Y el aviso importante: no recojas perejil silvestre. Hay umbelíferas silvestres muy parecidas y realmente tóxicas, como la cicuta menor o perejil de perro (Aethusa cynapium), que se distingue por su olor desagradable frente al aroma característico del perejil, pero cuya confusión ha causado intoxicaciones graves. Con lo fácil que es tenerlo en una maceta, no compensa el riesgo.

Conviene saber además que el perejil se consume como condimento y no como verdura de plato: sus aceites esenciales contienen apiol y miristicina, inocuos en las cantidades culinarias normales pero problemáticos en dosis altas, especialmente durante el embarazo.

Errores frecuentes

Enterrar demasiado la semilla. Con más de un centímetro de tierra encima, muchas no llegan a emerger. Es un error muy común porque, al tardar tanto, uno tiende a pensar que ha fallado otra cosa.

Dejar secar el semillero. Es la causa número uno de fracaso. Cubre con un plástico perforado o con una tabla ligera hasta la nascencia si tienes que ausentarte, y comprueba a diario.

Trasplantar plantas grandes. Cuanto más desarrollada, más sufre la raíz pivotante y más probable es la floración prematura.

Usar macetas bajas. Ese perejil que se queda pequeño y amarillea a las pocas semanas casi nunca tiene un problema de abono: tiene un problema de profundidad.

Cortar desde el centro de la mata. Destruye el meristemo y la planta deja de producir.

Esperar que dure para siempre. Es bienal. Aunque la cuides perfectamente, el segundo verano florecerá. Lo eficiente es escalonar siembras: una en primavera y otra a finales de verano, para no quedarte nunca sin.

En resumen

Plantar perejil se reduce a respetar tres cosas. La germinación: remoja la semilla 24 horas, siembra a menos de un centímetro con el suelo entre 18 y 24 °C y mantén la humedad constante durante las tres a cinco semanas que tarda en emerger. La raíz pivotante: siembra directamente si puedes, trasplanta muy joven y con el cepellón intacto, y dale al menos 25-30 cm de profundidad de suelo o de maceta. Y el agua: riego regular, sin sequías, con media sombra en los veranos duros del sur y acolchado en la base. Después, corta siempre los tallos exteriores, escalona una siembra de primavera y otra de finales de verano, y tendrás perejil fresco prácticamente todo el año.


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