La hierbabuena es la aromática que casi todo el mundo consigue mantener viva, y también una de las que peor se cultivan. Sobrevive con muy poco, sí, pero entre sobrevivir y tener una mata densa, de hoja grande y realmente perfumada hay bastante distancia. Esa distancia se recorre entendiendo tres cosas: que es una planta de suelo fresco, que se agota si la dejas florecer y que sus raíces son invasoras por diseño.
Qué planta es exactamente
En España, cuando se dice hierbabuena se habla casi siempre de Mentha spicata, la menta verde o menta de hoja lanceolada, sin apenas pelo, de olor dulce y limpio. Es la que se pone en el té moruno, en el gazpacho y en las habas.
No es lo mismo que la menta piperita (Mentha × piperita), que es un híbrido entre Mentha aquatica y Mentha spicata, tiene la hoja más oscura, el tallo teñido de morado y un aroma mucho más fuerte a mentol, casi mentolado-frío. La piperita, al ser híbrida, es estéril o casi: sus semillas no sirven. Este detalle importa más de lo que parece a la hora de multiplicarla.
Ambas son vivaces rizomatosas de la familia de las labiadas (Lamiaceae). Aguantan el frío peninsular sin problema, incluso por debajo de -10 ºC, aunque en invierno la parte aérea se seca y desaparece. Eso desconcierta a mucha gente que da la planta por muerta en enero y tira la maceta. No lo está: el rizoma sigue vivo bajo tierra y rebrota en cuanto el suelo se templa, hacia marzo.
Luz: ni pleno sol de agosto ni sombra profunda
La hierbabuena es planta de borde de acequia, de zona húmeda y algo protegida. En el norte peninsular y en zonas de montaña puede ir a pleno sol sin problema. En el interior y en el sur, un sol directo de julio y agosto le quema las hojas por los bordes y la obliga a espigar.
La posición ideal en clima mediterráneo es sol de mañana y sombra a partir del mediodía. Una orientación este, el pie de una pared que dé sombra a media tarde, o bajo la copa clara de un árbol caducifolio. Con menos de tres o cuatro horas de luz directa se ahíla: tallos largos, entrenudos separados, hoja pequeña y aroma flojo.
Riego: húmedo constante, nunca encharcado
Este es el punto donde se decide el resultado. La hierbabuena no tiene ningún mecanismo de resistencia a la sequía: hoja fina, sin ceras, sin pelosidad protectora. Cuando se seca el cepellón, la planta se marchita en horas y las hojas dañadas ya no se recuperan, se quedan colgando quemadas.
En maceta y en verano peninsular eso significa riego diario, a veces dos veces al día si la maceta es pequeña y está en zona ventilada. En suelo, con la tierra fresca y algo de acolchado, cada dos o tres días basta.
El error opuesto es igual de dañino y bastante más frecuente: dejar el plato lleno de agua permanentemente creyendo que "así no le falta". Un cepellón permanentemente saturado se queda sin oxígeno, las raíces finas se pudren y aparece Pythium o Phytophthora. La planta se marchita exactamente igual que si tuviera sed, lo que lleva a regar más y rematarla. Riega abundante y deja escurrir; vacía el plato a los diez minutos. Lo que quiere es tierra húmeda y aireada, no barro.
Un truco práctico en verano: una maceta de barro pierde agua por evaporación a través de la pared y se seca demasiado deprisa para esta planta. Para hierbabuena funciona mejor el plástico o el barro esmaltado.
Sustrato y trasplante
Sustrato universal de calidad con un 20-30 % de compost o humus de lombriz y un puñado de perlita para que no se compacte. El pH ideal está entre 6 y 7, ligeramente ácido a neutro, pero es poco exigente en esto.
Lo que sí es innegociable es el tamaño de la maceta y el trasplante anual. Los rizomas colonizan todo el volumen disponible en una temporada. Una hierbabuena que lleva dos años en el mismo tiesto de 14 cm tiene el cepellón convertido en una madeja de raíces sin tierra, y por eso da hojas cada vez más pequeñas y se marchita a las pocas horas de regar.
Cada primavera, sácala, corta el cepellón por la mitad o en cuartos con un cuchillo, quédate con las porciones de rizoma joven de la periferia (las del centro suelen estar agotadas y leñosas) y replántalas en sustrato nuevo. Una maceta de 25-30 cm de diámetro y al menos 20 cm de profundidad mantiene una mata productiva sin agobios.
Contenerla: no la plantes suelta en un arriate
La hierbabuena se expande por rizomas subterráneos que corren a pocos centímetros de la superficie y emiten brotes cada palmo. En un arriate de tierra fértil y regada, en dos temporadas se te mete entre las lechugas, bajo las fresas y al otro lado del camino, y erradicarla exige levantar el bancal entero porque de cada trozo de rizoma que quede rebrota una planta nueva.
La solución de toda la vida es plantarla dentro de un contenedor enterrado: una maceta grande sin platillo, o un cubo con agujeros, hundido en el suelo dejando el borde tres o cuatro centímetros por encima del nivel de la tierra. Ese borde emergido es lo que impide que los rizomas salten por encima. Y aun así, revisa una vez al año que no ha escapado ninguno.
Abonado
Es una planta de hoja que se cosecha muchas veces al año, así que consume nitrógeno. De marzo a septiembre, un abono orgánico líquido cada dos o tres semanas, o una aportación de humus de lombriz en superficie cada seis semanas.
Como se consume en fresco, tiene sentido usar productos aptos para agricultura ecológica y respetar el plazo de seguridad de cualquier tratamiento. Y no te pases con el nitrógeno mineral: forzar mucho da hojas grandes, blandas y acuosas, con menos aceite esencial, es decir, menos aroma. Un ejemplar sobrealimentado sabe a poco.
Poda y cosecha: el punto que casi todo el mundo falla
La hierbabuena florece en verano, en espigas terminales de flores lilas o blanquecinas. Son bonitas y las abejas las agradecen, pero cuando la planta entra en floración deja de invertir en hoja: los tallos se alargan, las hojas menguan y el aroma se vuelve más áspero.
Si te interesa la hoja, corta las espigas florales en cuanto asomen. Y no cortes hojas sueltas: corta tallos enteros, por encima de un par de hojas, quitando el tercio o la mitad superior. Cada corte fuerza dos brotes laterales, y así la mata se hace densa en lugar de larguirucha. Una hierbabuena bien cosechada se rebaja entera tres o cuatro veces por temporada.
El momento de mayor concentración de aceites esenciales es por la mañana, tras evaporarse el rocío y antes de que apriete el sol, justo cuando la planta está a punto de abrir las primeras flores. Si vas a secar hierbabuena para infusiones, ese es el corte que hay que aprovechar.
A finales de otoño, cuando la parte aérea empiece a amarillear, siega a ras de suelo y deja la maceta en un rincón resguardado con riegos muy espaciados, solo para que el rizoma no se deshidrate del todo.
Multiplicación
Por semilla es la peor opción y en el caso de la piperita directamente inútil. Las mentas hibridan entre sí con facilidad, así que de semilla salen plantas de aroma imprevisible, a menudo insulso.
Lo que funciona:
División de mata. En primavera, separa porciones de rizoma con brotes y raíces. Es el método más rápido y seguro. Una mata adulta da cinco o seis plantas nuevas.
Esquejes. Corta un tallo de 10-12 cm, quita las hojas de la mitad inferior y ponlo en un vaso de agua en luz indirecta. En una o dos semanas emite raíces blancas. Cuando midan dos o tres centímetros, pásalo a tierra sin demora: las raíces formadas en agua son frágiles y si esperas demasiado sufren en el trasplante. También enraíza clavado directamente en sustrato húmedo.
Problemas frecuentes
Roya de la menta (Puccinia menthae). Es su enfermedad característica: pústulas anaranjadas en el envés que luego se vuelven marrón oscuro, con caída de hoja. Aparece con humedad ambiental alta y follaje mojado. Retira y quema las hojas afectadas, aclara la mata para que corra el aire, riega al pie y no por encima. Si la infección es fuerte, siega toda la planta a ras: rebrota limpia. Las matas viejas y apelmazadas son las que más la sufren.
Oídio. Polvillo blanco sobre la hoja, típico de finales de verano con noches frescas y días cálidos. Mismo manejo: aclarar, ventilar, cortar.
Araña roja. Punteado amarillento y telillas finas en el envés. Es señal de aire seco y calor: sube la humedad y revisa que no le esté faltando agua.
Pulgón en los brotes tiernos de primavera, fácil de resolver con un chorro de agua a presión o jabón potásico.
Escarabajo de la menta (Chrysolina sp.), un coleóptero pequeño y metálico verde-azulado que agujerea las hojas. Se recoge a mano; rara vez llega a ser grave.
Y el problema que no es plaga: hojas pequeñas y planta lánguida. Casi siempre es maceta agotada, falta de trasplante o floración no cortada. Antes de buscar bichos, mira el cepellón.
En resumen
La hierbabuena (Mentha spicata) es fácil, pero no indestructible. Dale sol de mañana y sombra en las horas duras, tierra siempre fresca y con drenaje, y maceta grande con división anual del rizoma. Contenla en un recipiente si la plantas en el jardín, o acabará donde no la quieres. Corta las flores en cuanto salgan y cosecha tallos enteros en vez de hojas sueltas para que la mata se cierre. En invierno desaparece: no la tires, rebrota sola en primavera. Con eso tendrás hierbabuena de sobra de marzo a noviembre, y con mucho más aroma que la del supermercado.