El romero (Salvia rosmarinus, nombre aceptado hoy para lo que durante décadas se llamó Rosmarinus officinalis) es una de las aromáticas más agradecidas de multiplicar en España, porque es una planta de nuestro propio matorral mediterráneo y no necesita que le montemos un invernadero para arraigar. Se puede reproducir de tres maneras: por esquejes, por acodo y por semilla. Las tres funcionan, pero no sirven para lo mismo ni tienen el mismo porcentaje de éxito, y conviene saberlo antes de empezar.
Si tuviera que resumirlo en una frase: el esqueje es el método bueno, el acodo es el método fácil y la semilla es el método lento. Vamos con los tres.
Por qué casi siempre conviene el esqueje
El romero es una especie con una variabilidad genética enorme. Dentro de la misma especie hay ejemplares erguidos de dos metros, otros rastreros que caen por un muro, unos de flor azul intensa, otros de flor casi blanca o rosada, y diferencias notables de aroma y de resistencia al frío. Cuando siembras semilla, la descendencia se parece a los padres más o menos, y lo normal es que salgan plantas más bastas y menos aromáticas que la madre.
Por eso, si lo que quieres es otro ejemplar igual que el que tienes —el del rincón de la cocina que huele especialmente bien, o el rastrero que has visto en un jardín—, la semilla no vale. Solo el esqueje y el acodo son clonación: la planta hija es genéticamente idéntica a la madre. Cultivares como 'Prostratus', 'Tuscan Blue' o 'Miss Jessopp's Upright' únicamente se mantienen por esqueje.
Añade un segundo motivo práctico: un esqueje enraizado en abril está dando ramas para cocinar ese mismo verano, y una plántula de semilla tarda cerca de dos años en ser una mata de tamaño decente.
Cómo hacer esquejes de romero paso a paso
Cuándo. Las dos ventanas buenas en la Península son la primavera (de finales de marzo a mayo, cuando el brote nuevo ya se ha endurecido un poco) y el final del verano, de finales de agosto a septiembre. El esqueje semileñoso de septiembre es el más fiable de todos: la madera está firme, la planta no tiene prisa por florecer y aún quedan semanas de calor para enraizar antes del frío. En pleno julio, con 38 °C y aire seco, el esqueje se deshidrata antes de emitir raíz; en diciembre, sencillamente no pasa nada durante meses.
Qué rama cortar. Busca brotes del año, de unos 10 a 12 cm, ni tiernos y flexibles como un tallo de albahaca ni completamente leñosos y grises. El punto correcto es el de un tallo que al doblarlo cruje ligeramente en vez de doblarse blandamente. Descarta cualquier rama con flor: la floración consume las reservas que el esqueje necesita para enraizar. Corta por la mañana temprano, con la planta bien hidratada, y con tijera limpia.
Preparación. Deshoja los 3 o 4 cm inferiores tirando de las hojitas hacia abajo con los dedos; esa pequeña herida en la corteza favorece la salida de raíces. Recorta la base justo por debajo de un nudo. Deja arriba entre 6 y 10 pares de hojas y no más: cuanta más hoja, más agua pierde el esqueje por transpiración cuando todavía no tiene raíces para reponerla. No hace falta cortar las hojas por la mitad como se hace con especies de hoja grande, porque la hoja del romero ya es acicular y transpira poco.
Hormona de enraizamiento. Es opcional. El romero enraíza sin ella con tasas altas si el material es bueno. Ahora bien, en esquejes de madera más vieja o en cultivares testarudos, un polvo de enraizamiento a base de ácido indolbutírico (AIB) sube el porcentaje y acorta el plazo. Si la usas, moja la base, sacúdela y aplica una capa fina: el exceso de hormona quema el tejido y produce el efecto contrario.
El sustrato. Aquí es donde se pierden la mayoría de los esquejes. El romero necesita un medio aireado y pobre, no una tierra rica. Una mezcla que va muy bien es 50 % perlita y 50 % turba o fibra de coco, o directamente arena de río lavada de grano grueso. Nada de estiércol, humus ni abono: el esqueje no tiene raíces con las que absorber nutrientes y lo único que consigues es alimentar a los hongos que van a pudrir la base.
Plantación. Haz un agujero previo con un lápiz para no descabezar la hormona ni machacar el tallo al empujarlo. Entierra unos 4 cm, aprieta bien alrededor —el contacto tallo-sustrato es esencial— y riega para asentar. Puedes poner varios esquejes en la misma maceta de 14 cm, separados 4 o 5 cm.
Dónde ponerlos. En sombra luminosa, nunca a pleno sol directo. La temperatura ideal del sustrato ronda los 18-22 °C. Mantén el sustrato apenas húmedo, jamás encharcado: el romero es una planta de secano y sus esquejes se pudren con más facilidad que se secan.
Sobre las bolsas de plástico. Es un consejo repetido que con el romero se vuelve en contra. Con especies de hoja tierna, el capuchón de plástico salva el esqueje; con el romero, que aguanta bien el aire seco y odia el ambiente saturado, esa campana estanca provoca botritis y podredumbre del cuello. Si vives en zona muy seca y quieres proteger, usa una bolsa perforada y sin tocar las hojas, y ventila a diario. En clima atlántico o cantábrico, mejor sin nada.
Cuánto tarda. Entre 3 y 6 semanas en primavera; algo más en otoño. La señal fiable no es que salgan hojas nuevas —eso puede ocurrir con las reservas del tallo y engaña mucho—, sino la resistencia a un tirón suave. Si al levantar el esqueje notas anclaje, hay raíz. Trasplanta a maceta individual con sustrato ya normal (tierra de jardín, compost maduro y un tercio de arena o perlita) cuando las raíces tengan 2 o 3 cm; esperar de más hace que se enreden y sufran al separarlas.
El esqueje en agua: por qué no lo recomiendo
Meter la ramita en un vaso de agua es lo primero que sugiere medio internet, y es verdad que el romero acaba echando raíces así en buena parte de los casos. El problema viene después. Las raíces acuáticas son blancas, frágiles, sin pelos radiculares funcionales para el suelo, y al trasplantarlas a tierra un porcentaje alto se colapsa: la planta se queda parada, amarillea y muere en dos o tres semanas. En una especie que enraíza tan bien en sustrato sólido, el vaso de agua solo añade un paso de riesgo. Si aun así quieres probarlo, cambia el agua cada dos días y pasa el esqueje a tierra en cuanto las raíces midan 1 cm, no cuando midan cinco.
Acodo: el método que casi no puede fallar
Si tienes una mata de romero ya establecida en el jardín, este es el sistema con mayor porcentaje de éxito y el que menos atención pide, porque la rama sigue alimentada por la planta madre mientras cría raíces.
Elige una rama baja y flexible, ráspale ligeramente la corteza en la zona que va a quedar enterrada, dóblala hasta el suelo y sujétala con una horquilla de alambre o una piedra. Cubre ese punto con 5 cm de tierra y deja fuera la punta, que debe seguir mirando hacia arriba. Riega ese punto de vez en cuando y olvídate. En 2 o 3 meses habrá raíces propias; entonces cortas la rama entre el acodo y la madre, esperas dos o tres semanas más a que se recupere y la trasplantas con su cepellón. Es el método ideal para las variedades rastreras, que de hecho acodan solas allí donde tocan el suelo: revisa los bordes de una mata prostrada y probablemente encuentres ramas ya enraizadas sin que nadie hiciera nada.
Siembra del romero por semilla
Sembrar romero tiene sentido en dos situaciones: cuando quieres muchas plantas de golpe —una restauración, un seto aromático largo, un talud— y el coste importa, o cuando simplemente te apetece el proceso. Fuera de ahí, el esqueje gana por goleada.
Conviene saber de antemano que la germinación del romero es baja e irregular: rondar el 15-30 % es normal incluso con semilla fresca de buena procedencia, y con semilla de más de un año puede caer casi a cero. La semilla de romero pierde poder germinativo muy deprisa. Siembra siempre a densidad generosa contando con esa merma, y desconfía de sobres que lleven años en el expositor de una gasolinera.
Época. A cubierto, de febrero a marzo en semillero protegido; al aire libre, en abril, cuando ya no hay riesgo de helada. También funciona una siembra de septiembre en zonas de invierno suave (litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias), pero en la meseta el frío pilla a las plántulas demasiado pequeñas.
Cómo. Bandeja o maceta con sustrato de semillero fino, ligeramente humedecido. Reparte las semillas por la superficie y cúbrelas con una capa muy fina, de 2 o 3 mm, apenas un velo. Es un error frecuente enterrarlas un centímetro: son diminutas y, si se sepultan, no llegan a la luz. Riega por abajo, poniendo la bandeja en un plato con agua hasta que la superficie se oscurezca, para no desplazar las semillas con el chorro.
Condiciones. Luz abundante y una temperatura estable de 18-22 °C. La emergencia tarda entre 2 y 4 semanas, y no es raro que sigan brotando rezagadas durante un mes más: no tires el semillero antes de tiempo. Mantén la humedad constante pero moderada; el damping off (los tallitos que se estrangulan a ras de sustrato y caen) es la causa número uno de fracaso, y se previene con ventilación, riego justo y no sembrar apretado.
Después. Repica a maceta individual cuando tengan 2 o 3 pares de hojas verdaderas. Pasa al exterior de forma progresiva, endureciéndolas una semana en semisombra antes del sol pleno. Al jardín definitivo, no antes de que la plantita mida 12-15 cm y tenga cepellón trabado.
Errores frecuentes que arruinan la reproducción
Regar de más. Es, con diferencia, el primero. Tanto en esqueje como en semillero, el sustrato debe estar húmedo, no mojado. El romero se ahoga con una facilidad que sorprende a quien viene de multiplicar menta o albahaca.
Usar sustrato rico. Un compost fuerte o una tierra universal muy retentiva retiene agua y favorece hongos. Aire y drenaje por encima de nutrientes.
Coger esquejes de ramas con flor o de madera vieja gris. Los primeros gastan energía en floración; los segundos han perdido buena parte de su capacidad de emitir raíz adventicia.
Ponerlos al sol directo. Un esqueje sin raíces al sol de mediodía se deshidrata en horas. Sombra luminosa hasta que arraigue.
Manosear el esqueje para ver si tiene raíces. Cada vez que lo desentierras rompes las raicillas que estaban empezando. Espera y usa la prueba del tirón suave.
Comprar semilla vieja. Vinculado a lo anterior: si la germinación te ha salido nula, antes de culpar a tu técnica mira la fecha de envasado.
Cuidados de la planta nueva el primer año
Una vez trasplantado, el romero joven pide bastante menos de lo que la gente cree. Pleno sol, suelo con drenaje real —si es arcilloso, planta en caballón o añade grava— y riegos espaciados durante el primer verano para que la raíz baje a buscar agua. A partir del segundo año, en casi toda la Península un romero de jardín vive con el agua de lluvia. Es calcícola: agradece los suelos calizos y no le van los ácidos y encharcados, otra razón por la que sufre en jardines del norte húmedo salvo que se le monte un buen drenaje.
Nada de abonos nitrogenados: el nitrógeno produce brotes largos, blandos, poco aromáticos y sensibles al frío. El aroma del romero es concentración de aceites esenciales, y esa concentración sube cuando la planta pasa algo de sed y sol, no cuando la cebas.
Pellizca las puntas del primer año para que ramifique desde abajo y no se te haga un ejemplar desgarbado con la base pelada. Eso sí, recuerda una regla que vale para toda la vida de la planta: no podes nunca sobre madera vieja sin hojas, porque el romero rebrota mal o no rebrota de esos tramos. Toda poda, sobre brote verde.
En cuanto a resistencia, la especie tipo aguanta con soltura heladas de -8 a -10 °C una vez establecida, pero un ejemplar recién enraizado en maceta es mucho más vulnerable: su primer invierno protégelo arrimado a una pared o resguardado del viento frío.
En resumen
Para multiplicar romero, empieza por el esqueje semileñoso: 10-12 cm de brote del año sin flor, deshojado en su tercio inferior, clavado en perlita con turba o arena, en sombra luminosa, con el sustrato apenas húmedo. En 3 a 6 semanas tienes planta, idéntica a la madre y lista para producir ese mismo año. Si dispones de una mata en el suelo, el acodo es aún más seguro y solo pide paciencia: doblar una rama baja, enterrarla y separarla dos o tres meses después.
La semilla queda para cuando necesites muchas plantas y no te importe la variabilidad: siembra en febrero-marzo bajo cubierta o en abril fuera, cubre apenas 2-3 mm, mantén 18-22 °C y cuenta con germinaciones del 15-30 % y con dos años hasta tener una mata en condiciones.
Y el resumen del resumen: menos agua, menos abono y más aire del que instintivamente le darías. El romero se reproduce solo si dejas de tratarlo como una planta tropical.